La obsolescencia del individuo

Por Wolfgang Giegerich

Respuesta de W. Giegerich a la crítica que Greg Mogenson hizo del artículo "El error básico de la psicología de la oposición entre "individual" y "colectivo": reflexiones sobre el Magnum Opus del Alma hoy". Artículo publicado en Harvest: Journal for Jungian Studies, 1996. V. 42 nº 2, pp. 7-27)

Tanto la objeción de Mogenson como la respuesta de Giegerich pueden leerse (en inglés) picando en el siguiente enlace.

Traducción de Enrique Eskenazi


En una nota personal Mogenson se preguntaba si su crítica podría haberse debido a "resistencias". No lo creo. Dadas las dos presuposiciones de las que parte, su crítica es válida, interesante y sólida. Yo diría que una presuposición tiene el carácter de un malentendido de mi posición, la otra es una cierta diferencia en la concepción básica de la psicología entre él y yo, una diferencia de acento.

(1) Es un malentendido que yo conciba al individuo como irrelevante. No es necesario decir que el individuo es indispensable y que "poner nuestro grano infinitesimal en la balanza del alma de la humanidad" es crucial. La humanidad existe en la forma de individuos. Sin ellos no habría pensamiento, ni arte, ni vida social, ni sueños. Así como el nacimiento y la muerte, comer y dormir, trabajar y hacer el amor son constantes, así es constante la importancia del individuo. No estoy alegando en pro del trabajo en equipo, ni por una actitud de laissez-faire. No intento acabar con la responsabilidad individual y apoyar así "la banalidad del mal". Mi tesis de la obsolescencia del individuo está en un nivel diferente, lo que puede verse cuando en el último pasaje de mi artículo añado el comentario entre paréntesis "(aun cuando [la vida de la psique] vive mediante nosotros y nos necesita para darle expresión)". Los paréntesis son para indicar que aquí, con este comentario, he abandonado el nivel en otros casos psicológico de mi discurso y he cambiado a otro discurso, el extra psicológico del sentido común o de la consciencia diaria.

Vistos desde fuera, desde la perspectiva de la realidad externa o del sentido común, el chamán, el jefe, el faraón, el gran artista, el alquimista eran, por supuesto, individuos. Pero psicológicamente realizaron su soñar, su pensar y su crear no en tanto individuos singulares, sino en tanto que alma de la tribu, como "el todo", como "universal". Solo eso hace del sueño un "gran" sueño, del opus un magnum opus, de una pintura una obra de arte. Los alquimistas no trabajaban en su autodesarrollo, sino que buscaban la Piedra en cuanto tal, la Piedra de todos, la Piedra para la humanidad, y la pretensión de Jung de que lo que movía a los alquimistas era un interés inconsciente por su propio Self (sólo proyectado exteriormente en la materia) es un psicologismo imperdonable, y una interpretación inadecuada de la alquimia.

Mi tesis es que el individuo está lógicamente, psicológicamente obsoleto. La tesis no es que esté obsoleto como hecho positivo. La diferencia entre el sentido psicológico de "individuo" opuesto al de la consciencia común es esencial. Todo mi argumento es psicológico. No hablo desde el punto de vista de la realidad común. Es decir, ataco la idea psicológica del individuo como foco y propósito, no la realidad positiva llamada individuo. En cierto modo trato de regresar a (o proponer) la verdad de la alquimia: lo que cuenta es la transformación de la materia prima, no la mía propia; y sólo hasta el punto que me dedique a la individuación o proceso de transformación de la materia prima y no el mío, puedo también experimentar mi "redención", donde "mi" se refiere a la noción extra psicológica de mí como ser humano individual, y no a la noción psicológica de la ego-personalidad.

(2) Ahora llego a lo que considero el acento diferente en el planteo de psicología entre Mogenson y yo. Si entiendo correctamente a Mogenson, opera básicamente dentro de la relación sujeto-objeto. Para él lo Real está en un lado, y la psique es predominantemente la psique humana que responde a "los traumas de lo Real". La "psique objetiva también se manifiesta en la capacidad del individuo de imaginar la realidad", dice. Esta frase sólo tiene una oportunidad de ser verdadera, sólo si es entendida de manera positivista y no psicológicamente, es decir: si "individuo" se refiere al ser humano empírico o factual, a la gente, porque una persona empírica podría ser un chamán o un verdadero artista, etc. Sin embargo, la capacidad del individuo (en un sentido psicológico) de formar fantasías es una manifestación de la psique subjetiva. La respuesta del individuo es el equivalente al trabajo de los grafiteros que no quieren ver la realidad de una pared de cemento gris vacía y por lo tanto pintan sus propios dibujos coloridos sobre ella. Hablando psicológicamente, la psique objetiva sólo se manifiesta en nuestra capacidad de imaginar la realidad bajo la condición de que imaginemos no en tanto individuos, sino como el "Universal" lógico, hablando mitológicamente como el alma, el no-ego. Esta distinción crucial es algo que echo de menos en el texto de Mogenson. Por supuesto, nuestros jóvenes pueden continuar soñando sueños. Pero si sus sueños son sus sueños individuales, tienen el mismo estatus que las visiones inducidas por drogas de la generación hippie que más tarde se transformó en yupi. ¿Por qué hoy hay un problema de drogas como nunca antes? Porque la gente quiere soñar sus propios sueños, separados del opus magnum del alma. Sólo si el sueño de un joven no es su sueño individual, sino que sueña el sueño mercurial oculto en la materia prima de hoy, en lo que realmente acaece en nuestro tiempo, es entonces un sueño de la psique objetiva. Sí, nosotros debemos "luchar para diferenciar y redimir" el "lado oscuro del Self", nosotros que, hablando exteriormente, sólo existimos como individuos. Pero hablando psicológicamente no debemos hacer esto en tanto que individuos, como insiste Mogenson, puesto que como individuos en el sentido estricto ni siquiera nos acercamos al Self. Le pasamos de largo.

Tengo mucho de alquimista para apreciar la cita que hace Mogenson de Jung, CW 8 §§ 331ss., la cual encuentro reduccionista, incluso nihilista. Jung parte de la abstracción ficticia de "el elemento puramente físico" (como si hubiera tal cosa), que a través de una actividad secundaria de fantasía pretendidamente se transforma en un dios. Si fuera así, tal dios no tendría verdad en sí y por tanto no sería realmente un dios. No sería una epifanía, sino una proyección subjetiva, una pegatina encolada en lo Real. Visto desde una perspectiva mitológica o alquímica, el dios o el Mercurius no proviene de una respuesta secundaria "autocrática" (!) a lo Real, sino que para empezar es lo que está contenido o aprisionado en lo Real mismo. La respuesta "autocrática" a lo Real es sólo proyección de anima, sólo Maya. De igual manera, el esfuerzo por re-animar el mundo con anima mundo es, a mis ojos, un esfuerzo del ego típicamente moderno. Si se parte de la idea de la psique objetiva, no se tiene que trabajar en re-animar nada, porque el alma ya está ahí desde el comienzo, y usualmente está donde menos se la espera y donde menos se desea. Es por ello que quiero minar los fenómenos objetivos (por ejemplo el fenómeno de la Globalización, del Máximo Beneficio, etc.) para el alma, en lugar de "formar fantasías" acerca de ellos. En lugar de responder en el sentido de una relación compensatoria entre la psique y los traumas de lo Real, quiero escuchar lo que el proceso real me está diciendo; quiero que lo Real me enseñe cómo tengo que pensar, quiero ser puesto en mi sitio, acaso incluso "bautizado" por ello. Así es como yo intento poner mi "grano infinitesimal en la balanza del alma de la humanidad".

Encuentro que la idea de compensación en este contexto es menos que valiosa. En nuestro caso significaría: primero desarrollamos una economía basada en la Globalización y el Máximo Beneficio y luego, en lugar de asumir (psicológicamente) las consecuencias, queremos encubrirla con hermosas fantasías. ¿No sería esto un engaño? "Por sus frutos les conoceréis". En los frutos yace nuestra verdad. Sí, bebamos la copa de las acciones de nuestro inconsciente colectivo hasta sus propias heces. Porque en esas heces y no en otro sitio yace nuestra alma. Pero al decir esto no estoy sugiriendo, como los gnósticos, que debiéramos cometer cualquier "pecado" a fin de poder ser redimidos a partir de ellos. El "pecado" (si es un pecado) ya ha sido cometido. "Beber las heces" tal como lo uso no es un llamado a la conducta literal de cometer ningún hecho. Significa dejarse alcanzar por el núcleo de los hechos que ya han sido hechos y de lo que está acaeciendo, tanto para comprehender como para ser comprehendido por ello.

Sin duda Mogenson puede respaldar su visión con ideas de Jung. Pero yo querría acentuar otro Jung distinto del suyo, ese Jung que por ejemplo dijo sobre la neurosis que debiéramos tratar de "experimentar qué significa, qué tiene que enseñar, cuál es su propósito… No la curamos—ella nos cura" (CW 10 § 361). Como todos los síntomas, la Globalización y el Máximo Beneficio no es lo que necesita la "respuesta autocrática" de la psique, sino que es la "respuesta autocrática" de la psique. Depende de nosotros captar su mensaje psicológico, comprenderlas y, mediante nuestra comprensión, ser transformados por ello.

La oposición de "traumas de lo Real" y las "respuestas autocráticas a" ellos parece crear una escisión. Lo psicológico se ubica sólo en un lado, mientras que lo Real mismo, en el otro lado, se construye como totalmente inanimado (1) (lo cual en primer lugar es responsable del deseo de re-animar el mundo con anima mundo; si lo Real no fuera construido como carente de ánima y necesitado de nuestra simbolización individual, no se sentiría ninguna necesidad de re-animarlo). Tal concepción de lo Real podría ser aceptable en el caso de tornados y terremotos. ¿Pero en el caso de la Globalización? Esta última es un desarrollo dentro de nuestras actividades humanas económicas y como tal no es un "trauma de lo Real" en el sentido en que lo son las catástrofes naturales. En tanto que hecha-por-el-hombre, la Globalización es en sí misma un producto de la actividad simbolizadora del alma. No necesita otra simbolización. Necesita nuestra comprensión intelectual y sentimental y esa respuesta a ella que consiste en dejar que nos penetre y nos transforme o, como Jung lo dijo, nos cure.

Wolfgang Giegerich


Notas

(1) El ejemplo primario de acontecimiento traumático es la tortura, el infligir dolor absolutamente desprovisto de cualquier significado de alma o espíritu. Ni siquiera hay un "Mercurius" aprisionado en ello que pudiera posiblemente redimirse. Lo "traumático" es un extremo, el extremo opuesto sería lo "epifánico", con la massa confusa alquímica a medio camino entre ellos.