Cierre y liberación o el espíritu embotellado de la alquimia y de la psicología

Por Wolfgang Giegerich, 2005.

Artículo publicado en Spring 74 (Alchemy), A Journal of Archetype and Culture, Spring 2006, pp. 31-62 y en The Flight Into the Unconscious: An Analysis of C.G. Jung's Psychology Project, volume V of Collected English Papers, Spring Journal Books, 2013.

Traducción de Alejandro Bica.
Agradezco al autor su amable permiso para publicar esta traducción.


Antes que pueda comenzar, debo aclarar la posición a partir de la cual hablo acerca de la alquimia y sobre "qué" alquimia estoy hablando. En cuanto al primer punto: estoy hablando como un psicólogo y con un interés definitivamente psicológico. Y la alquimia de la que estoy hablando es básicamente la imagen de la alquimia que emerge a partir de la descripción que Jung hace de ella. Por lo tanto, lo que puedo decir es que no pretendo dar una valoración histórica y filosóficamente correcta del fenómeno histórico real de la alquimia con toda su diversidad individual increíble y con su lingüística, así como con sus oscuras ideas. Mi propósito, en primer lugar, no es entender la alquimia adecuadamente en sus propios términos y en términos de su propio tiempo, la Edad Media. Más bien, quiero ver cómo la psicología se refiere a esa alquimia (ese cuerpo ajeno dentro del corpus de la psicología) que a través de Jung ya ha sido apropiada por la psicología e incorporada en ella. También podría decir: quiero ver la versión de la alquimia de Jung y sus implicaciones para la psicología.

Por supuesto, es sumamente significativo y muy característico de la obra de Jung, que Jung sintiese la necesidad de hacer de algo tan ajeno a la psicología como lo es la alquimia un elemento constitutivo de su propia teoría psicológica. El carácter ajeno de la alquimia es al menos doble. Se ocupa de sustancias y procesos químicos, de la materia, en lugar de personas y sus sentimientos, ideas, conflictos, etc. Y para nosotros está completamente obsoleta, ha estado obsoleta desde hace varios siglos; estamos separados de ella por una brecha histórica fundamental; la consciencia que dio origen a la alquimia y que sirvió de marco para la práctica alquímica en el laboratorio, así como en el oratorio, puede en el mejor de los casos, ser reconstruida por nosotros en la mente, pero nunca más podrá ser nuestra otra vez. Lo interesante para nosotros es darnos cuenta de que, además de otros aspectos, era precisamente el carácter ajeno de la alquimia lo que la hizo tan preciada para Jung. En contraste con probablemente todos los otros psicólogos, no estaba conforme con la observación clínica (con el estudio de lo que pasaba en el interior de la gente) como el fundamento sobre el cual debía basarse la psicología. Jung, obviamente, necesitaba salirse de la experiencia psicológica inmediata, darle su espalda a la psicología en el sentido estrecho (personalista), a fin de encontrar algo realmente diferente que a primera vista no podía de ninguna manera ser visto como psicología o relevante psicológicamente.

La psicología en la visión de Jung, así podemos interpretar este hallazgo, requiere otredad, diferencia—aunque no un otro completamente externo, algo totalmente irrelevante, sino su propio otro interior. La psicología debe reflejarse y basarse en un otro verdadero (aunque en última instancia, un otro interior). Por esta razón Jung se apropió de la alquimia para la psicología. Era suficientemente extraña para ser realmente eliminada de la psicología moderna y al mismo tiempo suficientemente abierta para darle una interpretación en cierto modo psicológica. La razón de esta necesidad por parte de Jung, por lo que podemos concluir, es que estaba instintivamente abierto a la "diferencia psicológica", a la idea de que una verdadera psicología no puede ser psicología inmediata, sino que debe ser psicología inmediata sublada. Esta es una de las características que distinguen su psicología de todas las otras psicologías de su tiempo. Y la razón teorética, objetiva, para esta otredad interna es la propia necesidad de la psicología por superar todo el empirismo ingenuo (la tendencia a volverse inmediatamente hacia su objeto), lo cual inevitablemente sería fatal en tal disciplina caracterizada por el hecho de que en ella la psique se observa a sí misma. Porque tal posición de inmediatez ingenua hace que sea estructuralmente imposible, dentro de sí misma, considerar los peligros de la "ecuación psicológica". Jung era muy consciente de este problema.

En cualquier caso, a través de la alquimia la psicología junguiana tiene, en un nivel teorético, su propio otro o su cuerpo ajeno dentro de sí misma. Por lo tanto, existe como una tensión interna. Esta tensión puede volverse productiva si comparamos ambos extremos, en dos direcciones: 1) ¿le hace justicia la teoría psicológica al espíritu de su propio otro interno? ¿Vuelve realmente a casa lo que la psicología descubrió en este último y la permea, permea su constitución? 2) ¿Es éste otro, la alquimia, concebida, comprendida y descrita por ésta teoría de tal manera que el "impulso alquímico" (el motivo interior del poder de la alquimia) pueda encontrar realmente su cumplimiento? Cuidado, la cuestión aquí no es sobre la relación entre la alquimia histórico-factual y la descripción que de ella hace la psicología, sino, de manera inmanente, acerca de si la comprensión que tiene la psicología de lo que ella informa sobre la alquimia alcanza lo que está contenido en su propio informe. Obviamente, las dos cuestiones son dos caras de una misma moneda.

Jung sostuvo que la alquimia era una "precursora a tientas de la psicología más moderna" (CW 7 § 360), es decir, una precursora involuntaria de su propia psicología del inconsciente, así como el vínculo histórico que conectaba su propia psicología con el gnosticismo. En este sentido, pensó, tal como lo explica sobre todo en Memories, Dreams, Reflections [Recuerdos, Sueños, Pensamientos], (1) que su propia psicología es la continuación viviente de una tradición milenaria, un nuevo eslabón en la aurea catena de las manifestaciones históricas de la verdad del alma. De acuerdo con esta tesis, la alquimia ya era en sí misma una psicología implícita, pero "estaba obstaculizada por las concretizaciones inevitables del intelecto aún crudo e indiferenciado", así que "nunca avanzó a una formulación psicológica clara..." (§ 361). Lo que en la alquimia aún había estado implícito y oculto bajo la confusión creada por un intelecto crudo e indiferenciado, ahora, en la modernidad, en la propia obra de Jung, tenía la oportunidad de volverse explícito.

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¿Qué es lo que hace que la alquimia, tal como Jung la ve, sea una precursora de la psicología o incluso una psicología implícita? Es la similitud de propósito e interés. "Sin embargo su 'secreto' también era, tal como el que se encuentra en el proceso de individuación, el hecho de la transformación de la personalidad a través de la mezcla y la unión de componentes nobles con viles, de lo diferenciado con las funciones inferiores, de lo consciente con lo inconsciente" (§ 370). Aunque esta afirmación no proviene de una de las últimas obras de Jung, la tesis que expresa la apoyó hasta el final de su vida: la tesis de que lo que tienen en común la alquimia y la psicología es en última instancia el interés en la transformación de la personalidad.

Esta es una tesis que invita a la comparación, en el sentido indicado, entre la interpretación de la alquimia en la psicología de Jung y el relato que da la misma psicología sobre los datos factuales obtenidos de la alquimia. ¿Se ve confirmado lo que la psicología dice ser el telos interior de la alquimia por lo que aprendemos sobre ella a partir de la propia descripción que la psicología hace de su fenomenología?

Los alquimistas buscaban lo que era la piedra filosofal, la panacea, la tintura roja, el elixir de la vida, el aqua permanens, el oro filosófico, por mencionar tan sólo los nombres más frecuentes para el objetivo último del opus alquímico. Es evidente que todas estas sustancias, cuya descripción en todos los casos es altamente paradójica, de hecho auto-contradictoria, no se refieren a entidades literales que se encuentran o se producen en la esfera de la positividad. Jung las interpreta como "La Proyección de Contenidos Psíquicos" (CW 12 p. 242 y ss.) y como simbolizaciones mitológicas (ibid., § 342). Ciertamente, su idea de que son símbolos, también podríamos decir metáforas, es bien recibida, y su interpretación de la alquimia como proyecciones (de algunas ideas sobre la materia) a prima facie tiene mucho sentido, también, en la medida en que es obvio que el alquimista en sus experiencias ve algo en la materia, o dentro de la materia, que no puede ser real o literalmente encontrado de manera positiva en ella. Pero su tesis se vuelve muy problemática cuando atendemos lo que Jung dice acerca de lo que es proyectado: "A fin de explicar el misterio de la materia él proyecta un nuevo misterio—su propio fondo psíquico desconocido—en lo que iba a ser explicado..." (§ 345). Acerca de la proyección Jung generalmente afirmaba, "En la oscuridad de alguna realidad externa encontré, sin reconocerla como tal, un contenido interior o psíquico que es mío" (§ 346, traducción modificada). El alquimista "experimentaba su proyección como una propiedad de la materia; pero lo que en realidad experimentaba era su propio inconsciente" (ibid.).

"Su propio fondo psíquico desconocido", "un contenido interior o psíquico que es mío", "su propio inconsciente"—¿de dónde saca Jung todas estas adscripciones? Ciertamente no de los textos alquímicos, ni del espíritu de la alquimia tal como se encuentra en aquellos textos. Obviamente, el alquimista no estaba interesado en su propio desarrollo personal, ni en su individuación o transformación. Ciertamente, usualmente cada adepto trabajaba por sí mismo, pero el arcanum que buscaban nunca era "el suyo". El lapis era explícitamente la piedra de los filósofos en plural. La tintura roja habría sido el elixir de la vida para la vida como tal, no para la vida psíquica personal del adepto. De modo semejante, la panacea no era entendida ni concebida como un medio para la cura o salvación personal; en tanto que pan-acea (que lo cura-todo) se concebía, de manera semejante a una vacuna descubierta en la medicina moderna, como algo que normalmente habría pertenecido a la generalidad. La cuestión de una vacuna, de una medicina o de los métodos de tratamiento para todo tipo de trastornos de salud es que son la solución a problemas objetivos que en principio amenazan a la humanidad a gran escala, sin tener en cuenta quién sea el individuo que la descubrió o que desarrolló la cura. La medicina como un campo de estudio no es una empresa privada, ni subjetiva. Como ciencia lucha por encontrar respuestas a problemas generales y fundamentalmente es un esfuerzo comunal. Del mismo modo, los alquimistas, por solitarios que pudieran haber estado en sus laboratorios, participaron en un proyecto colectivo que se prolongó a través de las eras, y todos ellos compartían el mismo propósito de encontrar la "piedra filosofal" (no cada uno de ellos la suya propia y personal), (buscaban la "piedra filosofal" o cualquiera que pudiese haber sido el nombre simbólico particular que le hayan dado a su meta última). En resumen, la alquimia estaba tratando de encontrar algo que tenía el status lógico de un conocimiento objetivo, de una "verdad" universal. El individuo (y su transformación) no era en absoluto el tema ni el interés de los alquimistas, ni tampoco posiblemente podría haberles llamado jamás la atención.

Es interesante que los mismos textos que Jung cita en apoyo a su tesis respecto a que el alquimista experimentaba su inconsciente, muestran claramente el enfoque no personalista ni subjetivista de éstos, y podrían haberle abierto los ojos de Jung respecto a lo inadecuado de su premisa individualística:

" … y verás con tus propios ojos aparecer una cosa tras otra a través y por encima del agua, tal como Dios creó todas las cosas en seis días …" (§ 347)

La perspectiva era obtener una visión inmediata de la obra de la creación de Dios, y, de alguna manera, testimoniarla. Sin duda, el horizonte general de la obra alquímica era cósmico, en cierto sentido de la palabra incluso era "teológico". No había rastros de un interés en uno mismo, ni de auto-centralidad. El interés de la alquimia pertenecía a la esfera más amplia de la filosofía natural general de la tradición Hermética. El Novum lumen es citado por Jung, en el mismo capítulo de la proyección de los contenidos psíquicos, con el siguiente pasaje:

"Hacer aparecer las cosas ocultas en la sombra, y quitarles la sombra, le es permitido por Dios, al filósofo inteligente, a través de la naturaleza. ... Todas estas cosas ocurren, y los ojos del hombre común no las ve, pero los ojos del entendimiento [intellectus] y de la imaginación las percibe [percipiunt] con verdad y la visón [visu] más verdadera."

Ciertamente, cada anhelo personal del adepto era el de poder tener personalmente tales experiencias y ver "estas cosas" personalmente con los ojos del intellectus (que en contextos medievales no debe confundirse con lo que nosotros, los modernos, entendemos [generalmente de manera despectiva] por el término intelecto [véase "intelectualismo"]; era la más alta facultad de la mente, que originalmente sólo le pertenecía a Dios y sólo por derivación también al hombre). Pero al igual que hoy cuando queremos ver personalmente las pirámides de Egipto o el Gran Cañón, o cuando deseamos adquirir personalmente algunos de los conocimientos producidos por las grandes mentes de nuestra tradición, no estamos interesados principalmente en la transformación de nuestra propia personalidad, sino por algo en el mundo real ahí fuera, así, de la misma manera, el propósito del adepto no era esperar su propia individuación al ver las cosas que quería ver. Él mismo no era el tema. El tema y el interés eran, para decirlo con las palabras de Fausto, obtener conocimiento y conectar con el "was die Welt im Innersten zusammenhält", es decir, con el misterio o la lógica más interior del mundo o, en imaginería alquímica, con el mysterium coniunctionis como la separación-y-unión de los opuestos. Es el secreto de la creación, la creación no como un acontecimiento primordial del pasado, sino como su verdad viviente continua siempre presente. Una analogía puede ayudar. Cada sacerdote católico romano tiene que realizar personalmente el ritual de la Misa cada día, pero esto de ninguna manera implica que su meta sea su propia individuación. Es una falacia concluir a partir de la naturaleza personal de la experiencia, la comprensión o del esfuerzo hacia el tema, que el foco del esfuerzo y del contenido de la experiencia sea el propio desarrollo personal.

Mientras que la transformación de mi personalidad es de un interés absolutamente privado, subjetivo y en última instancia 1) egoico y 2) "práctico" (utilitario: mi progreso y realización), podemos ver a partir de la cita de arriba que en cambio la alquimia apelaba a la comprensión, la cual es fundamentalmente comunal porque su objetivo es el conocimiento y la verdad (la "verdad y la visón más verdadera"). Pero la persona a la que posiblemente le ocurre que se da cuenta de ésta verdad general no es per se de importancia o interés; sólo es de importancia e interés la verdad de la naturaleza o del mundo. El alquimista no buscaba su sí mismo, buscaba el espíritu Mercurius como el misterio profundamente escondido en lo real.

Si Jung dice que el alquimista proyectaba "su propio fondo psíquico desconocido" y que su secreto era el "hecho de la transformación de la personalidad", entonces no lo aprendió de la fenomenología de la alquimia tal como se le presentaba en los tratados alquímicos que tan diligentemente estudió. Más bien, es una verdadera proyección por su parte, más específicamente: una retroyección de su propio perjuicio psicologístico moderno. La idea de individuación en el sentido personalístico o individualístico de Jung está metida de contrabando dentro de la alquimia.

Lo mismo se aplica a la idea de "lo inconsciente". Jung afirmó que las experiencias visionarias que a veces ocurrían durante el opus alquímico "no podían ser sino proyecciones de contenidos inconscientes" (§ 350). Ya hemos discutido brevemente el término "proyección", pero ahora tenemos que considerar otro aspecto del mismo. Ésta idea implica presuposiciones muy serias. Proyección implica que en mi hay un adentro que aloja los contenidos que en la "proyección" son arrojados afuera y que luego le aparecen al sujeto ahí afuera, ya sea en apariciones en su propio derecho o como la propiedad de cosas o personas empíricas. Al manejar este concepto la teoría psicológica hace algo muy extraño y contradictorio. Por un lado, afirma que hay un movimiento oculto desde adentro hacia afuera, mientras que por el otro lado, realiza lógicamente lo que los psicoanalistas podrían llamar una "conversión en el opuesto", es decir, un movimiento desde afuera hacia adentro, afirmando que aquello que, hablando fenomenológicamente, es visto afuera como algo real o como la propiedad de algo real ahí afuera, es realmente la propiedad de la psique interior del sujeto. Pero ambos movimientos son fantaseados puesto que de hecho nunca vemos que algo que "antes" estuviese en el alquimista fuera de hecho arrojado desde su interior hacia el mundo externo.

Esto es muy diferente de la propia teorización de Jung, donde las ideas de "proyección" y de "contenidos inconscientes", etc., son primero, de hecho, elementos de una doctrina psicológica y sólo después se los "ve" ahí afuera en la alquimia; primero son conceptos modernos, y luego se dice que ya estaban operativos en el lejano pasado. Aquí la palabra proyección esta respaldada por la fenomenología de lo que ocurre. Pero por lo que respecta a las experiencias visionarias con las que estaban implicados los alquimistas podríamos dejar fuera esta idea ficticiamente supuesta y auto-anulante del doble movimiento de la proyección y permanecer con el simple fenómeno de que de hecho algo estaba siendo visto ahí afuera.

La idea de proyección, al no ser el resultado de una observación empírica, sirve al propósito psicologista de postular un "interior" en la persona y de atarlo a ella, y de reducir a significado personal, lo que para el alquimista es (tal como es fenomenológicamente, para el observador sin prejuicios) la verdad interior o la naturaleza interior de la naturaleza. La alquimia es un tipo especulativo de filosofía natural. Los aspectos visionarios y fantásticos de las descripciones de las experiencias que tenían los alquimistas con la materia bien podrían ser explicados por la diferencia entre su interés por la verdad interior, de hecho, por el misterio, de la naturaleza y por el interés completamente diferente de las ciencias naturales modernas (y de la mente moderna en general) por la positividad de la naturaleza, en lo que podemos llamar los hechos. Si entendemos la diferencia histórica entre la mente medieval y la mente moderna con respecto a sus ideas fundamentalmente diferentes de lo que sea real, no tenemos que refugiarnos en interpretaciones psicologísticas en términos de "proyección de contenidos inconscientes". Para la mente medieval la verdad sobre la naturaleza era a priori una verdad "metafísica", esencialmente misteriosa, no positivo-factual.

Otro problema con la idea de "proyección de contenidos inconscientes" yace en la noción de "contenidos". Se sugiere tácitamente que aquello que es proyectado ya existía antes de la proyección, que de alguna manera ya era una entidad acabada. Entonces, la experiencia fantástica consiste meramente en un sacar los elementos ya hechos del almacén interior hacia afuera: una teoría acerca de las experiencias desde el punto de vista de un pensamiento positivizante y reificador. Pero ¿no podría ser que las experiencias de los alquimistas fueran producciones genuinas hechas por primera vez, invenciones instantáneas? En otras palabras, ¿ejemplos de pensamiento especulativo creativo? ¿Los productos de una mente activa, vivaz? ¿Producción en vez de "proyección de contenidos"? ¿Pensamiento viviente (tal como la actividad o el proceso de pensar)?

Si es así, si en la alquimia estamos tratando con un proceso de pensamiento, no necesitamos la noción del inconsciente implicada en la frase "contenidos inconscientes" (lo cual aquí significa lo mismo que contenidos procedentes del inconsciente). Las visiones de los alquimistas son acontecimientos conscientes, productos de una consciencia visionaria, sus imágenes e ideas son productos de una consciencia que piensa especulativamente, sus sueños los productos de una consciencia soñadora. Además de una consciencia racionalista, empirista, hay muchos otros tipos diversos de estilos de consciencia—una consciencia emocionalizante, una fantaseadora, una sobria, una paralizada, una consciencia pedantemente formalista, etc.

Es la mente positivista la que postula "el inconsciente". La lógica que condujo a esta noción es que si lo que los alquimistas creían que podría ser visto en el objeto no venía realmente de las características del objeto, entonces tenía que provenir de algún otro lugar (positivo-factual)—"el inconsciente en ellos". En otras palabras, la teoría de "lo inconsciente" es sensualismo al revés. El sensualismo insiste en que "no hay nada en la mente que antes no haya sido dado a los sentidos". La psicología del inconsciente acepta esto, excepto que añade una segunda fuente alternativa a partir de la cual pueden venir los contenidos de la mente: además del mundo externo en frente de la mente también estaría "el inconsciente" a la espalda de ella. La idea de que la mente no recibe todos sus contenidos (ni del mundo sensual ni de una reserva interior de contenidos inconsciente), sino que produce originalmente algunos de ellos sobre la marcha y que en sí misma es poiética, es tabú. La mente no debe ser una mente pensante. Debe ser un mero recipiente y una mente que procesa "datos".

Mientras que el mundo dado a los sentidos está garantizado por nuestra experiencia, la noción de un "inconsciente" detrás de las visiones e ideas de los alquimistas es una mistificación de la prueba fenomenológica, una invención dogmática de una, por así decirlo, entidad "metafísica" ¡dentro del mundo observado positivísticamente! La actividad del pensamiento especulativo y poiético de la mente es hipostasiada como una entidad, una región, o como un depósito detrás de la mente.

Al acentuar el aspecto de producción-invención del pensamiento consciente y su naturaleza momentánea, efímera, no quiero sugerir que la producción sea la obra de esa ego-consciencia solitaria en la cual ello emerge. Especialmente en la alquimia podemos ver cómo las fantasías e ideas, incluso aquellas que emergen en un adepto aislado, no son invenciones privadas, sino ideas colectivas, a menudo bastante convencionales. La consciencia individual creativa, aquí, no es privada, sino que flota y se apoya en algo que no es suyo, una tradición y una atmósfera intelectual milenarias. Es el clima de este espíritu por completo hermético, no el ego del adepto, lo que está produciendo el pensamiento especulativo a través de cada adepto individual. Jung en una ocasión escribió que siempre soñamos desde dentro de la relación. "En el sentido más profundo los sueños no salen de nosotros mismos, sino de lo que yace entre nosotros y el otro" (Letters 1, p. 172, 29 de septiembre de 1934, a Kirsch). Podríamos extender esta afirmación diciendo que siempre soñamos desde dentro del contexto psicológico real en el que estemos, así como desde el nivel de realidad psicológico más superficial o profundo al que la consciencia esté abierta. Pero esto no sólo se aplica a los pensamientos oníricos. Se aplica a todo pensamiento no-egoico. Y a) cuanto menos una persona se haya emancipado psicológicamente como un verdadero individuo de su grupo social o de su tradición intelectual, sino que más bien se encuentre en una participation mystique con ello (como lo estaban, por ejemplo, los alquimistas medievales con la tradición hermética), y/o b) más las raíces de una persona, a través de su grandeza interior y profundidad ("genio"), llegan hasta la base del núcleo o verdad interior de esa tradición (en ese estatus que de hecho ha sido alcanzado por ello en su evolución histórica en el respectivo presente), entonces, menos las producciones de la consciencia serán la propiedad meramente personal de la ego-personalidad. En todo lo grande, en la poesía, en el arte, en la filosofía, en el arte de gobernar (en los raros casos verdaderamente grandes), etc., es el lugar histórico (completamente alrededor de la persona) el que piensa, no el individuo en tanto que sujeto aislado.

(Aquí, sin embargo, debo añadir que en lo que respecta a un individuo singular no podemos afirmar que pertenece definitivamente a éste o a aquel nivel. Un pensador verdaderamente grande a veces puede decir cosas muy banales que solo proceden de su ego-consciencia privada, y, personas que en su mayor parte no parecen ser genios a veces producen una gran obra o intuición que viene de la profundidad. Podemos participar o estar emancipados en diferentes momentos y a diferentes grados dentro y fuera de todas las fases de los diferentes estratos de profundidad y climas psicológico-intelectuales. Hay un texto alquímico, Aurora Consurgens, que ha sido atribuido a Tomás de Aquino. Si aceptamos esta atribución simplemente de manera experimental por un momento, podemos decir que Tomás, cuando estaba en su estudio o en su celda de monje, era el gran teólogo que escribió su Summae, pero cuando estaba, metafóricamente hablando (2), en su "laboratorio-oratorio", a la vez se volvía o era absorbido por la tradición hermética y podía producir este gran texto alquímico.)

Por lo tanto, es siempre la consciencia la que piensa; y piensa ya sea si sueña, reflexiona, fantasea, si es poética o artísticamente creativa, o incluso si piensa en el sentido estricto de la palabra. El concepto ilusorio de "lo inconsciente" equivale a una mistificación, ya sea entendido como un depósito de contenidos reprimidos o arquetipales o de instintos y deseos, o como un agente detrás del escenario que produce sueños y dirige nuestro destino, o como una región de la mente. "El inconsciente" en la psicología de Jung es en realidad una presuposición metafísica, un concepto dogmático, malgré del horror que Jung expresaba frecuentemente por los supuestos metafísicos y de su confesión de un empirismo estricto. Sin saberlo sirve a un propósito estratégico específico, a pesar de que conscientemente pretende ser el simple nombre de un "fenómeno evidente". Pero este supuesto fenómeno no existe y es por eso que "el inconsciente" es una mistificación y una hipóstasis metafísica.

El propósito del concepto de "lo inconsciente" sirve, ante todo, para apoyar la idea del "propio fondo psíquico interno de uno", es decir, para atar la fenomenología del alma a la persona y para encerrarla bajo llave en el individuo. Esto sigue siendo cierto a pesar de que también Jung a menudo afirma que nosotros estamos en el inconsciente, del cual luego dice que está a todo nuestro alrededor, una idea que ciertamente es opuesta a la de un cierre. Pero esta otra idea no condujo a Jung a revocar por completo la idea del "propio inconsciente de uno". Desde luego, de boca para afuera juega con la idea del inconsciente a todo nuestro alrededor, pero sin embargo no rompió inequívocamente con el inconsciente dentro nuestro. Esto queda más en relieve por el hecho de que constantemente hasta el final de sus días Jung se aferró a la idea de que el individuo es el contrapeso que inclina la balanza, que el individuo es el único factor importante que hace historia, el único lugar donde pueden tener lugar la salvación o el rescate del mundo (cf. CW 10 §§ 586, 315, 536). Y por supuesto toda su atención en la individuación y en la introspección señalan el mismo camino.

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Pero más importante y grave que este cierre del alma en "nuestro propio interior" o en la persona individual es otro tipo de cierre realizado por la noción de "lo inconsciente". Lo discutido hasta ahora todavía toma lugar en la externalidad del espacio o en la imaginación, y por tanto también aprisiona al alma sólo en un sentido externo; el cierre no llega al corazón del alma. Al imaginar cosas, el alma abandona su tierra natal y se mueve hacia afuera dándose la forma de la alienación de sí misma. Aún cuando nuestras imaginaciones y fantasías suelen ocurrir dentro de la mente y no salgan literalmente hacia la realidad material "ahí afuera", sin embargo son una especie de "proyección" mental interna. Pero con el segundo sentido de cierre efectuado por la noción de "lo inconsciente" permanecemos en el territorio del hogar del alma y ésta es la razón por la cual ahora el aprisionamiento alcanza realmente su hogar. Me refiero al significado mismo de la palabra 'inconsciente'. Lógicamente exilia al alma de la esfera del saber, del pensar y de la consciencia consciente, de aquello que es su propia naturaleza y verdad. El concepto de "lo inconsciente" es una verdadera "proyección", la transposición de una actitud subjetiva o de una función hacia "algo" imaginado ahí afuera en la realidad objetiva. En última instancia es la hipóstasis o la representación objetiva de la propia voluntad de mantener la naturaleza de la realidad psíquica en la oscuridad, oculta, en el estatus de naturaleza material (en contraste a la mente). Este concepto, más que nombrar inocentemente una realidad observada, es un programa que, sin embargo, viene bajo la apariencia de un (supuesto) hecho. Y este programa queda mejor expresado con la cita de Jung tomada de la alquimia: ignotum per ignotius. Es cierto, ni para los alquimistas ni para Jung esta frase pretendía ser un programa. No, subjetivamente, conscientemente, era percibida más como una admisión resignada de nuestras limitaciones. Pero objetivamente en la psicología junguiana expresa un movimiento más profundo hacia lo desconocido sin esperanza de ninguna luz. De una vez y por todas niega la posibilidad de algún tipo de salida del calabozo.

En la mitología Dánae fue encarcelada por su padre Acrisio, rey de Argos, en la oscuridad de una cueva subterránea. Pero la intención de Acrisio fue frustrada por Zeus, quién enamorado de Dánae la penetró en la oscuridad de su prisión desde la altura de los cielos después de haber tomado la forma de una lluvia dorada que la dejó embarazada y, por lo que podemos asumir, iluminó su oscuridad desde dentro. Esto es lo que le sucede a la oscuridad en el mito antiguo. De manera similar, el Evangelio de Juan (1:14) nos dice: "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, la gloria como el unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." "Y la luz brilla en las tinieblas" (1:5, donde, sin embargo, en contraste con el curso de los acontecimientos el mito a continuación nos dice que "las tinieblas no la comprendieron").

Pero, en completo contraste con Acrisio, la psicología es el cierre completamente exitoso del alma en la oscuridad y el sellado perfecto de su cueva subterránea. "El inconsciente" permanece oscuro por definición. No hay mejor cierre que el cierre lógico de una definición. Ni la lluvia dorada de los cielos podría posiblemente filtrarse en lo que se define como el inconsciente. La posibilidad de una verdadera coniunctio queda a priori excluida. ¿Cómo podía existir posiblemente una coniunctio, cómo podría algún tipo de luz celestial caer en la oscuridad, si "el inconsciente" ya desde el arranque se ha tragado y guardado su propio otro, la misma luz celestial que podría posiblemente penetrar en la oscuridad y entrar en una unión con ella, y al "cielo" [heaven] como tal incluido? "Puesto que las estrellas han caído del cielo y nuestros símbolos más altos han palidecido, una vida secreta reina en el inconsciente" (CW 9i § 50). Lo que Jung afirma aquí no es comparable a la lluvia dorada filtrándose hacia abajo a Dánae aprisionada. La caída de las estrellas es equivalente a la abolición de la fuente misma de esa lluvia, de Zeus y de su Olimpo. El lugar mismo para la luz en el sistema de pensamiento no ha quedado temporalmente vacante, no, de una vez por todas ha desaparecido de este pensamiento, ha sido cancelado no-dialécticamente. Ahora hay una hegemonía de la oscuridad. Aunque las estrellas aún puedan brillar en el inconsciente, aunque una vida secreta pueda reinar en el inconsciente, ahora fundamentalmente, es decir, lógicamente, no hay nada más que la luz secreta y la vida bajo el régimen totalitario de la oscuridad. Incluso las scintillae en el inconsciente, las chispas de luz, nativas suyas, permanecerán para siempre encerrada en él.

El compromiso de la psicología por "el inconsciente" equivale al cierre sistemático de esa apertura y claro, que de acuerdo a la mitología fue producido por un héroe primordial de la cultura, cuando surgido de los cuerpos de los padres del mundo, Cielo y Tierra, quienes habiendo estado viviendo eternamente juntos, los apartó, levantando al Padre Cielo. "El inconsciente" como supuesto hecho empírico es la Tierra que ya no tiene más un Cielo por encima suyo, de hecho ni siquiera es abrazada por el Cielo como lo estaba antes de la hazaña del héroe: se ha tragado completamente al Cielo junto con las estrellas y toda luz celestial. Ahora, todo el mito de la separación de los padres del mundo se dice que proviene del inconsciente como su fuente real. El inconsciente es la realidad última que lo abarca todo.

Con la "psicología de lo inconsciente", la condición para la posibilidad a priori de una coniunctio ha sido abolida. La psicología de lo inconsciente es una clara declaración de oscuridad fundamental. No puede haber una sicigia, porque el inconsciente ha perdido a su otro. El ligamentum, la copula, el vinculum ha sido cortado. La mente misma ha sido sistemáticamente encerrada en la oscuridad (psicológica) al poner al alma y a la verdad en "el inconsciente" como su lugar auténtico y exclusivo y al haberse librado del "cielo de arriba".

¿Pero no es precisamente ésta psicología de lo inconsciente que, en primer lugar, nos hizo dar cuenta otra vez de las ideas olvidadas y de las realidades del mysterium coniunctionis, de la sicigia, del vinculum como problemas psicológicos vitales y existenciales tratando de llevar una nueva luz a "nuestro presente sumido en la ignorancia" (Letters 2, p. 396, a Trinick, 15 de octubre de 1957)? ¿No es el propósito de la psicología y de la psicoterapia analítica volverse conscientes de los tesoros del inconsciente? ¿No observamos cuidadosamente nuestros sueños, tratando de entenderlos y de integrarlos en nuestras vidas? ¿No intenta Jung—en contraste a la destitución masiva de lo superi (los dioses superiores) de Freud en favor de Aquerón (el inframundo)—volver a conectarnos con la luz contenida en mitos y símbolos, en los grandes temas del alma expresados en dogmas y rituales y traer de vuelta el temor de Dios y los dioses? ¿Acaso no declaró expresamente que: "En lugar de crear luz, nos escondemos en la oscuridad, en lugar elevar, nos exponemos al ridículo y al desprecio" (misma carta, p. 395) y por lo tanto mostró cuál era su propia visión y propósito?

Todo cierto. Pero fue en vano. Todo es sustituido a priori por el emparedamiento fundamental de la psique en el inconsciente. Toda nuestra devoción a los mitos y a las imágenes arquetipales, nuestra "tenencia a soñar", como a veces lo llaman, nuestras pinturas a partir del inconsciente, todos nuestros intentos por tomar consciencia, pertenecen a la esfera del comportamiento, son ejemplos de representación, acciones del ego. Son acontecimientos y esfuerzos empíricos, semánticos, que no tienen ninguna oportunidad con el hundimiento lógico-sintáctico fundamental de toda la luz en la oscuridad. Los arquetipos se definen como arquetipos del inconsciente colectivo. El "hacer consciente" empírico, por medio del comportamiento, no deshace esta definición lógica de que aquello que ha de hacerse consciente pertenece a "lo inconsciente".

Jung nos dice, (CW 13 § 55, traducción modificada) que "no es una cuestión indiferente llamar a algo una ‘adición’ o 'un dios'. Servir a una adición es detestable e indigno, pero servir a un dios está lleno de significado y de promesa porque es un acto de sumisión a un ser superior, invisible y espiritual". Del mismo modo no es una cuestión indiferente llamar a algo "lo inconsciente" o, por ejemplo, "lo absoluto", porque llamarlo "lo inconsciente" es un acto de represión, una decisión de tenerlo lógicamente encerrado bajo llaves en la oscuridad de una vez y para siempre. En nuestra inocencia psicológica solemos pensar que lo que realmente cuenta es lo que nosotros hacemos, que entremos en análisis, observemos cuidadosamente nuestros sueños, nos dedicamos a los mitos y a los arquetipos, etc. Sin embargo, psicológicamente, es decir, para el alma, todo esto es bastante irrelevante. Todo esto sucede en el nivel del ego y se refiere a nada más que a contenidos de la ego-consciencia, a su semántica. Sin embargo, la psicología sólo comienza cuando la cuestión es la lógica o la sintaxis implícita de la consciencia, las categorías, los conceptos, las definiciones, los presupuestos tácitos con los que opera inadvertidamente la consciencia, la manera en que ella piensa y muy naturalmente, como algo dado, apercibiendo y comprendiendo sus contenidos semánticos, sus experiencias sentidas empíricamente. Por esta razón es de hecho un asunto de la mayor importancia psicológica si aceptamos o no la noción de "lo inconsciente".

Jung confesó: "Por ello prefiero el término ‘lo inconsciente', sabiendo que igual de bien podría hablar de 'Dios' o de 'daimon', si quisiera expresarme en un lenguaje mítico". Los últimos "términos tienen la gran ventaja de abarcar y evocar la cualidad emocional de numinosidad, mientras que [el anterior]—lo inconsciente—es banal y por lo tanto más cerca de la realidad. Este concepto incluye el hecho de que puede ser empíricamente experienciable, es decir, la forma de la realidad común nos es familiar y accesible. Lo inconsciente también es un término neutral y racional para darle mucho ímpetu a la imaginación. El término, después de todo, fue acuñado con fines científicos, y es mucho más adecuado para la observación desapasionada que no hace afirmaciones metafísicas, que son conceptos trascendentales, los cuales son discutibles ..." (MDR pp. 336f., modif. [Recuerdos, Sueños, Pensamientos]). Vemos muy claramente que Jung era consciente de la gran importancia para el alma con respecto a los nombres que utilicemos. Pero también vemos otras dos cosas.

En primer lugar vemos que Jung con plena consciencia metódica opta por la noción de "lo inconsciente". ¿Y por qué? Porque insistió en el positivismo del punto de vista del científico moderno como su colocación básica: en la exclusión sistemática de la dimensión metafísica y trascendental. Presentó todo lo que dijo acerca de los arquetipos y los misterios del alma como hechos positivos, como nada sino hechos. Lógicamente se les dio el estatus de positividades, mientras que bajo este paraguas global de una definición, y de manera semántica, se les permitió ser misterios, dioses, daimones. Decía que lo que él hacia era ciencia natural. Insistía en que no hacía ninguna afirmación metafísica y se podía irritar mucho cuando sentía que lo que decía era tomado como tal. La dimensión metafísica, trascendental, era un anatema. O más bien, era un anatema sólo cuando se trataba de una cuestión verdaderamente psicológica de los nombres utilizados y de los estadios lógicos, mientras que en el nivel subjetivo-experiencial y semántico (es decir, en el nivel de la ego-consciencia y de sus contenidos) Jung privilegió un lenguaje que reconocía la naturaleza numinosa y trascendental de las experiencias, por ejemplo, "Dios" en lugar de "adicción". Lo que permite, o incluso exige, con una mano, lo prohibió duramente con la otra. La diferencia psicológica entre el nivel lógico o sintáctico psicológicamente esencial y el nivel subjetivo y semántico (psicológicamente ya sublado, empaquetado) estuvo decisivamente operativa en su pensamiento, pero no se volvió realmente consciente de ello y de lo que implicaba.

Ahora llegamos a la segunda observación que quiero señalar acerca de la cita de MDR [Recuerdos, Sueños, Pensamientos]. Pero antes de ahondar en ella, tengo que interpretar las conclusiones presentes. Si aquello que aquí llamamos, a falta de un término mejor, la dimensión "metafísica" y "trascendente", es, y debe ser, sistemáticamente excluido de la noción básica de la psicología, "el inconsciente" ¿cómo puede esperar Jung que podamos "crear luz" y "elevar"? El calabozo está absolutamente cerrado, porque el cielo y la luz celestial han sido lógicamente eliminados. Incluso su propio texto en la cita que acabamos de aludir muestra que todo está perdido: "En lugar de crear luz, nos escondemos en la oscuridad, en lugar de elevar, nos exponemos al ridículo y al desprecio". El punto nunca ha sido la creación de luz y el elevar. Fue al revés. Zeus dejó caer su lluvia dorada en el calabozo de Dánae por su propio acuerdo, y "las personas que caminan en la oscuridad han visto una gran luz" (desde arriba); Prometeo robó el fuego del cielo o del carro de Helios y lo dejó caer en la tierra. Puesto que de lo que hablan los mitos "nunca ocurrió, sino que siempre es", (Sallustios)—¿de dónde puede robar Prometeo el fuego si la dimensión trascendental ha sido cancelada? ¿Cómo puede caer una luz en la oscuridad de nuestra existencia si la misma fuente de toda luz verdadera es pensada como siendo "lo inconsciente", el propio calabozo? ¿Cómo, cuando el cielo como la fuente previa de luz, del sol, la luna, las estrellas, ha sido eliminado de nuestro saber vinculante de una vez por todas, de nuestra visión del mundo "oficial", y cuando la consciencia se ha establecido voluntariamente en la "banalidad" (Jung ) de "lo inconsciente", en la ceguera de lo positivo-factual? Es la noción de "lo inconsciente", que es la misma manera en la cual psicológicamente (aunque no sea en el comportamiento) "nos ocultamos en la oscuridad" y "nos exponemos al ... desprecio". ¿Por qué al desprecio? Porque esta noción niega el abierto reconocimiento de la verdad a partir de la cual se comprende. Lógicamente ya ha sido robada esta dimensión entera de donde únicamente Prometeo pudo robar el fuego o desde donde una luz celestial podría posiblemente caer en nuestra oscuridad.

La segunda observación comienza a partir de la afirmación de Jung de que los términos Dios o daimon "tienen la gran ventaja de abarcar y evocar la cualidad emocional de numinosidad". Lo que aquí tenemos es una metabasis eis allo genos. "El inconsciente" es un término genérico o hace referencia a un reino o región como un todo, mientras que Dios y daimon representan contenidos individuales, elementos semánticos. Como hemos visto, "lo inconsciente" es un término lógico que bloquea el contenido al que se refiere en el estatus de algo ignotum y fundamentalmente incognoscible, en el estatus de contenidos hacia los cuales nuestra consciencia no puede ni debe aceptar ninguna responsabilidad intelectual por poseer su verdad (porque de lo contrario la dimensión metafísica prohibida inmediatamente podría salir otra vez de la caja en la que se ha hundido). Pero Jung reduce y menosprecia el problema de qué nombres utilizar para una cuestión emocional o experiencial subjetivas: "banal, neutral y racional" vs. "evocando la cualidad emocional de numinosidad e inspirar la imaginación". Aquí vemos confirmado lo que hemos visto antes, que Jung se escapa al nivel semántico, relegando y delegando lo que en realidad es una cuestión de si algo es verdad a la cuestión de qué nos hace a nosotros en la experiencia subjetiva positiva (3). Esta eliminación y olvido de la cuestión lógica de la verdad, silenciosamente encubierta por la sustitución reductiva de ello por la categoría subjetivamente tan impresionante de lo Erfahrbarkeit [experienciable] positivo-factual (esta es la palabra de la cita de Jung que arriba traduje como "el hecho de que puede ser empíricamente experienciable"), es en sí "lo inconsciente" mismo—una auto-castración, auto-ceguera, lógica, "metafísica", el auto-emparedamiento del alma en la oscuridad lógica, mental, irrepresentable, sin importar la cantidad de experiencias subjetivas de luz—estrellas, soles y scintillae en el inconsciente—que uno pueda tener y cuán numinosas puedan ser. El desplazamiento de la categoría de la verdad y el saber a la categoría de cualidad emocional subjetiva e imaginativo-inspiracional es puro y simple psicologismo, psicologismo no en el sentido habitual superficial, sino en el más alto o más profundo nivel teorético, en el corazón mismo del asunto. "Lo inconsciente" es al mismo tiempo la palanca mediante la cual este desplazamiento es constantemente, no constantemente, sino, ya desde siempre, realizado—táctica, invisiblemente, de manera inadvertida.

En términos alquímicos podríamos expresar la misma observación de la siguiente manera: Jung encierra y sella herméticamente el espíritu en la materia. El suyo, en el fondo, es un opus contra opus alchemicum. Uno de los propósitos principales de la obra alquímica era liberar al espíritu Mercurius de su aprisionamiento en la materia. Los alquimistas torturaban su materia prima, sometiéndola a todo tipo de operaciones destructivas y dolorosas: pulverización, corrupción, incineración, solutio, fermentación, etc. El trabajo alquímico era básicamente un gran ataque a la imagen, a la forma imaginal natural en la que llega la materia. La imagen intacta y la forma natural, es decir, el estatus de "entidad natural", debía ser superado a fin de que la sustancia pudiese alcanzar su forma espiritual (o esencia). Cuando una sustancia era pulverizada o incinerada o evaporada, su forma imaginable había desaparecido. Se obtenía otra cosa, un vapor, un destilado, una esencia, en todo caso algo que ya no tenía una forma figurativa. Y la naturaleza absolutamente auto-contradictoria del propósito del producto final, el agua que era permanente, la piedra que no era una piedra, muestra, en principio, que el nivel íntegro de la imaginación natural había sido dejado atrás. (Sólo en principio. Porque era precisamente el dilema, si no la tragedia de la alquimia, que lo que lógicamente se proponía, y que ya era obviamente expresado por ella, fue empíricamente imposible gracias a su propio estilo aún imaginal de pensamiento y al operar dentro del horizonte material-natural de la química. Su trabajo era un caso evidente de "acting out" ["paso al acto"] que obra "en contra de la naturaleza"—el trabajo de la negación de lo natural e imaginal—que sólo podría haber sido logrado si se hubiese interiorizado dentro de sí mismo en lugar de estar literalizado en el nivel del comportamiento y si se hubiese aplicado a sí mismo en lugar de estar actuado sobre la materia literal ahí afuera.)

Jung, por el contrario, es completamente materialista, al igual que antes he mostrado que es un sensualista positivista. Por supuesto, no en el nivel semántico, sino en el nivel psicológico, sintáctico. (En el nivel semántico y de forma explícita, obviamente, es lo opuesto. Pero más importante que lo que enseña explícitamente es lo que hace y como piensa efectivamente, como se estructura su pensamiento.) Jung evita—y debo aclarar otra vez: no en el nivel fenomenológico, práctico y semántico, sino en el nivel fundamental-teorético—que el espíritu escape, lógicamente mete las cuestiones del alma bajo la forma o bajo el estatus de "materia", es decir, el estatus de acontecimientos naturales, de hechos empíricos y de experiencias emocionales. No trata de liberarlos desde su positividad en su verdad, donde finalmente habrían vuelto a casa a ellos mismos y ya no tendrían que estar, por un lado, en principio, aprisionados en la persona ("el propio fondo psíquico de uno"), y por el otro, ya no tendrían que estar sellados en el estatus lógico de positividad irrevocable, es decir, ocluidos-en-sí-mismos. El término "lo inconsciente", después de todo, como hemos escuchado de Jung, "fue acuñado con fines científicos, y es mucho más adecuado para la observación desapasionada que no hace afirmaciones metafísicas, que son conceptos trascendentales, los cuales son discutibles". En el nivel teorético Jung necesitó e insistió sobre la brecha insalvable a través de la cual el observador desapasionado externo podía hacer sus afirmaciones neutrales, es decir, intelectualmente sin compromisos, sobre los fenómenos psicológicos per definitionem "inconscientes", que en sí mismos ciertamente lo eran (pero sólo en sí mismos, sólo allí, del otro lado de la brecha, en la esfera privada de la experiencia), lo eran permitiéndoles ser, o mejor dicho, suponiendo que son, de una naturaleza "metafísica" o "trascendental". Los fenómenos del alma iban a ser objeto de una atención intensiva, de una apreciación emocional, de una comprensión amplificada, de una consideración ética. Pero la única cosa que realmente quieren les fue absolutamente negada: el reconocimiento intelectual en tanto pertenecientes a nuestro conocimiento, honrarlos (comprometidamente, no "desapasionadamente"), por parte del sujeto, como teniendo el estatus de verdades.

* * *

He dicho que el trabajo de Jung fue una obra en contra del espíritu de la alquimia. Pero parece que Jung estaba del lado de la alquimia cuando escuchamos el siguiente pasaje del capítulo "El problema de liberar a Mercurius" en su discusión del cuento de hadas de los Hermanos Grimm, El espíritu en la botella, en su ensayo titulado "El espíritu Mercurius". Como es bien sabido, en este cuento el hijo que había encontrado la botella bien cerrada en la que un espíritu había sido aprisionado, finalmente, después de algunas complicaciones, permite que el espíritu salga de la botella y es recompensado por éste. Jung es muy crítico con esta liberación del espíritu. Escribe:

"¿Qué ocurre cuando este Hermes-Mercurius-Wotan, un dios pagano, es liberado nuevamente? … El avis Hermetis (el pájaro de Hermes) se ha escapado de su prisión de cristal, y en consecuencia ha ocurrido lo que el alquimista experto deseaba evitar a toda costa. Es por ello que había sellado el tapón de su botella con signos mágicos y lo había puesto durante mucho tiempo al fuego más bajo, a fin de que ‘aquel que está dentro no pueda escapar’. Porque si escapa, todo el opus laborioso terminaría en nada y se tendría que comenzar de nuevo. … Sea como sea, el comportamiento del joven—aunque para él haya funcionado exitosamente—tiene que describirse como siendo alquímicamente incorrecto. … La era dorada de la alquimia fue el siglo dieciséis y la primera mitad del diecisiete. En efecto, en ese tiempo un pájaro tormentoso escapó de una vasija espiritual, la cual los demonios tuvieron que haber sentido como una prisión. Como he dicho, los alquimistas hacían todo lo posible para que Mercurius no escapase, sino que permaneciese dentro para las transformaciones internas del Mercurius …" (CW 13 §§ 250f., traducción modificada)

Sin duda, Jung está en lo cierto en que los alquimistas optaron implacablemente por que el espíritu permaneciese en la botella. Pero este no es sólo un enunciado históricamente correcto acerca de la alquimia. De todo corazón, también para la psicología, estoy de acuerdo con los alquimistas y con Jung (quién citando esta posición de los alquimistas ciertamente también nos dio su propia visión de las cosas). Hay que impedir que el espíritu fundamentalmente evasivo escape. La botella debe estar sellada.

¿Qué significa ésto concretamente? Tal como lo entiendo, el trabajo del psicólogo tiene que estar firmemente comprometido con la "materia" a mano, sin tener en cuenta qué pueda ser: en la sala de consulta este sueño de hoy, este recuerdo del pasado que ahora ha emergido, esta reacción emocional que se ha vuelto el tema de la sesión de hoy, y fuera de la sala de consulta cualquier cuestión, imagen o texto que uno ha afrontado como un tema de estudio. Una vez que se ha adoptado como el propio tema de uno, nuestro compromiso con él tiene que ser exclusivo, al menos mientras dure nuestra ocupación con ello. "¡Ésto es!" Cierre. Ninguna otra cosa debe distraernos de este tema. Así como, por ejemplo, en la interpretación del sueño tenemos que "adherirnos a la imagen", tal como exigían Jung y Lopez-Pedraza, es decir, en un sentido cualitativo, limitar nuestro decir a su precisa fenomenología, sin tener que descender al nivel de generalidades y abstracciones que no están respaldadas por su apariencia y "sentir" concretos, así en un sentido cuantitativo también deberíamos morar con nuestra atención sólo en el material a mano. La vasija alquímica y el sello hermético sobre ella, en psicología, ya no son objetos físicos, sino una actitud mental, metodológica, una actitud que, con respecto a la imagen de la fantasía formulada por Jung, podemos encontrar en la siguiente máxima que cito con frecuencia y que repetiré aquí una vez más. Esta máxima o regla de oro de la psicología puede mutatis mutandis ser aplicada a cualquier material.

"Por encima de todo, no permitáis que nada de fuera, que no le pertenezca, se entrometa, porque la imagen de la fantasía tiene 'todo lo que necesita' [omne quo indiget] dentro suyo." (CW 14, II § 404, traducción modificada.)

La aplicación de esta máxima metodológica no debe ocurrir pedantemente y con una mente literalista y formalista. La dificultad en hacer uso de ella es que no hay un criterio positivo-factual para decidir qué pertenece y qué no pertenece, qué viene de afuera (qué es verdaderamente ajeno) y qué es lo que simplemente apoya y realza lo que ya está ahí. Esta decisión no se puede instrumentalizar. Más bien, requiere esa "inteligencia más sutil" que exigía Jung (4), una inteligencia que es probablemente "más sutil" por la razón (entre otras) de que contiene dentro de sí lo que Jung podía llamar una "función sentimiento" diferenciada y una buena susceptibilidad intuitiva, interior, al "alma" del material bajo investigación psicológica.

Este principio metodológico significa que cosas tales como asociaciones libres, sentimientos subjetivos, explicaciones causales de cómo pudo haberse producido el material, cualquier especulación acerca de mejores modos de cómo, por ejemplo, el ego del sueño podría haber reaccionado en el sueño dado, o acerca de otros potenciales o posibilidades de un (buen) final del sueño, posiblemente tendrían que ser mantenidos fuera como siendo ajenos y probablemente material del ego. El fenómeno es del modo en que es. Tiene que ser respetado—y permanecer encerrado—en su ser así. El trabajo psicológico requiere una disciplina y habilidad para la abstracción de los propios sentimientos meramente subjetivos de uno, de las propias ideas personales y de las ideas repentinas que podrían emerger en uno en vista del motivo dado. Sólo entonces puede esperarse que estemos abiertos al auto-despliegue y al auto-movimiento lógico del material en su propia profundidad interior, en su propia verdad.

El propósito del cierre hermético es "la transformación interna del Mercurius". El material necesita estar encerrado en la vasija alquímica porque el trabajo es un trabajo en y con lo mismo. Uno y el mismo material se supone que debe ser interiorizado dentro de sí mismo, intensificado, aumentado. Es un trabajo del material sobre sí mismo. La "vasija" cuidadosamente sellada es necesaria a fin de que se impida que el material siga su curso natural, es decir, desde actuar su propia naturaleza, a ser y comportarse como lo haría normalmente. No tiene que haber ninguna influencia externa sobre ello, pero tampoco tienen que haber efectos de éste hacia otros materiales externos, ni ningún otro tipo de interacción. No tiene que agotarse, desperdiciar su potencial "haciendo sus cosas". Su auto-movimiento, tal como la putrefacción natural de algunos materiales, ciertamente, no debe impedirse, pero tiene que ser atrapado y retenido para que retorne de nuevo sobre sí mismo, para que se aplique sobre sí mismo.

Como una especie de ilustración pictórica para esta auto-aplicación e intensificación concomitante mediante la interiorización en sí misma, menciono una práctica ritual taoísta en la que ésta auto-aplicación está actuada literalmente en la forma de una técnica sexual. El propósito del ritual es alimentar el "principio vital" y en última instancia obtener la inmortalidad. El procedimiento es el siguiente. Primero el taoísta copula de modo que "la esencia" (el semen) es intensamente estimulada. Pero entonces, cuando está a punto de eyacular, rápidamente coge su pene y lo empuja de cierta manera por detrás de los testículos a la vez que exhala vigorosamente durante largo tiempo por la boca, mostrando sus dientes. Si se dejara ir la esencia no funcionaría, pero vuelve por el pene y se eleva (a través de la espina dorsal), entrando finalmente en el cerebro (que de acuerdo a la antigua medicina era el lugar del alma y como tal el lugar del cuerpo en que se originaba el semen). Este es un procedimiento que intercambian los inmortales el uno con el otro, pero que juran no pasárselo a cualquiera. (5)

Miremos esta práctica más de cerca. La esencia vital primero es estimulada para que se vuelva de alguna manera accesible. Se la despierta de su estado latente. Pero entonces se impide que se gaste y desperdicie por el curso natural de los acontecimientos (eyaculación) y para su propósito natural (gratificación del deseo y posible reproducción). La interacción con la pareja se interrumpe, se la intercepta y ello es cerrado dentro de sí mismo. La esencia vital es forzada contra naturam a viajar de vuelta hacia su fuente, hacia el cerebro como el lugar del alma. Esta inversión de la dirección se vuelve posible a través de dos medidas. Primero, el cierre implacable del pasaje al exterior y el impedimento de un escape. Segundo, un "desplazamiento de abajo hacia arriba" de la tendencia hacia el exterior y simultáneamente una activación de la dimensión del espíritu (respiración), en lugar de la dimensión física, sustancial. El resultado buscado de un alimento del principio vital como tal se produce a través de la auto-aplicación del principio vital sobre sí mismo. Y en contraste con el alimento normal del principio vital a través de alguna otra cosa, a través de la comida o de experiencias gozosas, este es un alimento contra-natural. Esta práctica impide que el principio vital continúe según las líneas de la horizontalidad natural de su movimiento (la relación sexual, la relación con los demás, el tomar la comida desde fuera, etc.) y lo fuerza a la verticalidad, es decir, a un estatus o nivel lógico fundamentalmente "más algo" o "más profundo", el de la "inmortalidad". Aparentemente, este movimiento vertical revolucionario que revienta el horizonte del sentido común sólo es posible a través de la "auto-aplicación". Y esta auto-aplicación presupone un cierre radical, la vasija alquímica herméticamente sellada.

En lugar de engendrar un niño "ahí afuera" y por lo tanto reproducirse a sí mismo en el mismo antiguo nivel natural de la vida a través de la otredad, el taoísta se "fertiliza" a sí mismo, o mejor dicho, fuerza a que la "esencia vital" en él se fertilice y se fortifique a sí misma. También tenemos que notar que su ritual no era un ritual psicológico de auto-reflexión, de mover su atención desde su compañero sexual, en tanto que un otro externo, hacia él mismo, un cambio de la intentio directa hacia la intentio obliqua. No dio nacimiento a un niño interno, sino que fue catapultado a un estatus o a una dimensión completamente diferente. En otras palabras, no fue un logro en el reino de la subjetividad. No, esta revolución se produjo en la esfera de la misma "materia" objetiva, de la esencia vital, por debajo de su mente subjetiva.

La similitud y la diferencia entre éste ejemplo taoísta y el opus alquímico son evidentes. La principal diferencia es que respecto al procedimiento taoísta Jung probablemente podría decir correctamente que, aunque no en un sentido psicológico moderno, servía al propósito de la transformación de la personalidad, mientras que la alquimia, como he argumentado, no apuntaba a la persona del alquimista. La similitud de la lógica de las dos técnicas es sorprendente. Los alquimistas también querían conducir la materia prima hacia la verticalidad, hacia su propia profundidad interior y hacia su verdad. El cierre de la vasija servía al propósito de impedir el desarrollo horizontal natural del material. Cuando la alquimia se esforzaba en buscar la piedra, el elixir de la vida, etc., no buscaba otro objeto en el mismo plano horizontal de la realidad del sentido común, un objeto que meramente fuera diferente porque tenía poderes milagrosos. Más bien, estos objetos son imágenes para un nuevo estadio lógico, un nivel fundamentalmente diferente de consciencia. Así como el taoísta no quería descendencia, sino el estatus nuevo de la "inmortalidad", de la misma manera el alquimista no quería una cosa, sino un nivel de consciencia sintáctica y fundamentalmente diferente, lo cual se expresa en términos tales como fermentaciones, destilación, sublimación, evaporación. Y su dilema fue que lo que de hecho era un estatus lógico o sintáctico diferente, el alquimista tuvo que imaginarlo, expresarlo y pensarlo en el lenguaje imaginal alienante y frustrante, es decir, en el lenguaje semántico, el lenguaje de las cosas, por cuya razón tuvo que refugiarse en formulaciones paradójicas ("la piedra que no es una piedra", "el agua permanente").

Una psicología y una psicoterapia en el espíritu de la alquimia no pueden tener un programa terapéutico. No pueden tener deseos por el autodesarrollo, la mejora, el crecimiento, la individuación de la personalidad, no pueden tener ningún deseo por la cura o la mejoría del paciente, porque el proyecto alquímico no está orientado hacia la persona. Pero tampoco ningún deseo por la redención del mundo (que a veces en la psicología arquetipal se expresa de una manera verdaderamente maniquea como un "mundo caído") porque el proyecto alquímico no es un proyecto de salvación ni es un proyecto maniqueo, a pesar del hecho de que su perspectiva sea "cósmica" en el sentido de estar interesada con el mundo material concreto más que con lo individual (personas). Sus intenciones son más modestas.

1. Mientras que cualquier tipo de programa, cualquier anhelo por algo más o algo nuevo, es psicológicamente un salto al futuro y por lo tanto permanece horizontalmente en el mismo antiguo nivel de consciencia, la psicología en cambio, puede decirse que le da su espalda al futuro abierto y a sus deseadas posibilidades. Permanece y se concentra íntegramente sobre lo que ya está ahí, inmediatamente enfrente en la retorta, y lo acompaña atentamente. En este sentido la psicología lógicamente se sitúa en el pretérito perfecto. De algún modo es un mirar hacia atrás. Lo que está en la retorta siempre es algo que ya es un hecho cumplido, algo que ya ha ocurrido. La psicología, la psicoterapia, no tienen intereses en potenciales futuros ni en alternativas al presente. Están comprometidas con lo real y con la propia necesidad (Ananke) inherente de lo real.

Puede y debe sentir de este modo porque lo que está en la retorta, sin importar cuán corrupto, apestoso o perverso pudiera parecer, desde el arranque está definido como "perfecto" en sí mismo, porque contiene todo lo que necesita dentro de sí mismo, incluso su cumplimiento. No necesita ningún "otro" desde afuera, ninguna corrección, ninguna mejoría. Pero lo que sí necesita es ser cocinado, incubado, interiorizado absoluto-negativamente dentro de sí mismo. Necesita su propia profundidad vertical hacia su verdad, pasar por debajo de su Concepto o desaparecer en él. "La redención" o "la salvación", si uno después de todo quiere usar éstos términos, aquí sólo podrían significar que el fenómeno en el retorta encuentra su cumplimiento y su libertad al verse liberado en su propia esencia—una transformación que los alquimistas expresaban en la imagen de la liberación del Mercurius de su aprisionamiento en la materia, es decir, en la forma material, natural, imaginal, del fenómeno. Entonces podríamos decir que la meta última es que el "espíritu mercurial" que había estado oculto en la forma material del fenómeno, y sometido a ella, salga finalmente a lo abierto y se haga cargo del fenómeno.

2. El compromiso de la psicología es con la cadidad: con éste problema, síntoma, situación, éste sueño, imagen, texto, fenómeno a mano, y sólo éste. En éste Ahora presente, éste único fenómeno a mano se encuentra en la retorta, y en tanto que soy un psicólogo, le doy mi espalda a cualquier cosa que me rodea a mi o a la retorta. Esta es mi posición metodológica. Como terapeuta olvido todo lo demás; no existe nada más para mi—durante el tiempo en que me ocupo del material presente en la vasija. A través de este cierre absoluto de la vasija o, para decirlo del otro modo, a través de ésta exclusión absoluta de todo lo que no esté en la vasija, éste material aparentemente insignificante en este pequeño y único vas alquímico es ahora todo lo que existe para mi. Se ha vuelto el mundo entero, es el mundo entero. Acerca del vas Hermeticum de la alquimia Jung dijo que "estaba sellado 'herméticamente' (es decir, sellado con el signo de Hermes); tenía que estar hecho de cristal, y también tenía que ser lo más redondo posible, puesto que pretendía representar el universo [Weltall, el Todo] …" (CW 13 § 245, modif.). Pero la cuestión es que no debemos pensar que "representa" el universo. No, se ha vuelto, y ahora es, el universo, el Todo, a través del cierre y exclusión metodológico radical. Realmente no hay nada afuera de ello, incluido el universo literal. El vas y su contenido es todo lo que ahora existe.

Si no olvidamos completamente el universo literal que nos rodea, la retorta no sería una retorta, ni estaría sellada herméticamente, porque entonces aún estaríamos adheridos a algo que está afuera de ella. La retorta es sólo el vas Hermeticum si deja de ser un objeto en el mundo y en su lugar se vuelve el mundo entero y exclusivo para nosotros. El sello no sólo tiene la función de mantener aprisionado al espíritu Mercurius dentro de la botella; sino que también, y quizás mucho más importante, tiene que mantener todo lo demás, incluyendo la noción de mundo que nos rodea, fuera. El sello hermético de la vasija es la representación simbólica o imaginal de la interiorización lógica dentro de la vasija, no del mundo literal, sino de la noción de mundo. Esto es indispensable. Porque si desde el comienzo el vas no hubiera sido interiorizado absoluto-negativamente dentro de sí mismo de modo que la noción de afuera estuviera totalmente adentro y la misma noción de exterioridad hubiese por lo tanto desaparecido completamente, entonces ¿cómo podríamos esperar interiorizar dentro de sí misma la materia prima contenida en él?

Puesto que todo el propósito de la obra psicológica es la "redención" de cada materia que ha sido abordada, en el sentido de liberarla en su verdad o concepto, y puesto que en cada caso la materia está herméticamente sellada dentro de sí misma de modo que durante este tiempo se vuelve el mundo entero sin nada que la rodee, entonces, quizás podríamos llamar a este propósito "la salvación del mundo". Pero inmediatamente vemos que esta noción no tiene el sentido grandioso que usualmente conectamos con ello. El sentido de mundo ha cambiado completamente. Aquí está intrínsecamente conectado con la "cadidad". En lugar de su sentido espacial, el sentido externo de una extensión infinita y de la suma total de la variedad infinita de cosas, ahora el mundo es la plenitud interior, la infinitud y totalidad interior de cada fenómeno particular—siempre y cuando sea apercibido en el espíritu del cierre hermético que he descripto. "Mundo" aquí, por lo tanto, se refiere a la naturaleza de sí mismo que tiene el fenómeno.

En tanto que "mundo", "totalidad" o "sí-mismo" ya no se refieren, en el nivel semántico, a entidades, contenidos o estados particulares, sino que ahora significan el carácter sintáctico, lógico, de cada fenómeno particular que ha sido sellado herméticamente dentro de sí, todas las objeciones que muchos junguianos han elevado, y a menudo adecuadamente, contra las nociones de Jung de si mismo y de totalidad ya no valen. Ahora estas nociones ya no son las mega nociones literales cargadas con el significado "numinoso" que solían tener. Han sido interiorizadas absoluto-negativamente dentro de sí mismas, destiladas, evaporadas. Uno ya no tiene que representar literalmente el mundo ahí afuera, "la ciudad", el cosmos, en contra de la sala de consulta. Cada fenómeno es su propio cosmos, y el cosmos literal y la "ciudad" literal en tanto que realidades externas no son temas de la psicología. A partir de estas reflexiones se puede ver que insisto, y aquí estoy completamente de acuerdo con Jung, en que la botella con el espíritu Mercurius tiene que estar herméticamente cerrada, y permanecer cerrada. Si el espíritu evasivo escapase, si ille fugax Mercurius, el servus fugitivus, se saliese del fenómeno a mano hacia otras alternativas, hacia nuevas posibilidades en el mismo nivel semántico horizontal, o, de nuevo, en el nivel semántico, vagara de una idea a la siguiente, a la manera de las asociaciones libres, o, con Lacan, se deslizase "metonímicamente" de una palabra a otra palabra (mot à mot), entonces todo el opus de la interiorización vertical de la materia hacia su propia verdad a través de su transformación lógica o sintáctica, sería un fracaso.

* * *

Y sin embargo, no puedo estar de acuerdo con el rechazo de Jung con respecto al comportamiento del muchacho de nuestro cuento al liberar al espíritu. Aquí parezco ser culpable de una contradicción por mi parte. ¿Cómo puedo insistir en el cierre absoluto de la vasija y a la vez aprobar que se libere el espíritu? La respuesta es que este es precisamente el desafío de nuestro cuento—la superación de esta contradicción—, así como el desafío de la noción de cierre alquímico y psicológico, un desafío que Jung no pudo afrontar.

El error de Jung es que "quedó seducido por" el modo pictórico imaginal de la presentación y la tomó literalmente. El problema de una narración es que tiene que representar como una secuencia de acontecimientos (en el nivel semántico) lo que de hecho es el despliegue lógico-sintáctico de la dialéctica interna de un sólo concepto. En el nivel del comportamiento visible el confinamiento hermético del espíritu en la botella y la ruptura del sello a fin de liberarlo se excluyen absolutamente el uno al otro. En ese nivel tenemos que escoger, uno - o lo otro. Porque Jung permaneció en este nivel, el hecho de que escogiera el "cierre" y rechazara la "apertura" de la botella es plausible, consistente, una de las dos elecciones posibles.

Pero el problema es que una lectura de la narración en el nivel semántico o del comportamiento es psicológicamente inadecuada. Y esta inadecuación de su interpretación se debe a su previo y general fracaso de pensar realmente hasta el final la noción alquímica de cierre hermético de la vasija. Su entendimiento del cierre fue literal, externo y dogmático, cierre en el sentido de la realidad práctica común y de la vida cotidiana, donde naturalmente la consistencia y la no ambigüedad de la lógica formal de los términos utilizados es necesaria. Pero en el cuento de hadas, en la alquimia y en la psicología el término "cierre" es a priori un cierre hermético, mercurial, que requiere un entendimiento dialéctico. No es el hecho auto-idéntico simple que Jung tomó como tal. La noción misma de cierre participa del espíritu mercurial viviente de la alquimia encerrado mediante éste. No podemos aproximarnos a una narración sobre el espíritu Mercurius aprisionado en una botella herméticamente sellada con un sentido positivista de cierre. Con una botella, un tapón y un sello positivos, nunca se hubiera podido, en primer lugar, contener el espíritu Mercurius. Se hubiera reído de tales intentos inconmensurables, o mejor dicho, ni siquiera hubiera existido para esta mentalidad. El error de Jung es que llega a una noción hermética con una concepción positivista de esta noción. La lógica de su estilo de pensamiento no está a la altura de la semántica a la que se aplica.

El término "cierre" necesita ser interiorizado dentro de sí mismo, ser aplicado a sí mismo. Y entonces, desde dentro de sí mismo, se abrirá a la liberación de su propia verdad, o mejor dicho, de la verdad que encierra. Dentro de sí mismo: esto significa que lo que narrativamente aparece en nuestro cuento como un acontecimiento consecutivo (nuevo, o distinto) en el mismo nivel del hecho anterior, el cierre, tiene que ser tomado como un momento interno de este (único y mismo) hecho previo. Nuestro cuento explica de qué trata justamente "el cierre hermético", qué es lo que implica, si es comprendido verdaderamente en su profundidad y verdad última y si no es visto meramente desde la perspectiva literal (reflexión externa).

En lugar de deshacer el cierre (o de revocar el "no permitáis que nada de fuera, que no le pertenezca, se entrometa"), la liberación del espíritu en el cuento de hadas es el propio término, conclusión o cumplimiento interno de cierre. ¿Cómo ha de entenderse ésto?

Si a través del cierre el vas con su contenido se ha vuelto para el alquimista el Todo, entonces ya no puede tener la vasija frente a él como un pequeño objeto. Como un objeto para un sujeto (el adepto) este objeto necesariamente todavía sería una cosa dentro del mundo, en otras palabras, tendría al mundo real a su alrededor, no podría ser todo el mundo. De acuerdo a ello, para Jung la vasija hermética sólo servía para representar el universo: es decir, sólo era un símbolo del universo, era considerada como si fuera el mundo (6). Pero por supuesto, como tal, para el alquimista, no era realmente el universo. En tanto que el vas alquímico se suponga meramente que representa el Todo, el cierre hermético todavía está fundamentalmente incompleto. No ha ido hasta el final del camino. Es sólo la primera mitad del cierre real. Es sólo el sentido de cierre literal, positivo-factual.

La auto-aplicación de la noción de cierre a sí misma requiere un segundo paso, es decir, que aquello que se vea herméticamente encerrado no sea sólo el material o el contenido en la vasija, sino también la misma vasija que encierra, no sólo la omnitudo realitatis, sino también el mismo sentido entero de "cierre", la misma noción de "mundo", de "alrededor" (alrededor de la vasija) o de "entorno". El cierre tiene que ser absoluto de modo que se incluya y se encierre a sí mismo, su propio concepto. Sólo entonces incluye todo sin reservas y se puede decir que ya no representa meramente simbólicamente al universo en el sentido de un como-si, sino que lo es realmente.

Pero este cierre que ha integrado implacablemente toda noción de "exterior" o de "alrededor de sí mismo" dentro de sí mismo, ipso facto equivale a la liberación del espíritu Mercurius aprisionado. Hablando pictóricamente, el entorno de la botella está ahora dentro de la botella, lo que significa que la botella se ha vuelto infinita, abarcando incluso al adepto, que ahora también está encerrado dentro de ella y tiene la botella a todo su alrededor. Así, ya no puede ser más el observador desapasionado de lo que está ocurriendo. Y en tanto que la botella se ha vuelto verdaderamente el mundo que lo rodea todo, incluso alrededor del adepto, y en tanto que él mismo está herméticamente encerrado dentro del mismo mundo en que lo está el Mercurius estando también él aprisionado, ahora tiene al espíritu por todas partes a su alrededor y ese espíritu ahora es libre de vagar a través de todo el universo.

Nuestro cuento de hadas trata de presentar la dialéctica entera de la idea de la vasija sellada herméticamente, cerrada absolutamente. Porque tiene que hacer esto en una forma narrativa y pictórica, no puede hacerle plena justicia a lo que de hecho quiere mostrar. Pero el pensamiento "ayuda a las enfermedades" de la representación pictórica. Lo que tenemos que notar es que la segunda vez el joven ya no le permite al espíritu escapar en el sentido literal, positivo-factual, sino que ahora lo libera de la botella sólo dentro de la botella, la cual entre tanto, hablando alquímicamente, se ha vuelto la noción cumplida del Todo. La liberación de Mercurius de la botella no deshace el cierre, sino que, yendo con él hasta el final del camino, lo sobrepasa. Esto es el haberse vuelto absoluto del cierre mismo.

Es obvio que Mercurius sólo puede ser liberado de su aprisionamiento en la botella dentro de su absoluto aprisionamiento. La absolutez de su aprisionamiento es de hecho la pre-condición para que haya realmente un Mercurius. Si no hay un cierre absoluto, podría haber "botellas", pero no una botella que contuviese el espíritu, sin importar si está libre o aprisionado. Sólo dentro de la botella herméticamente sellada, es decir, absolutamente sellada, puede ser liberado Mercurius, y sólo a través de su liberación comienza a existir antes que nada. Tal es la "loca" lógica del alma. No hay primero un Mercurius, como una entidad positivo-factual o un ser, que luego es aprisionado y después de ésto (quizás) finalmente liberado. Sin el cierre absoluto, sólo hay realidad positivo-factual.

Se ha de pagar todo el precio. No hay otro camino.

Es ingenuo imaginar que al encerrar al alma y al Mercurius de manera positivista dentro de las dos vasijas de la psicología (la de la imaginación espacial del "interior" de la persona así como del estatus lógico de "lo inconsciente") lo que está dentro de estas dos vasijas aún sería el Mercurius y el alma. Con ese tipo de cierre, el alma y el Mercurius ya se han escapado antes de encerrarlos, y lo que entonces podría haber dentro de esas vasijas sería en el mejor de los casos sus parecidos, sus réplicas, en tanto que como-sis, semantizadas. No te puedes escapar con el sentido de cierre positivista, tímido. La psicología tiene que hacer todo el camino hasta el final a fin de ser capaz de comenzar.

Por lo tanto, nuestro cuento de hadas no es realmente una narración acerca de una serie de eventos consecutivos. Es la explicación lógica de una sola noción, la noción de una botella verdaderamente herméticamente sellada. Cierre y liberación son lo mismo.

Jung tuvo que evaluar el comportamiento del joven en este cuento como alquímicamente incorrecto y prohibido, aunque el cuento mismo con su final feliz indica lo opuesto. Tuvo que construir "cierre" y "liberación" como opuestos no dialécticos, como alternativas (literales, positivistas) y tuvo que escoger el cierre y con algo de pasión rechazar la liberación. Con sus comentarios ad hoc acerca de este cuento de hadas y su voto claro "a favor de no permitir que Mercurius escape, sino que permanezca dentro", Jung a la vez, de manera inadvertida, reveló el impulso y el principio inconsciente más profundo de su propio pensamiento psicológico. Es al cierre literal al cual deben su existencia "lo inconsciente" (¡"el nuestro propio"!) y "el fondo psíquico en nosotros". Necesitó el cierre literal porque la única cosa que de verdad temía era la liberación del Mercurius, de su estar contenido en experiencias personalísticas y en el estatus de hechos positivos (el estatus de lo irrevocablemente ignotum) hacia la libertad lógica de la esfera de la verdad y de la mente, lo cual hubiera involucrado a la psicología en la "metafísica" y en la obligación de tener que tomar posición intelectual respecto al contenido de lo que era experimentado. Afuera, la psique que lo rodea todo, una estructura mental positivista. Adentro, contenidos numinosos, arquetipales.

Por lo tanto la psicología de Jung fue una psicología del espíritu embotellado, en el sentido común de embotellado—no en el sentido de un cierre absolutamente hermético. A diferencia de Freud, él quería el espíritu, pero el espíritu mercurial (7) solamente embotellado sin peligros, como un espíritu al que se le impide ser espíritu, y así astutamente sustituyó nuestras "experiencias a partir del inconsciente", subjetivas, por lo que realmente hubieran tenido que ser las verdades mercuriales de la mente oficial. El problema, empero, no fue, como el lector comprenderá después de lo que se ha mostrado, la "botella" y el "embotellamiento" como tal, sino que la botella fue imaginada externamente como una botella positiva que tenía a la psicología como un observador desapasionado, neutral, fuera de ella misma. Y además, el problema fue que Jung creía y pretendía que los fenómenos personalísticos que priorizaba y observaba (es decir, las experiencias numinosas subjetivas, los sueños, etc.) sin embargo tenían una significancia mercurial, de alma, incluso religiosa, simplemente por ser hechos empíricos.

No, la "botella" no es el problema. Al contrario. La psicología sólo puede existir si está dentro de la botella. Si ella, la psicología misma, está en la botella, la última es ipso facto la botella cuyo carácter "de vasija envolvente" también ha sido verdaderamente interiorizada dentro suyo, de modo que ya no tiene nada afuera de sí misma y se ha vuelto por lo tanto absoluta. Y sólo entonces el espíritu Mercurius puede ser un espíritu liberado. Y sólo el espíritu liberado a priori es el espíritu que puede encontrarse aprisionado en una botella en primer lugar. La psicología necesita un sentido de cierre mercurial, absoluto, a fin de poder encontrar esta botella. Sólo lo semejante puede encontrar lo semejante.

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Repasando los pasos del movimiento de nuestro pensamiento respecto al tema del cierre y la liberación podemos decir que el primer paso fue una decisión metodológica a favor de un cierre absoluto. Como decisión metodológica es un acto del ego. Al insistir en permanecer con este cierre, Jung no sólo trató de congelar el movimiento como tal, sino que también, mientras que semánticamente (respecto al contenido) estaba abierto a los misterios mercuriales, sintácticamente sin embargo se aferró al "ego". Su cierre es un comportamiento del ego que se le impone al Mercurius desde el exterior. Con el segundo paso, el Mercurius es liberado a todo nuestro alrededor y permea "el mundo" (cualquiera que sea "el mundo" que esté en juego en cada momento presente), estableciendo así la posición lógica de la interioridad. Como ya señalé, éste paso no equivale a deshacer el cierre. Más bien, el ego abandona ahora su idea inicial de tener que estar a cargo de este cierre y en su lugar delega y encomienda la responsabilidad del cierre al espíritu mismo en tanto que su auto-confinamiento. El Mercurius liberado es aquel que ya no tiene que estar encerrado dentro y restringido por una vasija externa porque ahora ha vuelto a casa a sí mismo y está encerrado dentro de sí mismo: en su concepto, en su verdad. Sólo ahora es verdadero espíritu. ¿Qué sería un Mercurius que necesita estar contenido desde afuera? Este confinamiento suyo en su verdad es su libertad, el cumplimiento de su esencia. Esta es la razón por la cual puede andar libremente a través del mundo entero sin volverse peligroso: de ahora en adelante siempre permanecerá contenido en lo que él verdaderamente es.

Aquí me detengo. Pero es claro que el movimiento mismo no ha llegado a un punto final, porque hay algo que ha quedado atrás: el ego con cuyo cierre metodológico comenzó el movimiento. El, también, quiere ser liberado en su verdad y en su libertad. Esta es la razón por la que tiene que haber otro paso más allá del cierre y la liberación, el paso que podríamos llamar "emancipación". Pero éste es otro cuento para otra ocasión.


Notas

1. Pp. 200 y ss. Por ejemplo, "Basada en la filosofía natural de la Edad Media, la alquimia ha formado el puente, por un lado hacia el pasado, al gnosticismo, y por el otro hacia el futuro, a la psicología moderna del inconsciente" (p. 201). Sobre la aurea catena véase ibid., p. 189.

2. La leyenda cuenta que Thomas dictó este trabajo en su lecho de muerte (y que por lo tanto no lo produjo en un laboratorio alquímico).

3. 'Positiva’ en el sentido lógico (el sentido que subyace al término positivismo).

4. Letters 2, p. 410, a L. King, 14 de enero de 1958.

5. Ver H. Maspero, "Les procédés de 'nourrir le principe vital' dans la religion taoïste ancienne", en: Journal Asiatique (1937) pp. 177–252, 353–430, aquí p. 385. Citado en Mircea Eliade, Geschichte der religiösen Ideen, vol. 2, Freiburg et al. (Herder) 1979, p. 361.

6. La psicología arquetipal o imaginal vuelve explícitamente este "como si" ¡su propio punto de vista!

7. 'Espíritu', aquí, no debe confundirse con 'espíritu' en el sentido de "la espiritualidad" de la New Age, "las prácticas y los movimientos espirituales". No es el espíritu que se busca en los "picos" en contraste a los "valles" del ánima (Hillman), sino el espíritu mercurial en, o la lógica interior de, cada asunto, cada situación real, fenómeno o síntoma.