El gato que no es un gato

Por Wolfgang Giegerich.

Fragmento tomado de La Vida Lógica del Alma, 1998.
Traducción de Enrique Eskenazi y Alejandro Bica.


Jung: Arraigando en la Noción

Pero lo mejor llega con un intento teórico. (43)

En la Edda de Snorri hay un cuento en el cual el dios germánico Thor viaja a Utgard (Útgarðr, “el mundo o el reino exterior” o “el más allá”: la esfera de los demonios y los gigantes) y entra en el palacio del rey Útgarða-Loki. El rey y sus hombres, todos gigantes, le recibieron desdeñosamente debido a su pequeño tamaño y le pidieron que demostrara sus capacidades, porque Útgarða-Loki quería demostrarle que aún siendo famoso por su enorme fuerza, no era competencia para los gigantes. Una de las tareas que se le dio fue que levantara del suelo al gato del rey. Thor, lo agarró por debajo de la panza con la mano, e intentó levantarlo del suelo con todas sus fuerzas, pero el gato solamente arqueó la espalda, manteniendo la cabeza y la cola firmes en el suelo. En un segundo intento volvió a fracasar, aunque esta vez se las arregló para por lo menos levantarle una pata del suelo. Al día siguiente, cuando Útgarða-Loki ya lo había llevado a los límites de su reino para despedirle, le reveló a Thor la razón de su fracaso en una tarea aparentemente tan sencilla. Había truco de por medio. Lo que Thor había visto engañosamente como un gato, en realidad era una pequeña sección de la Serpiente de Midgard, la serpiente que rodea toda la tierra. Útgarða-Loki y los otros gigantes en su palacio habían estado llenos de miedo porque podían ver la serpiente y testimoniar cuán cerca había estado realmente Thor de llegar a despegarla de la tierra, casi rompiendo el círculo urobórico (lo cual hubiera tenido consecuencias catastróficas).


El gato que no es un gato

Uno puede interpretar esta historia en términos de lo que significa dentro de la mitología germánica. Pero en nuestro contexto, quiero leerlo como una alegoría de cómo acercarse a la obra de los pensadores (incluyendo a los poetas y otros artistas). Cuando encontramos tal obra, la pregunta es, ¿leemos con la mentalidad de sentido común del hombre de todos los días o la leemos al igual que, o mejor dicho: como el Thor de este cuento? ¿Quién está leyendo, el ego en mí, o Thor en mí? Pero aquí uno podría preguntarse, ¿no es precisamente Thor el que despliega la perspectiva del sentido común de modo que la diferencia que acabo de hacer entre él y “el ego” es nula y vacía? Después de todo, no es capaz de ver a través del gato, de “ver a través” (Hillman) hacia la realidad arquetípica de la Serpiente de Midgard. ¿Acaso pensar de ésta manera no es señal de la mentalidad de sentido común del ego? Pensar así sería un error. El fracaso de Thor es simultáneamente su marca de distinción sobre el hombre común de cada día. El hecho de que Thor fracasara en levantar el “gato” muestra que tuvo un verdadero y real acceso al nivel arquetípico; estuvo efectivamente (no sólo mentalmente) en contacto con la Serpiente de Midgard. Si hubiera sido capaz de explícitamente “ver a través”, directamente desde el comienzo, probablemente no hubiera intentado en primer lugar levantar el gato del suelo, y por lo tanto se hubiera perdido la posibilidad de un contacto genuino con el nivel arquetípico. Su acto de ver a través hubiera sido tan solo un sustituto fácil, meramente intelectual (“académico”) de tener una relación comprometida con la dimensión arquetipal. Pero tal como fue, no se dio cuenta de antemano con qué estaba tratando, y por lo tanto tuvo que usar toda su fortaleza. Fue precisamente su fracaso lo que le obligó a darse cuenta que aquello con lo que había luchado debía ser algo más que un gato empírico. A diferencia de un ver inmediato y anterior al acto de “ver a través” el nivel arquetípico en su emprendimiento, su toma de conciencia le llega indirectamente, después del hecho, como una inferencia a partir de su fracaso. (Lo que es lógicamente una inferencia después del hecho es descripta narrativamente como la explicación de Útgarða-Loki a “la mañana siguiente”.) En este sentido su fracaso es el testimonio de la naturaleza arquetipal de su experiencia.

Por otro lado, dentro de la estructura de la mente de sentido común un gato no puede ser más que un gato; no existe de ninguna manera la posibilidad de fracasar al intentar levantarlo. El tema crucial acerca de la visión que el ego tiene de la vida es que el problema de no poder ver a través ni siquiera puede surgir para él. El ego nunca se ve engañado en confundir por un gato lo que en realidad es la Serpiente de Midgard. Para éste, el gato es en verdad un gato, nada sino un gato, porque una cosa tal como la Serpiente de Midgard para empezar es un absurdo. Bajo tales circunstancias, uno ni siquiera tiene que ser Thor o tan fuerte como él a fin de poder levantar un gato del suelo. Cualquiera puede hacer esto.

Para la mentalidad del hombre de todos los días esto es así, porque por defecto habita en Midgard, en el mundo común, el reino del mundo cotidiano, el lugar de morada de los humanos, sin importar cuán lejos pueda viajar. En Midgard, las cosas están limitadas a su positividad (lo que ellas positivamente o literalmente son). Esto también se aplica a las obras de los grandes pensadores. Empero, el lector que es capaz de apreciar un pensador en tanto que pensador ya no tiene su sitio en Midgard. Ha cruzado el umbral y por lo tanto se encuentra “afuera”, en Utgard, por así decirlo, y probablemente en ese punto también se encuentra con sus ropas de boda, para volver a la parábola bíblica que ya hemos discutido. En Utgard, un gato es más que un gato. Abarca también lo que éste no es; su propia negatividad lógica. El gato está arraigado en lo que hay debajo del suelo, su cabeza y su cola continúan mucho más allá del pequeño tramo que es visible por encima del suelo: es también aquello que rodea el mundo entero, así como lo hace el padre Okeanos griego (“el origen de los Dioses”, “el origen de todo”). Así, no es sólo una cosa más en el mundo, ni sólo una cosa más grande entre otras cosas, sino que es lo absoluto, el uroboros, lo ontológico y el horizonte lógico de toda cosa que hay en el mundo y el horizonte lógico del mundo como tal. Es todo el estadio de conciencia, el modo íntegro de ser-en-el-mundo, la ontología o la lógica entera dentro de la cual se percibe no sólo el gato óntico o empírico, sino cada entidad óntica o empírica, y constituye su significado. La tarea de cada lector es ser Thor y tratar con toda su fuerza de levantar lo que en principio pareciera ser un gato común y experimentar el increíble peso que lo mantiene en el suelo –hasta, que finalmente, se da cuenta de que en realidad está tratando con un trozo de la serpiente universal, con una forma visible en la cual se hace accesible el horizonte invisible de todas las cosas. Si lee de esta manera, será capaz de ver lo que es verdaderamente grande en lo aparentemente insignificante, de sentir el milagro en lo común, el secreto en lo manifiesto, el “inconsciente” en lo consciente, o hablando más lógicamente, el “universal” en lo “singular”.

Podríamos describir estos dos tipos de lectura en otros términos. Para el lector que es Thor en Utgard, toda la orientación es “vertical”. Está intentando levantar el gato, y a través de su fracaso se da cuenta de que éste esta arraigando en una profundidad invisible e insondable. El “lector” que permanece en Midgard y cuya visión al leer la obra pertenece a Midgard, tiene en cambio, una visión “horizontal”. Puesto que es capaz de elevar el gato de antemano, sin ningún esfuerzo, su atención probablemente se alejará hacia otras cosas y otras tareas. Podría comparar al gato con otros gatos sobre la superficie de la tierra, o podría pensar sobre lo que uno podría ser capaz de hacer con un gato. Para él, lo que podría ser la obra de un pensador o un poeta no es más que un “texto”. Si las obras se han reducido hasta volverse solo “textos”, como lo han sido en un amplio rango de la crítica literaria, además especialmente en el deconstruccionismo, uno se enfoca sólo en aquellos aspectos de las obras que pueden ser positivizados y vueltos operacionales. Uno limita su visión al nivel superficial de los signos y de sus “significados” y por lo tanto a lo que es “un gato, tan sólo un gato” en la obra; la serpiente que contiene al mundo no tiene oportunidad. Uno solo piensa en términos de la separación (horizontal) entre “significadores” y “significados”. La dimensión de la verdad, del alcance y del valor de la obra y de su absoluta singularidad ha sido eliminada; el “texto” tiene su lugar lógico en el reino de la indiferencia, finalmente en el ciberespacio. Las palabras, las ideas y las imágenes contenidas en el “texto” no están de hecho arraigadas o fundadas en, e inspiradas por, la realidad de la serpiente del mundo. Pero la obra de un pensador no es “sólo una cuestión de discurso, o una cuestión de palabras” (Greg MOGENSON sobre los trabajos de JUNG). MOGENSON añade una nota importante “La deconstrucción, con su declaración solipsista de que no existe ningún ‘significado trascendental’ fuera del texto, no permite comenzar con la realidad de lo que pretende tener una existencia más allá de las palabras que postula. Cualquiera sea el valor del movimiento deconstruccionista por ‘ontologizar’ el texto leyendo a otros pensadores, oscurece el movimiento similar del propio JUNG con respecto a la psique. El ‘esse in anima’ de Jung es ser-en-el-alma, no ser-en-el-texto, y su práctica deconstructiva es localizar, no la fisura en el texto, sino las formas imaginales de la psique que están en la psique, tal como los tropos están en la literatura.” (44)

Hoy somos testigos de la victoria absoluta del enfoque a manera de “texto” sobre la idea de “obra”: el lugar de los muchos textos impresos “lineales” está siendo tomado por el Único gran texto representado en la Web (World Wide Web). Lo que antes era un texto en su propio derecho ahora está siendo integrado como una mera pieza de texto dentro del supertexto creado por hipervínculos dentro de la web. Aquí la superficie y el movimiento horizontal sobre ella se están convirtiendo en absoluto. La penetración en la profundidad de un único “texto” (¡obra!) en un único punto está siendo reemplazada por un saltar potencialmente interminable de un ítem al siguiente. Compare esto con lo que JUNG dijo acerca la imagen de la fantasía, es decir, que ella contiene todo lo que se necesita dentro suyo (“Por encima de todo, no permitáis que nada del exterior, que no le pertenece se entrometa, pues la imagen de la fantasía tiene ‘todo lo que necesita’”). (45) La imagen de la fantasía no necesita hipervínculos. Necesita el enlace a la serpiente uroborica. Lo mismo se aplica a cualquier texto concebido como una obra.

El gato de Thor no era un “signo” de la serpiente. No estaba apuntando a aquello que no era, ni tampoco tenía que apuntar a ello. Al contrario. ¿Por qué? Porque en todo momento ya era la serpiente; en realidad Thor había puesto sus manos bajo la serpiente misma, y lo que él vio como un “gato” resultó ser un engaño, una impresión meramente superficial. Si lo que Thor había cogido hubiera sido un “signo” de la serpiente, entonces hubiera podido levantarla. Pero no pudo. Su fracaso es testimonio del hecho de que en el “gato” había captado también su negatividad, había captado la lógica entera de la situación, había captado la Idea [the Notion]. El “gato” no se podía levantar porque era infinitamente más de lo que era positivamente. E inadvertidamente, había sido precisamente este “más” lo que Thor había sujetado. No lo había cogido en la positividad externa que también es o tiene. Lo había cogido en su mismo misterio, en su secreto. También podríamos decir que había estado en contacto con su infinidad interior, que incluso no pudo levantarlo del suelo porque, por definición, si hubiera podido levantarlo, ipso facto lo hubiera reducido a una entidad finita, inambiguamente definida.

En la Web (World Wide Web) la idea de una infinidad interior ya no tiene ningún sentido. Ese “más” que había en el gato del que hemos estado hablando puede en su contexto sólo significar saltar por medio de enlaces a otros gatos o a otros temas. Bajo estas circunstancias resulta absolutamente imposible percibir el gato de tal manera que en realidad, aunque sin saberlo, uno está tratando con la Serpiente de Midgard. Pero si esto es lo que el psicólogo tiene que estar haciendo, uno llega a la conclusión de que el psicólogo en estos días y en estos tiempos es inevitablemente un dinosaurio, tanto como muy probablemente ha sido la Serpiente de Midgard en la que está tan interesado.

Hay dos ilusiones en las que nosotros podríamos caer. Podríamos pensar que Thor debiera haber podido con la tarea que se le presentó, que su fracaso fue una vergüenza para él, y que en realidad tendría que haberse dado cuenta con qué estaba tratando. Pero justamente, el quid mismo de la historia es que se concentre con todo su poder en el gato sin ver a través del “engaño” y que sólo llegue a lograr que se arquee su espalda sin ser capaz de levantarlo del suelo. La cuestión es aprender a experimentar lo ontológico o lo lógico en lo óntico o lo empírico, y aprenderlo a través de lo que aparentemente, cuando es vivido desde el exterior, puede ser un fracaso. La toma de conciencia viene después del hecho.

El fracaso de “levantar el gato” y el fracaso de “ver a través” son indispensables. Hay muchos pacientes y autores de la psicología arquetipal que despliegan una habilidad notable para “ver a través” y para “guiar” las imágenes de los sueños y los fenómenos psicopatológicos hacia “atrás” (epistrophé) a sus origines arquetípicos o míticos. Parecen ser como los gigantes del palacio de Útgarða-Loki, que eran capaces de ver las cosas inmediatamente en su desnuda verdad arquetipal. Pero esto es demasiado fácil. Las imágenes y los fenómenos, entonces, no tienen ningún peso que los empuje hacia abajo. El movimiento desde el “gato” hacia la “Serpiente de Midgard” es solo un movimiento horizontal de un contenido positivo de conciencia (que tiene las características formales de la realidad cotidiana o empírica) a otro contenido positivo de conciencia (que pasa a tener la característica formal de una imagen mítica). Así, el “ver a través” o el “descubrir los dioses o las diosas en cada hombre y en cada mujer" puede ser un juego formal que no conecta en absoluto con la profundidad lógica o la profundidad arquetípica. Es el fracaso de “ver a través” lo que hace que lo arquetípico, lo ontológico, la profundidad lógica, se vuelva una realidad, porque entonces proporciona la experiencia real de la negatividad lógica (“el gato no puede ser meramente un gato”, “tiene que haber un algo ‘más’ inconsciente, invisible en ello”, “debe ser infinito”). Este fracaso de ver a través no debe confundirse con la experiencia del sentido común, para la cual no hay nada que ver a través, puesto que para ella todas las cosas no son más que lo que son positivamente.

De modo que lo que en el nivel del texto es representado como el engaño de Thor, en nuestra historia tiene que ser comprendido como su conciencia más profunda, y opuestamente, los que realmente están siendo engañados son aquellos que creen que son capaces de ver a través a la Serpiente de Midgard o ver directamente a los dioses y las diosas.

Por supuesto, la tarea de devenir Thor al leer una obra particular presupone que ésta este de hecho arraigada por debajo de la tierra. Sólo es necesario ser Thor a la hora de leer cuando de hecho uno se ve confrontado con el rey Útgarða-Loki, es decir, con aquél que de hecho ha hecho aparecer la Serpiente de Midgard para nosotros bajo el disfraz de un gato común, antes que ser un huésped en algún templo de Midgard. En nuestro caso, la cuestión es si la obra de JUNG es en verdad más de lo que positivamente es, más que el “texto” literal y su significado. Cuando nos acercamos a su obra, aún cuando conscientemente meramente tratemos de leer el “texto” ¿tenemos real contacto e intentamos levantar la Serpiente de Midgard, el uroboros, la infinidad, el absoluto? No tiene sentido tratar de responder a estas preguntas apodícticamente, a través de meras afirmaciones. La respuesta tiene que ser la práctica, proviniendo de un intento real de “levantar” la obra de JUNG. Si intentamos ésto, hay tres posibilidades.

a) Somos capaces de levantarla, mostrando que JUNG no es el pensador del alma, ni que Útgarða-Loki ha hecho aparecer realmente la serpiente que rodea al mundo bajo el disfraz de un gato común. No hay nada más que un gato. El autor ha permanecido en Midgard y ha escrito con o desde su ego común.

b) Somos capaces de levantarla, mostrando que nosotros no hemos leído la obra de Jung como Thor y que en realidad tampoco hemos cruzado a Utgard. Hemos permanecido en Midgard y hemos leído su obra como le ego convencional que hemos sido todo el tiempo. Y es por esto que para nosotros es tan sólo un “texto”, tan sólo las hipótesis o las opiniones de alguien.

c) No podemos levantarla. Esto demostraría a la vez, que hemos entrado verdaderamente en Utgard y que en la obra de JUNG nos hemos confrontado efectivamente con la gran serpiente, la vida lógica del alma, la Idea [the Notion].

Vemos que en el caso negativo (“el gato puede ser levantado”), no está claro qué lado es el responsable, si el lector o el autor. “Si una cabeza y un libro chocan y suena a hueco ¿es siempre culpa del libro?” (LICHTENBERG). Pero por supuesto, podría ser culpa del libro. No hay prueba positiva que pueda determinar objetivamente si se da la posibilidad a) o la posibilidad b). Se requiere nuestro entrar en la situación, nuestro arriesgarnos a tomar una decisión.


Notas

(43) DIÓGENES LAERTIUS VIII 8, citando la comparación pitagórica de la vida con los Grandes Juegos, en la que algunos vienen a competir por el premio, otros para vender bienes (de carácter servil que están fuera por la fama o el dinero, respectivamente), pero los mejores son los espectadores (los teóricos o los filósofos que desean contemplar la verdad). Este es un temprano testimonio de la preferencia griega a la bíos theoretikós (vita contemplativa) sobre el estilo de vida práctico. Ésta comparación pitagórica también está citada por JÁMBLICO, Protréptico, [Editorial Gredos (Madrid), 2003].

(44) Greg MOGENSON, “Re-Constructing JUNG”; en: Harvest 42, nº 2, 1996, pp. 28-34, aquí p. 28 con nota 2 en p. 32. Aunque teniendo en cuenta mi énfasis en la lógica en lugar de la ontología, tengo un problema con la “movida similar” de JUNG de ontologizar la psique, este problema no debe afectarnos aquí, donde sólo tratamos con la cuestión de la diferencia entre la “obra” y el “texto”. Simplemente tenemos que poner “ontologizar” entre comillas y tomarlo en sentido figurado, y podemos aceptar su ontologizar como determinante en el sentido descrito por MOGENSON. Pero en cuanto a las obras de otros pensadores, insisto en que la idea de “ser-en-el-texto” no se aplica más a ellos que a la obra de JUNG, a pesar del hecho de que estos pensadores no solían hacer el mismo tipo de movimiento que hizo JUNG con respecto a la psique.

(45) C.G. Jung, CW 14, § 749.