Terrorismo islámico

Por Wolfgang Giegerich, 2002.

Artículo publicado en Soul-Violence, Collected English Papers, Vol. III, págs. 417-435 (Spring Journal Books, 2008).

Traducción de Luis R. Álvarez y Alejandro Bica.
Con enorme gratitud al autor por permitir la publicación del artículo en este blog. 


Como prefacio a las siguientes observaciones quiero dar dos citas. La primera es de Goethe y tenía como intención advertir en contra del emocionalismo/irracionalismo inflado de los románticos. Dice así: "Los alemanes no deberían usar la palabra Gemüt [alma, corazón, el lugar de las emociones calurosas, a gran escala, el mundo interior en su totalidad] durante un período de treinta años; entonces, después de un tiempo Gemüt se restauraría nuevamente". Aplicado a nuestra situación esta afirmación se podría leer como, "Los junguianos harían bien en no usar las palabras 'lo numinoso' y 'lo sagrado' durante un período de tiempo de treinta años". (1) La segunda cita es de Aristóteles, y dice así: "[E]s un signo de apaideusía [falta de refinamiento cultural] no saber para qué tiene que ser requerida una prueba y para qué no" (Met. 1006 a 6). Ajustando esta idea a nuestro contexto, podríamos decir, "Es un signo de apaideusía no saber para qué fenómenos es adecuada la perspectiva arquetipal y para cuales no". La psicología tiene que resistir la tentación de inflar con significancia mítica o arquetipal eventos, imágenes de sueños y reacciones emocionales, derivadas de nuestros complejos personales o colectivos o de condiciones meramente sociales o políticas. Tiene que aprender a discriminar; lo que empíricamente es espectacular, enorme, sensacional, puede aún así ser psicológicamente común o incluso banal, y lo que, por contraste, es psicológicamente de la más profunda significancia bien puede pasar empíricamente desapercibido. También podríamos decir que por un lado la psicología tiene que aprender a discriminar entre lo que pertenece auténticamente a la esfera de la realidad práctica y a la "psicología del ego", y por el otro lado, lo que es expresivo de un movimiento en la "tierra recóndita del alma".

Esta es la razón por la cual en éstas reflexiones voy a ignorar los dramáticos sucesos del 11 de septiembre de 2001. No necesitan una atención psicológica especial. Han habido otros desastres con más personas muertas en la historia reciente (Ruanda, Kosovo, etc.); los actos de terrorismo han estado con nosotros desde hace décadas; no ha sido ninguna sorpresa que Estados Unidos haya sido el objetivo de ataques terroristas; el hecho de que no haya ninguna garantía de seguridad es una idea familiar. Más que focalizar en un sólo evento particular, intentaré pensar acerca del fenómeno del terrorismo islámico a gran escala con la pregunta especial en mente de cómo deberíamos valorarlo.

Islam "verdadero" versus islam real

Han habido y aún hay grupos terroristas en muchos lugares. En su mayor parte son pequeños y necesitan ser entendidos en términos de una situación local. Pero el terrorismo islámico sobresale—no sólo por su foco lleno de odio en contra de los Estados Unidos de America o su red casi global y su sofisticación técnica, sino también por el enorme apoyo moral que tiene en amplios sectores de la población en los países islámicos (incluyendo gran parte de la intelectualidad). La designación "islámico" parece ser apropiada. Este terrorismo es un fenómeno peculiarmente islámico. Un odio tan apasionado dirigido en contra de los Estados Unidos está en su mayor parte ausente en el África negra o en el Asia no-islámica, o incluso en Vietnam, donde el odio en contra de los Estados Unidos podría ser considerado como mucho más lógico por razones históricas. No podemos meramente cargarlo todo en un grupo pequeño de gente equivocada interpretando su terrorismo como una yihad islámica en contra de los infieles. La conexión con el islam es, al menos hasta cierto punto, intrínseca.

Muchos estudiosos del islam y mucha gente bien intencionada en Occidente advierten en contra de confundir los actos y la ideología de los terroristas islámicos con el islam como tal. El verdadero islam, proclaman, es una religión pacífica, y la "yihad", apuntan, tiene realmente un significado estrictamente religioso muy diferente del que encontramos en el uso que hacen los terroristas de este término. Por justificada que sea esta precaución académicamente, también es irrelevante, incluso desorientadora, en la situación concreta en la que estamos y con vistas a intentar comprender lo que está sucediendo. No tiene sentido emplear el truco de una separación radical de diferentes aspectos, atribuyendo todo lo bueno y pío a un así llamado "verdadero islam" y todo lo malo a un "islam inauténtico (o malinterpretado)" y cambiar de uno al otro según convenga. Esto meramente oscurece el tema y legitima el uso equívoco de la palabra "islam" por parte de los dos grupos. Tres hechos se tienen que tener en cuenta: 1) Aquellos terroristas se proclaman a sí mismos como musulmanes; hablan y actúan en el nombre del islam y para su más alta gloria; 2) el público general en el mundo islámico no se disocia inequívoca y categóricamente de los terroristas y de su proclama de actuar en nombre del islam; 3) incluso hay suficientes predicadores en las mezquitas, suficientes líderes religiosos islámicos que abiertamente apelan al odio y permaneciendo sin ser contradichos y sin que nadie les condene. Lo que hacen los terroristas se refleja en el islam como tal; quizás ciertamente no en el "islam (auténtico, original) verdadero tal como debiera ser entendido", pero ciertamente sí en el islam real.

El caldo de cultivo del terrorismo

Se ha sugerido que los terroristas son la voz de las masas pobres y humilladas, los perdedores en los cambios traídos por la globalización. Los pobres por sí mismos no tienen seguridad propia, no están educados, o no tienen suficiente experiencia para ser capaces de articular y de luchar por sus propios intereses, no digamos ya el planear y llevar a cabo ataques terroristas sofisticados. Por lo tanto, personas concretas de la clase alta o media alta, pudiente y educada, se alzan como sus abogados y vengadores tomando la causa de las masas. Por lo tanto, aunque los protagonistas del terrorismo son hijos de padres ricos, las verdaderas raíces del terrorismo islámico deben buscarse en los barrios pobres. Los terroristas actúan en nombre de los pobres. Tienen la misión elevada de llamar la atención hacia las grandes injusticias, pero ignoradas, una misión que deriva su autoridad a partir de un mandato no verbalizado de las masas.

Esta visión, me parece a mi, está completamente equivocada. Los terroristas no son los voceros de los pobres, no son los defensores de su causa. El terrorismo islámico contemporáneo no tiene su origen ahí abajo, en la miseria y en los anhelos de las masas. El caldo de cultivo del terrorismo es el intelecto abstracto. Viene desde arriba. Es una creación ideológica. Por lo que se escucha parece que Osama bin Laden, por ejemplo, tiene un claro desprecio por las masas. En cualquier caso, el terrorismo no está enraizado en la miseria material de la gente como su suelo. No hay un romanticismo a lo Robin-Hood. Los terroristas están mentalmente desconectados de la gente (aunque se crean y aparenten que los están representando). No habiendo llevado nunca la vida de las masas pobres y no habiendo sentido nunca las preocupaciones que sienten las masas, no conocen a los verdaderos pobres y sus necesidades, sus sufrimientos, y no tienen una conexión real con ellos, lo cual no excluye la posibilidad de que se relacionen con las propias fantasías que tienen de ellos. Lo que motiva a los terroristas y los "autoriza" son, por un lado, principios abstractos muy cargados, y por el otro lado, su propio interior complicado, sus enredadas subjetividades. Son idealistas, totalmente obedientes a, y sin duda obsesionados por, ciertas ideas (de la misma forma que lo eran los anarquistas, los marxistas-leninistas, y otros durante la primera parte de la segunda mitad del siglo XX).

Pero este idealismo suyo es puramente negativo, destructivo. Es exclusivamente una lucha contra (el "Gran Satán" que es Estados Unidos u Occidente). No hay ideas constructivas, no hay visiones utópicas de una sociedad mejor, no hay planes para construir un mundo nuevo después de la destrucción del antiguo. No se emplean pensamientos por parte de los terroristas islámicos en la ayuda concreta a sus países o en la curación de las enfermedades sociales más apremiantes. Toda la concentración está dirigida hacia la meta de aniquilar al Gran Satán y a los infieles, y éste objetivo puramente negativo parece ser un fin en sí mismo absoluto. Hay sin embargo un valor positivo por el cual luchar: Alá, la verdadera fe. Pero su Alá es obviamente él mismo sólo una negación abstracta inmediata (2), nada positiva, y parece no ser nada más que la personificación objetivada (hipostasiada) de su propia voluntad de destrucción.

Porque la voluntad de aniquilar es incondicional, el pensamiento occidental, que es heredero de la tradición del Iluminismo, tiene gran dificultad en encontrar un lugar en su esquema de las cosas para el fenómeno del terrorismo. La mente ilustrada, como apuntó Jürgen Kaube, (3) es capaz de imaginar emociones o afectos razonables: los sentimientos de injusticia, rabia o impaciencia. No puede realmente imaginarse los afectos que impulsan a los terroristas: envidia, resentimiento y odio. Son impensables. Aquellas otras emociones (indignación hacia la injusticia, etc., y de forma similar miedo e interés propio) aún están comprometidas con, y guiadas por la idea de, algún bien. No ocurre así con los afectos de los terroristas. Están comprometidos con la absoluta negación. Poseídos por las emociones de envidia y odio, uno no quiere la mejora de uno mismo, no quiere soluciones prácticas; uno se queda satisfecho si la situación de los otros empeora. Esto confirma la tesis de más arriba de que el terrorismo se origina en una esfera diametralmente opuesta a aquella en la que se sientan las verdaderas preocupaciones de la vida práctica del día a día: en una esfera de principios abstractos. Los principios son absolutos, derivan de la purificación, de la abstracción de toda contaminación con preocupaciones sensitivas y pragmáticas. Mientras que principios tales como los derechos humanos, justicia, libertad, normalmente tienen beneficios humanos concretos como propósito, el principio del terrorismo es principio al cuadrado, absoluto carácter de principio, un carácter de principio por él mismo: negación como tal, el despojarse per se de todo propósito e interés material, pragmático. Lo único absoluto verdadero es la negación absoluta. Cualquier cosa mínimamente positiva es ipso facto relativa. Con los terroristas, el vínculo que comúnmente une a cada persona con los intereses materiales del hombre creatural ha sido cortado; ésta es por cierto una razón por la cual están dispuestos a considerar su propia muerte.

Si los terroristas islámicos no son representantes o abogados de la gente común, hay sin embargo un elemento de representación en su lucha, pero en el lado opuesto, en el lado del enemigo que es atacado. El terrorismo islámico es, por decirlo así, una guerra subsidiaria. Realmente, el odio y el descontento de los "hijos" va dirigido hacia sus propios "padres" (no personales), los regímenes represivos. Pero, "Occidente" tiene que hacer el papel del hombre del saco. Culpan a Occidente, pero se dirigen al sistema político en sus propios países, por supuesto de forma completamente inconsciente. Por lo tanto, a pesar de que los terroristas están desconectados de los intereses prácticos en contacto con la realidad de la gente común y a pesar de que el terrorismo tiene su fuente en ideas abstractas, este movimiento de alejamiento de la base material de los intereses sociales reales hacia la esfera del intelecto abstracto está él mismo de todas maneras enraizado en, y traído a primer plano por, las condiciones sociales muy reales en las cuales crecieron aquellos que se volvieron terroristas. El clima general en la mayoría de los países islámicos es tal que la gente no tiene perspectivas de futuro, ni individual, ni colectivamente, y especialmente tampoco intelectualmente, con respecto a un desarrollo libre de las necesidades de la mente. La mente está sofocada. Para las personas jóvenes, inteligentes, no absorbidas inmediatamente por la lucha práctica del día a día por la existencia y receptiva a la atmósfera invisible de la situación real, hay un sentimiento de desesperanza y de falta de significado de la existencia como tal (Nietzsche: "lo que hace falta es una meta. Lo que se necesita es una respuesta al '¿Para qué?'"). Este sentimiento general en combinación con la experiencia demasiado real de que su situación social es un impasse, crea un anhelo por una meta absoluta: como la realidad concreta experimentada en sus países de origen ni siquiera se permite la visión de un futuro satisfactorio, la "libido" es desviada completamente de un anhelo por metas positivas en la realidad y dirigida hacia arriba a la esfera de los principios abstractos en su forma más extrema, el principio de la destrucción absoluta.

C. G. Jung capturó esta situación existencial bastante bien cuando dijo (en una conexión diferente) que la gente "simplemente está harta de todo, asqueada de la vida banal, y por lo tanto quieren sensaciones. Incluso quieren una guerra; todos quieren una guerra. Todos están contentos cuando hay una guerra: dicen, 'Gracias a dios, ahora va a ocurrir algo—¡algo más grande que nosotros mismos!'" (CW 18 § 627).

El carácter de otro mundo, extramundano, del idealismo de los terroristas, se presta él mismo a, o incluso requiere, su auto-interpretación en términos de religión. Mientras que ostensiblemente los terroristas se apoyen en su religión tradicional, el islam, es una religión que ha sido transplantada desde su tierra nativa en el alma hacia el gélido mundo de los principios absolutamente abstractos. Se vuelve fundamentalista: ideología religiosa.

El problema del islam y el mundo islámico

Como todas las religiones de hoy, el islam, también, está obsoleto, ya no se ajusta a la realidad del día presente. No se corresponde con el estatus de la consciencia que ha sido alcanzado y que prevalece en el mundo. No está a tono con la manera en que hoy está constituida la realidad humana. La religión simplemente ya no atrapa más. Corre libremente, como un mero suplemento a la vida.

Esto no es lo que la religión estaba destinada a ser. Hubo un tiempo, en que la religión era la articulación más alta y más comprensiva de la verdad de la realidad humana. Era capaz de expresar la profundidad psicológica o lógica, de otra manera inaccesible, de la vida realmente vivida. Estaba al día, a la vanguardia, al frente del desarrollo humano, incluso apuntaba hacia el futuro e inspiraba nuevos desarrollos. Pero hoy, la religión—con respecto a su determinación más alta—es una cosa del pasado; no tiene nada con lo que contribuir a las grandes cuestiones de la era; la autoridad para la verdad ha sido puesta en la ciencia, los medios, etc. Incluso si el hombre de hoy subjetivamente no siempre lo advierta conscientemente, objetivamente, sin embargo hoy ha sobrepasado la religión. Funciona sólo como un embellecimiento privado a la vida, como un entretenimiento espiritual del tiempo libre, un bien de consumo a la venta en el mercado del "significado", y no como la verdad conocida de la era y como la verdad universal, pública, de un pueblo.

Incluso si el mundo islámico no lo admite y en gran parte preserva una estructura mental medieval, factualmente ha estado viviendo en el mundo moderno. La única manera en que la religión podría sobrevivir legítimamente bajo las condiciones de la modernidad sería si fuese transformada en un asunto privado del individuo, un asunto no vinculante objetivamente. Si la religión, si el islam, se mantiene de todas maneras como un credo vinculante públicamente a pesar de estos cambios fundamentales, entra en conflicto con la verdad de la era. Y porque ya no es más verdad (la articulación de la verdad interior y de la profundidad de la vida tal como se vive y constituye realmente), y porque ya no habla más simplemente por sí misma, esta falta de verdad objetiva debe ser compensada, por un lado, con respecto a su forma lógica interior, con un autoritarismo dogmático (fundamentalismo), y por el otro lado, con respecto a la relación del sujeto con su propia creencia, compensado con un exceso de afecto subjetivo y voluntad (fanatismo). Se vuelve regresiva, retrocediendo hacia atrás de sí misma, volviéndose de esta manera más primitiva de lo que era originalmente, más cruda, más violenta y esclerótica.

A parte del hecho de que la religión a gran escala está desenganchada de donde hoy está la vida, hay un problema adicional con el que tiene que luchar el islam. Hubo un tiempo en que el islam encabezaba el desarrollo cultural. A principio de la Edad Media estaba culturalmente muy por delante de Europa en muchos aspectos. Pero por muchos siglos a estado paralizado. No ha tenido ningún desarrollo ulterior. Los grandes pensadores, místicos, poetas progresistas del mundo islámico de la Edad Media y de más tarde no fueron capaces de prevalecer por encima de la ortodoxia rígida, la cual en última instancia siempre permaneció victoriosa. Esta es la razón por la cual el islam, para decirlo con una frase radical, hoy no tiene nada que ofrecer con respecto a las grandes cuestiones de la era, ni intelectual, ni económica, ni políticamente. Todos los impulsos y logros importantes vienen de Occidente.

La superioridad moral, política, económica e intelectual presente del mundo occidental crea en el mundo islámico un sentimiento de inferioridad colectiva profundamente arraigado, más aún por la proclama, antiguamente justificada, pero ahora falsa, de ser una cultura líder. Este sentimiento de inferioridad también alimenta a los terroristas. Ahora es crucial entender que la inferioridad experimentada se encuentra con una consciencia informada por una "cultura de la vergüenza". El alma islámica se siente humillada, avergonzada. La vergüenza como la violación del propio honor es una emoción extremadamente poderosa, bastante desconocida en el Occidente moderno, en el cual el lugar del valor vital, étnico y substantivado del honor personal o nacional fue desplazado en favor de la idea legal abstracta de dignidad humana como tal. La vergüenza generalmente requiere venganza como reacción a fin de restaurar el honor violado. Esta es la razón por la cual el idealismo de los terroristas es (tiene que ser) puramente negativo, destructivo: la restauración del honor perdido de uno requiere la muerte del humillador y no la mejora de la propia condición, no hay ninguna ventaja práctica. Incluso puede incluir la obligación de sacrificar la propia vida (terroristas suicidas), ya que el "honor" es un valor absolutamente superior a "la vida" o a "la existencia", mientras que en las civilizaciones gobernadas por la idea de la dignidad humana como su valor más alto existe la tendencia opuesta de considerar lo intocado de la "persona(lidad)" requerido por este valor el de incluir también la necesidad de proteger la existencia física intacta (es decir, la vida) de cada persona empírica. Aquí en Occidente, el existir (no importa como) tiende por lo tanto a volverse un valor absoluto, lo cual en las culturas de la vergüenza étnica sería incomprensible.

El mundo occidental no sólo se siente subjetivamente superior. Es superior objetivamente, y no meramente por sus logros culturales y su poder económico, sino también por su constitución interna. Su superioridad se funda en el hecho de que lógicamente es más complejo, de una manera similar a como un organismo multicelular es superior a un protozoo: la mente occidental ha dado varios pasos en el desarrollo y de esta manera se ha diferenciado continuamente a sí misma: en una lucha difícil, dolorosa, se ha superado a sí misma (por ejemplo, a sí misma como "Edad Media"); se ha superado a ella misma repetidamente en niveles cada vez nuevos. A través de movimientos tales como la Reforma, las guerras religiosas, la Inquisición en contra de los herejes y las brujas, la superación de la Inquisición, y el Iluminismo, de alguna manera cortó su propia carne. Sometió su religión, sus costumbres tradicionales, su historia, sus valores, a una crítica fundamental, histórica, científica y filosófica.

Un desarrollo equivalente de auto-sublación y de un avance de ello mismo no tuvo lugar en el mundo islámico, en donde un trabajo continuado de reflexión crítica de su propia religión, tradición, realidad social, no ha sido hecho. No ha disuelto su unidad ingenua, no rota, con sí mismo, su participation mystique con su propia religión. La lucha crítica con, de hecho en contra de sí mismo y con su propia ortodoxia no se ha dado. El islam no ha intentado dentro de sí mismo distanciarse de sí mismo para poder ser capaz de verse como desde fuera. Más bien, permanece en un estadio (cultural) "natural", como, por ejemplo indica el fuerte predominio de las antiguas emociones de vergüenza y honor (como realidades sustanciales, casi "físicas") así como frases tales como "nuestros hermanos islámicos" o la noción de la umma islámica (una "nación" única de creyentes, separada de todas las otras gentes). A pesar de que "hermanos" no se refiera a hermanos literales, naturales, sino que sólo es usado metafóricamente, esta metáfora usa la idea de una relación sanguínea natural y por lo tanto transporta (metapherein) el pensamiento en términos de concepciones naturales al nivel de religión, reafirmando el estadio "natural" de la consciencia incluso en ese nivel. Mutatis mutandis lo mismo puede ser dicho de la umma. La familia, clan o tribu inmediata ha sido superada, pero sólo para ser reemplazada por la gran "tribu" espiritual de todos los creyentes. La umma se refiere a la unidad concreta de personas naturales, distinguidas de los otros por la característica empírica (positiva) de ser adherentes del islam. En otras palabras, el islam aún no ha crecido por encima de su consciencia tribal hacia la abstracción de "hombre como tal" y de derechos humanos. Es en esta luz bajo la cual una afirmación atribuida a bin Laden tiene que ser vista, la afirmación de que ante Dios la supresión de un sólo musulmán pesa más que la destrucción de todo el mundo.

Así que mi hablar de la superioridad de Occidente no se refiere a contenidos, sino a la forma lógica o estatus de la consciencia, su grado de diferenciación y complejidad. No estoy proclamando de ninguna manera que a nivel de contenidos el islam es inferior o "peor" que, por ejemplo, el cristianismo. No estoy comparando y evaluando las enseñanzas espirituales respectivas de estas dos religiones o culturas. De hecho, ya estamos más allá de ese estadio en el cual el "contenido" era el criterio decisivo y el principal interés. Lo que hoy cuenta es el nivel lógico al que se ha llegado. Y en este sentido, una comparación entre el Occidente cristiano y el mundo islámico revela un diferencial considerable.

Hablar de "choque de civilizaciones" tiende a oscurecer el problema esencial creando la impresión de que aquí las dos civilizaciones en cuestión están localizadas en el mismo nivel. Pero el conflicto real no es entre dos religiones, islam y cristianismo, no es entre una civilización religiosa y otra secular, no es entre dos regiones geográficas (Este y Oeste). Más bien, es un conflicto entre dos civilizaciones separadas por una brecha histórica, temporal: el conflicto ente la "Edad Media" y la "Modernidad", como dos estadios lógicos de consciencia. Por supuesto, se podría intentar concebir la Edad Media y la Modernidad como dos opciones (dos estilos culturales) lado a lado a pesar del hecho de que el tiempo las separe (y a nosotros de la Edad Media) objetivamente, pero esto no funciona porque la Modernidad es en sí misma la Edad Media superada, sublada. En otras palabras, la brecha temporal, es al mismo tiempo una brecha lógica.

Esta es precisamente la razón por la cual Occidente es experimentado como tan amenazador por parte de los fundamentalistas musulmanes. No es tanto el poder político y económico o el comportamiento real de los países occidentales hacia los estados islámicos lo que más perturba el alma islámica. Más bien, es la tenue pero correcta idea de que la civilización occidental como tal, previamente a haber hecho nada en particular, es la negación lógica encarnada del marco metal medieval que da forma al islam actual. La mera existencia de la civilización occidental es un recordatorio constante de la auto-reflexión y auto-crítica incompleta del islam y de la inminente negación lógica interna que necesariamente resultaría de tal auto-reflexión. Esta es la razón por la cual Occidente es el "El Gran Satán" que, a ojos de los terroristas, simplemente necesita ser exterminado.

La influencia de Occidente, con su capitalismo, tecnología, industria y ciencia, idea abstracta de ley, turismo y consumismo, "digitalización", feminismo y libertad sexual, etc., en términos más prácticos significa la aniquilación de las estructuras sociales y valores tradicionales—esto, por supuesto, es meramente la concretización de la amenaza lógica fundamental. Sin duda, los valores de una vida organizada alrededor de relaciones étnicas y personales y costumbres tradicionales no puede persistir, como tampoco la cercanía a la naturaleza por parte de las sociedades tradicionales, lo cual proporciona un sentido de incrustación en el mundo. El subsiguiente signo de desintegración, la alienación, el sentimiento de falta de hogar en el mundo, la arbitrariedad resultante de una sociedad abierta, por no mencionar la pérdida de poder masculino y la posible pérdida de poder económico resultante por la parte masculina de la sociedad debido a la emancipación de la mujer hacen que crezcan de forma natural ansiedades fundamentales y, como medio de defensa, la condena moral al estilo de vida occidental como "decadente", "perverso" y el ataque de que el mundo occidental a gran escala está habitado por "infieles".

Tales miedos no se encuentran exclusivamente entre el pueblo islámico. Hay bastantes oponentes a la globalización incluso en Occidente que comparten algunas de estas preocupaciones y juicios con los fundamentalistas y terroristas islámicos.

Las implicaciones y la respuesta al sentimiento de inferioridad

La experiencia de la propia inferioridad de uno generalmente implica la necesidad de superarla constructivamente. El simple hecho de su encuentro con el mundo occidental como un mundo lógicamente—en su constitución interna—más complejo confronta al islam con una responsabilidad, la obligación de hacer sus deberes, a fin de conseguir una diferenciación lógica equivalente. El trabajo no es un trabajo de imitación, no es de importación de la cultura occidental. Es la tarea de un exhaustivo y paciente intento de llegar intelectualmente a un acuerdo con Occidente. Primero, es la tarea de aceptar positivamente el diferencial obvio entre Occidente y el mundo islámico como un desafío; es, en segundo término, y por encima de todo, la tarea de atravesar un proceso equivalente de auto-reflexión crítica para así ponerse al día bajo sus propios medios y sobre su propio terreno y de esta manera volverse realmente creativo una vez más. En un sentido, la yihad en contra del "perverso mundo occidental" y en contra de "los infieles" proclamada por los islamistas de todas partes es análogo a las guerras religiosas, a las persecuciones fanáticas de los herejes, y a la quema de brujas que tuvimos en Europa hace siglos. (4) O más bien, es análogo a un estadio incluso anterior, al de las Cruzadas, el cual fue el mismo principio del largo proceso europeo de integración de "lo Otro". (5) El mundo islámico aún está en el estadio del desarrollo histórico que Occidente ya ha superado hace tiempo. La lucha crítica con su propia ortodoxia, el trabajo de superarse a sí mismo a través de un proceso de auto-reflexión y auto-sublación aún tiene que ser asumido por el islam. Pero generalmente, este trabajo ha sido descuidado en el mundo islámico; incluso más que descuidado: por un lado, ha sido y está siendo reemplazado por una dependencia tenaz de su pasado glorioso, y por el otro lado, haciendo de Occidente el hombre del saco, que de esta manera puede ser el culpable de su propia miseria. Lo que podría ser un desafío productivo se convierte en odio, rabia y voluntad de destrucción. Aquí puede ser de ayuda ver como de manera diferente, el Este Asiático (Japón, Taiwan, Korea y ahora China …) reaccionaron productivamente para encontrarse con Occidente.

El poeta libanés Abbas Baydoun parece pensar en términos similares.

"Incluso si está justificado nuestro reproche de que Estados Unidos explota nuestro sufrimiento y nuestra ineptitud, aún así nosotros no conjuramos un esfuerzo equivalente para reconocer nuestra propia responsabilidad por las causas de este sufrimiento. Es una responsabilidad que se acrecienta cada día. Siempre hemos preferido nutrir a un pequeño tirano dentro de cada uno de nosotros que desvíe cualquier responsabilidad hacia nosotros y hacia otros, hasta que la venganza histórica hacia Occidente sea cumplida—por muy improbable que esto sea. … Posiblemente muchos de entre nosotros rezan para que el racismo de Occidente y la paranoia americana se incremente, porque entonces tendríamos otra excusa para no mirarnos en el espejo. De esta manera, podemos otra vez hundirnos en la idea ilusoria de una supresión colectiva a fin de librarnos de la visión de una cara horrible, la cara de otro islam, el islam del aislamiento y la violencia arbitraria, que gradualmente está ganando terreno y pronto, a medida que nos aproximamos al clímax de esta ilusión, se volverá nuestro verdadero rostro." (6)

Es mucho más fácil apoyarse en el resentimiento y acusar a otros de las condiciones insatisfactorias en las que uno se encuentra que hacer los propios deberes, es mucho más fácil recurrir a eslóganes simples y respuestas simples para cuestiones complejas que involucrarse en una larga y detallada lucha intelectual con los problemas postulados por la existencia del mundo moderno, mucho más fácil actuar literalmente (detonando bombas) que erinnern (interiorizar, integrar). Los terroristas, a todo nivel, prefieren el fanatismo a la labor intelectual, prefieren construir a alguien más como un objeto de odio merecedor de destrucción que trabajar sobre "ellos mismos"; sobre su propia religión, tradición cultural y condiciones políticas.

El fanatismo es una "formación sustitutiva" en el sentido freudiano. Lógicamente, es, como he señalado más arriba, la sustitución de excesivo afecto subjetivo y voluntad por la falta de verdad (7) "objetiva" en el propio sistema de creencias de uno, y prácticamente es la sustitución de actuar literalmente por la negligencia y el rechazo de cumplir con la obligación de hacer los propios deberes. En un nivel personal equivale a una especie de lavado de cerebro. Algo está roto en la personalidad. Ya no está viva, abierta, flexible, ya no es humana en el sentido completo de la palabra, sino que funciona monomaníacamente como una máquina programada.

"Cuando un soldado ha luchado e incluso matado en una guerra, en algún punto se cansa; en algún punto quiere volver a casa. Esto significa que cada persona que habla por si misma no puede ser terrorista permanentemente, un asesino permanentemente. Los Attas y los bin Ladens, sin embargo, funcionan de otra manera—en ellos la vida y el flujo de sentimientos personales ha sido interrumpido de manera que estos sentimiento se han vuelto misiles" (8) (Alexander Kluge).

¿Por qué Estados Unidos de América?

Es significativo que el odio público una y otra vez y de forma muy unilateral encuentre su objeto favorito en los Estados Unidos. Esto era así incluso durante el tiempo de la Guerra Fría, cuando la antigua Unión Soviética pudo haber servido con igual justificación como "Enemigo Público Número Uno" para la gente del Tercer Mundo así como para los seguidores del movimiento pacifista en Occidente. Muy extrañamente, tampoco ha habido ninguna manifestación apreciable anti-Rusia a raíz de Chechenia. Siempre es Estados Unidos el objetivo del odio. Esto sugiere un resentimiento de lo que Estados Unidos como país y cultura representa, un resentimiento que no está causado por ninguna acción política o militar particular cuestionable realizada por los Estados Unidos, sino más bien dirigido a la idea de "Estados Unidos" como tal. Aquí debemos preguntarnos específicamente por qué hay un odio tan apasionado hacia los Estados Unidos no sólo por parte de los terroristas islámicos, sino también por parte de amplios sectores de las masas en los países islámicos. A pesar de que Estados Unidos nunca fue un poder colonial de pleno derecho en las regiones árabes, hay mucho más odio dirigido en contra de los Estados Unidos que en contra de Francia o Gran Bretaña, ambos de los cuales han sido dominantes coloniales en esta parte del mundo.

Una razón puede ser que Estados Unidos, como líder del progreso y de la modernidad, el epítome del dinamismo y de la productividad, también tiene que cargar todo el peso del resentimiento nacido del sentimiento de inferioridad islámico del que hemos hablado más arriba.

Otra razón puede ser que el odio árabe hacia los Estados Unidos se basa en el odio tradicional árabe hacia los judíos. Estados Unidos ha sido bastante consistente en su apoyo casi incondicional hacia Israel, y la clase dirigente y la administración de Estados Unidos están fuertemente expuestos a la influencia judía. La Ciudad de Nueva York tiene la población judía más grande que cualquier ciudad del mundo. El antisemitismo otorga una carga adicional a los ya existentes sentimientos de odio y es muy probablemente responsable de la mistificación de Estados Unidos como el "Gran Satán": es bastante posible que el antisemitismo es lo que imparte la cualidad numinoso-religiosa a la yihad de los terroristas en contra de Estados Unidos. Esta cualidad numinosa puede a su vez ayudar a explicar la inclinación de tantos terroristas a servir como terroristas suicidas.

El odio en contra de los Estados Unidos está hasta cierto punto también causado por su opuesto, la idealización de Estados Unidos, en base a la cual se lo mide con unos estándares muchos más altos y más estrictos que a cualquier otro país. Estados Unidos no es sólo el único súper poder y una historia de éxito fantástica, es también un país que profesa tanto la libertad, la democracia, los derechos humanos, como sus valores supremos y representa estos valores también para la gente en otros países, que a menudo proyectan sus anhelos sobre los Estados Unidos. El hecho de que las políticas de los Estados Unidos muy a menudo contradigan esta imagen idealizada es una terrible decepción. Nunca se perdona a su propio modelo si éste se queda corto respecto a las propias expectativas. Parcialmente, las políticas de los Estados Unidos no tienen visión de futuro o son poco entusiastas, parcialmente violan públicamente principios reconocidos en beneficio de ventajas egoístas ideológicas o económicas; Estados Unidos ha dado apoyo a regímenes corruptos, autoritarios, así como ha suministrado a dudosos grupos rebeldes con armas y minas, causando gran miseria a la población general.

¿Cuál debería ser la reacción de Occidente?

Hablando de manera muy general, la respuesta al terrorismo islámico tiene que ser doble: (a) internamente, Occidente tiene que aceptar el reto planteado por el terrorismo islámico y hacer sus deberes; (b) externamente, tiene que defender aquello que representa.

Los deberes que se tienen que hacer incluyen una rectificación de las injusticias hechas a los palestinos (por ejemplo, la violación de varias resoluciones de las Naciones Unidas y la constante humillación y amenaza a las que están sujetos tanto individualmente como pueblo). La continua injusticia es una herida ulcerada que se presta a la racionalización de los sentimientos de inferioridad, humillación y vergüenza, y los resultantes resentimientos, odio y deseos de venganza que impulsan a los terroristas—aunque no sea la verdadera razón y causa del terrorismo islámico.

Otro aspecto de los deberes que tiene que hacer Occidente es que tiene que replantear sus propias políticas con vistas a hacerlas con mayores perspectivas y más acordes con sus propios principios de democracia, libertad y derechos humanos. Estar interesado sólo en el provecho rápido de uno o la ventaja táctica y a la vez ignorar los efectos a largo plazo y el contexto más amplio de las propias acciones, apoyar regímenes autocráticos o criminales por beneficios ideológicos o económicos, como ocurre a menudo—estás estrategias son inaceptables. También, especialmente, Occidente tiene que darse cuenta que interferir militarmente en una región por sólo un corto espacio de tiempo, alterando el balance local tradicional, y luego dejando la región a su propio destino nuevamente, ignora la responsabilidad inherente de las consecuencias de dicha interferencia, y por encima de todo tiene que hacer todo lo que esté en su poder para procurar que la operación sea un éxito duradero.

Con respecto a la segunda parte de la respuesta occidental al terrorismo islámico (la respuesta externa), una idea expresada una y otra vez por mucha gente bienintencionada en Occidente es el entablar, en un nivel mental y psicológico, un "diálogo de civilizaciones" intensificado, y en términos prácticos económicos, desembolsar más ayuda al desarrollo y asegurar una distribución más justa de la riqueza. En sí mismo, el diálogo siempre es algo bueno, y la tarea del futuro será sin duda un "dialogo de civilizaciones" (entre Occidente y las civilizaciones del África Negra, los países islámicos, el Lejano Oriente, etc.). Pero este es un proyecto a largo plazo, y sería ingenuo esperar que de esta manera el problema inmediato del terrorismo islámico se pudiese resolver. Además, la propuesta de un diálogo puede ser en este caso incluso un error ya que ignora el hecho de que el problema tras el terrorismo islámico es el conflicto objetivo entre dos estadios históricos de desarrollo cultural o de diferentes estatus lógicos de consciencia. Un diálogo significativo requiere que ambas partes estén en el mismo nivel, pero aquí no es el caso. Proponiendo tal diálogo, se crea la falsa impresión de que no hay una separación histórica entre las dos civilizaciones. Además, el terrorismo como tal excluye el diálogo. De la misma forma en que los terroristas mismos nunca estarían disponibles al diálogo, tampoco lo estaría el alma humillada, avergonzada, de la persona común de los países islámicos, un alma deseosa de que se restaure su honor a través de la venganza.

La otra sugestión (ayuda financiera, distribución más justa de la riqueza) también parece estar fuera de lugar en este contexto. La ayuda por parte del mundo occidental sólo harían más profundos los sentimientos de humillación y vergüenza. La vergüenza no quiere ayuda: no quiere mejora, sino venganza, muerte, destrucción. La distribución desigual de la riqueza no es el verdadero problema detrás del terrorismo islámico. El problema es el bache histórico entre la consciencia objetiva inherente en el mundo moderno en el cual los musulmanes, también, están viviendo, y la consciencia subjetiva a la cual aún se aferran. Y es realmente este bache el que hace que el trabajo necesario sea descuidado.

Particularmente es inapropiada la propuesta de algunos grupos en Occidente de que los países occidentales se disculpen al Tercer Mundo por el colonialismo del pasado. Esto sólo legitimaría el complejo de inferioridad y el sentimiento de victimización.

Otro grave error, en mi opinión, es la propuesta hecha en la quinta conferencia internacional del "Fórum 2000" en Praga convocada por Václav Havel, la proposición de una sacralización de la política en el sentido de una "ética mundial". De acuerdo con algunas noticias, parece que Havel defendió una "gran coalición espiritual", una "globalización de la bondad", porque "ha llegado el tiempo para esos humanos que se sienten responsables por el futuro de la humanidad en este planeta". Se requiere una respuesta combinada a la "globalización del mal", dijo. (9)—Esta es una movida equivocada. La propuesta "sacralización" cae en la trampa de los terroristas islámicos. Ellos piensan en términos sacros ("el Gran Satán"). En los países islámicos, uno de los mayores problemas es la tendencia hacia la politización de la religión y a una sujeción de la política y de toda la vida social a la (así llamada) religión, la cual de esta manera se vuelve totalitaria e ideológica. Bajo las condiciones de la modernidad, la religión es tolerable sólo si sabe de su lugar, si sabe que tiene el estatus de nada más que un hobby privado. No importa mucho si al sacralizar la política uno está del lado del Bien o del Mal; lo importante es que este tipo de sacralización se supera completamente, esta mistificación, inflando los conflictos de intereses humanos personales concretos en una lucha entre el "Bien" y el "Mal". De acuerdo con nuestra tradición del Iluminismo, nuestro pensar y actuar tiene que volverse más pragmático, más que cargarse con palabras poderosas numinosas. No necesitamos una "ética del mundo" cursi; necesitamos mejores leyes internacionales, así como instituciones para su refuerzo efectivo. Toda la superestructura ideológica, moralista, numinosa, tiene que ser vista a través y dejada de lado.

Mientras que no haya leyes internacionales adecuadas y no haya agencias internacionales efectivas de refuerzo de la ley, las acciones bélicas serán inevitables. Aquí quiero oponer el rechazo hacia la violencia prevaleciente en Europa estos días. En algunos casos, la violencia es la reacción preferred. Por ejemplo, en su pensamiento sobre la lucha en contra del terrorismo, los pacifistas idealistas, empiezan desde arriba, desde ideas e ideales, desde sus deseos y esperanzas. No consideran la existencia inmensamente real y firme del movimiento del terror, enraizado tal como está ahí abajo en el terreno de las emociones más profundas y apasionadas. Tenemos que permanecer fieles a la tierra. Mejores ideas, propuestas bien intencionadas, un buen ejemplo y complacencia amistosa no son suficientes. Algunos conflictos tienen que ser combatidos y remediados a través de la lucha. Actitudes realmente existentes que están caducas o son falsas a menudo no pueden ser superadas simplemente a través del diálogo, la instrucción y aprendiendo de los demás. Requieren ser trabajadas realmente a través del sufrimiento real: la propia experiencia de su fracaso factual y la necesidad concomitante de una rendición incondicional al estatus presente de la consciencia. El comunismo no fue superado a través de discusiones, sino por medio del colapso factual obvio de la Unión Soviética, de la misma manera en que décadas antes el Nacional Socialismo fue superado a través de su derrota completa en la Segunda Guerra Mundial. Uno tiene que aprender por medio de golpes, de acuerdo con la máxima de "Zeus que nos guía en el camino de la sabiduría": páthei mátos ("haber aprendido [o volverse sabio, o volverse consciente] a través del sufrimiento") (10). Sólo entonces la antigua actitud será de hecho (en el hecho, efectivamente, en la carne, objetivamente) superada (y no meramente de forma superficial, "teórica" y subjetivamente), y el precio por la propia liberación será completamente pagado. Y la nueva actitud también tiene que ser adquirida por medio de golpes, desde cero y paso a paso, de manera que esté enraizada en la realidad del ser completo de uno. No puede ser simplemente importada, como lo es en las escuelas, donde, en gran medida, el conocimiento disponible es "importado" a la mente de los alumnos.

Terrorismo como parte integral del mundo moderno

 En conclusión, quiero hacer dos breves comentarios sobre el "mensaje" que tiene para nosotros el fenómeno del terrorismo a gran escala (no sólo el terrorismo islámico en particular) en el mundo moderno. Este fenómeno revela la vulnerabilidad fundamental del mundo moderno, fundamental porque es una vulnerabilidad desde dentro del sistema. En este sentido, el terrorismo tiene su lugar entre una serie de fenómenos que manifiestan el estatus de la constitución de la realidad del día presente. El nivel de las entidades tangibles, concretas, en las cuales el Otro solía aparecer en tiempos antiguos (tales como durante la era de los conflictos bélicos convencionales, con dos ejércitos abiertamente confrontados vis-à-vis el uno con el otro) está caduco. Ahora el "enemigo" ataca el sistema mismo insidiosamente e intangiblemente desde dentro del sistema: en el caso de los individuos a través de trastornos y enfermedades autoinmunes tales como el SIDA o el cáncer; en la sociedad de la información a través de virus informáticos; políticamente a través del terrorismo (cf. las así llamadas ¡"células durmientes"!).

No se puede estar siempre en guardia y preparado para todo. De la misma forma que con el sexo sin protección, la propia atención cuidadosa en mil ocasiones no es crédito contra el futuro; un simple fallo menor en la vigilancia puede ser la rendija a través de la cual se cuele la catástrofe. En un mundo ampliamente gobernado por el deseo de controlarlo todo para poder alcanzar la seguridad completa y garantizada, el terrorismo nos recuerda la vulnerabilidad que es parte y es esencial al estar vivos.

El segundo comentario se refiere a una característica general de la era: la tapa de la caja está abierta; todos los espíritus malignos están sueltos. La modernidad significa vida en una sociedad realmente abierta. El movimiento hacia el estadio de consciencia del dinero, con su absoluta abstracción, su atomización (individualismo) y su cultura del "¡Ahora!", ha minado todos los escrúpulos morales, restricciones, vínculos, y sentimientos de solidaridad y responsabilidad con el bien común. La Guerra Fría, por medio de su amenaza nuclear, consiguió volver a poner la tapa en la caja por una última vez, pero con su final la última limitación objetiva fue eliminada. Ahora la existencia humana ha sido absolutamente liberada (11). Lo impensable se ha vuelto pensable. Los trabajadores de la Cruz Roja ya no están seguros. No hay consideración hacia los civiles que no estén implicados en el conflicto, ni por parte de pistoleros desquiciados ni por parte de los terroristas. Ya no se puede contar con el deseo natural de sobrevivir a los terroristas. Las condiciones bajo las cuales las centrales nucleares podían ser consideradas como seguras ya no son válidas. Los niños pequeños están siendo abusados sexualmente y asesinados. Ataques biológicos, químicos y de terror nuclear no pueden ser descartados. La fantasía de que podríamos vivir en un "Paraíso de la Existencia Humana" se disuelve. Estamos nuevamente viviendo en la selva.


Notas

1. Dejo de lado la continuación que se espera en base a la sentencia de Goethe, puesto que dudo que hoy en el caso de lo "numinoso" y lo "sagrado" pudiese llegar a haber una restauración análoga a la que Goethe preveía como posible con respecto a "Gemüt". Más bien, parece que el tiempo de lo "numinoso" en este sentido propio de la palabra ya se ha acabado, siendo el uso inflado ideológico del término en algunas facciones uno de los síntomas de su muerte como una realidad psicológica.

2. En contraste con una negación mediada, la negación de la negación.

3. En Frankfurter Allgemeine Zeitung, 8 Nov. 2001, p. 45.

4. De la misma forma en que un número de factores y motivaciones muy diferentes se combinaron para hacer posible el fenómeno histórico de la Inquisición (celo religioso, intereses políticos, problemas psicológicos personales, codicia por poder y dinero) teniendo así el fervor de la Inquisición el carácter de un "complejo de tono sentimental", de la misma forma la yihad de los terroristas hoy por supuesto se combina dentro de sí misma con múltiples impulsos.

5. Cf. W. Giegerich, "Zuerst Schatten, dann Anima. Oder: Die Ankunft des Gastes. Schattenintegration und die Entstehung der Psychologie", en GORGO 15 (1988): 5-28. Por una versión en inglés, ver el Capítulo Tres de Soul-Violence, "First Shadow, Then Anima, or The Advent of the Guest: Shadow Integration and the Rise of Psychology", Collected English Papers, Vol. III, págs. 417-435 (Spring Journal Books, 2008). [Para una versión en castellano ver: “Primero la sombra, luego el ánima, o el advenimiento del huésped. La integración de la sombra y el surgimiento de la psicología”.]

6. Abbas Baydoun, "Unser Wahn: Die Krise arabischer Intellektueller", FAZ, No. 261, 9 Nov. 2001, p. 45.

7. Quiero recordar al lector que cuando hablo de "falta de verdad" sólo me refiero a la discrepancia existente entre la forma del sistema de creencias subjetivo de uno y la forma de la consciencia moderna como una realidad objetiva. No estoy haciendo ninguna afirmación acerca de los contenidos de ninguna religión o sistemas de creencias in abstracto.

8. "Krieg oder Karambolage? Gespräch mit dem Schriftsteller und Regisseur Alexander Kluge", in Stuttgarter Zeitung, 258, 2001.

9. Karl-Peter Schwarz, "Die Prager Weltethik", FAZ, No. 242, 18 de octubre de 2001, p. 16.

10. Esquilo, Agamenón, línea 177.

11. Aquí estoy hablando en un nivel ontológico o lógico fundamental, el nivel de la existencia humana como tal, no en el nivel empírico o pragmático de la experiencia personal, individual. La mayoría de individuos (como egos) aún están constreñidos por reparos morales. Pero no así el alma del hombre.