El Código del Alma

James Hillman, 1996.
Fragmentos seleccionados por Alejandro Bica.


“Debido a que el punto de vista “traumático” de los primeros años domina en tal grado la teoría psicológica de la personalidad y su desarrollo, las toxinas de estas teorías ya han infiltrado lo esencial de nuestras rememoraciones y el lenguaje de nuestra historia personal. Es posible que nuestra vida esté determinada no tanto por la infancia como por la manera en que hemos aprendido a imaginarla.”

“Al aceptar la idea de que soy efecto de una lucha sutil entre fuerzas hereditarias y sociales, llevo a cabo una reducción de mí mismo, convirtiéndome en un resultado. Cuanto más explico mi vida por lo que ya ha ocurrido en mis cromosomas, por lo que mis padres hicieron o dejaron de hacer y por los primeros años de vida, ya tan lejanos, tanto más mi biografía es la historia de una víctima. Vivo un argumento escrito por mi código genético, la herencia ancestral, los acontecimientos traumáticos, la inconsciencia de mis padres, los accidentes sociales.”

“Somos víctimas de las teorías desde el comienzo, antes de que las lleven a la práctica. La actual identidad victimista norteamericana es la cruz de la moneda cuya cara muestra con brillantez la identidad contraria: el “hombre” que se hace a sí mismo heroicamente, que se labra el porvenir con su propio esfuerzo y una voluntad inquebrantable. La víctima es la otra cara del héroe.”

“Mientras las estadísticas de la psicología del desarrollo normalizadora determinen los criterios con los que se juzgan las complejidades extraordinarias de una vida, las desviaciones se convierten en perversiones.”

“Mientras la civilización se hunde en sus propios depósitos de desperdicios, no importa que uno sea masculino, femenino o un compuesto de ambos géneros. Todos nos disolvemos juntos. Cuestiones mucho más imperiosas que la del género solicitan la pasión de la psicología.”

“La belleza es un remedio contra el malestar psicológico.”

“Una observadora muy distinta, Mary Watkins, señala que los principales teóricos psicológicos (D. W. Winnicott, Melanie Klein, René Spitz, John Bowlby, Anna Freud) que insisten tanto en la relación entre madre e hijo como el único elemento determinante de la vida posterior a la infancia, desarrollaron sus ideas mientras en Inglaterra caían bombas y ardían edificios, o poco antes o poco después de la segunda guerra mundial. Buscar refugio en la madre cuando se corre peligro es del todo normal, pero ¿también la “ciencia” psicoanalítica ha de esconderse detrás de sus faldas?”

“Al dejar al mundo real fuera de sus principales elementos teóricos, la teoría psicológica imagina ese mundo exterior como objetivo, frío, indiferente, incluso hostil (la terapia como un refugio protector, el consultorio como un santuario). Así el mundo recibe la proyección de la mala madre, la madre que mata, inventada por su teoría. Hemos regresado a un mundo natural como el que concibió Descartes hace cuatro siglos, una res extensa desnuda, un amplio campo de materia sin alma, inhóspito, mecánico, incluso demoníaco.”

“La pasión por enjaular lo invisible mediante métodos visibles sigue motivando a la ciencia de la psicología, aunque esa ciencia ha abandonado la búsqueda del alma, prolongada durante un siglo, en diversas partes y órganos del cuerpo. Cuando los investigadores no pudieron encontrar el alma en los lugares donde la buscaban, la psicología científica también abandonó la idea del alma.”

“Vivimos entre una multitud de elementos invisibles que nos hacen actuar a su antojo: valores familiares, desarrollo personal, relaciones humanas, felicidad, y luego otra serie más impetuosa de figuras míticas llamadas control, éxito, relación ente la eficacia y el coste y (el elemento invisible mayor y más generalizado de todos) la economía.”

“Usted es como es, ni más ni menos que como es, en esa depresión entre dos montañas que es el momento presente, mientras desfila. Su ser, tal vez todo ser, es precisamente “como” parece ser, el cómo del Sein perfecto que declara quién y qué es cada acontecimiento y dónde está. “Cómo es” dice lo que es. Así es como es: sus gestos, estilo, coloración, movimientos, manera de hablar, expresión, en una palabra, las complicaciones reales de la imagen dicen exactamente cómo es.”

“No hay nada liso y llano en una cara ni simple en una superficie. Lo supuestamente oculto se ve también y está sujeto a una visión aguda.”

“Lo visible invisible. En ocasiones se llama a este elemento visible invisible el espíritu de un lugar, la cualidad de una cosa, el alma de una persona, el ambiente de una escena, el estilo de un arte. Nos gusta aprehenderlo explicándolo como un contexto, como estructura formal o como una gestalt abierta que nos atrae hacia ella. Ni nuestros conceptos ni los ojos que miran por medio de ellos han sido adiestrados lo suficiente en el ejercicio de la imaginación, en el arte perceptivo de interpretar las imágenes. Somos incapaces de ver cómo es cualquiera cuando tratamos de ver por medio de tipos, categorías, clases, diagnósticos. Los tipos de cualquier clase oscurecen la peculiaridad.”

“Los ojos del corazón ven singularidades y les afecta la cadidad. Nos conmueve esa imagen única. Nos cautiva éste en particular, no cualquier otro. Ver a una persona determinada desde el ángulo de su origen irlandés o alemán, de su condición de judío o católico, blanco o negro, alcohólico o suicida, víctima o un caso entre lo normal y lo anormal, es ver conceptos de clase, no personas. Entonces hablamos más de sociología que del alma.”

“Cómo son es quienes son, y no lo que los tipos y las clases dicen que son.”

“¿Puede existir realmente un “entorno no compartido”? ¿Puedo poseer de veras un momento aislado que es mío y sólo mío? Incluso la almohada sobre la que reposa mi cabeza mientras estoy sumido en mi sueño privado a medianoche, tiene rastros de pulmón de pato, poliéster y algodón, de los entornos en los que fue fabricada, así como del tráfico de ácaros que la comparten conmigo.”

“El absurdo de reducir la mente a cerebro nunca parece abandonar el escenario occidental. Nunca podemos abandonarlo porque es tan básico para nuestro marco mental racionalista y positivista. El elemento racionalista de la psique quiere localizar causas en las que usted pueda poner sus manos a fin de dejarlas establecidas. Las máquinas proporcionan los mejores modelos para satisfacer ese deseo. Desmóntelas, encuentre sus mecanismos internos y luego ajuste su funcionamiento modificando sus trinquetes, enriqueciendo su combustible, lubricando sus conexiones. Henry Ford como el padre de la salud mental norteamericana. El resultado se llama Ritalin, Prozac, Zoloft y docenas de otros productos eficaces para el ajuste interno que consumimos en abundancia millones de nosotros, una o dos veces al día. El simplismo de las causas monogénicas conduce finalmente al control de la conducta por medio de fármacos, es decir, a una conducta drogada.”

“El monstruo del mecanismo aparece en cada siglo de la historia occidental moderna, y debe ser observado en cada generación..., sobre todo en la nuestra, cuando insistir en “algo más”, aparte de la naturaleza y la educación, significa creer en los fantasmas o la magia.”

“Sigmund Freud, ¡a los veintinueve años!, ya había quemado sus escritos biográficos, y parece ser que dijo: ‘En cuanto a los biógrafos, que se preocupen... Espero con ilusión ver que se extravían.’”

“Mi vida, como dice Auden, es superflua. La razón por la que el lector desea una biografía mía es mi obra, y por lo tanto el “yo” que usted busca se encuentra en mi obra.”

“Captar los guiños furtivos del daimon es un acto de reflexión, es una acto de pensamiento, mientras que el fatalismo es un estado sentimental, de abandono de la reflexión, los detalles concretos y el razonamiento minucioso. En vez de pensar las cosas a fondo, uno se abandona al estado de ánimo de la fatalidad. El fatalismo explica la vida como un todo. Lo que ocurra, sea lo que fuere, puede encajar dentro de la amplia generalidad de la individuación o mi travesía o el desarrollo. El fatalismo consuela, pues no plantea preguntas. No hay ninguna necesidad de examinar cómo encajan los acontecimientos.”

“El carácter es el sino.”

“El carácter no es lo que uno hace, sino la manera en que lo hace.”

“Al daimon le interesa más el aspecto anímico de los acontecimientos, responde más a lo que es bueno para él que a lo que usted cree que es bueno para usted.”

“El daimon se mantiene al margen del yo hinchado de la subjetividad moderna, muy separado, personal y solitario, aunque su daimon no es ni usted ni suyo.”

“No podríamos haber sido más que lo que somos.”

“Las cosas no pueden ser, no podrían haber sido de otra manera. Todo está en su lugar, inexorablemente, con defectos fatales y todo, y la necesidad sigue su ruta hasta que el cuerno del toro encuentre tus entrañas.”

“Es del todo ilusorio aferrarse a un yo privado, oculto, más verdadero con independencia de la manera de ser de usted, aunque la terapia promueva esta espléndida ilusión y se beneficie de ella.”

“La invisibilidad en el corazón de las cosas recibió tradicionalmente el nombre de deus abscontitus, el “dios oculto” del que sólo se podía hablar en imágenes, metáforas y enigmas paradójicos, gemas de valor inmenso enterradas en el interior de montañas gigantescas, chispas que contienen una enorme fuerza inflamable. Según esta tradición, lo más importante es siempre lo menos aparente.”