Verdad privada y verdad pública

Fragmento del curso Nietzsche: psicología & nihilismo, dado por Enrique Eskenazi. Transcripción de Alejandro Bica.


Esto de la "verdad privada", al igual que el "tiempo libre" es un invento muy reciente. ¿Ustedes creen que el hombre de la Edad Media vivía con tiempo de trabajo y tiempo libre? ¿Ustedes creen que en la revolución francesa la gente tenía tiempo de ocio y tiempo de negocio? Esto es típico de una sociedad industrial desarrollada. Antes no se vivía con esta categoría. Había una sola verdad y la verdad era lo que se podía compartir públicamente. La verdad no era "mi verdad" y "tu verdad", una verdad que es privada para el resto de la semana vivir en un mundo que aunque no lo elijamos sabemos que está ahí. Esto tiene una historia. Es la historia de dos cosas opuestas que se tratan de sustentar no se sabe como: una verdad pública y una verdad privada, una vida supuestamente "adentro" y una vida supuestamente "afuera" y con una total desvalorización del "afuera", desvalorización para hacer primar el "adentro". Y esto también es platonismo: el afuera parece real pero es apariencia... pero lo verdadero es el adentro mío... Pero no siempre fue así.

Este invento de una verdad privada que no puede sustentarse ante ninguna discusión, que no puede vincular a nadie más, es un total desinterés y desprecio por la realidad compartida. Esto muestra una ebriedad de individualismo atónito. El individuo se cree un mundo en sí mismo, separado (abstractamente, porque nunca ocurre en la verdad) de toda la red de interconexiones sociales, familiares, etc., en la que está metido y sin la cual no sería, pero se crea la ilusión de que ese es un individuo atómico que tiene realidad más allá de toda relación, y se cree que se tiene en su interior (un supuesto "interior") un verdadero mundo. Esto es un invento. No existe ese individuo atómico.

El lenguaje es lo más comunitario que existe. Hablar un lenguaje ya es estar compartiendo, aunque no haya nadie afuera. El lenguaje no tiene un yo privado. El lenguaje surge ya como comun-icación, como lo común, y lo verdadero es común, compartible por esencia. Lo privado es lo no verdadero.

Esto ya lo veía Heráclito: los dormidos viven en un mundo propio, pero el despierto vive en el mundo del logos, que es el mundo de todos. Ya apuntaba a lo que luego iba a predominar: el invento de un mundo propio, con verdades propias, en un absoluto aislamiento mental (que nunca existe realmente).

Esto también lo vio Heidegger cuando decía que existir ya es la puesta de una persona y de un mundo que entran en relación; ser un ser humano es ser un ser en cuya esencia está incorporado el mundo, no es que haya un mundo y luego un hombre, y luego el hombre entra en relación. No. Ser hombre es ya estar abierto a lo que hay fuera. El fuera está incluido en la apertura del hombre, no hay un fuera afuera. Ortega de otra manera decía, yo soy yo y mi circunstancia; no es que hay un yo y luego una circunstancia, y que luego se ponen de acuerdo, sino que en la definición de "yo" ya está la circunstancia. No hay yo sin circunstancia. Por lo tanto, decir "yo", aunque uno no lo sepa ya es aludir a toda la circunstancia que hace posible el yo. No hay un yo separado de cualquier circunstancia. Sin embargo ese yo privado de los domingos se cree real, separado, autosuficiente y evidentemente es débil, vulnerable, permeable, etc., etc.: es irreal.

Esa verdad privada es una manera de esquivar el tema. Una persona puede decir que "no hay verdad y que cada cual tiene la suya" si eso lo puede sustentar, y si lo puede sustentar con su conducta y con argumentos que se puedan compartir. Lo que se dice no tiene valor sino en el contexto en el cual se lo dice. Una frase también es la frase y toda su circunstancia. No es la frase sola: es la frase, quién lo dice, desde donde lo dice y en qué contexto esa frase está dicha, y ahí se revela la verdad.