Martin Heidegger: La noción de "experiencia" en la Fenomenología del Espíritu de Hegel

Comentarios [entre corchetes] de Enrique Eskenazi en el curso Hegel y la Psico-Logía de un fragmento tomado de la introducción del libro “La Fenomenología del Espíritu de Hegel” - Curso del semestre de invierno, Friburgo, 1930-31 (publicado por Alianza Editorial, 2006, trad. y notas de Manuel E. Vázquez y Klaus Wrehde, pp. 34-40) de Martin Heidegger.

Transcripción de Alejandro Bica.


[Sólo he seleccionado el momento en que Heidegger aclara la idea de “experiencia” en Hegel, ya que “La Fenomenología del Espíritu” llevaba originalmente por título “Ciencia de la experiencia de la conciencia”. La cuestión de “la experiencia de la conciencia”, en tanto que “experiencia” que hace la consciencia misma, aparte de su enorme importancia filosófica, es atingente para una psicología que justamente se haga cargo del proceso de “hacer consciencia”, y sea consciente (y consciencia) de la consciencia misma, en lugar de ocuparse de positividades tales como “hombres”, “mujeres”, “niños”, “cerebro”, etc. etc. (ocupaciones de la consciencia en la que esta se olvida completamente de sí misma y queda “absorbida” en su saber-del-objeto). El ámbito psico-lógico de la consciencia (que comienza por ser no sólo consciente-de-algo, sino a la vez consciente de que es consciencia-de) es justamente el ingreso al reino de la absoluta negatividad.]

¿Qué significa antes de todo uso terminológico filosófico la palabra “experiencias” (Erfahrung)? Es menester reflexionar sobre ello con el fin de advertir que Hegel no coloca a la palabra en ese lugar central (“Ciencia de la Experiencia de la Conciencia”) de forma arbitraria y sin fundamento.

Por ejemplo, nosotros decimos: he experimentado que ha pasado esto y aquello, que ha caído un rayo en la casa. Yo he experimentado: no sólo lo he oído decir, sino que lo he oído de alguien que lo sabe y que incluso estaba ahí o lo sabía por aquellos que estaban ahí; yo lo he oído, me he enterado. O cuando uno que fue enviado a informarse sobre algo -el estado de un enfermo-, vuelve con la noticia de que “me fue materialmente imposible experimentarlo”, eso significa: llegar a saber, averiguar cómo estaba. Experimentar significa aquí y en casos similares: enterarse, averiguar qué ocurre con algo, lo que tiene lugar y ha pasado. “Traer a la experiencia” quiere decir, de alguna manera, ir tras la cosa misma, y así examinar si se prueba la verdad de lo que se dice y se opina. “Traer a la experiencia”: comprobar la verdad de una opinión a tenor de la cosa misma. Así pues, experiencia es un conocimiento cuya verdad fue comprobada al personarse y ver por sí mismo. Tales conocimientos convierten a un hombre, cuando se deja conducir por ellos, en un hombre experimentado, y porque es tal puede ser un hombre de verdad acreditado; por ejemplo, así se habla de un médico acreditado. Alguien “tiene experiencia”, es decir, está al corriente del asunto, está a la altura del modo en que hay que “conducirse” para que en cada caso a uno le “vayan bien” los asuntos y no se “compliquen”.

En nuestro caso no se trata de mencionar todas las diferencias de significado y niveles del concepto de experiencia, clarificándolos en sus matices y sobre todo en sus conexiones. Más bien sólo tenemos que ver en qué dirección camina el uso hegeliano del término. Y digámoslo ya: camina en la dirección de los significados hasta ahora aducidos. Resumimos dichos significados en un primer grupo. Conforme a ello, experiencia alude a la mostración inmediata de una opinión y conocimiento sobre las cosas y asuntos en sentido amplio, el retorno a la intuición [01] de algo como lo que prueba la verdad. Un segundo grupo alude no sólo, ni en primer lugar, al momento del ver-por-sí-mismo, inspeccionar-por-sí-mismo (para comprobar así la verdad de una opinión y a continuación dejarse conducir por la opinión de verdad acreditada), sino que se trata del experimentar en el sentido de hacer experiencias, donde tiene que dar pruebas de su verdad la cosa experimentada misma, debe confirmarse en qué estado se encuentra y hasta qué punto aquí cuenta algo o no, o cómo encaja con otras cosas; el experimentar es aquí el someter a prueba a la cosa misma dentro del contexto al que pertenece y para el mismo, “Hacer sus experiencias -¡y tener que hacerlas!- acerca de...”, “enriquecido con experiencias”: ahí radica para nosotros siempre algo doble: por de pronto se deja traslucir un cierto desengaño o sorpresa. La cosa, el asunto, ha tomado un cariz diferente al que se esperaba. Pero, al mismo tiempo, ahí radica el aprendizaje de algo nuevo y de algo ahora más y propiamente comprobado en su verdad.

[01 Intuición no es sólo intuición mental, el ver también es tener una intuición, es contacto directo, intuición sensorial.]

Diferenciamos sucintamente los dos grupos y conceptos de “experiencia”:

1. Hacer una experiencia: mostrar y comprobar de una manera intuitiva la verdad de una opinión sobre algo en la cosa misma.

2. Hacer una experiencia: dejar que se compruebe la verdad de la cosa misma [del asunto mismo], como ella es en verdad; es decir, permitir que se confirme su verdad.

Apelando al sentido de la primera significación de la experiencia, hablamos de ciencias de la experiencia, de ciencias experimentales. Siendo esto así, el concepto de experiencia se modificará según se tome más amplia o restringidamente el concepto de intuición justificadora. Si la intuición justificadora [que da la prueba] no se limita a la intuición sensible [02] -y con ello se alude ante todo a la intuición medida por los órganos sensoriales- sino que simplemente se capta a la intuición como forma de comprobación de la verdad de una opinión en la aludida cosa misma, entonces puede desarrollarse el concepto de intuición de esencias [03]. Así por ejemplo, la determinación de la relación estructural entre sujeto y predicado en una proposición en general ni puede ser vista con los ojos, ni oída con los oídos; pero tampoco estamos en disposición de imaginar a propósito de ello lo que a voluntad se quiera, sino que de lo que se trata es de mostrar como tal, en una proposición establecida de forma viva, la relación proposicional que ahí radica, traer ante la vista desde la relación misma, hacer “evidente”, lo que ella es, su esencia ... Husserl [04] parece admitir recientemente este concepto amplio de experiencia en el uso del término ...

[02 La intuición sensible es la que usan las ciencias empíricas. La prueba tiene que ser algo que se presente ante los sentidos, si el resultado no se demuestra ante los sentidos, entonces el experimento descalifica. Eso es la física, la química, la biología, cualquier teoría se tiene que traducir en un hecho y ese hecho tiene que poder observarse en un laboratorio, si no se observa no hay prueba. A diferencia de los esotéricos, que se mandan las teorías más delirantes sin ninguna prueba, la ciencia experimental es rigurosa, todo lo que se dice tiene que estar justificado, pero justificado por la prueba que trae el dato a la vista, al tacto, etc., tiene que haber un resultado tangible.]

[03 Esto se hace en filosofía, especialmente en una corriente, contemporánea a Heidegger, posterior a Hegel, que se llamó justamente, fenomenología. Y lo que va a querer mostrar Heidegger es que la fenomenología actual no tiene nada que ver con la fenomenología de Hegel.]

[04 Husserl es el inventor de la fenomenología moderna.]

Atendiendo a estas circunstancias, el concepto hegeliano de experiencia presente en el título de su “Fenomenología” -ciencia de la experiencia de la conciencia-, en modo alguno se encamina en la dirección del hoy llamado concepto fenomenológico de experiencia. El acento no recae sobre el momento de significación de la comprobación de la verdad por la intuición. Merced a ello, al mismo tiempo se dice -algo en lo que en el fondo resulta ya superfluo reparar- que “ciencia de la experiencia” en modo alguno significa “ciencia experimental” en el sentido actual, como pueda ser el caso de la biología o de la historia. Con la expresión “ciencia de la experiencia” Hegel no quiere hacer hincapié en el hecho de que esta ciencia debería justificarse y probar su verdad en la experiencia, ya se trate de la experiencia de la intuición sensible o no sensible. Por eso es totalmente absurdo establecer a partir de aquí y sin más una conexión entre la fenomenología actual y la de Hegel, como si en el caso de Hegel se tratase, tal y como quiere Nicolai Hartmann, de un análisis de los actos de la consciencia y de la experiencia.

El concepto hegeliano de experiencia se encamina más bien en la dirección del segundo grupo de significaciones de la palabra “experiencia”: hacer una experiencia con algo -tanto en el sentido positivo, como negativo-, de manera tal que así este algo se confirme en su verdad, experimentar que ello no es como pareció en un primer momento, sino que en verdad es otra cosa [05]. Pero eso que no es, no es dejado de lado, sino que el parecer-así pertenece justamente a aquello sobre lo que se hace la experiencia y pertenece a aquello en compañía de lo cual la experiencia se hace más rica. Este modo de hacer experiencias en Hegel no se refiere, ciertamente, a cualquier suceso, cosas de uso corriente u hombres. ¿A qué se refiere, pues? Esto es justamente lo dicho en el título: ciencia de la experiencia de la consciencia. Así pues, las experiencias se harán en la conciencia, ésta es el objeto del experimentar. Sólo que por mucho que la significación vulgar del título insinúe eso [06], al tomar “experiencia de la conciencia” como genitivo objetivo [07], no por ello resulta menos digna de ser cuestionada una tal exégesis. En primer lugar, experiencia de la consciencia no significa que las experiencias sean hechas sobre y en la conciencia, sino que es la consciencia misma la que hace las experiencias [08]. Ella -la conciencia- está “comprendida en la experiencia misma”. ¿En qué hace la consciencia sus experiencias, con qué “debe” hacerlas? En ella misma, consigo misma. Así pues, ¿acaso no sería la consciencia el objeto de la experiencia, siendo de esta forma correcta la primera exégesis? De ningún modo, sino que sólo porque la consciencia es sujeto de la experiencia y esto en un sentido totalmente preciso en tanto saber absoluto, únicamente por ello es objeto de la experiencia, puede hacerse una experiencia con ella y no al contrario. En tanto la conciencia, como sujeto, hace la experiencia -comprendiendo consciencia y experiencia en su sentido hegeliano-, en modo alguno puede hacerla de otro modo que en sí misma. Si, por el contrario, se toma primeramente a la consciencia como objeto, entonces es perfectamente posible que ella pueda ser experimentada o descrita de otra manera; en ese caso se trataría de experiencias fenomenológicas en la conciencia, que nada tienen que ver con la “experiencia de la conciencia” a la que alude Hegel.

[05 Por eso decía que en el segundo significado hay un sentido de desengaño o sorpresa. He tendido la experiencia quiere decir que no era como parecía. Lo que parecía ser no era, hay un desencanto, pero a su vez hay un descubrimiento. Las dos cosas. Por lo tanto, afirmar de algo sin hacer la experiencia de algo puede ser estar engañado. La gente afirma cosas, pero no hace la experiencia de la cosa misma, y por lo tanto lo que opina es ilusorio. Al hacer la experiencia la cosa se muestra como distinta de lo que parecía y empezamos a caminar por el sendero de la verdad.]

[06 Por mucho que la significación vulgar del título insinúe experiencia de la consciencia como si fuera experiencia de la lluvia, como si fuera experiencia de los animales, donde aquello es objeto de la experiencia...]

[07 Es decir, la consciencia como lo que se experimenta.]

[08 Es la experiencia de la consciencia misma. La consciencia no como algo de lo que se habla y se opina, sino la consciencia que se experimenta y a su vez la misma consciencia hace la experiencia.]

Experiencia de la consciencia es por ello, “la experiencia que la consciencia hace sobre sí” [09]. Así pues, ¿qué experiencia debe hacer consigo? En lo que atañe a los rasgos fundamentales, ya lo hemos advertido. La consciencia es primeramente saber relativo, a tal punto que en modo alguno sabe nada de ella misma, de lo que ella es en este caso [10]. Sólo sabe de su objeto y justamente de éste en él mismo, ni siquiera del objeto como tal [como objeto] [11]; es decir, de que él, en este caso, esta frente a un saber de él [12]. Tan pronto como el saber sabe de su objeto como tal, ya sabe que el en-sí del objeto es para la conciencia: ser-para-la-conciencia, ser sabido, ese ser para... es el saber [13]. En tanto la consciencia sabe esto de sí -es decir, ella como saber de... deja de estar-frente al objeto-, el objeto pierde su carácter de en-sí, deviene algo otro, deviene para la consciencia un saber, y este saber mismo, en tanto sabido, por ello deviene otro de lo que anteriormente era cuando la consciencia simplemente estaba absorbida en este saber del objeto. Así surge otro modo del saber y lo anteriormente sabido, el en-sí del objeto, deviene otro [14]. Así se confirma en su verdad lo que ella propiamente es, o sea, lo que ya es en el saber inmediato y no ulteriormente sabido del objeto [15]. En esa confirmación de la verdad es donde pierde su primera verdad, aquello por lo que en primer lugar y al pronto se tenía a sí misma. Pero en esa confirmación de la verdad no sólo pierde algo, sino que, más aún, hace una experiencia, se enriquece con una experiencia, gana una verdad justamente sobre sí [16]. Hace surgir para ella al nuevo objeto verdadero [17] y en tanto ella -la consciencia y su saber- sólo es objeto de esta experiencia, esto significa que la consciencia se enriquece con el saber del saber, de lo que éste sería [18]. En esa experiencia, el saber cada vez da más consigo y así llega a sí mismo, a su más propia esencia [19].

[09 Por lo tanto, la consciencia es ante todo el sujeto de la experiencia. Sí, es el objeto, pero es el objeto para ella misma, no es el objeto para otra cosa. Por ejemplo cuando uno quiere reducir la consciencia a fenómenos cerebrales, la consciencia aquí es algo que se estudia, pero el que estudia no hace la experiencia en su consciencia de lo que está estudiando.]

[10 La consciencia siempre es en primer punto consciencia de algo -consciencia del cuarto, consciencia de que llueve, consciencia de los números, consciencia del cerebro- y está absolutamente olvidada, perdida en el tema y no sabe nada de ella misma. Y nunca existe la consciencia vacía, siempre es consciencia de, -aparentemente consciencia de otra cosa- y cuando es consciente de la otra cosa es totalmente inconsciente de sí misma -está pero no ve que está. Esto ocurre en la vida cotidiana, la consciencia está tan atendiendo lo otro de ella que se olvida que en todo lo que capta está ella misma y se pierde a sí misma en el objeto. Por supuesto que está pero no sabe que está. Esta consciencia todavía no es autoconsciencia, sólo es consciencia de otro. Miren si Hegel no había ya criticado a todo el positivismo, que es pretender captar el mundo como es sin darse cuenta de que es como es porque está siendo captado, y este ser captado determina lo que aparece.]

[11 Una cosa es una cosa, otra cosa es que sea un objeto. Es un objeto cuando se refiere a un sujeto que está experimentando u observando, pero la consciencia ingenua se pierde tan en la cosa, que cree estar directamente en el ente mismo sin darse cuenta que está no con el ente, sino con un objeto, lo cual presupone que si hay un objeto hay un sujeto. Por eso está olvidada, cree que ve las cosas mismas, pero un objeto siempre está en relación con el sujeto.]

[12 Y aunque sea un saber tan vago como el saber sensorial.]

[13 Tan pronto como el saber sabe de su objeto como tal, y no como ente, se da cuenta de que lo que tiene al frente es un objeto, no un ente, un objeto ante un sujeto, y que lo que tiene aparece en la relación con el sujeto. Sujeto-objeto es una relación, como derecha-izquierda, no hay derecha sin izquierda, no hay izquierda sin derecha, no hay objeto sino para un sujeto, no hay sujeto sino ante un objeto. La diferencia entre objeto y ente es esencial, el ente es la cosa que está ahí, pero en cuanto es atendida, a lo que se atiende no es al ente, es al objeto de la atención, y es objeto por lo tanto porque hay un sujeto para el cual aparece. Las referencias espaciales derecha-izquierda son siempre referencias que en sí no existen, en sí no existe la dirección derecha-izquierda, son por ejemplo, referentes a un sujeto que camina y dice “a mi derecha y a mi izquierda”. Pero en sí, en las cosas no hay ni derecha ni izquierda. Por eso las cosas no son objetos, sino en la medida en que están siendo consideradas para una consciencia, para un saber, un saber de cualquier tipo, aunque sea un saber falso, impreciso. Por lo tanto, cuando se las atiende, ya no son las cosas mismas, son lo que aparece para una consciencia, son el aparecer. A la pregunta ¿como son las cosas cuando no aparecen para nadie?, eso sería una pregunta metafísica, imposible de saber.]

[14 Primero creía que veía las cosas como son porque no se daba cuenta de que las cosas le aparecían así, pero en cuanto sabe que lo que ve no son las cosas en sí, sino las cosas para el sujeto, el primer saber ha desaparecido, y la certeza que se tenía ha sido desmontada, y estamos teniendo la experiencia en la consciencia de un desencanto. Yo creía que captaba lo que las cosas son en sí y ahora me doy cuenta de que lo que capto es en la relación con migo, capto un objeto de conocimiento, estoy metido en un proceso en el que estoy como sujeto implicado, y ya no se lo que las cosas sean en sí -porque todo saber es relativo al sujeto. Desapareció la ingenuidad, se desmontó, se decepcionó de esta cosa tan inmediata, pero a su vez se transformó. Y esto no lo dicta nadie de arriba, es la experiencia misma que está haciendo la consciencia de su relación con las cosas.]

[15 En la primera aproximación estaba esto pero uno no se daba cuenta, y al darse cuenta desaparece esa ingenuidad y aparece confirmado en su verdad lo que es esta relación.]

[16 Y hay una nueva verdad que necesitó de la anterior y del desencanto para nacer. No es que la anterior la tiramos por la borda, no, fue el primer paso sin el cual no habría habido el desencanto que es la apertura a una nueva consciencia. Y ahora la consciencia sabe que no ve las cosas como cosas en sí, sino que las ve para la consciencia, que ella está ahí viendo las cosas, y que lo que ve no son las cosas, son los objetos de su atención que la presuponen. De repente ve que ella está en la relación con las cosas, que no son las cosas en si. En cierto sentido se desmonta la ingenuidad de las cosas son cosas tal como me aparecen, pero en cambio comienza a brotar la primera chispa de una consciencia que empieza a saber que ella está ahí. La otra ni sabía de sí misma porque creía que era la cosa misma. Por lo tanto se pasa a una nueva verdad en que la consciencia empieza lentamente de ser consciente de cualquier cosa, y también a ser autoconsciente.]

[17 Al nuevo objeto verdadero, porque ya no es lo que creía antes, y aparece como objeto de conocimiento, objeto para un conocedor, no la cosa en sí. La cosa en sí es un vago misterio, pero en cambio aparece la cosa en tanto está siendo conocida. Son el opinar común, el afirmar común, los que están llenos de prejuicios y presupuestos equívocos que nunca se ponen en juego, atrapados en las identificaciones con todo exterior, absolutamente olvidados de la presencia de la consciencia. ¿Y cómo se puede hacer psicología si hay un olvido total de la consciencia, que cree que está captando las cosas y no se capta a sí misma, y no ve que en esa captación es captación de ella de las cosas? Por lo tanto, cuando se habla de que los hombres son así y las mujeres son asá, son así y son asá para una consciencia que percibe así, y que todavía no es consciente de ser consciencia. Porque si fuera al extremo diría: yo que capto que los hombres son así y las mujeres son asá, ¿qué soy yo? ¿soy hombre o soy mujer en mi captar? Por lo tanto mi captar no tiene validez si es captar de hombre. Mi captar no tiene validez si es captar de una mujer. ¿O el captar es independiente de un captar masculino o femenino? Pero si es independiente, lo que estoy captando por lo tanto, es ilusorio, porque estoy teniendo la experiencia de la independencia de la consciencia de toda dualidad masculino-femenino. Aquí no hace falta luchar por una bandera, simplemente es que la consciencia se de cuanta de sí misma. La consciencia no tiene sexualidad. Por lo tanto, cuando capta tanto las diferencias, es porque aún no se ha captado a si misma en las diferencias, capta la diferencia pero no experimenta en si misma una total indiferencia a esa clasificación.]

[18 No saber en el sentido más elevado del término. Al ver ya estoy sabiendo algo, por ejemplo, de que hay una mesa, pero no estoy sabiendo de este saber de que hay una mesa. El saber tiene grados. Desde el saber más inmediato, que en el fondo no es realmente saber, pero es el primer grado del saber, hasta el saber absoluto, que llegará cuando la consciencia halla hecho sobre sus experiencias aún más experiencias. Así que la autoconsciencia es saber del saber. Si los científicos, sobre todo los cientificistas, supieran que lo que toman por realidad sólo es producto de un saber de la realidad, podrían darse cuanta de que hay otros saberes de la realidad y que no están hablando de lo que las cosas son, sin de un modo de conocer las cosas. Pero no se dan cuenta. Y creen que tienen la verdad de las cosas y que todos los demás están equivocados. Y sólo tienen lo que se les presenta a un modo de saber en dónde se han olvidado de que están sabiendo. Tienen un saber que no sabe de su saber. En este sentido, es tan ingenuo como la persona que dice que el mundo es como yo lo veo. Cree que en lo que le aparece ahí, sin darse cuenta de que le aparece porque él está ahí percibiendo desde donde está. Se da cuenta de lo que le aparece pero no de sí, no sabe de su saber. Y no la persona, sino la consciencia en la persona. Las personas no cuentan, lo que cuenta es la consciencia en la persona. La persona más buena puede tener una consciencia absolutamente torpe, cuidado, no estamos hablando de las personas. estamos hablando de la verdad de las cosas. Las personas pueden, y de hecho viven, perfectamente en el absoluto engaño, en la absoluta carencia de verdad, y no pasa nada.]

[19 Que estaba ahí desde el primer momento pero había una total inconsciencia de que estaba ahí. Era un saber que no sabía de si mismo. Sabía “solo” del objeto. Pero cuando empieza a saber no sólo del objeto, sino de que es saber de, empieza a acercarse a sí mismo, empieza a volver a casa, a dónde siempre estuvo pero no sabía que estaba.]

De esta forma, en correspondencia con el concepto de experiencia distinguido precedentemente en segundo lugar, en la experiencia que la consciencia hace consigo ella se hace otra [20]; pero al pronto, ese devenir-se-otro es un llegar-a-sí-mismo [21]. “Y se llama experiencia justamente a ese movimiento en el que lo inmediato, lo inexperimentado, es decir lo abstracto (lo relativo), ya se trate del ser sensible o de lo simple sólo pensado [sin penetración], se extraña [se aliena] para luego retornar a sí desde ese extrañamiento y así es expuesto de repente en su realidad efectiva y verdad como perteneciente en propiedad a la conciencia”. La experiencia es denominada un “movimiento” y en la Introducción Hegel dice expresamente que la consciencia hace esa experiencia, “ejerce... ese movimiento... en ella misma” [22]. La experiencia es experiencia de la conciencia, y sólo es posible si la consciencia es sujeto de la experiencia.

[20 Y al principio era consciencia ingenua y ahora es consciencia de la relación entre la consciencia y el objeto. Se ha vuelto otra consciencia por lo tanto, ha madurado, -el niño se ha hecho adolescente, ya no puede ser el niño que era- se ha transformado, y no es que haya buscado transformarse, le ha pasado sin esperarlo.]

[21 Aquí está otra de las claves de Hegel, no puede algo volver a casa si antes no se percibe como otro. Por lo tanto, el paso por la alteridad, por la alienación, por el haberse identificado con lo que no es la consciencia, es lo que permite que vuelva a sí. Esto está hablando de la necesidad de lo que normalmente se llama error. No hay verdad sino la que pasa por el error, y no tira al error sino que lo reconoce como un momento de su regreso a la verdad misma. La verdad que no se ha perdido no es verdad, es simplemente inconsciencia. Lo que es pero no se reconoce está dormido, para reconocerse tiene que enfrentarse a sí misma, hacerse otro. Claro que uno no sabe que se ha hecho otro, cree que el otro es otro, pero luego cuando en el otro reconoce que en ese otro estaba uno, empieza a volver a casa. Si no salió de casa está absolutamente dormida. Por lo tanto, si está solamente en casa porque no salió, ni en casa está, no está en ninguna parte, está sin estar. El retorno implica por lo tanto el inadvertidamente haberse alejado mucho. El haberse alejado máximo de la consciencia en sí mismo está en la intuición sensible, que dice “es esto, y ahí no veo que estoy yo”, “esto es la máxima realidad”. Esa es la mínima realidad porque hay el cero de consciencia. Es el máximo exilio de la consciencia, pero es el punto de partida de su retorno.]

[22 La experiencia que la consciencia hace no es algo quieto, es algo que va y viene. Primero ve la cosa, pero luego reconoce en la cosa que es objeto y por lo tanto vuelve al sujeto, pero el sujeto cuando se mira siempre se refiere a otro, y está viniendo y está redescubriendo nuevos objetos, y redescubriéndose a sí misma, y pasando a través de crisis o desencantos, de la ingenuidad y el olvido de si misma hasta -y voy a adelantar- hacerse entendimiento, más tarde razón, y finalmente espíritu. Por lo tanto, en el torpor de “las cosas son así” ya está el espíritu, pero absolutamente alienado y totalmente identificado con el objeto. Pero está. Está no sabiendo que está y no sabiendo que hay espíritu, sólo cree que hay cosas. Es la consciencia más alienada de sí misma, pero es consciencia todavía, consciencia en el puro exilio. Y las transformaciones de la consciencia en el experimentarse y descubrir el mundo, es el retorno que pasa por que la consciencia se vuelve autoconsciencia -que no es definitivo-, la autoconsciencia se vuelve entendimiento, el entendimiento se vuelve razón, y la razón se revela finalmente como espíritu, espíritu del mundo, espíritu presente en todas partes, no yo.]

En la experiencia que la consciencia hace consigo, ésta debe hacer su experiencia consigo; se experimenta como aquello que debe hacer consigo tal experiencia; es decir, experimenta la necesidad de su propia esencia -porque ella misma, como saber, en esencia no es relativa sino absoluta-: que el saber relativo sólo es porque es absoluto. El saber absoluto que se sabe a sí mismo en puridad como saber y se sabe en esta ipseidad [mismidad] como el verdadero saber, este saber absoluto, es el espíritu. Así pues, el espíritu es ese ser-sí-mismo-en-sí-y-consigo que viene a sí mismo en el devenir-se-otro [23]. El espíritu es esa absoluta inquietud, pero la inquietud absoluta rectamente entendida a la que en el fondo nada más puede “pasar”. Más tarde se la llama “negatividad absoluta”, “afirmación infinita” [24].

[23 El espíritu es todo el proceso. No es simplemente saber de sí, es haberse reconocido como otro y retornado, y por lo tanto es movimiento, no una cosa estática. No es un resultado independiente del proceso. Es el proceso mismo. Es movimiento. No es una cosa, es ese movimiento de pérdida y retorno que hace que sea consciencia del mundo entero y consciencia de sí, y que no se detiene nunca evidentemente, porque no es más que ese movimiento.]

[24 Ni esto ni aquello, ni tal o cual, independiente de todo esto, “absoluta negatividad”.]

Lo que así sale a relucir en la experiencia de la consciencia sobre sí misma lo que sale a la luz, aparece, es el espíritu. En la experiencia en tanto movimiento, en la forma ya caracterizada, de la consciencia (el devenir-se-otro como llegar-a-sí-mismo) acontece el llegar-a-la-aparición del espíritu, la Fenomenología del Espíritu.