El sacrificio de Isaac y la línea divisoria de la historia. Observaciones preliminares y metodológicas en torno al tema de las matanzas rituales

Por Wolfgang Giegerich, 2006.

Artículo publicado en Soul-Violence, Collected English Papers, Volumen 3.

Traducción de Alejandro Bica.
Agradezco enormemente al autor su amable permiso para publicar esta traducción.


En el siguiente capítulo, titulado simplemente "Matanzas", se discutirá la psicología del ritual arcaico del sacrificio de sangre. (N. del T. La primera versión del artículo, más reducida, apareció publicada en Spring 54, 1993, con el nombre "Matanzas. El platonismo de la psicología y el eslabón perdido con la realidad realidad".) El presente capítulo sirve como una especie de introducción a este fenómeno tan ajeno y distante. No podemos acercarnos a él, con el conjunto familiar de valores y concepciones actuales. Si queremos atenernos a la máxima de "salvar los fenómenos", en lugar de subsumirlos bajo nuestros esquemas de pensamiento y prejuicios, primero tenemos que darnos cuenta de las enormes dificultades que enfrenta cualquier intento de acercarse a las culturas ritualistas (en contraste con las culturas religiosas (1)). Estas dificultades no sólo tienen que ver con la gran distancia en el tiempo entre ellas y nosotros, sino también con la particular foraneidad del concepto de sacrificio.

Definiendo la Posición a Partir de la Cual Considerar el Tema de los Sacrificios

Cuando la cuestión es intentar aproximarse a la comprensión de la noción de "sacrificio", tomada en el sentido estricto de la matanza sacrificial o matanza ritual, es indispensable comenzar con la historia del sacrificio de Isaac. Esta extraordinaria narración puede informarnos sobre el lugar donde nos encontramos y sobre el lugar desde el cual inevitablemente tiene que comenzar una aproximación al tema de los sacrificios. No podemos dedicarnos a este tema sin menos. Tenemos nuestro lugar en nuestra propia historia; somos productos de nuestra tradición, un hecho que pone restricciones fundamentales a nuestros puntos de vista. Primero necesitamos darnos cuenta de nuestra historia y de nuestro lugar en ella para no transportar, inadvertidamente, presupuestos más inconscientes (o conscientes) que inevitables, a nuestro estudio de los sacrificios, presupuestos que surgen del desarrollo histórico detrás de nuestro presente a partir de la consciencia. Tenemos que tener en cuenta nuestro propio punto de vista y el modo en que ha sido históricamente condicionado si no queremos que nuestros esfuerzos giren ciegamente en círculos y si no queremos descubrir en el fenómeno del sacrificio lo que nosotros mismos traemos con nosotros y proyectamos en ello.

Pero la idea de un lugar o de un punto de vista es demasiado estática. De lo que puede hacernos conscientes la narración del sacrificio de Isaac no es tanto del punto en el que estamos parados como de la dirección del camino que estamos recorriendo, el vector de la dirección en la cual nos estamos moviendo.

Si uno conduce en la autopista, en Alemania, desde Stuttgart a Munich, a través de la cordillera de Jura de Suabia, en un punto determinado se cruza una línea de contorno marcada con un signo que dice: "Cuenca Europea, 785 m.". Todas las aguas que surgen de un lado de esta línea fluyen al río Rin y más adelante al Océano Atlántico, mientras que de su otro lado, todas las aguas fluyen al Danubio, y, finalmente, hacia el Mar Negro. La narración del sacrificio de Isaac es la historia de una línea divisoria muy similar. Es el ápice a partir del cual dos líneas de desarrollo corren en direcciones opuestas y desaparecen, por un lado en la oscuridad de la prehistoria, y por el otro en la oscuridad de nuestro futuro.

La línea que comienza en esta historia y que va hacia atrás al pasado remoto es la de los cultos de sacrificio. En términos de este pasado, antecediendo la versión actual existente de este cuento incluido en el Antiguo Testamento, es el Dios mismo quién exige a Abraham el sacrificio de Isaac como un sacrificio del primogénito. Este significado arcaico todavía brilla a través de la versión presente de la narración, aún cuando esta versión (o los editores de la antigua narración que prepararon ésta versión) trate de darle un significado diferente, de hecho, opuesto. En conexión con el significado arcaico, uno puede pensar, en particular, en los sacrificios molk (2) de la región cultural semita occidental. Los sacrificios molk eran rituales en los que los hijos primogénitos eran asesinados y ofrecidos al dios El, a través del cual el bebé humano sacrificado se convertía en el objeto de una apoteosis. No voy a entrar en este tipo tan especial de sacrificio como un tema en su propio derecho. Sólo nos sirve como un ejemplo de la tradición de la matanza sacrificial en general, como el "acto sagrado por excelencia" (Loisy), una tradición que, en muchas formas diferentes, se extiende muy atrás en tiempos prehistóricos.

Pero lo que primordialmente habría sido ese acto sagrado por excelencia es justamente el comienzo dado por el editor(es) responsable de la versión actual de esta historia como nada menos que la simple prueba a Abraham por parte de Dios. Dios, se nos da a entender, de ninguna manera quiere que el sacrificio de niños se realice en realidad. Dios sólo quiere poner a prueba a Abraham, una prueba de su fidelidad. De este modo, y través de la sustitución, más adelante en la historia, de un carnero por el niño Isaac, en otras palabras, con el giro crítico en contra de los sacrificios humanos, comienza otra línea de desarrollo completamente nueva, que más tarde, en Salmos y en Profetas, se convierte en una crítica fundamental a las matanzas sacrificiales como tal, y continúa hasta nuestro actual sentimiento de que los cultos sacrificiales son inhumanos y perversos, de que la práctica del sacrificio ritual es una atrocidad—algo a través de lo cual categóricamente uno no puede acercarse a Dios. "Estoy harto de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gordos; y no me agrada la sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos", el mismo Señor declara a través del Profeta Isaías (Isa. 1:11), y de manera similar, a través del Profeta Jeremías, "Ni vuestros holocaustos me son gratos, ni vuestros sacrificios me complacen" (Jer. 6:20).

La línea divisoria se hace discernible. A partir de nuestra narración, dos corrientes con una dinámica poderosa continúan en direcciones opuestas. Dos condiciones del mundo o dos modos de ser-en-el-mundo coinciden y se separan—de tal manera, sin embargo, que uno de los modos es la inversión del otro. Nuestra narración, como la versión editada de una historia arcaica, es en sí misma el pivote. La versión pre-editada sobre el sacrificio del primogénito hijo humano con el fin de una apoteosis testifica el estadio ritualístico de cultura; por contraste, la versión editada, en la cual el mismo motivo (la demanda del sacrificio de un hijo primogénito) simplemente sirve como una prueba de la fidelidad del padre, revela claramente que el modo ritualístico de ser-en-el-mundo ha sido abandonado completamente y que ahora la postura del hombre en el cosmos se ha vuelto religiosa. Lo que para las culturas sacrificiales era un acontecimiento del más alto propósito y significado es, para el estadio religioso de la cultura (y para la subsiguiente cultura secular), un sinsentido absoluto, la negación completa del significado.

Ahora la dificultad de acercarse a la noción de sacrificio se hace evidente. Mientras se está en la segunda corriente, la cual decididamente cada vez nos aleja más del sacrificio ritual, y mientras nuestra perspectiva y orientación como una cuestión, por supuesto, sigue la dirección de este movimiento, sin embargo, queremos entender el fenómeno del sacrificio, el cual pertenece a la orientación opuesta—una empresa auto-contradictoria. Cuando el movimiento a tremenda velocidad se aleja de las culturas sacrificiales, cuando les damos la espalda con intención explícita, cuando, además, uno se esfuerza sistemáticamente por erradicar, a través de la Ilustración y la emancipación, por ejemplo, todos los recursos de significado creados anteriormente a través de los cultos de sacrificio, ¿cómo se puede aún esperar acercarse a la noción de sacrificio? Sólo sería posible si se estuviese dispuesto, si no exactamente a cavarse la propia tumba, por lo menos a cortarse la propia carne, sacándose (al menos mentalmente) de la dinámica inexorable del desarrollo de nuestra cultura y poniéndose mentalmente a sí mismo en aquella posición, del otro lado de la línea divisoria. Sin una inversión radical de la dirección de nuestra orientación, el sinsentido o la perversidad del sacrificio ritual es una conclusión inevitable. Entonces, la cuestión acerca del significado de los sacrificios a priori no tendría ninguna posibilidad, porque la perspectiva en la que nos encontramos, en nuestro lado de la línea divisoria, desde el arranque, ya nos ha proporcionado con la respuesta.

Acontecimientos Anímicos: Acontecimientos de Significado

Esta respuesta significa que podemos en el mejor de los casos plantear la cuestión y preguntarnos: "¿Tiene la institución del sacrificio significado?" (3) Pero como un psicólogo analítico, no puedo preguntar esto. Para mi la cuestión del "significado o no significado" no se plantea en absoluto. El significado de los fenómenos (es decir, que tienen un significado) es una presuposición metodológica fundamental de mi trabajo. A fin de hacer psicología, debo partir de la presuposición de que cada imagen del sueño (sin importar cuán insignificante pueda parecer a primera vista), cada síntoma patológico, incluso cada lapsus freudiano que pueda parecer absurdo, tiene un significado anímico. Esta es la única condición bajo la cual la psicología es posible. Los fenómenos psicológicos son acontecimientos de significado. Y ser acontecimientos de significado es su naturaleza.

"Acontecimientos de significado" significa que las ocurrencias psíquicas son en sí mismas fundamentalmente lingüística (lingüística como acontecimientos, es decir, aún antes de las palabras y sin ser literalmente puesto en ellas). También podríamos decir que "tienen la cualidad de la consciencia" (CW 8 § 658). En el pasaje en el que Jung hizo esta afirmación, utilizó esta frase con una intención crítica, restringiendo esta visión a las "psicologías sin alma", las cuales rechazó como meras "psicologías de la consciencia, para las cuales una vida inconsciente simplemente no existe" (CW 8 § 658, traducción modificada). Esta restricción es un error. Parte del hecho de que al hacer su afirmación, entiende la consciencia como ego-consciencia, como una categoría antropológica, es decir, como la consciencia de una persona o de un sujeto. Que los acontecimientos psíquicos tienen la propiedad de la consciencia, desde el punto de vista de esta presuposición antropológica, podría significar que son conscientes para un ser humano. En otras palabras, esta visión sigue anclada en el horizonte de la psicología personalista.

A lo que quiero llegar es a algo completamente diferente: concretamente para una "psicología con alma", los acontecimientos psíquicos tienen en ellos mismos, y muy aparte de la cuestión de cualquier humano que los perciba o que no los perciba, la propiedad de la consciencia. Tienen esta cualidad incluso como las así llamadas ocurrencias "instintivas" inconscientes. La consciencia es, por lo tanto, en este contexto, el carácter lógico inherente, interno, de aquellos acontecimientos que llamamos psíquicos, más que una determinación adicional contingente, la determinación que ellos, además de haber ocurrido, también sucede que son conocidos (por una consciencia externa a ellos). Un sueño, un esquema de conducta compulsivo-obsesivo o histérico, un síntoma psicosomático, todos tienen la propiedad de la consciencia, a pesar del hecho de que el soñante no haga conscientemente el sueño sino que le ocurre a él en su sueño, o que los síntomas psicosomáticos no sean queridos por las personas que los padecen o que él o ella no le encuentre ni pies ni cabeza. En un sentido remoto, quizás podríamos conectar esta visión mía con las ideas del Jung tardío acerca del "estado casi consciente de los contenidos inconscientes" (CW 8 § 388), sobre las scintillae en ellos o su luminosidad—ideas, sin embargo, que sólo parecen referirse a un fenómeno especial y suena mucho más misterioso que mi sobria descripción de la naturaleza lógica general de los fenómenos psíquicos como tal.

Una tercera forma de expresar la noción de acontecimientos psíquicos como acontecimientos de significado (en adición a la idea de su naturaleza lingüística y a la idea de propiedad-de-la-consciencia), sería decir que vienen en sí mismos como acontecimientos reflexivos. Son como afirmaciones humanas, como la poesía o las obras de arte, en tanto son expresiones del alma hablando ella misma sobre sí misma. No son hechos positivos, como es un hecho el rastro de sangre en la orina. Como hechos de la naturaleza, los hechos positivos no hablan: simplemente señalan o demuestran algo más allá de sí mismos (una causa o una condición, aquí un problema de salud). Los fenómenos psicológicos no demuestran nada y no apuntan a ninguna otra cosa. Todo lo que hacen es expresarse a sí mismos, expresar su significado, el significado que son. Son concepciones, puntos de vista, interpretaciones (la interpretación que el alma hace de sí misma), y sólo en tanto que interpretaciones son también hechos—es decir, el hecho de que esta interpretación, esta idea, ha ocurrido. Para ponerlo en palabras de Jung, "estamos tratando con el hecho de que la psique hace tal afirmación. Una ciencia descriptiva, por lo tanto, dirá: es la naturaleza de la psique hacer tales afirmaciones, sin importar cual sea su contenido. No importa si lo que afirma es una verdad o no." (4) Una afirmación muy osada: ¡no importa si lo que afirma es una verdad o no! Uno podría pensar que le importa mucho. ¿Por qué no le importa? Porque las afirmaciones del alma no tienen referente externo. (5) No versan acerca de alguna realidad, sino auto-referencialmente o uroboricamente sobre su propia realidad, su propia verdad, como "ficciones", como verdad de "cuentos de hadas". O al revés: en tanto interpretaciones, tratan de aquello que es interpretado (la interpretación es la producción sobre lo que tratan).

En la medida en que la consciencia o el carácter de significado de los fenómenos psicológicos es el presupuesto metodológico constitutivo de la psicología, la situación en psicología es, mutatis mutandis, muy similar a la de la ciencia natural, en la cual no puedo preguntar si un acontecimiento de la naturaleza sigue o no sigue una ley natural, porque tener que seguir alguna ley de la naturaleza es la presuposición metodológica fundamental de las ciencias. En ambos casos, no hay pregunta de "si". La única cuestión es qué ley de la naturaleza (en el caso de las ciencias) y qué significado (en el caso de la psicología).

Esto me libera. Yo no tengo que estar de pie como una autoridad y afirmar o negar dogmáticamente que hay un significado, para cada razón metafísica o ideológica. Mi disciplina ya me ha liberado de esta decisión, de modo que, cuando entro en escena, ya es una certeza que hay un significado. Esto también es verdad en el caso de la matanza sacrificial. Como un fenómeno que tiene su origen en el alma, ciertamente debe tener un significado anímico. Así como un acontecimiento que no es natural está exento de las leyes de la naturaleza, así un fenómeno que no es anímico está exento de ser una instancia de significado. Lo único que queda pendiente es la cuestión de si captamos precisamente lo que es el significado.

He dicho, "lo que es el significado". En la pregunta anterior, por el contrario, escribía, "si los sacrificios tienen significado". La diferencia es crucial. Revela que mi presuposición metodológica, si está redactada de esta manera, no ofrece realmente una respuesta a la pregunta. La pregunta, "¿Los sacrificios tienen un significado?" ya está hecha desde el punto de vista de la reflexión externa. Aquel significado como el cual los sacrificios son lleva, por lo tanto, largo tiempo siendo desestimado. Uno ya ha conseguido salirse y ahora tiene el fenómeno vis-à-vis a sí mismo como algo ajeno. Y porque en este caso es inherente en este enfoque metodológico que el fenómeno esté opuesto a uno mismo, se vuelve imposible entrar en el fenómeno y encontrar el acceso a su significado. La alienación es postulada y afirmada constantemente por el propio método. La presuposición metodológica de la psicología, en virtud de lo cual "aquello" significativo es cierto desde el arranque, surge del hecho de que la psicología es reflexión inmanente. Un fenómeno no se ve como un fenómeno anímico a menos que uno entre sin reservas en él y trate de comprenderlo desde dentro.

Visto de esta manera, la pregunta, "¿La institución de sacrificios tiene significado? no es una cuestión real en absoluto. Tomando una posición metodológica fuera del sacrificio como un fenómeno y opuesta a ello y sólo entonces tratando de decidir acerca del significado o del sinsentido de ello, la consciencia que plantea la cuestión de esta manera ya se ha salido de la reflexión inmanente mediante la cual, únicamente, tal cosa significativa puede existir en primer lugar.

Además, la expresión citada "si los sacrificios tienen significado" también realiza una inversión del sentido de la palabra "significado". Para la experiencia primordial, el sacrificio de Isaac no habría tenido un significado, sino que hubiera sido el significado. En sí mismo y por sí mismo habría sido un cumplimiento, un gozo, una creación de significado—una apoteosis. Empero, para nosotros que estamos del otro lado de la línea divisoria, donde se supone que algo ha de tener significado, éste "algo" ipso facto es postulado como sin significado, sinsentido. Sólo algo acerca de lo cual no puede decirse que en sí mismo sea significado puede tener significado. "Tener significado" significa ser significativo para otra cosa distinta, fuera de ello. Con la frase "tener significado" sin duda se está hablando del significado, pero en verdad se tiene algo muy distinto en mente, es decir, que el fenómeno en cuestión simplemente puede tener un valor o propósito práctico, que sea bueno o útil para algo, que sirva para esto o para aquello. "¿Los sacrificios tienen significado?" en este sentido sería equivalente a: "¿Es significativo realizar matanzas sacrificiales? ¿Nos ayudaría de algún modo? ¿Acaso deberíamos volver a ofrecer sacrificios?" El sentido de "significado" se ha invertido.

Esto nos lleva a la comprensión de que tenemos que distinguir entre dos sentidos fundamentalmente distintos de "significado". Primero está el sentido de significado de acuerdo al cual se refiere a cierto estatus ontológico o carácter esencialmente lógico del fenómeno. Si, por ejemplo, se dice que los sacrificios son significativos en este primer sentido, entonces se los declara como algo más que hechos meramente positivos, acontecimientos efectivos, algo que se puede demostrar que de hecho ha ocurrido, del mismo modo que los objetos y los acontecimientos ocurren en el mundo natural. Más bien, en sí mismos son portadores de significado y, como tales, fenómenos del alma. Son como una rosa o una joya hermosa si se las percibe con alma. Su valor está en lo que son, en lo que muestran ser ellos mismos. En el mismo sentido los sonidos del lenguaje tienen su aspecto factual ("físico") pero no se ven limitados a ser "nada más que" acontecimientos físicos (meras secuencias de sonido, por ejemplo, ruido), sino que además, y sobre todo, incluso antes que nada, son acontecimientos de significado, y por lo tanto los fenómenos del alma son también acontecimientos de significado. Se abren a la dimensión del significado en contra y por encima de la dimensión de la existencia factual. Pero el significado no es un añadido al "hecho". El significado viene primero. Los sonidos del lenguaje se crean en la estructura significativa de lenguaje; no son sonidos naturales a los que se les pega "significados".

Para el segundo sentido de significado, podríamos tomar como ilustración la formulación contenida en el título de una de las Meditaciones Intempestivas de Nietzsche "Sobre el uso y la desventaja de la historia para la vida". Esto está dicho desde el punto de vista de la reflexión externa. La historia (como un campo de estudio y como una forma de consciencia) es vista como una entidad fáctica o como un fenómeno en su propio derecho que tiene la vida fuera de sí misma, y así surge la cuestión de si una (la historia) es buena o mala para la otra (la vida). Finalmente, éste es un punto de vista ego-psicológico, en tanto que la preocupación que se expresa en esta cuestión es sobre nosotros: la cuestión es si la historia (como éste fenómeno) es buena o mala para nosotros, el sujeto humano (nuestra "vida"). Este sentido de significado concibe al significado como la relación entre dos, mientras que el primer sentido de significado sólo se preocupa con una cosa y por lo que esa cosa vale por sí misma (ver mi imagen de la rosa o de la joya de más arriba). En nuestra discusión del fenómeno del sacrificio ritual, si se dice que tiene significado en el sentido de "ser significativo", lo que se quiere decir es análogo a lo que decimos cuando afirmamos que algo tiene su propia lógica interna, o su propia belleza. No se dice nada acerca de si es bueno o malo. En esta reflexión no entra ninguna relación de éste fenómeno con un tópico exterior a él.

La distinción ontológica entre los sentidos de "significado" discutidos es análoga a la que Descartes hizo entre res extensa y res cogitans.

Si los fenómenos psíquicos, por ejemplo los sueños, son interpretaciones, produciendo ellos mismos aquello de lo que tratan y sólo produciéndolo en ese mismo acto de interpretarse, vemos que aquí estamos tratando con un sentido de interpretación muy distinto del empleado en el título La Interpretación de los Sueños de Freud. Este último tipo de interpretación es la interpretación que el psicólogo hace de un texto de un sueño ya existente, un esfuerzo humano. Aquí tenemos una dualidad: primero el sueño, el texto, y luego la interpretación. La interpretación sería una opinión sobre el texto. Pero lo que he dicho acerca de los fenómenos psíquicos significa que esta dualidad no existe para ellos. Son ambos a la vez "texto" e "interpretación", pero ambos a la vez, de tal extraña manera, que sin embargo la interpretación precede lógicamente al "texto" en tanto que el "texto" sólo existe en y por virtud de la interpretación como la cual el sueño es. La actividad de "interpretar" sueños u otros fenómenos psíquicos, tales como la institución del sacrificio, solo pueden por lo tanto significar el intento de descubrir la interpretación como la cual es el sueño o el sacrificio. Esto es lo que Jung acentuó repetidamente, citando el dicho del Talmud, de que el sueño es su propia interpretación. Si bien esto aún podía entenderse como significando que el sueño dentro de sí mismo ofrece su propia interpretación, yo lo he transformado en una afirmación ontológica: el sueño es su propia interpretación y nada más.

En el caso del segundo sentido de la noción de "significado" (el sentido del "uso y la desventaja de … para la vida") la palabra o el nombre "significado" ciertamente se retiene, pero está corrompida. Ya no significa más significado en sentido estricto. Significa algo distinto: utilidad. Sólo en el primer sentido la palabra implica realmente lo que dice; dicho de otra forma, hay una correspondencia entre significado y significador. Pero el hecho de que automáticamente pensemos en términos de utilidad cuando pensamos en significado, muestra que el primer sentido de la palabra ya se ha perdido. La gran cuestión del significado que hoy mueve a tanta gente, por ejemplo, la cuestión acerca del significado de la vida, muestra esto con bastante claridad. Porque de lo que realmente trata esta cuestión es de si hay un propósito superior en la vida, un plan maestro, una meta. Esta cuestión ya ha descartado a priori aquello que ostensiblemente parece señalar.

Lichtenberg dijo una vez, "Todavía se dice 'alma', tal como se dice 'tálero', aunque hace mucho tiempo que se ha vuelto obsoleto acuñarlos". De manera similar hoy podríamos decir que: Aún se dice "significado", aunque el sentido de "significado" hace tiempo que se perdió. Más que perdido. Nada es más repugnante ni más temido por nuestro tiempo que el significado. El movimiento que nos conduce con inmenso poder hacia la Era de la Información y la Comunicación—¿no es acaso la abolición sistemáticamente forzada de todo significado? "Información" es el contenido abstracto desprovisto de cualquier significado que comprometa, un contenido que por esta razón se vuelve libremente utilizable. "Información" ya es siempre conocimiento "rechazado", y lo que llamamos "comunicación" es el reciclaje de este rechazo.

Uno podría ciertamente objetar aquí que de hecho existe en nuestro tiempo un tremendo deseo por el significado, y que es precisamente el enorme sufrimiento de innumerables gentes por la erosión y la falta de significado lo que se expresa en el hecho de que la noción de significado todavía sigue viva. Pero esto es sólo una ilusión. Quién hoy todavía añore un significado no sabe lo que está diciendo. El mismo hecho de que haya un deseo de "significado" muestra que hoy interesa algo totalmente distinto de lo que significaría el significado entendido propiamente. La necesidad o el deseo de significado tiene como correlato la provisión de significados ofrecidos en el mercado por distintos proveedores, las iglesias, las diversas sectas, todo tipo de escuelas psicológicas y gurus individuales. Por lo tanto, lo que aquí se quiere decir por "significado" es un bien de consumo, y específicamente un bien de consumo de alguna manera comparable a un tranquilizante o a una droga, cuyo propósito y función es hacer más soportable emocionalmente proseguir nuestro duro viaje en la era absolutamente sinsentido de la Información y de la Comunicación. Un deseo y una búsqueda de significado sólo pueden surgir dentro del nihilismo. Y la búsqueda de significado no es de ninguna manera un movimiento en contra del nihilismo (aunque se crea que lo es), sino que es uno de los modos en que el nihilismo continúa realizándose a sí mismo para ganar más terreno. (6)

Si se trata de un verdadero significado, no puede haber deseo de ello. El verdadero significado no se puede buscar y no se puede ofrecer en un mercado de significados—obviamente, por la siempre razón de que es (si lo es) la realidad a partir de la cual el hombre vive en su época—el locus histórico—en la cual ocurre que está viviendo, y que de hecho es lo único verdaderamente significativo si ello es real. El verdadero significado, por lo tanto, no es de ningún modo algo simplemente bonito e inofensivo, algo agradable y confortable. Siempre es algo tremendo, algo terrible, semejante a la terrible realidad de la cual la Biblia dice, "Es una cosa aterradora caer en las manos del dios viviente" (Hebreos 10:19). La enormidad del significado real puede volverse un poco más plausible para nosotros cuando tenemos en mente que el significado real (existente) de nuestra existencia moderna es el viaje, perseguido sistemáticamente y con gran fervor, hacia la falta de significado, o el trabajo sistemático, paso a paso, hacia la erosión del significado como tal hasta reducirlo a nada.

La Línea Divisoria de la Historia—La Historia Como Línea Divisoria

Después de haber aclarado el sentido en el cual los sacrificios son acontecimientos anímicos y como tales acontecimientos de significado, teniendo en sí mismos la cualidad de la consciencia, ahora nos dirigimos a otro punto importante que sugiere la historia del sacrificio de Isaac y la noción de la línea divisoria, es decir, una concepción de la historia a gran escala muy diferente de la habitual. Comúnmente, vemos la historia como un curso de acontecimientos extendidos linealmente en el vector del tiempo, ya sea en el sentido de progreso y evolución histórica, o por el contrario, en el sentido del mito de las eras del mundo en declive y en inevitable decadencia, o una simple cadena de acontecimientos uno tras otro sin ninguna dirección clara de desarrollo, como en la historiografía analítica. Para la interpretación de la historia en términos del vector lineal del tiempo, el origen de la historia está en el comienzo imaginado de la línea de tiempo. Sin embargo, en nuestro contexto tenemos que darnos cuenta de un entendimiento de la historia que tiene su origen en una narración, es decir, en el cuento del sacrificio de Isaac. Esta narración no pertenece simplemente al pasado de hace unos miles de años atrás. El sentido de su historicidad no se agota por el hecho de que en un cierto momento en el tiempo se la inventó y se la escribió, ni por el hecho de que los acontecimientos que cuenta (ya sea en forma literal o simbólica) tomaron lugar en algún momento de la historia. La narrativa no tiene en absoluto su lugar en el tiempo. Más bien existe como tiempo en sí mismo. Nosotros tenemos nuestro lugar en esta narración. Está viva. Es nuestro presente y como éste, nuestro presente, es el origen lógico continuamente en curso, acompañando, a partir del cual se genera nuestra historia.

La historia en este sentido es ciertamente no el curso del tiempo, sin tomar en cuenta si se mira este curso como fluyendo desde el pasado hacia el presente y hasta el futuro, o si se imagina, opuestamente, que un futuro siempre nuevo se va transformando en el presente y luego más y más desaparece en el pasado distante. No, en contraste con este sentido de la historia de continuidad sin rupturas, la historia, en el sentido que necesita ser pensada aquí, es la continua generación y profundización, a partir de aquel origen, de una separación o de un distanciamiento. Es la apertura de una separación y una brecha cada vez mayor entre el significado por allí y la emancipación del significado aquí.

En geología tenemos el fenómeno de las grietas en el medio del océano, una formación que resulta de una fisura que está separando continuamente el medio del suelo oceánico, a través de la cual brota continuamente el magma desde el interior de la tierra, creando un nuevo suelo oceánico y obligando a las placas continentales a separarse cada vez más. La narración del sacrificio de Isaac es una de esas fisuras o escisión o grieta en la topografía de la historia. Con esta imagen geológica trato de hacer más dinámica la imagen estática de la línea divisoria que he usado anteriormente. El cuento del sacrificio de Isaac está siempre acompañando la hendidura sub-oceánica (o más bien es una manifestación de esta hendidura) a partir de la cual, tal como en la fisura del medio del océano, continuamente cada vez se está produciendo forzosamente una mayor separación. La historia es el acontecimiento continuamente en curso de ésta separación o escisión. Es el incansable forcejeo de las "placas continentales" del alma separándose de aquel origen productivo que encontró expresión en el cuento del sacrificio de Isaac.

Empero, mientas que la separación de la cordillera geológica del medio oceánico produce positivamente un nuevo suelo oceánico, la forzosa separación que viene de aquel origen en el alma tiene la forma de la pura negación, es decir, negación en el sentido de un verbo, como la actividad continua y siempre creciente de la separación del mundo de los sacrificios, y como la negación, putrefacción y destrucción de lo que una vez fue significativo. Al mismo tiempo, se va creando una liberación cada vez mayor del significado, por un lado bajo la forma de un conocimiento creciente (mera información) acerca de culturas del pasado distante y del significado real que vivían, y por el otro lado, a través de la automatización y formalización, cada vez más amplia, de la vida, a través de la emancipación de la existencia humana, y a través de la positivización del mundo en "una mera realidad externa" o en un "entorno".

Con éstas reflexiones, se ha dado una inversión para nosotros. Al principio, nuestra cuestión era si la institución de la matanza sacrificial tenía significado. Entretanto, la institución del sacrificio como matanza ritual se ha transformado en el medio preeminente por el cual nosotros podemos adquirir para nosotros mismos, en primer lugar, un concepto pleno de significado—en otras palabras, un concepto sobre qué sea en verdad un significado que sostenga y realice a la existencia humana. Nuestro intento de conseguir una mayor y más profunda comprensión del sacrificio ritual se vuelve en sí mismo y al mismo tiempo un intento de acercarnos más al concepto de significado.

A fin de transportarnos de una vez, de acuerdo con las intuiciones obtenidas hasta aquí, desde fuera del movimiento que se encamina en la dirección de alejarse de los sacrificios y a través de la brecha hacia el significado de los sacrificios, así como así, sin ninguna preparación y deducción previas, levanto sobre el lector la afirmación acerca de lo que sea el significado de los sacrificios. En la institución de la matanza sacrificial, tuvo lugar la creación del hombre como hombre y la creación del mundo como mundo del hombre, es decir, el "mundo" como un mundo que nos habla y que nos aparece en la forma de personas y figuras. Los sacrificios son el acontecimiento en el cual acaece la auto-generación de lo que llamamos alma, consciencia, significado. Lo que sigue en un capítulo aparte, en el artículo sobre "Matanzas", será la explicación y la justificación de esta audaz declaración. La declaración en sí es una anticipación o "proyección", y ahora nuestra tarea será la de llegar a ella. (7)

La Psicología: La Línea Divisoria Interiorizada

He hecho uso de la imagen (dinámica) de la línea divisoria para obtener una noción de cómo ha de ser entendida la historia psicológicamente. Sin embargo, nuestras reflexiones sobre el sentido psicológico de la historia y de la línea divisoria, también pueden conversamente arrojar una luz sobre la cuestión de qué sea la psicología (8) y la situación lógica del psicólogo (o de la investigación psicológica). El psicólogo irrevocablemente tiene su lugar en éste lado de la grieta, en nuestro lado, pero intenta comprender lo que está más allá, del otro lado. La psicología profunda temprana podría haber dicho que ella tiene su lugar en "el ego" y que trata de investigar "el inconsciente". Su investigación intenta cruzar el abismo que separa la psicología de su objeto, "el alma" (el significado anímico de los fenómenos).

Uno podría pensar que esta es la situación de Moisés con respecto a la Tierra Prometida. Pero para la posición psicológica no hay ni promesa ni esperanza (ni siquiera podría jugar con la idea de una posible esperanza) de llegar a su objeto, de llegar efectivamente a la tierra del alma en el otro lado de la Gran Escisión. La psicología ha integrado (interiorizado absoluto-negativamente) la escisión dentro de sí misma, la ha hecho suya transformándola en su propia posición metodológica. Ella afirma la separación. Para la psicología, por lo tanto, la línea divisoria no es un obstáculo con el cual se enfrente y del cual quisiera escapar. Más bien, trabaja activamente en la línea divisoria; sabe que "el alma" está fundamentalmente abgeschieden, muerta, que tiene su verdadero lugar en la tierra de los muertos. No hay inmediatez. "El alma" y el "significado anímico" nunca pueden ser una realidad presente, una presencia cumplida, viviente. Sólo puede ser una presencia histórica, sólo puede ser para nosotros en mnemosyne. La psicología entiende que no es algo deplorable que el "alma" esté fundamentalmente muerta. Por el contrario, ¡sólo como muerta es que hay, en primer lugar, objeto para la psicología (aquello que la psicología quiere estudiar)! La Gran Escisión es constitutiva para la psicología. Si se quiere acceder "al alma" se tiene que acceder a ella como algo ya muerto e "inaccesible"; tienes que dejar ser a la brecha y conscientemente permitir que aquello que uno quiere estudiar esté del otro lado. De otra manera no habría en absoluto "alma" (un punto que claramente está demostrado por la psicología académica). Expresado en términos lógicos, "el alma" es absoluta negatividad y sólo existe si no es ni positivizada ni literalizada.

Si "la conexión especial entre la psique y la muerte" (9) es meramente un credo semántico de la psicología, pero no es también una verdad de la sintaxis de la psicología (su propio estilo de pensamiento), entonces la psicología se transformará en ideología o en simulación (psicología pop). (10) Es incompatible con la psicología buscar "mi mito personal", "soñar aún más el mito", establecer "el mito del significado"; es incompatible con "el alma" afirmar que los mitos y los dioses aún viven. Éstas son todas pretensiones de inmediatez. No ayuda decir que uno sólo lo dice metafóricamente y no literalmente. Psicológicamente, esto no hace ninguna diferencia. Lo que cuenta para "al alma" es si uno (y cuándo uno) asigna o no asigna una presencia inmediata y una vida presente al mito, no lo que uno quiere decir con ello y cómo uno desearía ser entendido. Esto último sólo es importante para el ego.

Porque la psicología ya ha reflejado la línea divisoria en su propia forma, por supuesto, no está ante la gran brecha e intenta nostálgicamente, o desesperadamente, o cínicamente cruzar hacia el otro lado. "Mirar hacia el otro lado" no es su conducta, es su forma. Y porque es su forma, el psicólogo puede, mientras esté en un lado de la grieta, sin embargo estar también de hecho en el otro lado—ciertamente, una afirmación auto-contradictoria. La psicología puede llegar hasta allí. Puede conseguirlo. Alcanza un presente, que es por lo que más arriba podía hablar de un "transportamos" directamente más allá hacia el significado del sacrificio. Podemos interiorizarnos (er-innern) en la matanza ritual arcaica y así meternos verdaderamente dentro de éste fenómeno y verlo desde dentro. Pero el presente que se consigue de este modo recibe su propia forma de la forma lógica de la mente psicológica. Esto quiere decir que la línea divisoria o la escisión está integrada en la forma lógica de su presente. El presente es en sí mismo un presente difunto, muerto, un presente en sí ya negado o sublado. No es un presente inocente, no es un presente en el estatus de la inmediatez. Es presente en Mnemosyne. Esto es lo que lo vuelve un presente psicológico, un presente que tiene su propio pasado dentro de sí mismo (en contraste con ser descartado como un pasado en el pasado). En el último caso, el fenómeno psicológico pude permanecer intacto; sólo sería, in toto y en su integridad intacta, relegado al espacio-tiempo del pasado histórico como un contenedor externo a ellos. Pero como tale no serían precisamente fenómenos psicológicos, sólo serían fenómenos históricos. El verdadero fenómeno psicológico está herido, porque la escisión se ha impuesto ella misma sobre el fenómeno, y lo ha informado, en su misma forma lógica.

Esto es lo que distingue los estudios psicológicos de otros dos puntos de vistas: los estudios históricos (y la hermenéutica convencional) por un lado, y el punto de vista de las culturas mitológicas y ritualistas por el otro. Para el historiador, la escisión está entre él y lo que estudia. Incluso si estudia los acontecimientos más recientes, los construye por definición como acontecimientos en el pasado, nada sino pasado. El historiador, ciertamente, puede imaginar eras pasadas e identificarse con ellas, (11) pero estos tiempos, desde un punto de vista metodológico, no se vuelven para él un presente que es visto desde dentro y que tiene su pasado en su propio interior. Meramente cambia de lado, dejando la Gran Escisión ahí afuera entre él y el acontecimiento, con el resultado de que la forma de su imaginarse en eras previas siempre permanecerá informada por el punto de vista del ego de éste lado de la escisión. El psicólogo, sin embargo, entra en la "retorta" como la cual existe un fenómeno psicológico y trae a lo largo la división absoluto-negativamente interiorizada, de modo que la forma de su ver es impartida a la forma del fenómeno, que a su vez por lo tanto tiene todo, incluso su propia obsolescencia, dentro de sí mismo.

Para las culturas mitológicas y ritualistas, por contraste, la escisión del alma aún no ha sido realizada en absoluto. No tenían que cruzarla. La ruptura no había ocurrido. Psicológicamente—aún no habían entrado en la historia. Por lo tanto podían en toda inocencia creerse a ellos mismos viviendo en la inmediatez de un presente, que en sí mismo era el presente del "alma", literalmente, la identidad de Ursprung und Gegenwart (Jean Gebser; traducido como El Origen Siempre Presente). Y podían en toda inocencia actuar la vida lógica del alma en la realidad práctica y como conducta real, y así también, por extensión, realizar matanzas rituales con toda inocencia. Estos eran tiempos decididamente pre-psicológicos. La mente mitológica y ritualista no tenía necesidad, ni tampoco era capaz, de pensar psicológicamente—precisamente porque "el alma" era un presente inmediato (sin que ésta posición se volviera ideológica o tuviera que recurrir a la simulación, como ocurrirá inevitablemente en nuestro lado de la brecha).


Notas

1. Muy frecuentemente el término "religioso" se utiliza en un sentido amplio de modo que las culturas ritualistas o sacrificiales ipso facto también serían culturas religiosas. Sin embargo, siguiendo a Heino Gehrts, yo uso "religioso" en un sentido estricto específico, como opuesto a la postura de las culturas chamánicas, ritualistas e iniciáticas.

2. La palabra molk como el nombre de un cierto tipo de sacrificio (un acto ritual) más tarde fue malentendida como el nombre de una deidad, la deidad a la que se le ofrecían esos sacrificios particulares y que en el Antiguo Testamento se presenta en la forma de Moloch.

3. "Significado" en toda ésta sección, como el carácter general de significado de los acontecimientos, debe distinguirse de los otros dos sentidos de "significado": (1) el significado específico de las palabras, los acontecimientos, o los fenómenos; y (2) el significado que está en juego en la gran pregunta sobre el Significado de la vida, de si hay un "Significado superior (espiritual, religioso, metafísico)", lo cual es tema de otros artículos, por ejemplo del Capítulo 1 del presente volumen ["El Niño Rescatado o la Apropiación Indebida del Tiempo: En la Búsqueda de Significado"].

4. Cartas 2, 14 de junio de 1957, a Bernhard Lang, p. 37 (traducción modificada).

5. Jung aquí se refiere a verdad en un sentido no psicológico, por ejemplo, en un sentido metafísico, científico, o positivo-factual, la correspondencia de un enunciado con un hecho.

6. Sobre el tópico del significado en este sentido, ver Wolfgang Giegerich, "El Final del Significado y el Nacimiento del Hombre: Un Ensayo Acerca del Estadio Alcanzado en la Historia de la Consciencia y un Análisis del Proyecto Psicológico de C. G. Jung", The Journal of Jungian Theory and Practice 6, no. 1 (2004): 1-65.

7. En el sentido de "El Salto después del Lanzamiento"—ver Wolfgang Giegerich, The Neurosis of Psychology: Primary Papers towards a Critical Psychology [La Neurosis de la Psicología: Artículos Primarios hacia una Psicología Crítica] (New Orleans, LA: Spring Journal Books, 2005), Capítulo 3, pp. 69-96.

8. Aquí, por supuesto, sólo me refiero a la psicología en el sentido de una "psicología con alma" y desde el punto de vista del alma y, en la tradición de C. G. Jung, una psicología basada en la "diferencia psicológica". Otras disciplinas que también llevan el nombre de "psicología" (psicología académica, psicología de la conducta, psicología humanista, etc.) tienen en conjunto un asunto diferente.

9. Consultar la afirmación de Hillman: "… El significado de alma es posible … derivarlo de su relación especial con la muerte"—James Hillman, Re-visioning Psychology [Re-Imaginar la Psicología] (New York: Harper & Row, 1975), p. x, (itálicas en el original). También ver, James Hillman, The Dream and the Underworld [El Sueño y el Inframundo] (New York: Harper & Row, 1979).

10. La ideología es la forma que pertenece predominantemente a la primera fase importante de la modernidad, la modernidad industrial (el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX), mientras que la simulación (plenamente desarrollada) es más típica de la segunda fase, la modernidad "mediática" (desde la segunda mitad del siglo XX en adelante, en especial alrededor de 1970). La ideología es la simulación elevada al cuadrado: no sólo simula algún sistema de creencia, sino que por encima de esto, también simula la verdad cuasi metafísica de este sistema de creencia, su absoluta validez, y esto le da su solidez acérrima apropiada a la edad de la industria pesada. La simulación de la modernidad "mediática", en cambio, no tiene ninguna pretensión de verdad. Se conforma con ser meramente espectáculo.

11. "Verzeiht! es ist ein groß Ergetzen, / Sich in den Geist der Zeiten zu versetzen" (¡Perdóneme! Es un gran placer entrar en el espíritu de los tiempos antiguos)—Goethe, Fausto I, Línea 570 f.