La idea de Anima Mundi

Fragmento de una clase dada por Enrique Eskenazi acerca del pensamiento de Wolfgang Giegerich. 2009. Transcripción Alejandro Bica.


El monoteísmo, que es la aparición de un solo dios, trasciende la diversidad. La naturaleza es el plano de la diversidad, de los infinitos ejemplares. Pero un solo dios ya no puede estar identificado con la diversidad, sino que la trasciende. Este monoteísmo –que además con el judaísmo se vuelve totalmente trascendente, con un dios que no sólo no está en la naturaleza, sino que es sobre-natural, y que no se puede nunca encontrar por medios naturales porque está en un plano totalmente distinto de lo natural– hace que históricamente la naturaleza aparezca desprovista cada vez más de toda divinidad. Y este fue un proceso lento que acaba en una naturaleza que no es más que proveedora de materia prima para nuestra supervivencia, y sin ningún valor anímico colectivo –aunque sí puede tener algún valor personal, egoico, para ti o para mi, como un paisaje que nos conmueve, que nos hace llorar, pero para la cultura no tiene más valor que ser fuente de subsistencia y de materia para fabricar cosas.

¿Cómo es posible esto? Porque ha habido un largo proceso en que la vida que estaba en ella fue extraída, fue traspasada, y lo que pasó a ser válido, valioso, fue lo sobre-natural. Por lo tanto, el monoteísmo comienza un proceso de superación de la naturaleza, pero no lo consuma plenamente. Lo consuma plenamente la industrialización y la tecnología, donde ya la naturaleza ha quedado completamente vaciada, transformada en algo que tenemos que cuidar, en parque temático, en lugar de turismo, en material para las industrias y condición para nuestra vida biológica –ya el hablar de vida biológica muestra qué muerta está anímicamente. Y ahora hay que defenderla y cuidarla, mientras antes la naturaleza era lo insondable, culturalmente estábamos a merced de la naturaleza, la naturaleza era temible, “la Gran Madre Terrible”, pero hoy es una pobre viejita que como no la cuidemos se muere, la necesitamos para vivir. Ya no es algo ante lo cual temblar y oír voces, sino que es un animalito cuya vida depende de nosotros y que la necesitamos porque vivimos de los huevos que pone. Pero nada más. Todo esto comienza con el monoteísmo. Y es cierto, las culturas politeístas al tener muchos dioses se expresaban en la diversidad de la naturaleza. El monoteísmo ya es una primera fase de abstracción, es abstraerse de lo inmediato, y empieza esta caída de lo natural como algo no-real.

Mientras más pierde significado la naturaleza más se vuelve realidad meramente material. Hoy en día cuando la gente te dice “la naturaleza”, te está diciendo, montañas, árboles, peces, etc.; pura materialidad. Ya no te hablan de la vida psicológica de la naturaleza, te hablan de la vida biológica de la naturaleza. Se ha vuelto enteramente material, justamente esto ha logrado el monoteísmo. Hoy el espíritu está en la dinámica cultural, en las conquistas del intelecto, en ese poder enorme que ahora puede hacer saltar a la naturaleza del planeta en un minuto. No es por lo tanto la naturaleza la que puede crear o destruir, salvo accidentalmente; un gran tornado nos asusta, pero es una fuerza ciega, no es un dios que habla. Hablamos de la violencia de los elementos, ya no de la expresión de una voluntad divina. La naturaleza está absolutamente cosificada.

“Lo que realmente ocurrió con el origen del monoteísmo es la (primera inmediación de una) sublación de la naturaleza en el sentido de un movimiento lógico, aún vivido dentro de la esfera de la naturaleza, que llevó de lo Particular a lo Universal: de los árboles, las montañas, los ríos (en su estatus de cadidad) a la totalidad de la naturaleza: la creación, la caída y la redención del mundo” (Wolfgang Giegerich en Respuesta a las Respuestas de Mogenson, Miller, Beebe y Pulver. 2004.) Y mundo contiene, supera, y aniquila la diversidad, la singularidad, la importancia de cada árbol único, de cada río único, etc. Todo eso guardado en un sólo universal llamado mundo. Hay un proceso de abstracción, por lo tanto.

“El politeísmo precisamente no tenía idea de anima MUNDI como tal, porque la conciencia del “mundus” requiere ya o bien el “monoteísmo”, o bien la elevación filosófica por encima del nivel de las particularidades concretas de la naturaleza.” (Ibid.) En el politeísmo ni siquiera podía haber noción de mundo porque cada cosa era un mundo en sí. La idea de un mundo unitario, que es lo que da realidad a todo lo que vive en el mundo, sólo es posible porque la consciencia ya a pasado del estadio politeísta al estadio monoteísta. Sólo una consciencia monoteísta puede hablar de anima Mundi. La idea de mundo surge como tal en occidente en la filosofía griega. Son los filósofos los que hablan del cosmos, de la totalidad de lo que es. Antes no había idea de totalidad. Cada cosa era en sí una totalidad que lo colmaba, no se formaba un concepto unitario. Los filósofos griegos evidentemente eran monoteístas, ya el politeísmo lo consideraban una cuestión del vulgo, de la gente ignorante, ellos ya no adoraban a dioses, ni siquiera a dioses personales, sino a uno abstracto.

Ya la idea de bosque como algo muy distinto de cada árbol en su singularidad es la capacidad de reunir lo particular en un concepto más amplio. En el politeísmo la cadidad de cada cosa era lo real, y por eso cada cosa estaba habitada por presencias. Pero lo que no había era una capacidad de abarcar lógicamente, -no visualmente, visualmente podían ver el bosque, pero no se entendía que el bosque tuviera una unidad lógica, sino que era una reunión de cadidades irrepetibles. El monoteísmo -o la emergencia de una consciencia por encima del nivel de lo particular- lleva a la idea de una gran unidad que es más real que los particulares. Y sólo entonces se puede hablar de un anima MUNDI, sólo entonces incluso se puede hablar de MUNDI. Todos pensamos que mundo es la cosa más evidente, pero ¿qué quieres decir por mundo? ¿Cuándo has visto el mundo? ¿Qué experiencia tienes del mundo? El mundo no es esta botella que esta aquí, no es aquella persona. ¿Dónde está el mundo? Cuando dices “el mundo de los artistas”, ¿dónde está el mundo de los artistas, cuánto mide, cuánto pesa? Múestramelo.

El mundo es un grado de abstracción tal, que permite pensar una totalidad que nunca se puede percibir: es un concepto. Vivimos a través de conceptos y ni siquiera nos damos cuenta de que son conceptos. Por lo tanto, la idea de un anima MUNDI implica un grado tal de abstracción como para llegar a pensar algo con lo que uno jamás se topa. Los insectos no tienen mundo, los gatos no tienen mundo. Incluso podríamos decir que los más antiguos de nuestros antepasados no tenían mundo, y que sólo en el momento en que surge la consciencia, surge el mundo. Si no hay consciencia no hay mundo. Pero si hay consciencia hay ruptura con la naturaleza. Por lo tanto, el mundo no está más allá de una consciencia, sino que el mundo aparece ante una consciencia que lo puede percibir porque ha llegado al concepto de mundo. Sin concepto de mundo no hay mundo. Vean como vivimos tan en la mente que no nos damos cuenta, y creemos en la realidad del cuerpo pero vemos el cuerpo sólo a través de la mente. Pero como no vemos la mente creemos que la mente no está. Sólo vemos a través de la mente, hasta tal punto que vivimos sólo en la mente, y secundariamente todo lo demás.

En este momento la consciencia está llegando a casa. Y de haber sido lo que nunca se veía y a través de lo que veía todo, ahora empieza a verse, empieza a transformarse en auto-consciencia. Es una gran conquista. El mundo del concepto no era consciente de ser mundo de conceptos. Conceptos que no eran conscientes de ser conceptos. Conceptos que pasaban por cosas por la falta de consciencia de ser conceptos. El concepto estaba en la consciencia pero no como concepto, sino como cosa. Pero cuando el concepto no sólo está en la mente, sino que hay consciencia de que es concepto y no ya cosa, entonces la consciencia empieza a darse cuenta de que es consciencia. Es consciencia de las cosas, pero no es solamente la copia de las cosas, es la consciencia de las cosas. Habla de las cosas pero la que habla de las cosas es la consciencia. Y en este momento la consciencia empieza a reconocerse a sí misma, en lugar de estar perdida en las cosas a las cuales se refiere.