El psicólogo como predicador

Algunos fragmentos del artículo “El Psicólogo como Predicador del Arrepentimiento y Evangelizador. Robert Romanyshyn acerca del Derretimiento del Hielo Polarde Wolfgang Giegerich.


“¿Quiénes somos nosotros para decir que sabemos lo que es bueno o malo para el alma? ¿Tiene el alma que seguir nuestros ideales, nuestras ideas normativas de salud, de integridad, de unidad de lo masculino y lo femenino, y la conexión sentimental con el cuerpo y los sentidos...? ¿Somos nosotros los que decretamos el programa que el alma debería seguir en su historia, o acaso no estamos más bien en el extremo receptor, y simplemente debiéramos tomar nota de cómo se ha desarrollado y se desarrolla históricamente de hecho el alma, a fin de seguirla a partir de ahí? Creo que debemos dejar que cada nuevo acontecimiento y cada manifestación del alma nos enseñe de nuevo qué significa “alma” y “lleno de alma”. Cadidad [eachness] en lugar de definiciones estándares preconcebidas.”

“No hay ninguna buena razón, excepto nuestra propia ingenuidad aniñada (que no es una buena razón), por la que el alma en ciertos puntos de su historia no tendría que volverse intencionadamente unilateral e insistir, por ejemplo, en abandonar la tierra, separarse de la naturaleza, vencer la carne y los sentidos, desterrar lo femenino. ¿Por qué no tendría, en algunos momentos, que marginar ciertos aspectos? Es absurdo esperar que el alma siga nuestros principios modernos de corrección política. Toda esta insistencia en el curso equivocado de la historia sólo demuestra, citando a Jung otra vez, “la intensidad de nuestro prejuicio en contra del desarrollo actual, el cual queremos obstinadamente que sea como esperamos. Nosotros decidimos, como si supiéramos”. (Letters 2, p. 591, a Read, 2 Sept. 1960, adaptada). ¿No nos enseñó ya Pseudo-Demócrito que “La naturaleza se regocija en la naturaleza. La naturaleza se somete a la naturaleza. La naturaleza gobierna sobre la naturaleza”, en otras palabras, que es inherente a la dinámica del alma negarse y superarse, de modo que este volverse contra sí es parte de su hacer-alma?”

“Cuando se habla acerca del alma, ¿queremos decir el alma como algo realmente real en éste nuestro mundo real, en tanto que dinámica posiblemente implacable y terrorífica que sigue su camino sin preocuparse por nuestros deseos humanos y que a veces nos pone en apuros inesperados e indeseados, el alma como el espíritu mercurial dinámico en el desarrollo histórico efectivo –o tan sólo queremos decir un alma imaginada e ideal aparte, por encima y en contra del desarrollo real, como un segundo mundo, un ideal del ego –el alma como agradable y dulce, moralmente buena, con los opuestos luz y oscuridad, masculino y femenino, mente y materia siempre perfectamente equilibrados en el maravilloso sentido pop de “totalidad”, de modo que cualquier desviación de esta totalidad sólo podría ser un error humano y, por ello, psicológicamente equivocado (sin alma)?”

“Porque al culpar un fenómeno real o un desarrollo del alma de ser malo, equivocado, unilateral, el ego logra salvar su propio ideal, sus ilusiones, su propio programa, su sistema de valores y sus categorías a fin de que no sean refutados y sublados por el desarrollo efectivo del alma e ipso facto elude el desafío psicológico del presente, la tarea psicológica con que lo confronta su propia localización histórica.”

“Como siempre fue, lo es hoy para nosotros: tenemos que ponernos a prueba en esta nueva situación. Hic Rhodus, hic salta. Es todo lo que hay. Lo demás es deseo ilusorio y especulación ilícita.”

“¿Qué ha de hacer un psicólogo –en tanto que es realmente el representante del punto de vista del alma– si el mundo empeora o mejora? El psicólogo sabe que no es el curador, el hacedor. Tan solo acompaña y “sirve” al proceso real. Sabe que si ha de haber una curación que merezca tal nombre tiene que venir del alma, ser el trabajo del alma misma.”

“Aunque el mismo Jung no siempre está libre del impulso a salvar el mundo, sin embargo, expresó la actitud psicológica muy claramente cuando dijo, “deseamos ver el mundo tal como es y dejar las cosas en paz. No queremos cambiar nada. El mundo está bien tal como es.” (CW 18 § 278). El mundo está bien tal como es, incluso ante el derretimiento del hielo y otros posibles desastres. Esta afirmación sobre la bondad del mundo no es ni un signo de ceguera total hacia la enfermedad, la miseria, los peligros, todo lo que está mal en el mundo, ni un dogma religioso o una afirmación metafísica, sino simplemente una articulación del principio psicológico, psicoterapéutico, metodológico, así como ético, de dejar las cosas en paz, abstenerse de inmiscuirse en el proceso entrometiéndonos con nuestras normas morales, recetas, deseos o activismo. Así como el zapatero debe dedicarse a sus zapatos, el psicólogo debe dejar que el alma haga su propio trabajo, ya sea patologizando o curando una patología. Esa máxima de Jung aplicada también al trabajo en la consulta se destaca en su repetida narración de que cuando los pacientes angustiados le preguntaban qué tenían que hacer, él solía contestar que tampoco lo sabía y que lo único que podían hacer era mirar y atender los sueños. El psicólogo no es un arreglador de entuertos, ni un político, un técnico, un ingeniero social, ni un sanador ni salvador, un educador o un reformador, no es un bienhechor. Es sólo un “cuidadoso observador” y servidor a los productos y procesos del alma, sin un programa propio de salvación.”

“Sólo el ego quiere soluciones. Sólo el ego puede pensar que nosotros tenemos o debemos desarrollar rituales. Un psicólogo sabe que los verdaderos rituales tienen que venir del alma, de la psique objetiva, a fin de que sean rituales en primer lugar. Al igual que los dioses, los rituales no están hechos por nosotros, no son invenciones nuestras.”

“Sólo se puede llegar al alma si ya se está en ella, si se ha comenzado con ella, si se ha dejado atrás el ego.”