Apolo, sueño, realidad

James Hillman.
Pasaje tomado de ‘Apollo, Dream, Reality’, 2006 (en ‘6.1 Mythic Figures’, pp. 325-32). 

Traducción Alejandro Bica.


Durante la noche tú estás tenido dentro del sueño, una figura — no siempre la principal — entre otras que caminan alrededor de su paisaje. Luego, con el primer rayo de conciencia de la mañana, tú crees que el sueño está en ti — en tu mente, en tu cabeza. Dices, “tuve un sueño”, una declaración de tener y poseer.

Sin embargo, durante la noche el sueño te tuvo a ti en su posesión. Por el sólo hecho de que algo venga a ti no lo hace tuyo. Si ves un caballo en un campo, un avión en el cielo, no son tuyos porque los hayas visto. Los griegos decían, vi un sueño; nosotros decimos, tuve un sueño. El verbo “tener” es un favorito del Capitán Ego; pienso que haríamos bien en despojarnos de esto, excepto para las posesiones tomadas de UPIM y GAP.

Este rapto del sueño y el reclamarlo como tuyo ayuda a explicar la resistencia del sueño a ser poseído. El sueño reivindica su independencia negándose a ser recordado. Hace falta una voluntad blanda, un suave hundimiento, para permitir que el sueño vuelva a la luz diurna. El sueño pide ser invitado.

El método interpretativo independientemente de la escuela convierte las imágenes en palabras y luego las palabras en conceptos. El perro amarillo mostrando sus dientes y manteniéndote fuera de tu propia casa en un sueño se convierte en tus desagradables impulsos rugientes que te impiden “estar en casa”, ya sea en tu casa del mundo del día con tu familia o en tu propia interioridad. La serpiente en el césped de la que tienes tanto miedo en el sueño se conxvierte, mediante la interpretación, en mala fortuna mágica, en un enemigo insospechado, en un enredo sexual resbaladizo, en un complejo materno, en un engaño oculto, ... que temes advertir pero que se encuentra justo a tus pies con cada paso que das. Todo esto es Apolo, trayendo lo oculto a la luz. El original se pierde en la traducción. Una vez que sepas el significado, puedes deshacerte del sueño. En busca de su significado, menospreciamos el sueño.

Y este es Apolo dándote cordura e importancia personal. El perro, la serpiente, vinieron a ti para que sean tuyos con un significado personal para ti, reforzando tu sentido de individualidad. Apolo, escribe Nietzsche, es “el genio del principium individuationis”. (8) Según Nietzsche lo apolíneo da el sentido de individualidad singular con un “retrato biográfico”.

Una influencia apolínea más: nos sentimos menos oscuros y perplejos, más claros, iluminados, blancos, incluso más limpios después de una “buena” interpretación. Una vez más Apolo, porque la raíz de phoibos significa tanto profetizar como purificar. (9) Apolo era la principal divinidad de los ritos de purificación.

También hay locura en este método. Edipo, cuando le preguntó al Coro: “Oh, hacedor de los hechos temibles ... ¿Qué demonio te mueve?”, responde, “Fue Apolo, Apolo, amigos / Quién trajo estos males”. (1318-21) Otro purificador, Orestes, fue conducido directamente a sus asesinatos por Apolo. El profético poeta alemán Hölderlin, preguntado sobre su locura posterior, supuestamente dijo: “Apollon hat geschlagen”.

La inspiración apolínea hoy no desvaría, ni los intérpretes de sueños en las sesiones bien templadas de la terapia realizan las predicciones como si estuviesen poseídos por una theiamania. Se ha apaciguado mucho desde el mundo antiguo lleno de dioses. La revelación inspirada de hoy en día por analistas, que en su mayor parte son mujeres, pueden ser más cotidianas, pero no menos seguras. El simple hecho de recurrir a los sueños para ver lo que podría tener reservado para el cliente y “guiarlos correctamente" constela el trasfondo apolíneo. Es una especie de visión, escribe Tomás de Aquino, como la luz solar en la atmósfera. Prophetia and raptus, escribe Tomás, “está siendo resucitada por un poder superior — lejos de lo que es propio de la naturaleza, hacia lo contrario a la naturaleza (contra naturam). (10)

La esencia de la interpretación sigue siendo la revelación del significado oculto. Freud lo llamó el significado “latente” en distinción con el contenido “manifiesto” que es “sólo natural” (ganz natürlich), los residuos evidentes y comunes de la vida cotidiana. La lectura entera de Jung de los materiales psíquicos enfatizó que el trabajo es contra naturam — una de sus frases favoritas. Yo también a menudo he destrozado la “falacia naturalista” en favor del “ver a través”. Apolo aparece inevitable siempre y cuando queramos conocer.



¿Qué hacemos entonces en nuestra vida cotidiana con un sueño? ¿Puedo ofrecer algún consejo práctico? En primer lugar, trata de no escapar de él. Permítele quedarse alrededor de ti, desconcertándote, afectándote, evocando tus sentimientos con sus imágenes. Vive con el perro amarillo, con la serpiente. Deja un ojo sobre el césped.

En segundo lugar, abstente a conocer. Evita el impulso del conocimiento, el antiguo impulso apolíneo de leer el sueño para buscar iluminación, predicción. Un “sueño de advertencia”, un “sueño de bendición”, un “mal sueño”. No sabes lo que quiere, por qué vino, qué significa. Ten cuidado de las formulaciones conceptuales. Presta atención al gran maestro francés de la imaginación Gaston Bachelard, que escribió: “Las imágenes y los conceptos se forman en polos opuestos de la actividad mental: imaginación y razón. Una polaridad de exclusión juega entre ellos …” “Entre el concepto y la imagen, no puede haber síntesis”. “La imagen sólo puede ser estudiada a través de la imagen, soñando imágenes ... en un estado de ensueño”. (11) Y Vico: “Cuanto más débil sea su razonamiento, más vigorosa será la imaginación humana”. (12)

En tercer lugar, no trates de cruzar el puente directamente hacia el mundo diurno o de conectar el sueño con un interés del mundo diurno. Por supuesto un sueño puede ofrecer a veces una solución directa a un problema. Inventores, novelistas, matemáticos atascados y agobiados finalmente se acuestan, vencidos, sólo para encontrar una respuesta que venga a ellos durante la noche, beneficiándose de un sueño. Pero esto es fortuito, y agradecemos a los dioses por la mañana por proporcionar esta ayuda. Fortuito, aunque posiblemente desafortunado: leyendo el sueño directamente en términos del problema, podemos no advertir qué otras insinuaciones podrían estar enroscadas en sus imágenes.

Recuerda: la aplicación de un sueño a un problema del mundo diurno utiliza el sueño para propósitos personales, suponiendo el error fundamental de la mente apolíena: que el sueño es individualmente tuyo, un sirviente que refuerza tu noción de tu individualidad.

Puesto que no puedes evitar la sensación de que el sueño sea significativo para ti, deja que entre el visitante. Abre la puerta; pon el cartel de bien bienvenido. Enséñale a tus hijos que estén contentos de soñar y de contar los sueños en el desayuno, dejando que los demonios nocturnos compartan el café, el azúcar y el radiante jugo de naranja. El sueño se convierte en parte del hogar comunal. De hecho, los niños más pequeños participan más de cerca en los sueños contándolos en la mesa. La phantasia puerilis es más aterradora porque está más presente, así como está presente, según Vico y Herder y los románticos, en las fábulas y cuentos de hadas, en los “primitivos” y visionarios, en los delirios de la imaginación poseída y en el niño.

Puedes hacer preguntas sobre el sueño pero evita aquellas observaciones interpretativas que podrían hacer que sus imágenes se marchiten. Sé sensitivo y sensible. Deja que un sueño hable en su propio idioma. Para Freud este idioma era “asociaciones”: dejar que las asociaciones lleguen a la mente sin censura, dijo. Para Jung, el sueño hablaba en imágenes que necesitaban apoyo con referencias culturales de la tradición, simbolismo, ritual, folclore. Para Vico, supongo, el sueño cuenta su “sabiduría poética” en la “lógica poética” de los universales de la imaginación. Todas sus figuras se transforman en sus trasfondos arquetipales o configuraciones heroicas, ya no representando simplemente a sus equivalentes del mundo diurno. Vico, supongo, estaría de acuerdo con Jung que nutrió el sueño, alimentándolo con riquezas culturales, colocando sus imágenes entre otras similares. Jung llamó a su método “amplificación”, aumentando su volumen y valor, sacándolo de lo personal e individual hacia lo arquetipal y colectivo.

Quinto — si es aquí donde estamos — asumimos que el sueño es una sola pieza, cualquier parte de él pertenece al resto: El viejo árbol en tu jardín de la infancia desarraigado; la estrella de cine que te cuenta algo que no puedes recordar al despertar; la sensación de que tu madre muerta o una mujer como ella estaba en algún lugar en un pequeño bote ... estos pedacitos se pertenecen porque el sueño los embrolla como un mosaico, como un collage, y, cuando alguno de ellos está presente, los otros también lo están. (13) Es apolíneo hacer distinciones agudas, seleccionar y descartar, para conocer cada trozo.

Sexto, que el sueño circule. Si se mueve, deja que se convierta en un ensueño, en una imaginación activa que el Capitán Ego dirige con sus intenciones del mundo diurno, y mira su respuesta a tus investigaciones. Como un escritor, deja que los personajes en tu teatro de la noche hablen por sí mismos. No pongas palabras en sus bocas. Confía en que lo que dicen son sus afirmaciones y no invenciones tuyas. Sin embargo, el sueño puede no querer moverse, sino quedarse quieto, fijo. Su rechazo total y enigmático a revelar algo más, por cierto, puede enseñarte cuáles son tus intenciones. Te está revelando a ti, interpretando a ti. Adhiriéndote a sus imágenes del árbol desarraigado, la estrella de cine hablando y la mujer como-madre en una canoa o kayak — eso es precisamente lo que ello quiere mostrar.

"Lo que ello quiere — esa es la clave. Date una vuelta por ahí. El perro del cual estoy corriendo en el sueño — vuélvete hacia él. ¿Qué quiere? ¿Por qué vino a estremecer mi sueño? ¿Qué siente él, no sólo que yo me siento asustado. Ese extraño paisaje en el que mis sueños me colocan repetidamente, tan familiar y aún desconocido, un paisaje que intento dejar, abriéndome paso a través de él, retrocediendo, despertando ansioso, después de esforzarme tanto por salir. ¿Qué es este país en el que paso tantas noches? ¿Qué me atrae allí? Una vez más, ¿qué quiere conmigo?

Quizás, el “yo” en el sueño es otro yo, apenas comenzando a aprender como vivir entre las criaturas y terrenos de la imaginación.

Esto nos lleva a la séptima parte de mi consejo, la más importante de todas. Permanece envuelto en el sueño. La palabra clave: participación, más que interpretación. Inmersión, como en música, envuelto. “Atrapado en esa música sensual, entregado por completo / Monumentos del intelecto que no envejece”, escribió W. B. Yeats (14), contrastando a su manera los intentos apolíneos de formar una forma estática identificable con la inmersión dionisíaca.

Hemos viajado mucho y volvimos al intento de Nietzsche de descubrir el nacimiento de la tragedia, y de ahí al nacimiento del arte a la imaginación dionisíaca — a pesar de Apolo y su lira, la nobleza de su inspiración, su belleza juvenil, sus manifestaciones en las disciplinas formales de las Musas.

Estamos de vuelta en el Delfos de la fantasía primordial antes de la adivinación apolínea, cuando la inspiración oracular emergió de la serpiente Python y el lugar era dionisíaco. Y volví con Nietzsche, llamando a Dionisio y su tropa de bailarines, Dionisio-zoe como se le llamaba, el ritmo animal de la vitalidad antes de la comprensión, antes de aparecer en la luz. O, una luz oscura de conciencia sutil y no reflejada, ni proféticamente a la cabeza de la danza ni digestivamente después, la conciencia en el movimiento mismo, como la canción escapando de la garganta, las palabras de la lengua. Dionisio libera fantasía; se le llamaba “the loosener”, la imaginación que enaltece la autonomía del arte y anima cualquier momento del mundo.

Él no era del Olimpo, ni era noble como Apolo, pero Dionisio era quizás el favorito del pueblo; su presencia, y la presencia de los dioses en todas las cosas fue la realidad antigua, y puede ser nuestra también una vez que reconocemos con Nietzsche: “la terrible necesidad histórica de nuestra cultura moderna insatisfecha ... el deseo consumidor de conocimiento — lo que hace todo este punto, si no a la pérdida del mito, a la pérdida del hogar mítico”. Este hogar mítico es el mundo real que nos rodea, como la imaginación nos lo da, el mundo lleno de potenciales enigmáticos con los que las artes resuenan y responden. Los potenciales residen en las cosas duras y confiables que llamamos realidad, en los residuos del día de Freud (Tagesreste), donde sea, incluso en UPIM y GAP, cosas no tan puras, pero como repositorios de fantasías vivificantes, imágenes fértiles que el ensueño puede convertir en canción.

La pérdida del hogar mítico nos devuelve nuevamente a Vico y a las consecuencias más profundas de su obsesión con los cartesianos. “Descartes no escondió el bajo aprecio que tenía hacia los estudios de lenguaje, la retórica, los estudios literarios e históricos, y en general a las humanidades clásicas”, escribe Elio Gianturco. (15) Estos estudios fueron precisamente el camino (methodos) al conocimiento que Vico persiguió, un método más apropiado para entender los fenómenos de la imaginación que la observación directa, la lógica, la óptica y la geometría a partir de la cual se deriva la idea cartesiana de conocimiento.

Además la misma idea de “conocimiento” debe ser re-concebida. Para empezar, el sueño se presenta como “no-compensible”. “El sueño no está destinado a ser entendido”, dijo Freud. La oscuridad viene de su esencia. Su hogar es el inframundo mítico, en la casa de Hades que no tiene visibilidad en el mundo del día. Los sueños (oneiroi) como somnos, hypnos y thanatos pertenecen a la “prole de la noche”, incluyen, dice la Teogonía de Hesíodo, la vejez, la envidia, la contienda, la condenación, la lamentación, el engaño. (16) Estos fenómenos no son claros y nítidos. El método cartesiano que no puede percibirlos no puede entenderlos. En cambio, dice Vico, requieren una “lógica poética”. La comprensión requiere asimilación en su oscuridad. “El hombre se convierte en todas las cosas no por la comprensión (homo non intelligendo fit omnia) ... porque cuando no las entiende, él las hace a partir de sí mismo, y al transformarse, se convierte en ellas”. (17)

“Transformarse en ellas” — esta parece ser la clave. Esta operación comienza con los hechos puros y duros, desnudos, de las imágenes del sueño. Allí están, completamente expuestos, aunque completamente oscuros. Puesto que, según Vico, verum ipsum factum, las imágenes incoherentes son las mismas que la verdad del sueño, toda su verdad y nada más que la verdad. La verdad del sueño no es su “verdadero significado” aguardando revelación, sino que es la facticidad desnuda del sueño mismo. El estudiante de sueños obtiene comprensión por un esfuerzo de supresión, rechazando cualquier noción que ponga la verdad del sueño en otra parte. Permaneces ignorante, dedicado a tu propia opacidad, firme en la incapacidad de hacer algo coherente de las imágenes.

Lo más importante: evita la seducción de un significado traído a la luz con un repentino clic de entendimiento. La experiencia de “aha” que se siente como si has “conseguido” el significado pertenece a la verdad escurridiza del sueño: ¡su engaño innato! (Recuerda que Apolo es fácilmente engañado por su hermano pequeño, Hermes, por Cassandra y por Daphne). En vez de eso, tus operaciones con las imágenes, tus imaginaciones ulteriores, y tu pérdida de certeza vuelven más sofisticada tu conciencia. Lo que haces con el sueño comienza tu asimilación en él, para que el camino a su verdad no sea epistemológico sino psicológico, sus efectos transformadores en tu alma.

Una transformación ha comenzado. El esfuerzo de resistir el impulso de conocimiento, resistiendo las explicaciones iluminadas de Apolo, lo deja a uno solo con el sueño. Eso es todo lo que tienes y todo lo que sabes. Sin embargo, esta abdicación otorga poder icónico a la fantasía. Las imágenes ganan valor, son ricas en implicaciones. La generatividad autóctona de la psique, su poiesis o habilidad natural para hacer inteligibilidad ha comenzado a brillar en la oscuridad que tu estás permitiendo. La noche no ha cedido a la luz del día, y el entendimiento ahora habla con un idioma oscurecido: el lenguaje oculto enrevesado de la analogía, la alusión y la metáfora. La metáfora, dice Vico, “confiere sentido y emoción a objetos absurdos” (18), de modo que cada cosa en el sueño se convierte en un “mito en miniatura” (19) (la definición de Vico de la metáfora), lleno de verdades análogas, restaurándote a ti, al soñador, a la imaginación poética subyacente a partir de la cual brota toda la vida mental.

Notas

8. F. Nietzsche, “The Birth of Tragedy”, en The Philosophy of Nietzsche, trad. C. Fadiman (New York: Modern Library, n.d.).

9. H. G. Liddell & R. Scott, Greek-English Lexicon (Oxford: Clarendon Press, 1890), p. 1685a.

10. Ver. 13,1 obj.; 12.1; cf. J. Pieper, Love and Inspiration: A Study of Plato’s Phaedrus, trad. R. y C. Winston (London: Faber & Faber, 1964), 55f.

11. G. Bachelard, On Poetic Imagination and Reverie, trad. C. Gaudin (Putnam, Conn.: Spring Publications: 2005), p. 7.

12. Vico, The New Science, p. 89.

13. Cf. P. Berry, Echo’s Body (Dallas: Spring Publications, 1982), pp. 59-60.

14. “Sailing to Byzantium”, en The Poems of W.B. Yeats (Nueva York: Macmillan, 1928).

15. E. Gianturco, “Introducción del traductor”, en G. Vico, On the Study Methods of Our Times (Ithaca, N.Y.: Cornell Univ. Press, 1990), p. xxxi.

16. Cf. mi The Dream and the Underworld, pp. 32-34; 123-33. [“El sueño y el inflamando”]

17. Vico, The new Science, p. 160.

18. Ibíd., p. 159.

19. Ibíd.