Reflexión interna y reflexión externa

Por Wolfgang Giegerich.

Fragmento tomado de “The Soul's Logical Life” (La vida lógica del alma), pp. 88 y ss., 1998.

Traducido por Enrique Eskenazi, revisado por Alejandro Bica.


Para comprender realmente un texto tenemos que re-traducir el texto factual retrotrayéndolo al material primigenio desde el cual fue forjado, y luego regenerar, a partir de ello, el texto literal. Es indispensable este doble movimiento a lo largo de un eje vertical que conecte el texto superficial del comienzo, a través de su propia profundidad oculta o de su centro, con el texto reconstruido. Pues esto es lo que implica y significa ‘entender’ (‘hacer justicia’). ‘Entender’ un cuerpo de ideas implica 1) distinguir dentro del texto mismo entre las formulaciones literales (el aspecto “gato”) y el basalto líquido (el aspecto Serpiente de Midgard) que ha originado esas formulaciones, y 2) el complejo movimiento lógico de re-traducción del uno al otro y la regeneración del último a partir del primero. Puesto que estos dos movimientos en direcciones opuestas tienen que realizarse instantáneamente (simultáneamente) y no el uno después del otro, puede verse qué exigencias lógicas rigen para quien quiera entender. Se ha de ser capaz de pensar a la vez el estado líquido y el re-cristalizado. Cada afirmación individual tiene que, como el gato de Thor, poder representar toda la “Serpiente de Midgard”. Tiene que tener dentro suyo la corriente original de lava. 

En tanto que movimiento vertical hacia dentro de la propia profundidad a partir de la superficie y de regreso a ella, se permanece en uno y el mismo punto para una orientación horizontal. No se requiere comparación con lo que hay a la izquierda o a la derecha, ni está permitido.

Podemos acercarnos a la misma idea desde otro punto de vista. Es una intuición de la hermenéutica el que, para entender realmente un texto o un cuerpo de ideas, tiene que percibírselo desde dentro y en sus propios términos. Esto quiere decir que tiene que haberse penetrado hasta su corazón o su centro, y haberse ubicado firmemente en este (su) centro (aunque sólo sea “experimentalmente” y mientras dure el emprendimiento hermenéutico) a fin de interpretar todos los detalles de la doctrina en términos de este centro en tanto que corazón organizador del todo viviente del cuerpo de ideas en cuestión. Esto quiere decir que en lugar de mirar desde nuestra posición (nuestras propias convicciones, expectativas, prejuicios, necesidades) lo que es visible desde el “exterior” en su periferia (es decir, la multitud de enunciados tomados como tales), tenemos que aparcar nuestra propia convicción y por el momento dejarla atrás, para avanzar hacia el centro de nuestro objeto de estudio, entregándonos nosotros mismos a ello, a fin de ver los enunciados periféricos desde “atrás”, por así decirlo (reflexión inmanente). Un entendimiento real presupone un tipo de amor, el abandono de la propia subjetividad; no amor como sentimiento o emoción, sino amor lógico. Si no logramos entregarnos nosotros mismos (al menos experimentalmente) al núcleo inspirador de la obra que estamos examinando, no seremos capaces de criticarla. La crítica simplemente pasaría de largo. Sería la crítica de nuestro propio opuesto, nuestra propia contraparte rechazada.

Hay aún otro modo de plantear el problema, propiamente en términos de dos personalidades en una persona. Tendríamos que penetrar a través de la superficie textual escrita por Jung [o por el autor en cuestión] en tanto que ego-personalidad a fin de relacionarnos con el verdadero pensador “en el plano del Sí Mismo” en tanto que autor real de la obra de Jung [o de la obra]. Sólo así podemos ver cómo este centro ha generado los enunciados factuales individuales y podremos re-generarlos y reconstruirlos en nuestra propia mente.

¿Qué es el centro o el corazón de un cuerpo de ideas? Es la Noción a partir de la cual vive este cuerpo de ideas. La Noción es su alma dadora de vida, su núcleo organizador, generador; es la lava ardiente líquida, del mismo modo en que la lava ardiente líquida es Noción, “nada más que” Noción (y no basalto literal). Pero puesto que es el alma del cuerpo de ideas, no está presente como un concepto o un enunciado literal (explícito), no es un “contenido”. Sólo puede ser inferida a partir de sus enunciados manifiestos. Y el corazón de una filosofía o de una psicología sólo puede inferirse de sus enunciados factuales en tanto que nosotros a la vez podamos re-generar esos enunciados a partir del centro inferido (círculo hermenéutico).

Puesto que tenemos que llegar a su “alma” si queremos hacer justicia a la psicología de Jung (o a cualquier cuerpo de ideas), el acercamiento a ello ha de ser con alma (e inspirado por un amor [lógico]) desde el comienzo. Sólo el alma (como el órgano de nuestro acercamiento) puede llegar al alma de una obra, esto es, a la Noción que la inspira. Y por lo mismo, podemos decir opuestamente que un acercamiento en el que el sujeto se abstenga de entregarse al “corazón del asunto”, y que por tanto perciba el cuerpo de la obra sólo periféricamente como un conglomerado de opiniones misceláneas, es un acercamiento sin alma. Tanto la reflexión externa o ajena así como la presentación sin compromiso de enunciados misceláneos son dos caras de la misma moneda, y ambos son generados por la auto-reserva por parte del sujeto. A menos que nosotros, el sujeto, nos entreguemos al objeto de estudio, este objeto de estudio se desintegra en el escombro de abstracciones aisladas sin alma. Sin el auto-sacrificio y el compromiso implacable en el nivel de la propia posición metodológica en tanto que intérprete de una teoría dada, no hay alma en esta teoría.

Pero, nuevamente, el alma de una teoría es la Noción o el Concepto cuyo despliegue es la teoría. La teoría psicológica es un caso peculiar. La psicología es la única disciplina en la cual el alma dadora de vida de la teoría resulta ser la Noción de alma y donde aquello de lo cual es la noción no es otra cosa sino Noción. Pues el alma es Noción. No es la noción de un “factor” empírico o de un “hecho” llamado “alma”. El alma no existe (ahí afuera, en la “realidad”), no es una entidad, no es nada ontológico. Es sólo (¿sólo?) lógica, “tan sólo” una Noción, una idea, una palabra (pero palabra no meramente como un flatus vocis). La palabra alma no es un significador que tenga un significado. No se refiere a nada afuera de sí misma, sólo a la noción o idea que significa dentro de sí misma, o que postula en y a través de sí misma. Por contraste, todas las ciencias están animadas por la noción de algún Otro. Se orientan hacia un objeto o referente externo. Esta es la razón de su alienación fundamental, pero también es lo que les proporciona su conocimiento con la confiabilidad y seguridad que puede garantizar la positividad. La psicología no está (o no está destinada a estar) alienada de sí misma. Es absolutamente idéntica (constituida por la identidad interna como la cual existe). Nuevamente, esta identidad inherente es algo que muestra que y por qué la psicología está en un estatus lógicamente más alto que las ciencias.