Erinnern, interiorización y recuerdo

Por Enrique Eskenazi

Transcripción por Alejandro Bica de un fragmento del curso Hegel y la Psico-Logía. Una lectura psico-lógica de la fenomenología del espíritu.


Erinnern literalmente quiere decir recordar (remembranza), pero también quiere decir interiorizar en sí mismo (Er-innern).

En el todo, decía Hegel, cada momento particular está como algo recordado, remembrado, y está presente, pero no literalmente presente: está presente como una fase ya pasada, está en la interioridad del presente como una etapa que ha permitido llagar hasta aquí, contenida lógicamente en el estado presente. No está aquí como presente de hecho, está presente como recordada (erinnert). Como por ejemplo en nosotros -por bajarlo al plano personal- está presente todo nuestro pasado, pero no literalmente, sino que está presente en lo que uno es, porque lo pasado lleva a ser lo que actualmente se es, y por ello uno conserva -más allá de que lo reconozca- todo su pasado y, en ese sentido, el pasado está presente en uno, incluso uno se esfuerce por negarlo o por rechazarlo. Muchos niegan su propio pasado, el cual está entonces reprimido y en ese sentido como olvidado, que es lo opuesto de recordado.

El psicoanálisis, sin ser Freud exactamente hegeliano, también tiene una raíz aquí cuando éste dijo que la neurosis o la patología (en el terreno del alma, no en el terreno del organismo físico) consiste en que un trozo de la propia historia está negado, está reprimido. Por lo tanto la consciencia no quiere saber nada de su propia historia y vive como si no hubiera ocurrido, pero el como si no es la verdad. Vivir como si no hubieras sufrido, como si no te hubiera dolido, como si no hubieras odiado, como si no hubieras padecido, es vivir en el engaño, pero no necesariamente en un engaño o una mentira consciente. Lo negado está desaparecido pero no recordado. Freud decía que la terapia consiste en recordar. Pero recordar no es simplemente memorizar, es reintegrar (en el doble sentido de “devolver” y de re-integrar), no es nombrar con la mente o ponerle nombres y etiquetas a lo que pasó, sino revivir. Y la vivencia, que estaba olvidada y por lo tanto negada, se integra y se hace presente en la consciencia, y la consciencia, al tener que cargar con y responsabilizarse de lo que, como negado, no afrontaba, es así evidentemente transformada. La consciencia que ha recordado (integrado) lo que negaba no es la misma consciencia que negaba. Así que ese “yo quiero recordar”, en realidad es “tú no quieres recordar”, dices que quieres recordar, pero si recordaras, tú tal como eres desaparecerías, habría otro, y habría otro infinitamente más humilde, otro que sabe que ha odiado, que sabe que ha sufrido, otro que ha re-acordado, re-membrado e interiorizado -en lugar de tirar fuera por la borda (en un fuera imaginario) o de verse obligado a actuar compulsivamente (acting out)- habría otro que lleva interiorizado lo vivido, puediendo reconocer semánticamente aquello que ya está en el interior de su propia lógica. Como diría Giegerich, habría el acuerdo entre la sintaxis lógica y la semántica.

El recordar no es simplemente literalizar (“yo me acuerdo de”) sino destilar lo vivido, de tal manera que lo que se vive lleva en su interior lo vivido reconocidamente como la condición de la vivencia actual. En el neurótico lo vivido negado no está integrado explícitamente (semánticamente) como soporte de la vivencia actual, y precisamente por eso la vivencia actual es una vivencia neurótica, que no puede hacerse presente al presente porque sigue anclada en un pasado que no está recordado, que pesa por no haberse destilado, y que no permite vivir el presente. Por eso el síntoma neurótico se repite, y cada vez que aparece la situación detonante, aparece la misma reacción, no puede haber otra. Cada momento actual no es así más que la ocasión de que se re-presente lo otro, lo negado, que aspira a ser negado en tanto que tal negación, y por ello el momento actual nunca es vivido como lo nuevo, sino como el retorno de lo reprimido, en su anhelo por ser reintegrado. Y el síntoma no es sino un acting out (actuar compulsivamente) lo que no se recuerda, lo que precisamente por quedarse ahí-afuera-como-pura-exterioridad, no retorna y no se adentra en sí mismo. Claro que aquí “recordar”, por un lado, está remitido a “la reproducción de una representación que ya se ha tenido en otro tiempo”, significado que el mismo Hegel excluye de su uso de la expresión “erinnern” (recuerdo, interiorización). Pero conserva el otro sentido: el de “convertirse en algo interior”.

No es que Hegel hable en estos términos ni mucho menos, pero la idea de erinnern, de interiorizar cada etapa de un momento, incluso sus negaciones, no como algo dejado de lado o meramente externo, sino como algo presente pero sublado, destilado y procesado (vuelto a negar y por tanto rebasado), es una idea importante. Ya Hegel, en sus Lecciones de Historia de la Filosofía, afirmó: “La palabra erinnern es en un sentido una expresión poco afortunada, concretamente en el sentido que alude a la reproducción de una representación que ya se ha tenido en otro tiempo. Pero la palabra erinnern tiene además otro sentido que le da la etimología, que es el de convertirse en algo interior, el de adentrarse en sí mismo; tal es en realidad el profundo sentido conceptual contenido en esa palabra. En este sentido sí puede decirse que el conocer lo universal no es otra cosa que recordar, como adentrarse en sí mismo, convertir en algo universal lo que empieza manifestándose de un modo exterior y como múltiple, para lo cual nos adentramos en el tema mismo y elevamos a consciencia el interior del tema.”

Freud habló de los mecanismos más usuales de defensa, que son aquellos por los cuales el ego -el sentido de yo y de dignidad personal, y de sujeto autónomo que no es la totalidad de lo que se es- se defiende, muchas veces sin saberlo, contra lo reprimido. Y hay muchos mecanismos de defensa, siendo uno de ellos justamente la negación. La negación aquí aparece como uno de los modos en que el yo se fortalece ante lo olvidado (pero por ello inexorablemente presente). La magnitud de la defensa es proporcional a la magnitud de lo reprimido. A mayor resistencia indudablemente mayor represión y viceversa.

El neurótico de alguna manera literaliza, el pasado no ha trascendido (no ha sido sublado y superado), sólo ha sido negado, escindido de la consciencia y, anclado bajo esa forma, no puede pasar a otra forma sutilizada. El ego sin embargo está siempre remitido a aquéllo, y al no haber sublación, se da un continuo mantenerse vinculado a lo que se niega, y puesto que se lo niega y no se lo integra (no se puede negar esta primera negación) no hay sublación alguna. El neurótico permanece repetitivo e incambiable.

En la Fenomenología del Espíritu Hegel escribe, “El espíritu no es esta potencia como lo positivo que se aparta de lo negativo, como cuando decimos de algo que no es nada o que es falso y, hecho esto, pasamos sin más a otra cosa, sino que sólo es esta potencia cuando mira cara a cara a lo negativo y permanece cerca de ello. Esta permanencia es la fuerza mágica que hace que lo negativo vuelva al ser.”

Pero claro, evidentemente la fuerza del espíritu no es neurótica. La neurosis consiste en la incapacidad del individuo de acepar y de estar a la altura de la fuerza del espíritu, es decir, de la Verdad. Y la Verdad empieza por ser tu verdad, no es tan sólo tu verdad pero pasa por ahí. Sin esa (tu verdad), la otra (la Verdad) ni soñarla. En un mundo donde pareciera necesario eludir continuamente lo que duele, no puede haber disponibilidad a enfrentar a pecho descubierto lo que aparece, porque continuamente se está en la defensa ante aquello negado, lo que no debe aparecer.

Erinnern, recordar, remembrar: que vuelva a ser miembro del proceso aquello que habiendo estado presente no está siendo re-acordado, y por lo tanto integrado, aquello que está siendo meramente actuado pero no interiorizado en sí mismo. Claro que el ego no puede hacer este proceso, porque por mucho que quiera, el ego es la negación de aquello que aspira a re-acordarse. De ahí la importancia de la terapia a cargo “del otro” (y esto incluye al Otro del ego en uno). Pero las auto-terapias, así como la mayoría de las terapias orientadas al ego, no sirven para nada de ésto, sino para “fortalecer” el ego. Lo cual no hace más que aumentar la densidad de la muralla de la defensa. No permite el re-acuerdo, ni la interiorización en sí mismo del síntoma ni, por consiguiente, la sublimación o la sublación (aufhebung).