La huida de la prisión lingüística

James Hillman acerca del lenguaje: la huida de la prisión lingüística

Por Sanford L. Drob, 2009.
Publicado en "Archetypal Psychologies. Reflections in Honor of James Hillman".

Los siguientes fragmentos del artículo fueron leídos del inglés en el curso Psicología y Verdad dado por Enrique Eskenazi y transcriptos por Alejandro Bica.


James Hillman ha sido muy crítico con el lenguaje de la psicología contemporánea. Ha distinguido "el lenguaje de la psicología del habla del alma" (El mito del análisis, James Hillman), y además desconfía particularmente del primero, de sus teorías, de sus modelos, "de sus diagnósticos, de su psicodinámica, de sus tests proyectivos y de inteligencia, de sus historias de casos" (Ibíd.), de hecho, de todas las "convenciones comunes de la profesión" (Ibíd.). Hillman sostiene que incluso el mismo psicoanálisis ha perdido su contacto con el alma. "Hubo momentos en que la psicología profunda habló una lengua viva. ... Los psicoanalistas vieneses ... dejaron que el alma se asociara libremente y que hiciera sus declaraciones radicales y sin censura. El establishment se escandalizó por su método y por su lenguaje ... La psicología estuvo entonces en contacto con el alma. Hoy sin embargo, la psicología -también la profunda- se ha convertido en un instrumento del establishment. ... Su lenguaje se ha vuelto moneda corriente" (Ibíd.) y tal como nos dice Hillman, éste lenguaje ya está muerto. En cierto sentido este desarrollo fue inevitable.

El mismo Freud reconocía la distinción entre un lenguaje lógico y un lenguaje mítico. "El lenguaje racional, reificador y orientado a las cosas, aún cuando sea un proceso secundario y derivado, era todavía el modo preferible de la verdad y de la realidad" (Ibíd.). Hillman es más amable con Jung porque mientras Freud transformó el mito en un lenguaje conceptual, Jung en cambio "soñó el mito aún más" (Ibíd.).

Hillman nos previene contra una comprensión puramente pragmática del lenguaje y de las ideas. Mientras hoy todavía creemos que una buena idea es buena porque nos ahorra tiempo, dinero, o hace las cosas más convenientes, tal utilización de las ideas les roba el poder de generar más ideas.

Para Hillman los modos míticos del pensar y del hablar son valiosos precisamente porque nos dejan libres de preguntarnos, de cuestionarnos y de imaginar, en contraposición de cercar las cosas mediante una teoría y una definición precisa. A Hillman le interesa la psicopatología porque "nombra aquellos fenómenos que son más amenazadores para el lenguaje y el sistema de la mente que llamamos psicología". Para Hillman la psique puede describirse con palabras tales como distorsión, torturada y tormento, y son precisamente éstas características las que le otorgan su valor.

Hillman se pregunta "¿por qué el lenguaje de la psicología se ha alejado de la obra del alma?" (El mito del análisis), y su respuesta unas páginas más tarde es que "cuando la psicología se vuelve una especialidad y la psique está planteada en textos académicos, el alma desaparece" (Ibíd.).

Podríamos decir que para Hillman la noción de realidad como "realidad" está definida en un uso del lenguaje, esto es, que la noción de realidad tal como se la define en el discurso convencional, nos mantiene sin cuestionamiento alguno dentro de los límites de una prisión lingüística, y amenaza con establecer un conservadurismo en el pensamiento y en la experiencia que sofoca el cambio cultural y que ahoga la creatividad personal.

La idea de que el discurso dominante debiera ser el privilegiado o que ofrece una ventana hacia el ámbito del ser ha originado la psicología del ego y la filosofía del lenguaje común, siendo la psicología del ego la que iguala bienestar psicológico con adaptación a la sociedad y a sus convenciones, y siendo la filosofía del lenguaje común la que sostiene que todo lo que es o que puede significarse con las palabras "verdad", "realidad" y "bien", significa sencillamente lo que queremos decir y hacer con éstos términos en el discurso cotidiano. Al escribir implacablemente fuera del discurso dominante y al implorarnos que nos adhiramos a las experiencias y a las imágenes sin interpretación y también al crear nuevas metáforas que deconstruyen y expanden nuestra concepción de la psique, Hillman ha combatido contra la idea de que "verdad" o "realidad" se definen simplemente por cómo funcionen esos términos en nuestras convenciones o en nuestras teorías dominantes.

Hillman habla y defiende una actitud que le da la bienvenida a las ideas y a las experiencias que sacuden los modos convencionales de pensar y de hablar. "En principio es mejor lo extraño y lo raro, que las ideas cercenadas para que encajen en ranuras preconcebidas. Necesitamos el coraje de enfrentar su fuerza destructiva, porque las ideas pueden quitar hábitos de pensamiento muy queridos y ya obsoletos. Ahora llamamos a esta destrucción de antiguas ideas de manera muy amable "un cambio de paradigmas", aunque "teoría de la catástrofe" sería aún más adecuado" (Tipos de poder, James Hillman).

Hillman se opone particularmente a lo que él llama "una rutina de interpretaciones alegóricas". "Cuando las imágenes ya no nos sorprenden, cuando podemos intuir lo que significan y saber lo que quieren decir, entonces tenemos nuestras "simbología" de significados ya establecida" (Re-Imaginar la Psicología, James Hillman).

Para Hillman el problema con todas las interpretaciones es que se esfuerzan por poner una imágen o una fantasía bajo el control conceptual, racional, y así quitarle su potencial para sorprender, asustar, fascinar, intrigar, o de otra manera, de transformar la psique.

Hillman discute el conocido sueño de un paciente con una enorme serpiente negra que se arrastra. "En el momento en que uno ha definido a la serpiente, la ha interpretado, en ese momento uno la ha perdido, uno la ha detenido y la persona abandona la hora de la consulta con un concepto acerca de su sexualidad reprimida, o sus pasiones frías y negras, pero ya no la serpiente" (Inter Views: conversations with Laura Pozzo on psychotherapy, biography, love, soul, dreams, work, imagination, and the state of the culture, James Hillman). Para Hillman, a fin de hacer alma y significado uno tiene que preservar ahí la serpiente. La psique, a través de la ilimitada profundidad de sus imágenes, tiene que "amenazarte hasta hacerte sentir en el infierno, y tiene que mantenerte en el reino de lo desconocido lo más posible, porque sólo de éste modo puede comenzar el verdadero trabajo psicológico" (Ibíd.). Para Hillman el verdadero iconoclasta es la imagen misma que explota todos sus significados alegóricos liberando nuevas visiones siempre sorprendentes.

Hillman quiere sustentar inútil "una actitud hacia los sueños en la cual cualquier conocimiento positivo sería un movimiento diurno, errando así al sueño y traicionando de esta manera al alma" ... "Es esencial para trabajar con lo desconocido una actitud de reconocer el desconocimiento. Esto es lo que deja espacio para que el fenómeno mismo hable, y es lo único que nos mantiene apartados de los delirios y falsas ilusiones." (Ibíd.) Para Hillman, "las interpretaciones racionalistas que intentan reemplazar el "ello" con el "yo" o "lo inconsciente" con "la consciencia egoica", de hecho, están operando para extraer y agotar lo inconsciente para reducirle su tamaño y vaciarlo, todo lo cual son actos hostiles" (Ibíd.). Tales esfuerzos meta-psicológicos para domar al sueño y traerlo al claro del conocimiento y la explicación, hacen que el sueño deje de "operar en el alma" (Ibíd.).

Para Hillman no hay duda de que el submundo [en contraste con el camino diurno de los conceptos, las explicaciones y las interpretaciones] es fundamental, tanto que escribe, "Algo vive en mi que no lo hago yo. Éste daimon que habla en sueños, en pasiones y en dolores no me deja ir, y me veo obligado a reconocer su valor al darme profundidad más allá de mi noción usual de mi mismo como un ego y al darle y traerle a mi mente un sentido de alma y de muerte" (El sueño y el inframundo, James Hillman).

Hillman pregunta "¿Cómo puede ser transmitido de una psique a otra algo de valor y de alma si las significaciones arquetipales no están llevadas por la profundidad de las palabras mismas?" (Ibíd.) Hillman habla de los sueños como teniendo este tipo de élan, impulso y poder extra-lingüístico y ciertamente extra-convencional, y nos dice que se le quita este poder cuando se interpreta el sueño y se lo asimila a la propia trama mental. "El único modo de experimentar la novedad radical de realidad de un sueño es dejarse morder por el sueño como por una serpiente, dejar que entre en uno su veneno, verse rodeado por su afecto, por su tono, por su sabor, y permitir que sus imágenes nos amenacen hasta hacernos sentir en el infierno, manteniéndonos en el reino de lo desconocido lo más posible" (Ibíd.) Uno de los mejores modos que el discurso gobernante [del ego] tiene para protegerse de la intrusión de los objetos extra-linguísticos [de la imágen, de la profundidad, del alma] es repudiar tales objetos y considerarlos o etiquetarlos como meras ilusiones. Al hacer ésto llegamos a creer que tanto la verdad y la realidad psicológica, como la filosófica, se nos dan con la aclaración de un significado convencional, cuando lo que el alma desea y teme es en realidad "la selva desconocida de lo aún no simbolizado y de lo imposible de ser racionalizado" (Ibíd.).

En la base del lenguaje y de los escritos de Hillman uno puede concluir de que hay, por lo tanto, una huida de la prisión lingüística, del infinito regreso de las palabras que nos mantienen atrapados en la matriz del lenguaje condicional. Pero a diferencia de Derrida y Lacan, cuyos escritos sugieren que si hubiera una huida tal, ésta estaría más allá del reino del lenguaje, o a diferencia de Rorty que sugiere que la huida puede simbolizarse en una metáfora que no es estrictamente significativa, Hillman en cambio sugiere que hay al menos una avenida de huida de la prisión lingüística dentro del mismo lenguaje, dentro del lenguaje polivalente de la metáfora, de los sueños, de la patología, de los mitos, de la muerte y del submundo.

Lo que nos aprisiona es la actitud que tenemos hacia nuestra experiencia y hacia el lenguaje psicológico que usamos para describirla y no el lenguaje mismo.

Al sumergirnos en un lenguaje que permanezca fiel a nuestras experiencias, que se adhiera a las imágenes, que continúe soñando el sueño, y que no busque interpretar, y por lo tanto asimilar el submundo, lo monstruoso y lo real a esquemas de lo que ya es conocido, podemos penetrar más allá del discurso convencional y llegar a alcanzar un plano más allá de una prisión lingüística que inadvertidamente hemos creado.