Inmediatez y mediación

Por Enrique Eskenazi.

Transcripción hecha por Alejandro Bica de un fragmento del curso Hegel y la Psico-Logía.

La misma consciencia empieza siendo ingenua, empieza pegoteada a lo sensorial, sólo ve “ésto” (y “ésto” es una intuición sensible, un dato sin ninguna mediación, algo que está dado no se sabe bien como, pero que está ahí). Cuando digo “ésto”, “ésto” no es más que lo que me da la intuición sensorial, pero qué sea “ésto”, para eso hay que ir más allá de la intuición sensorial y empezar a pensar.

Empezar a pensar es empezar a darme cuenta que al decir “ésto” no he dicho nada y al querer decir lo que digo entra todo el movimiento del pensamiento, entran cualidades, entra un color, un tamaño, un peso, me tengo que preguntar qué es el color, qué es el tamaño, me tengo que preguntar si es la cosa misma el color, si es una cualidad, si no lo es, entonces me tengo que preguntar qué es la cosa misma, etc., etc.

Y ese movimiento ya no es intuición, es proceso, mediación, negación de lo que parecía ser. Y en esa negación empieza el movimiento mismo de la realidad, que es lo que Hegel llama el espíritu: el mercurio atrapado en la materia de los alquimistas.

En el “ésto” no se ve nada. La gente que dice “ésto” y cree que dice mucho no dice absolutamente nada. Las supuestas verdades del corazón son la cosa más vacía que hay. ¿Por qué no elevas a la luz y haces compartible eso que está en el corazón? Esa es la labor del concepto. Pero cuando está aprisionado en el alquitrán y en la materia negra de una pura emoción sentida todavía no es nada. Por eso a la gente les encantan las verdades del corazón, porque no hay que pensar nada, cada uno confirma lo que ya siente y se va contento a casa con una charla que ha sido muy edificante. Pero la única manera de seguir al espíritu es la labor, el esfuerzo, el parto, el sacar de dentro con dolor y con esfuerzo la vida que estaba oculta y llevarla a lo manifiesto. Ésto es lo que la razón hace: pare el concepto.

Esto es lo que hace la realidad, pare continuamente la idea que la sustenta. Esto un contemplativo, una mente perezosa que lo que quiere es meter cosas en cajitas para rápidamente desentenderse no está por la labor. La mayoría no está para la labor del concepto, están para informaciones rápidas de usar y tirar. ¿Qué parir hay ahí? Entre tanto el mundo va como va y nadie entiende como va porque esto implicaría entrar en el proceso. Es más fácil leer el periódico, repetir opiniones, defender ideologías o fundamentalismos de todo tipo. Llevamos 2000 años haciendo. ¿En vez de hacer no habrá que comprender?

Si le hacemos caso a Hegel la historia tiene su propio motor que usa a los intereses personales, pero que no viene de los intereses personales, utiliza todo, te utiliza y te tira como una cáscara a ti también porque tiene su propio telos, y el telos de la historia no es un telos personal. Por eso las personas no pueden comprender la historia si no se elevan al universal. Pero elevarse al universal es lo mismo que parir el concepto, mirando la tele no se puede, leyendo noticias tampoco, tomando un café y charlando con Pepito tampoco, entrando en trance mucho menos, yendo al monasterio budista muchísimo menos.

La mente perezosa no está para la labor del concepto. (De ahí aquel artículo de Giegerich “¿Esfuerzo? ¡Sí, esfuerzo!”.) Pero es un esfuerzo que es amor. La mente perezosa no es que sea vaga, es que no ama nada, nada le importa, dice que sí pero nada le interesa, le resbalan todas las cosas. Por lo tanto esfuerzo sí, pero esfuerzo que es amor. No es el esfuerzo opuesto a la pereza, es un esfuerzo que no tiene pereza al lado, es un esfuerzo que sólo es la expresión del amor, del amor al saber.