Una vez más "la piedra que no es una piedra" - Reflexiones adicionales acerca del "no"

Por Wolfgang Giegerich, 2006.

Artículo publicado en The Soul Always Thinks [El alma piensa siempre], volumen IV de sus artículos reunidos en inglés, capítulo catorce, 363-377.

Traducción de Luis R. Álvarez y Alejandro Bica.
Agradezco al autor su amable permiso para traducir y publicar este artículo en el blog.


Muchos años atrás, en Spring 49 (1989), David Miller nos presentó su sorprendente ensayo titulado "La piedra que no es una piedra", lleno de consideraciones que se extendían más allá del tema inmediato expresado en este dicho alquímico, ideas acerca de "C.G Jung y el significado postmoderno de 'significado'" a gran escala. Como los mitos, los cuentos de hadas, los símbolos, la poesía y las obras de arte, las nociones alquímicas, también, son tan ricas que vale la pena volver a ellas una y otra vez. En el siguiente artículo en honor a David—por cuyas contribuciones sabias, meditadas y estimulantes al campo, cuya larga amistad, apoyo intelectual y respuestas siempre rápidas, sustanciales e inspiradoras en nuestro intercambio vía correo electrónico siento y deseo expresar una profunda gratitud—intentaré explorar el significado del término pivotante en la frase alquímica, el "no".

La palabra "no" efectúa una negación. Los términos "negación", "negatividad" y "negativo" están atados a sus opuestos, "posición", "positividad" y "positivo". Estos términos importantes son difíciles porque dan pie a confusiones. "Positivo" y "negativo" tienen varios significados, y nuestra primera tarea será mantenerlos aparte.

1. El significado más común es el de una valoración, la del ego y su sentido de supervivencia: los términos significan algo como bueno versus malo, ventajoso (prospectivo, beneficioso, deseable) versus perjudicial, maligno. Así hablamos de un desarrollo positivo o negativo, aveces incluso de un "aspecto negativo" o "positivo" de los arquetipos; ponerse enfermo o perder dinero es negativo, mantenerse saludable o conseguir un aumento de salario es positivo. Este uso de los términos positivo y negativo, que está claramente guiado por la perspectiva del ego y sus intereses de supervivencia, no es el significado que queremos tratar aquí. En este contexto debemos olvidar este sentido. Debemos evocar este sentido de positivo y negativo sólo con el propósito de excluirlo consciente y explícitamente, manteniéndolo lejos. Siempre existe el peligro de que este mismo significado tan común se filtre inadvertidamente. Así que debemos estar en guardia.

2. Positivo significa, en un sentido estrictamente formal, "afirmativo", "decir sí", negativo, por lo tanto, se refiere a negación, rechazo, decir "no". Por ejemplo, una respuesta positiva, una respuesta negativa. En lógica formal "juicio positivo (o afirmativo)". "Juicio negativo".

3. "Positivo" se usa en el sentido de postulado, establecido por el diseño humano, en contraste con "dado por la naturaleza". Por ejemplo, ley positiva en contraste con ley natural. La ley positiva son las leyes y regulaciones reales en un estado particular, que en nuestra época son puestas por escrito en el código de la ley, en libros de estatutos. Puesto que el contra-término de este significado de positivo es "natural", "negativo" no tiene lugar aquí.

Hay además algunos significados adicionales que no mencionaré aquí. Iré directamente a ese significado que necesitamos para nuestros propósitos psicológicos.

4. Positivo aquí significa existente positivamente, como teniendo el estatus de hecho positivo, evento demostrable, empíricamente real, etc. Este es el significado que prevalece en el movimiento filosófico del Positivismo. Realidades positivo-factuales, en este sentido, también pueden ser llamadas positividades. ¿Pero cuál es el significado de los contra-términos de este significado de "positivo", es decir, el significado de "negativo" o de "negatividad"?

Una primera aproximación puede ser el pensar aquí sobre el ya mencionado término de ley positiva. Las leyes escritas hechas por los gobiernos son positividades. La idea de justicia, por el contrario, es algo muy diferente. Muchas acciones y decisiones de la corte pueden estar en completo acuerdo con la ley positiva, pero aún así podemos sentir que no se ha hecho justicia. La justicia es lógicamente negativa, lo cual, por supuesto, no significa que sea mala o indeseable, sino más bien todo lo contrario. La justicia no puede ser explicada fácilmente; no es tangible, visible. Y en este sentido es "negativa". Si bien se pueden señalar a las leyes individuales, a la Justicia no se la puede señalar. No existe positivamente ahí.

Una distinción similar puede ser hecha entre la religión positiva, la oficial, la religión institucionalizada de las iglesias establecidas, que muchas veces se siente como no siendo tan religiosa, sino muy mundana, impulsada por intereses de poder humano o intereses comerciales, una rutina estéril, etc. A menudo se siente que la verdadera religión no se puede encontrar en las iglesias existentes positivamente, en la religión organizada. Se pueden señalar y documentar los dogmas de las iglesias, así como se pueden mostrar las leyes positivas de un estado. Pero la verdadera religión no se puede mostrar en el mismo sentido.

El literalismo (Hillman) significa algo similar, pero no exactamente lo mismo que la positividad. Y especialmente la negación de un entendimiento literal de la imagen no es lo mismo que la negación directa de la imagen misma ("no piedra") que hace la alquimia.

Cuando leemos en el Tao te king de Laotse: "El CAMINO que puede ser expresado en palabras no es el camino ETERNO", vemos el rol de la negación. "¡No es!" Obviamente se necesita un rechazo de lo positivo. No puedes decir lo que realmente quieres decir. Tienes que negar lo positivo, aquello que no se quiere decir. En el momento en que explicas lo que es el CAMINO eterno, el TAO, lo habrías positivizado nuevamente. La negación del equivalente positivo es absolutamente necesaria.

Yéndonos de China a la India encontramos un ejemplo similar de negatividad, uno de muchos, en el Kena Upanishad: "No lo que los ojos pueden ver, sino lo que abre los ojos, eso es el Brahma". Una vez más: ¡No!

Daré otro ejemplo de nuestra tradición occidental, el Nuevo Testamento. En el Evangelio de Juan (capítulo 4) leemos que Jesús tuvo que dejar Judea y atravesó la región colindante de Samaria. En una fuente tuvo una conversación con una mujer de Samaria. En el curso de este diálogo la mujer dijo:

"[20] Nuestros padres adoraban en este monte; y vosotros decís que Jerusalén es el lugar en el que los hombres deben adorar. [21] Jesús le dijo a ella, Créeme, ha llegado la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. … [23] Pero ha llegado la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos devotos adorarán al Padre en espíritu y en verdad: porque el Padre así quiere que sean los que le adoren. [24] Dios es Espíritu: y aquellos que le adoren, deben hacerlo en espíritu y en verdad."

La cuestión aquí es cuál es el lugar adecuado (el texto griego tiene la palabra topos) para la adoración. Y el pasaje empieza con dos alternativas como opciones, "ésta montaña" versus "Jerusalén". Dos características merecen nuestra atención. Primero, ambas opciones son obviamente positividades, entidades visibles en la realidad. Se pueden señalar. Con estas dos localidades empíricas como los verdaderos lugares de la adoración, estamos en la esfera de la religión positiva, no por supuesto exactamente en nuestro sentido moderno de religión positiva, sino más bien en el sentido de una forma de religión étnica, tribal, un culto local, una religión atada a intereses nacionales y a menudo políticos. La referencia a "nuestros padres" subraya la dependencia de una tradición étnica. Y cada grupo étnico, tribu o nación con sus "padres" tiene sus propios lugares sagrados, lugares literales en la realidad geográfica. De esta forma uno necesariamente experimenta alteridad, alternativas, una colisión de diferentes tradiciones locales: nuestro verdadero lugar para la adoración, tu o su verdadero lugar para la adoración.

La segunda característica de interés es que la religión tradicional étnicamente vinculada, de todos los lugares dentro de su propia esfera local de realidad positiva o empírica, destaca algunos lugares como los lugares exclusivos (o al menos prioritarios) para la adoración y los llama sagrados en contraste con todos los otros, los cuales son lugares profanos.

Lo que hace Jesús, por contraste, es ir más allá y negar completamente ambas alternativas ofrecidas por la piedad tradicional: ni en este monte, ni en Jerusalén. Y por extensión en ningún lugar en absoluto: ou topos. En otras palabras, niega el nivel entero de la positividad como tal. En vez de eso, afirma que la adoración tiene que tener lugar (!) "en espíritu y en verdad". De esta manera traslada la cuestión entera del "lugar adecuado" a un nivel fundamentalmente nuevo. Al rechazar todo lugar positivo no se rinde simplemente ante la pregunta acerca del lugar adecuado. Para él, sin duda hay un lugar adecuado. Insiste en un lugar exclusivo: "y aquellos que le adoren, deben hacerlo en espíritu y en verdad" y en ningún otro lugar. Pero espíritu y verdad como el lugar exclusivo y precisamente no un lugar en la realidad empírica, nada positivo, nada literal, ni fijo. Son realmente la sublación de la misma idea de "lugar" o de un "donde". ¿Dónde se supone que está, "en espíritu y en verdad"? No se puede decir. Y aún así, ni es una utopía (ou topos) completa, una laguna literal, una ausencia, una nihil o nada. Más bien, es sin duda un tipo de lugar, pero un "lugar" lógicamente negativo, un lugar sublado, topos ou topos, así como lithos ou lithos, la piedra que no es una piedra. La verdadera adoración, podríamos decir, tiene que tener lugar en "la absoluta negatividad" ("absoluta", porque esta negatividad está "absuelta", liberada, de la oposición binaria de algo versus nada). Así que mientras uno no puede decir dónde está este lugar en la realidad externa, la expresión "en espíritu y en verdad" aún así tiene un significado específico (determinado) y concreto. Y recibe gran parte de su significado por parte de la misma cosa que niega y subla. De la misma forma en que el verdadero TAO no es el tao literal, explicado, sino que tiene una especie de punto de apoyo en lo que niega.

Tenemos que tener cuidado de no actuar directamente la negación (actuarla en el reino intelectual). Así como en el área de la experiencia subjetiva y el comportamiento no debemos simplemente vivir y dar rienda suelta a nuestros impulsos, de manera que meramente se agoten, se gasten ellos mismos, sino que debemos dejar que su dinámica y mensaje vuelva a casa a nosotros (Erinnern: “recordar”, reflexión, interiorización en ello mismo), de la misma manera tampoco la negación debiera correr libremente. Tiene que volver a casa a ella misma, tomar su propia medicina ("auto-aplicación"). Entonces se limita a sí misma, volviéndose una negación determinada. No acaba en una nada abstracta (vacía), una incertidumbre completa y un no saber (aquí difiero del punto de vista de David Miller de 1989). No se vuelve serial, una postergación eterna, lo cual mostraría meramente que ahora la negación misma se ha positivizado, ¡un fin en sí mismo! No, el "no" nos aterriza en algún lugar. Llegamos. ¿A dónde? Por supuesto, nuevamente al punto inicial. Pero a un punto inicial transformado, porque ha absorbido la negación, se ha vuelto negatividad absoluta. La "energía" de la negación, más que vivirse a ella misma horizontalmente, ha vuelto a casa a, y ha vuelto en beneficio de, aquello que había sido negado y lo ha forzado (a la noción, definición, entendimiento de ello y por lo tanto a la constitución lógica de la consciencia a gran escala) de manera vertical hacia un nivel completamente nuevo. La negación deja de ser una operación subjetiva (infinitamente repetible) y en su lugar se vuelve la meta, el lugar de la negatividad absoluta.

La negación determinada no es la negación del contenido, la semántica. Es la negación de la forma lógica del contenido. La negación actuada niega externamente. La negación alquímica niega la cosa negada desde dentro de sí misma y la revela como negatividad.

Topos ou topos y lithos ou lithos tienen que ser vistos como abreviaciones. En realidad, hay tres afirmaciones comprimidas en una. 1. La piedra es una piedra. 2. La piedra no es una piedra. 3. A pesar de no ser una piedra, no es otra cosa ni tampoco nada en absoluto, pero aún así es una piedra. Y sólo como ésta piedra negada en sí misma (interiormente) es la piedra filosofal.

Volviendo a nuestro pasaje bíblico: Hay un punto adicional en la misma línea. La negación que expresa Jesús no equivale a un rechazo completo de la adoración como tal. No dice que ya no se deba o no se pueda adorar más. No, uno debe adorar, pero de una manera radicalmente nueva, de una manera nunca oída antes, concretamente en espíritu y en verdad.

Hay que destacar que la veneración cúltica aquí no está "psicologizada", apartada del mundo externo y trasladada al interior del hombre, como la experiencia mística interior de uno o algo parecido. No es una emoción personal, un sentimiento o una actitud. Es algo objetivo, sin emoción, sobrio: noético, algo que va más allá de la persona subjetiva: en espíritu y en verdad. La verdad es universal, está a todo nuestro alrededor. Esto es verdad para las verdades científicas tanto como para la verdad que el Evangelio de Juan tiene en mente. Cuando hablamos de la ley de la gravedad o de los teoremas de la geometría, sabemos que lo que significan no es una experiencia subjetiva, un sentimiento o una opinión, sino algo a lo cual toda cosa en el mundo material está sujeto. A pesar de que sea de un modo muy diferente, lo mismo se puede aplicar a "en espíritu y en verdad".

Más aún, el lugar sublado "en espíritu y en verdad" ya no está enraizado en una tradición étnica. Ya no pertenece más a ninguna tribu, nación o grupo. Al rechazar este monte, así como Jerusalén, como los lugares en los que venerar a Dios, Jesús (o el escritor de este Evangelio que pone estas palabras en boca de Jesús) por supuesto también niega el enraizamiento étnico o nacional de la religión, toda localidad del culto, la tradición de los padres y por lo tanto lo heredado y en este sentido la religión natural, la religión basada en el parentesco, en la consanguinidad. Lo natural en este sentido es aquello en lo que nacemos, como nuestra lengua materna. Precede a nuestra existencia personal y como tal, por así decirlo, es auto-evidente, se da por sentado. "Es así como siempre a sido." Por lo tanto, podemos decir que lo que Jesús hace con tal afirmación es realizar un opus contra naturam. La negación o sublación interrumpe la propia inocencia, la contención ingenua y en unidad con la tradición, tradición que es "natural" en un sentido psicológico. Lo mismo se puede decir sobre la negación de los lugares de veneración. Lo que se niega son los lugares naturales, y lo que se propone en su lugar son lugares espirituales, lugares que ya no son lugares, de forma semejante a como la alquimia versa sobre la piedra que no es una piedra, lithos ou lithos, y a como la alquimia en general se vuelve en contra de "lo físico en la materia".

Lo negativo (o: la negatividad lógica en general) no se refiere a una entidad o sustancia ontológica, "natural", sino que es el resultado de una negación de lo positivo, el resultado de un ir más allá de una positividad específica. "Espíritu y verdad" sólo existen si, en tanto que, y mientras, uno realiza este acto de negar e ir más allá. Porque espíritu y verdad nunca tienen una existencia positiva, su existencia es fundamentalmente negativa. Una montaña o un templo, un árbol o una mesa existen sin importar si los vemos o si no hacemos nada con ellos. No ocurre así con "el espíritu y la verdad". Cuando dejamos de estar en espíritu y en verdad, éstos dejan de existir.

Lo que dice Jesús en este pasaje equivale a la visión de que en el cristianismo no hay santuarios, no hay más lugares sagrados en absoluto, no hay templos, no hay montañas sagradas, tampoco hay objetos sagrados, o gente sagrada; nada positivamente real como tal es sagrado. Para esta visión, una iglesia en tanto que edificio, no es un lugar sagrado; es tan solo un lugar de reunión común. Por contraste, cualquier lugar literal en la realidad geográfica, cualquier edificio, monte o valle se podría volver "sagrado" en el sentido de negatividad si hay adoración "en espíritu y en verdad". El lugar sublado se pone de manifiesto en otro dicho bíblico (Mateo 18:20), "Porque donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos". Este "ahí" no está definido en términos geográficos, sino por el "nombre"—una negatividad parecida a "espíritu y verdad"—que los une.

Toda la diferencia entre lo sagrado y lo profano es lo que tiene que (por supuesto, no desaparecer por completo, sino) ser sublada, es decir (a) cancelada y (b) preservada en un nivel nuevo. El movimiento del que somos testigos en un texto tal es de aquel que va desde la consciencia natural (positiva) a un estatus de consciencia más elevado, el cual es el resultado de una sublación del anterior. Lo que ha sido negado por Jesús en lo que dijo no son simplemente dos cosas (este monte y Jerusalén), sino toda la forma previa de religión que distingue entre los lugares literales o positivos adecuados para la adoración y aquellos lugares literales que no son adecuados o al menos no son tan sagrados. Toda la manera de pensar en términos de lugares y objetos sagrados versus profanos ha sido superada. Esta diferencia ha sido sublada y elevada desde el nivel semántico de las entidades, cosas, ítems, sustancias, contenidos, que están lado a lado en el mismo plano, pero que tienen valores y dignidades fundamentalmente diferentes (sagrado versus profano) a un nivel sintáctico o lógico de verdad y espíritu, y de esta manera también ha sido interiorizada. Ahora la pregunta versa acerca de dónde está el alma o el corazón de uno, concretamente dónde está "en espíritu y en verdad", o dónde no está. La cuestión no es si uno está en aquel edificio o en aquel otro, en esta ciudad, país sagrado, en éste monte sagrado, o en ninguno. Se trata de un movimiento de la positividad a la negatividad, de la naturaleza al espíritu.

Podemos incluso llevar este pensamiento un poco más allá. No es solo que esta diferencia particular entre lo sagrado y lo profano quede abolida, sino también que la "diferencia como tal" o la "alteridad" quedan eliminadas. Si Dios es espíritu y aquellos que le adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad—también podríamos decir: deben hacerlo en tanto que espíritu—entonces tenemos una relación auto-reflexiva, circular, urobórica. En última instancia es Dios mismo como espíritu el que se adora a sí mismo a través del hombre, habiéndose el hombre elevado al estatus de espíritu y verdad. La verdadera adoración es una auto-relación de espíritu. Toda alteridad fundamental queda superada (en la verdadera adoración Dios ya no es un "completamente otro"). Podemos pensar aquí en Plotino: lo semejante se conoce a través de lo semejante; uno se tiene que volver lo que quiere ver. O en la homeopatía: "Lo semejante cura lo semejante", similia similibus curantur. O en Goethe: "Si el ojo no fuese semejante al sol, nunca podría ver el sol". Si Schelling dijo que en el hombre la naturaleza abre sus ojos y se contempla a sí misma, podemos ahora añadir que en el nivel de consciencia alcanzado con la sublación de los lugares literales de adoración es el espíritu como naturaleza sublada o como negatividad lógica el que se vuelve consciente de sí mismo.

No estoy aquí por supuesto interesado en proponer la religión cristiana o dar una lección de teología, ni en la cuestión de la adoración en general. Sólo estoy hablando acerca de este pasaje de texto como un ejemplo destacable de un movimiento hacia la negatividad lógica y por lo tanto también hacia el "no" alquímico-psicológico. Al mismo tiempo, éste ejemplo cristiano por supuesto merece ser mencionado porque el pensamiento cristiano, su movimiento contra naturam, es una de las raíces históricas de la articulación y el desarrollo de ésta lógica en el curso de la historia occidental y, como idea religiosa, una fuerza motriz detrás de ello.

Con las palabras "en espíritu y en verdad" la negatividad lógica puede ser que quede expresada un poco vagamente para nosotros hoy, porque espíritu y verdad normalmente no significan nada para nosotros, las personas modernas. Hoy a menudo suenan como palabras vacías, como un sonidos sin significado. Espíritu no tiene nada que ver con lo que significa "espiritualidad" en la modernidad, en el movimiento New Age o en círculos esotéricos. Sería quizás más adecuado usar en su lugar "mentalidad". De forma similar, pero en diferentes maneras, el TAO o el Brahma son palabras poderosas y exóticas para nosotros, pero no tenemos nuestra propia experiencia con ellos enraizada y autenticada por nuestra tradición real. Para que también tengamos un ejemplo de negatividad lógica que nos quede mucho más cerca de nuestra propia experiencia, expondré brevemente la noción de vida.

La vida no tiene una existencia positiva. No es una entidad, una cosa como una sustancia, una fuerza vital comparable al combustible de los coches. Por ejemplo, mientras se pueden extraer del cuerpo de un mamífero o de un humano sus pulmones o su hígado y entonces uno realmente tiene estos órganos al frente como objetos positivos, uno no puede extraer la vida de un ser vivo. No hay un lugar especial en el que el organismo guarde su fuerza vital a la manera en que los coches guardan el combustible en tanques especiales. Por supuesto, puedes matar a una planta, a un animal o a un ser humano, puedes, por decirlo así, "tomar" su vida. Si tomas el dinero de alguien, esa persona lo ha perdido y tu lo tienes. Pero si "tomas" su vida, no la tienes. Nadie la tiene. Simplemente se ha ido. "Tomando" la vida de alguien, uno no la consigue y luego la tiene, ni siquiera la puedes mostrar como puedes hacerlo si tienes los pulmones o el hígado que hubieses sacado de un cuerpo. La vida es "nada", no es una cosa. La vida no es ni como un vapor, un gas, ni como el calor o la luz que en muchas reacciones químicas se nos escapan sin que seamos capaces de verles, tocarles o sentirles con nuestros sentidos, pero aún así, con algunos instrumentos, se los puede mostrar como existentes positivamente e incluso medir. Esto no es posible con la vida. Realmente es "nada". Por contraste, con lo que uno se queda si toma la vida de alguien, y todo con lo que uno se queda, es con un cadáver. El cadáver tiene una existencia positiva.

Y aún así, la vida es una realidad poderosa. Hay vida. Pero su existencia es existencia lógicamente negativa. Hegel diría que la vida es un Concepto concreto o real (en contraste con un concepto abstracto), un Concepto que existe, pero porque es un Concepto no es una cosa o una entidad positiva, no puede ser positivizada. La vida, podríamos decir con nuestro texto de más arriba, existe "en espíritu y en verdad". De todas maneras, como tal, como Concepto concreto o real, como siendo "en espíritu y en verdad", también existe—y sólo existe—en criaturas vivientes que tienen una existencia positiva. De esta forma es esta realidad lógicamente negativa de la vida la que hace que las entidades positivas estén vivas. Y la muerte es el momento en que lo positivo y lo negativo se separan.

Pero si se separan en el momento de la muerte, deben haber estado unidas antes. ¿Cómo lo estaban? No, por ejemplo, como la mujer y el marido en el matrimonio. Más bien, el organismo vivo está vivo porque, y mientas, tiene la fuerza de negar su propia positividad. Cuando pierde su fuerza para negar su positividad, por ejemplo, por causa de la vejez o de la enfermedad, entonces esta positividad (que antes había sido reducida a un momento sublado dentro de la negatividad de la vida) obtiene de repente una independencia propia; hace sentir su presencia como algo de su propio derecho, y ésto es lo que llamamos un cadáver. El cadáver es la positividad del ser vivo que ya no está subyugado por, e integrado en, la negatividad de la vida. Ha sido liberado de, ha caído de, la esfera de jurisdicción de la vida (1). La muerte es lo normal, el estado natural. La vida es, por decirlo así, un opus contra naturam. Desde el punto de vista de lo físico, la vida es (¡existe como!) una impertinencia, una revuelta, una arrogación.

El hecho de que la vida como tal exista como la negación o la subyugación de la positividad del ser vivo puede ser visto, aunque de una forma meramente actuada, a partir del hecho de que los animales mantienen su vida matando y comiendo a otros organismos vivos e integrándolos en su propio sistema. Esta realidad era lo que se celebraba en el mito y culto de Dionisos, de acuerdo a Kerényi la imagen primordial de la vida indestructible, esto es, la vida que se mantiene a sí misma precisamente a pesar, y aún a través, de su propia violencia en contra de sí misma. Está "absuelta" de la clara oposición abstracta de destrucción y de auto-preservación. Y la medicina moderna nos dice que también nosotros como seres individuales permanecemos vivos sólo mientras nuestro cuerpo siga ganando su batalla permanente en contra de las bacterias y los virus, es decir, mientras tenga éxito en negarlos (matarlos) ("sistema inmune"). Existimos como seres vivos sólo como esta "matanza" incesante.

Como la vida, el alma, también, es lógicamente negativa. No es nada. Durante tiempos primitivos, la era del pensamiento mitológico, cuando el alma y la vida a menudo no estaban realmente distinguidos, uno imaginaba que en el momento de la muerte la vida o el alma de la persona dejaba el cuerpo por la boca en la forma de aliento o de pájaro, el pájaro del alma. O más tarde que el demonio esperaría acostado e intentaría capturar el alma cuando dejase el cuerpo. Esto es típico de la imaginación mitológica: sustancializa y a menudo personifica lo que en verdad es "nada", concretamente lógicamente negativo o un Concepto concreto, un Concepto real. El alma por supuesto no es literalmente un pájaro o una sustancia "sutil" como un soplo de viento. Sabemos esto. De todas maneras, las imágenes o las metáforas del pájaro del alma o del aliento dejando el cuerpo tienen una fuerza seductora. Nos persuaden a permanecer inconscientemente en el modo de pensamiento sustancializador a pesar de nuestra idea consciente de que no debemos tomarlas literalmente ni debemos sustancializarlas. Por lo tanto: cuidado con las metáforas y las imágenes. Sugieren que uno simplemente podría deslizarse inocentemente hacia un entendimiento no-naturalista, no-literalista sin haber pagado el precio: la ruptura radical y explícita con la semejanza natural, esa ruptura y rechazo que se expresa en el hiriente "no" de nuestro dicho alquímico.

En mi discusión del pasaje del Evangelio de Juan acerca del lugar adecuado para la adoración, afirmé que "Cuando dejamos de estar en espíritu y en verdad, éstos dejan de existir". Lo mismo se aplica a la vida. Cuando nuestro organismo deja de realizar el acto de vivir, de respirar, digerir, de producir hormonas, de luchar contra virus y bacterias, etc., estamos muertos. La vida es una actividad y existe sólo mientras esta actividad se ejecuta. El punto es que la vida no es precisamente una sustancia que poseamos como una propiedad y que se pueda perder o que se nos pueda quitar. No, nos mantenemos vivos. Es como un fuego que dura sólo mientras arde…

El concepto abstracto tiene su referente fuera de él mismo. Para Kant el concepto de 100 dólares es diferente de los 100 dólares que tienes en el bolsillo. Para Kant—y para nuestro estilo convencional de pensamiento—, el concepto es abstracto. Pero la vida es un Concepto real, no abstracto. Y es el Concepto el que nos mantiene vivos.

Lo que he dicho aquí acerca de la vida se refería a la vida biológica. Pero también es verdad para la vida más elevada del "alma". De lo que exclamó el alquimista Dorneus: "¡transformaos a vosotros mismos de piedras muertas a piedras filosóficas vivientes!" nos podemos dar cuenta de que la piedra (lithos ou lithos), también, es en verdad un Concepto y no una cosa o propiedad.

Pero cuando Jung después de citar este dicho se queja de que Dorneus "carecía del concepto de una existencia inconsciente que le habría permitido expresar la identidad del centro psíquico subjetivo y del centro alquímico objetivo en una fórmula satisfactoria" (CW 9ii § 264, puntuación modificada) muestra que él, Jung, no había llegado a la piedra que no es una piedra. En última instancia, su pensamiento se mantuvo adherido a la positividad; pensaba que había dos centros y que uno necesitaría el concepto auxiliar, es decir, la muleta, de "el inconsciente" como un tercero para juntar a los dos. Jung por supuesto no habló aquí del "inconsciente"; dijo "existencia inconsciente". Pero esta última expresión sólo nos muestra lo que se piensa que es "el inconsciente": existencia positiva. Con "existencia inconsciente" o "el inconsciente" Jung introduce la fantasía de un lugar literal, "empírico", en sustitución del único lugar en el que la piedra podría realmente existir: el no-lugar de "en espíritu y en verdad". Y esto a pesar del hecho de que el mismo texto de Dorneus que es el punto de partida del comentario crítico de Jung ya nos provee explícitamente con la noción de veritas (verdad), como él mismo muestra en el mismo parágrafo.

Veritas es el opuesto directo de inconsciente. Verdad significa desocultamiento, haber aparecido y haber sido revelado a la consciencia, y de esta forma al conocimiento. "Inconsciente", por contraste, significa oculto, separado de la consciencia, en última instancia inaccesible al conocimiento humano: incognoscible. Incluso si los "contenidos inconscientes" son experimentados y de esta forma se vuelven empírica y semánticamente conscientes, por ejemplo, a través de los sueños, lógica o sintácticamente (en cuanto a su estatus se refiere) se quedan para Jung, como "arquetipos del inconsciente", en el otro lado, disociados de la consciencia, y no adquieren el estatus de verdad, de conocimiento verdadero. "El concepto de lo inconsciente", afirma Jung, "no postula nada, sólo designa mi desconocimiento" (Letters 1, p. 411, a Frischknecht, 8 de febrero de 1946). Semánticamente Jung se lava las manos inocentemente.

"Existencia in-consciente" meramente niega la accesibilidad para la consciencia a lo que podríamos llamar "el lugar esencial", mientras que aún así le garantiza existencia positiva. Declara un área de consciencia como estando fuera de los límites del conocimiento. De esta forma crea una diferencia espacial. "En espíritu y en verdad", por contraste, niega la noción misma de lugar así como de cualquier cosa que se suponga que se pueda encontrar en éste lugar (tal como "la piedra"). El recurso de "lo inconsciente" es un intento de arreglárselas con un sustituto barato, la negación externa como el desplazamiento, la deportación, de los contenidos (en sí mismos ¡incoados!), a fin de evitar tener que pagar el precio completo: la negación como la sublación, destilación, evaporización interna de los contenidos en cuestión en su sustancia y positividad. De esta forma se las arregla para ser el referente secreto para la positividad lógica, aún pareciendo ser su opuesto.

En la Inglaterra del siglo XVIII y de la primera parte del siglo XIX, los presos eran a menudo deportados físicamente a las colonias, sobre todo a Australia, y pagando el precio de esta expulsión de su país natal legítimo podían evitar la pena capital (su propia negación), y así al mismo tiempo quedar fuera de la vista para la gente de Inglaterra, separados para éstos últimos de la esfera del conocimiento y del darse cuenta consciente. Por razón de su contenido y carácter general "metafísico", algunos contenidos de consciencia, en concreto las así llamadas imágenes e ideas arquetipales, son los convictos psicológicos del positivismo moderno. Jung entendió ésto. Habiendo blindado su positivismo con lo que él creía que era su kantianismo, estaba agudamente alerta del carácter convicto de las ideas arquetipales dentro del mundo de la mente científica moderna. Y respondiendo a su incompatibilidad siguió, por así decirlo, el modelo británico y las deportó (lógicamente) a la Australia psicológica inventada por él, "el inconsciente" (2), de manera que similarmente pudiesen escapar a su "pena capital" (su sublación, su mortificatio y evaporatio).

Otro propósito y resultado de este movimiento de Jung fue que su tierra natal, la consciencia humana, se podía sentir liberada de su responsabilidad (en este caso intelectual) hacia ellas (el deber de tomar una posición con respecto a su verdad). Porque, habiéndose de una vez por todas asentado en la posición de "desconocimiento" por medio del deportar los contenidos condenados o incriminados, la consciencia ya no tenía la carga ni estaba perturbada por la cuestión de la verdad.

Una tercera consecuencia: en ambos casos este truco de la deportación salvó a las "autoridades" de mentalidad blanda de tener que enfrentar la dura "ejecución" del "no" y de tener que acarrear su concomitante perdida de inocencia.

Finalmente, la deportación en masa de estos contenidos de la esfera del conocimiento y la evitación de la necesaria ejecución también ayudaron a Jung a rescatar el estatus de los mismos contenidos como inmediaciones (simuladas), como (supuestos) hechos de la naturaleza, eventos objetivos (en vez de producciones de la mente pensante misma (3)), así como también a retener indemne su carácter imaginal como cosas semejantes a lo natural, simulando así una ingenuidad de la consciencia que, habiendo estado históricamente obsoleta durante largo tiempo, sólo se volvía posible por medio de, y siempre permanecía dependiendo de, el movimiento artificial y de ninguna manera ingenuo de deportarlos lógicamente.

En cuanto a la "fórmula satisfactoria" para la expresión de la identidad del centro psíquico subjetivo y el centro alquímico objetivo, "el inconsciente" es por definición un vis-à-vis, el objeto para un sujeto: para el ego experimentador. Es la Australia histórica de Inglaterra. El concepto del inconsciente postula la disociación, la alteridad fundamental, la distancia de un continente en la otra punta del mundo separado por un océano; para Jung es "naturaleza pura" y por definición no es la propia profundidad, infinitud interior o trascendencia interior de la mente, del pensamiento (4). Sus contenidos permanecen (y se supone que deben permanecer) lógicamente irrevocablemente ajenos a la mente pensante. Porque de otra forma, así muestra la idea, inevitablemente producirían inflación, locura (5). De esta forma, contraria a la esperanza de Jung, el concepto de "existencia inconsciente" no puede expresar identidad.

Nuestra transmutación en piedras filosofales vivientes se vuelve incluso estructuralmente imposible mientras nos aferremos a la idea de "el inconsciente". La piedra filosofal como algo lógicamente negativo, como algo que no es una piedra y no es una cosa independiente subsistente, y que por lo tanto no es "el centro alquímico objetivo" opuesto al "centro psíquico subjetivo", es—desde el principio y en sí mismo y siempre ya—la identidad deseada: porque existe sólo como pensamiento, en espíritu y en verdad. Teniendo, como lo hace, todo lo que necesita dentro suyo, no necesita la ficción de un "inconsciente".

Pero la piedra existe sólo si, sólo en la medida en que, y sólo mientras, nosotros existamos como ella, y sólo a través de nuestro existir como ella. Y nosotros existimos como ella sólo si somos, objetivamente, la comprensión viviente de ella, sólo si de hecho realizamos (y somos capaces de realizar) el pensamiento de ella, sólo si, en la forma lógica de nuestra consciencia y de nuestro saber, nos hemos elevado a la altura del Concepto real existente y por lo tanto vivimos explícitamente como el Concepto real existente: siendo "en espíritu y en verdad".


Notas

1. Por medio de una analogía quiero mencionar el hecho de que cuando repetimos rápidamente una palabra o un mantra cien veces, perdemos su significado. Entonces, también, los sonidos como signos acústicos, físicos, lentamente se ponen en primer términos y asumen una existencia por su propio derecho. Los sonidos son "el cadáver" de la palabra, mientras que la palabra como palabra viva, como significado, sólo existe "en espíritu y en verdad", en virtud de haber superado los meros sonidos. Si una palabra tiene que tener un significado los sonidos como positividades tienen que morir. En el habla normal, los sonidos son sólo (y sólo deben ser) un punto de apoyo. No deben insistir en una existencia independiente propia.

2. Por supuesto no estoy sugiriendo que Jung inventase el término y concepto "el inconsciente". Pero Jung inventó su concepto peculiar de ello.

3. La mente pensante del homo totus, el hombre completo; no la de aquello que en psicología llamamos "el ego" o la ego-consciencia.

4. En esta frase vemos el poder del "no". Si no se ejecuta como ejecución, entonces inevitablemente reaparece, pero esta vez como siendo ejecutada en la forma de un rechazo y deportación lógica. En este último caso la trascendencia interior del pensamiento se positiviza como su otro externo (intra-psíquico), su Australia (intra-psíquica). Freud una vez llamó expresamente al inconsciente el innere Ausland (el país extranjero interior). El "no" de la mente es de esta forma actuado literalmente ahí afuera en vez de ser interiorizado, en vez de volver a casa auto-referencialmente a la mente misma. Y, en tanto que la psicología es la disciplina de la interioridad y de la auto-relación, la psicología se vuelve no-psicológica.

5. O algo bordeando la locura. Cuán grande es este peligro se puede ver en el tono emocional de Jung y en las palabras empleadas en la siguiente afirmación sobre Schopenhauer: "Cometió el pecado mortal de hacer una afirmación metafísica, y de dotar a un mero nóumeno un Ding an sich, de cualidades especiales" (MDR [Recuerdos, Sueños, Pensamientos], p. 70, traducción modificada).