Acerca del tema de la psicología

Wolfgang Giegerich, pasaje de ¿Qué es el Alma?, (Spring Journal Books, New Orleans, Lousiana) 2012, p. 77-79. Traducción Alejandro Bica.

La psicología no es sólo una psicología con alma sino también del alma. Esto significa que su foco está sobre el alma misma. Las humanidades están interesadas en un poema específico en su propio derecho, estudian ideas como ideas, como lo que significan y dicen. Para la teología y la religión los dioses son parte de sus doctrinas, de sus sistemas de creencia. Los estudiosos de la religión se dedican a los dioses, ángeles, demonios, etc., como temas históricos, como elementos de la fe y de las prácticas religiosas de eras anteriores, de pueblos exóticos o de grupos sociales específicos de hoy en día. La filosofía habla acerca de temas en vista de establecer un conocimiento teórico acerca de ellos. La psicología tiene un ángulo completamente diferente y adicional. Ve todos aquellos fenómenos como expresiones del alma y en tanto son expresiones del alma—como la auto-presentación, auto-representación “del alma”, como el despliegue de su lógica y de todos los diferentes momentos de su verdad. La psicología no está interesada en lo que nosotros podemos saber, en los primeros principios del ser y del mundo, en las leyes de la naturaleza, en lo que es correcto moralmente, en si en realidad existe Dios o si hay muchos dioses o sólo uno o quizás ninguno en absoluto. No es de interés para la psicología si un evento particular recordado de la infancia fue un hecho o si es una mera fantasía. No está interesada en las causas de la enfermedad psíquica, ni en las técnicas de curación. La psicología está interesada en la cuestión de qué dicen acerca del alma las ideas existentes, las visiones, valores, símbolos, cuentos, rituales, patologías, heridas, recueros existentes, está interesada en qué dice el alma acerca de sí misma, en ellos.

Respecto al tema de los dioses, Hillman señaló la diferencia entre el campo tradicional competente para Dios y los dioses, la teología, por un lado, y la psicología, por el otro lado, diciendo que: “La teología toma a los Dioses literalmente y nosotros no. … Cree en los Dioses y se aproxima a ellos con métodos religiosos. En la psicología arquetipal los Dioses son imaginados. … Son formulados de manera ambigua, como metáforas para modos de experiencia y como personas limitando la numinosidad”. (James Hillman, Re-Visioning Psychology, New York (Harper & Row) 1975, p. 169.) Para mi esto es sólo un primer intento de distinguir la psicología de la teología, pero no describe adecuadamente la diferencia. Si bien puedo aceptar lo que se dice acerca de la teología, el carácter especial de la psicología en mi concepción no está bien captado en esta descripción. No, la psicología no imagina a los dioses. La diferencia entre creer e imaginar no es tan grande: imaginar es meramente una creencia suspendida, niega la semántica del creer pero de ninguna manera deja atrás la sintaxis o la lógica del creer como tal, como se puede ver también en esta otra parte de la descripción de Hillman cuando habla de los dioses “como personas limitando la numinosidad”. Imaginar es inevitablemente personificar. La psicología arquetipal y “el imaginar” comparten la misma forma sustancializada de los dioses con el modo teológico. Psicológicamente hay poca diferencia si uno se aferra a la sustancialización y a la personificación en la forma literal de la creencia o en la forma diluida y “ambigua” de la metáfora. Lo que cuenta es que en ambos casos los dioses son tomados como personas, como entidades. La diferencia entre creer en ellos y tomarlos como imágenes se reduce a una diferencia entre dos tipos de reacciones secundarias del ego a un hecho psíquico real de mantener la idea de los dioses. Ya sea literal o metafóricamente, la ontologización permanece igual.

La diferencia específica de la aproximación psicológica no puede ser expresada en términos de imaginación, ambigüedad (formulación ambigua), y de metáfora. La psicología no debe ser ambigua. Debe ser precisa y saber qué es lo que está haciendo. No puede dejar las cosas en suspenso. Tiene que comprometerse.

 Y el modo de la psicología no es un “ver a través a los dioses” sino más bien un ver a través al alma. Con esto—“ver a través al alma”—quiero decir que lo que las otras disciplinas, en este caso las humanidades, toman como lo que es entendido y cómo es entendido—por ejemplo dioses como seres supremos y como objetos de fe y de devoción, ideas como afirmaciones acerca del mundo o realidades particulares y como parte de su teorizar y su saber, recuerdos personales o colectivos como documentos mentales de hechos reales, sueños y fantasías como revelaciones arquetipales—todo esto la psicología lo toma como el autorretrato del alma y su vida lógica. Para la psicología, en los dioses, para tomar este ejemplo, el alma precisamente no está hablando acerca de los dioses, sino acerca de sí misma, acerca de aspectos y momentos de su vida lógica, es decir, acerca de sus valores más altos, más profundos, más preciosos y de su necesidad indispensable de mirar-hacia-arriba, su estatus lógico de dependencia (su realidad como una auto-relación, la cual, sin embargo, en este estatus del alma no se experimenta por ella como su auto-relación, sino que aparece como [por decirlo así] una dependencia con otros, los dioses). De forma parecida, para el punto de vista psicológico, en el motivo del falo, de la unión sexual y del incesto, el alma no está hablando acerca del órgano masculino, de sexo o de incesto como objetos y comportamientos en la realidad social, sino que está hablando acerca de ella misma, mostrando algunos de sus intereses o necesidades, tal como su propia potencia y su necesidad de auto-penetración, auto-impregnación, auto-unificación y auto-trascendencia. En las ideas de bueno y malo, para la psicología, el alma no está hablando acerca de ética y moral (como podrían asumir la filosofía ética, la teología y la ley), sino acerca de ella misma, su propia auto-división, auto-purificación radical, su esfuerzo de elevarse por encima de sí misma. En la imagen de la virgen no se está discutiendo la virginidad como una condición corporal o un estatus social, sino su propia pureza, su carácter de intocada, y su auto-enclaustramiento. En los motivos de nacimiento y muerte, de madre y padre, de macho y hembra, de fuego y agua, el alma, desde el punto de vista de la psicología, no se ocupa con esos temas literales, sino sólo con momentos o cualidades de ella misma. Si en un sueño aparece el analista, para un enfoque psicológico, el alma no está interesada en el analista literal y en la transferencia, ni en las relaciones-objetuales, sino en sí misma. Si tuviésemos que tomar la imagen del analista para referirnos a la relación terapéutica, ya habríamos dejado los precintos del alma y estaríamos en el mundo del “ego”, en la realidad externa, en la terapia como una técnica para tratar a la gente.