El gran artista, el individuo universal, o el espíritu

Por Enrique Eskenazi.
Julio del 2010.



Transcripción por Alejandro Bica de la última clase del curso Hegel y la Psico-Logía. Una lectura psico-lógica de la fenomenología del espíritu.


Palabras claves

El gran artista. El individuo universal. El espíritu. La verdad de un momento histórico. El pensamiento viviente en la historia. El pensamiento dialéctico. La filosofía de la historia universal. Hegel.


Introducción

Un momento histórico tiene su verdad implícita, y el papel de la filosofía es hacer explícita esa verdad. La filosofía no es sino el espíritu de su tiempo expresado en conceptos. El concepto tiene que ver con la verdad, es concebir la verdad, concebir la verdad de una etapa, o la verdad de un momento histórico. ¿Qué diferencia habría entre la filosofía y la historia? Que la filosofía cuenta lo que la historia dice implícitamente en los hechos. La filosofía se produce por la actividad de muchos individuos, pero en la filosofía no cuenta el individuo, sólo cuenta la verdad. Un individuo entra en la filosofía sólo en la medida en que ese individuo, en tanto que filósofo y no que individuo concreto singular, se ha elevado a lo universal. Pensar es permitir que a través del pensamiento se exprese el pensamiento viviente en la historia.

Es como el artista. En la obra de arte a través del artista se expresa también la verdad de un tiempo. ¿Pero quién es el artista? ¿Cualquiera que ponga pintura en una tela es un artista, cualquiera que combine sonidos es un artista, cualquier arquitecto es un artista? ¿Una novelita best seller es expresión de la verdad de su tiempo, como el Fausto de Goethe por ejemplo, o el Don Quijote?

En realidad a la obra ni siquiera la pare el autor. La obra la elaboran el autor y todo el espíritu de su tiempo. La obra, si es una gran obra, nunca es expresión de un individuo. La obra ha surgido del espíritu del tiempo y del individuo a través del cual ese espíritu encuentra su vocero. La obra es producto de un nivel cultural, de un nivel de desarrollo de la consciencia. En realidad la obra es expresión de la consciencia misma, de la consciencia de ese tiempo.

Para el espíritu el individuo como individuo particular no cuenta, cuenta como individuo universal. Y el individuo universal y el espíritu son los mismo. Por lo tanto, es un error pensar que la obra es la obra de su autor. Es la obra de su autor y de su tiempo y de su medio y del estilo de pensamiento al que el autor -aún sin reconocerlo- pertenece y se expresa en él. Un filósofo no crea su filosofía, la filosofía se expresa a través de un pensador y de todo el ambiente de su época, y en realidad se expresa como respuesta a los problemas que la misma filosofía había dejado abiertos.

El concepto de individuo universal no es el concepto de individuo que tenemos nosotros, el individuo aislado que produce algo que es genial y que salió como un hongo de la nada, no, es a través del artista que el espíritu de su tiempo y los problemas de su tiempo se expresan. Por lo tanto, no es separar al individuo de su momento histórico, de su ambiente cultural, de las cuestiones que bullían en el aire para el cual el creador tiene antenas que le permiten -incluso sin que él se de cuenta- dar voz a eso que no es de él. Él pone su sello individual, pero eso es parte de la creación, la obra se crea a través del creador.

Es lo mismo que lo que la historia dice de los grandes hombres. Los grandes hombres hacen la historia a pesar de sí mismos. Claro que tienen un componente genial, pero la historia los usa. La historia se aprovecha del componente genial de un Napoleón y consigue sus propósitos, y luego a Napoleón lo exilian y muere en el destierro y sólo quedan cuadros, pero la obra histórica se ha hecho, la consciencia no vuelve a ser la que era, la humanidad ha pegado un salto a un estadio nuevo, y Napoleón fue como el canal a través del cual se realizó la obra del espíritu, no la obra de Napoleón. Esto visto según Hegel.

El concepto se pare a sí mismo y se pare a través de una consciencia humana, porque el espíritu, para Hegel, cuando se encarna, cuando deja de ser espíritu abstracto, es consciencia humana, no sólo consciencia particular, sino el estadio alcanzado en la consciencia de la humanidad. Pero ese estadio alcanzado es alcanzado a través de individuos, sin ninguna duda, pero que no aportan su individualidad, sino a través de los cuales se expresa la historia misma, el espíritu mismo.

Esta visión de un espíritu viviente va en contra de la visión nominalista y materialista que existe hoy en día; el individuo atómico descolgado de todo lo demás, que dice que sólo existe el individuo concreto separado de su tiempo, separado de su historia, que no existen ideas que muevan al mundo. Este es el espíritu de nuestro tiempo, sólo hay lo que se ve y lo que se toca, sólo hay cerebro, "no hay" ni siquiera ideas.

La visión de Hegel supera esta unilateralidad, así como también la visión que tiene Giegerich. Cuando Giegerich habla de la idea viviente en la obra de Jung, que posee a Jung y que lo obliga como a un obseso, sin que Jung tenga ninguna elección, a expresarse y que se expresa sin duda a través de Jung, con las particularidades de Jung, y donde a veces incluso Jung llega a expresar, por su propia particularidad, mal, la idea que le posee, lo que está diciendo Giegerich es que la obra de Jung no está escrita sólo por Jung, sino que Jung ofrece la pluma y su preocupación personal para expresar una idea que no le pertenece, porque la verdad no le pertenece a nadie [ver Reflexión "externa", reflexion inmanente y entendimiento, de La vida lógica del alma, Wolfgang Giegerich].

También recuerden a Heidegger: "Porque el pensar, ciertamente, es algo muy especial. La palabra de los pensadores no tiene autoría. La palabra de los pensadores no conoce autores en el sentido de los escritores. La palabra del pensar es pobre en imágenes y no tiene atractivo. La palabra del pensar descansa en una actitud que le quita embriaguez y brillo a lo que dice. Sin embargo, el pensar cambia el mundo. Lo cambia llevándolo a la profundidad de pozo, cada vez más oscura, de un enigma, una profundidad que cuanto más oscura es, más alta claridad promete." Logos, Martin Heidegger.

Porque el pensar no tiene autoría, no tiene autores, no es algo peculiar del individuo, el pensar tiene que ver con la verdad y la verdad no tiene ningún autor. Si la obra de Heidegger importa no es porque sea de Heidegger, que sea de Heidegger es secundario. Si la obra de Heidegger perdura es por la verdad que hay en la obra de Heidegger, y no porque sea de Heidegger o de Pepito Pérez, eso es menos importante. Por lo tanto, cuando aquí hablamos de Heidegger, no hablamos nunca de la persona Heidegger, hablamos de la idea viviente en su obra.

El reino del espíritu es el mundo al revés del sentido común. El sentido común ve que los artistas son individuos que sacan su obra de su propia individualidad, y que les pertenece como les pertenece a alguien un jersey, pero el mundo del espíritu es el mundo al revés. El sentido común no puede aprehender las ideas, ni mucho menos el concepto. Por lo tanto, procediendo con el sentido común es insensato decir que las ideas mueven al mundo. ¿Pero qué ve el sentido común? Ve la capa superficial de la cebolla. Es el sentido común el que está al revés, y el mundo del espíritu es el revés del revés.


La filosofía de la historia universal

Leeremos un pasaje de las Lecciones sobre la filosofía de la historia universal (págs. 44 y sig. 1831, Editorial Alianza) de Hegel.

Es un pasaje de las lecciones que dio Hegel sobre la filosofía de la historia universal. Filosofía quiere decir el espíritu de la historia universal. Este es más que un libro de historia, es lo que no ven los historiadores. Generalmente los historiadores creen que la historia la hacen los individuos, o que es un producto de casualidades, que si no hubiera habido Napoleón el mundo sería otra cosa. En cambio para Hegel, si no hubiera habido Napoleón el espíritu hubiera fabricado un Napoleón porque era inevitable, ya había llegado el momento en que se estaba maduro para esto. Y si no hubiera sido Napoleón hubiera sido Jorgeleón. El momento histórico crea a los individuos que necesita para expresarse. La historia para Hegel es alquimia, no es casualidad, ni es mecanicidad, porque si fuera mecánica uno podría prever. Pero no. Es creativo, es novedoso, es alquímico, y las decisiones individuales no cuentan, sólo cuentan cuando coinciden con lo que el espíritu universal quiere.

Es una visión muy interesante de la historia, que por cierto el marxismo adopta. Para el marxismo los individuos tampoco cuentan en la historia, los caprichos individuales no hacen la historia, la historia la hacen las expresiones de la lucha de clase, y sólo cuando el individuo expresa la consciencia de su clase, y es consciente, entonces el individuo forma parte activa de la historia, sino pasa pasivamente empujado por conflictos que no entiende. El marxismo original (el de Marx) no explicaría nunca la historia por individualidades, es la historia burguesa la que se explica por casualidades y por personalidades, y así pecan de lo que Giegerich llamaría el prejuicio antropológico [ver El Psicólogo como Predicador del Arrepentimiento y Evangelizador y La Falacia Ego Psicológica], esto es, el creer que la historia la hacen las personas, en lugar de ver que la historia se hace a sí misma y arrastra a las personas, y por supuesto, configura la consciencia misma que las personas tienen. La historia opera, por así decirlo, dentro, la misma consciencia es histórica, tu manera de pensar es la de tu tiempo y no otra. Esto es lo que se olvida, y uno se cree que el tiempo está afuera y que uno es eterno y que puede saltar de un tiempo a otro, uno se cree que la historia es como el Corte Inglés, y hoy en día más que nunca, sin entender que cada época es un estadio de conciencia. Tu no puedes viajar a una época, porque con tu estadio de consciencia estás atrapado en la tuya, no puedes salirte de la consciencia en la que estás, sólo puedes tener la ilusión y esa ilusión que tu vives es típica de la consciencia de tu tiempo. Por ejemplo, una película del futuro no cuenta el futuro, cuenta el hoy hablando de un supuesto futuro.

Hegel se estaba dando cuenta de que estaba haciendo historia, comprendía que a través de él se estaba dando un paso que derrumbaba toda la filosofía anterior y que lo hacía inevitable para el futuro, que no iba a haber futuro que no contuviera al pensamiento de Hegel. Pero también Picasso era consciente de que el arte plástico de su tiempo no podría no contener ya a Picasso, que no habría vuelta al pre-Picasso.

Hegel escribe:

"El espíritu, en la historia, es un individuo de naturaleza universal, pero a la vez de naturaleza determinada [no abstracta], esto es: un pueblo en general."

El individuo del que habla Hegel no es un individuo visible con los ojos de los sentidos, no es captable por la percepción, y ni siquiera por el entendimiento, sólo es aprehensible para la razón. Por ejemplo, para un físico un átomo existe, sí, pero no es captable por los sentidos, el átomo es captable por un alto instrumental y a través de una teoría matemática muy elaborada, sin ello no se aprehende el átomo. Nadie huele átomos, nadie toca átomos. Átomos es una idea que sólo se hace captable a través de una altísima sofisticación del pensamiento y de la tecnología que permite elaborar instrumentos. Los instrumentos no son sino pensamientos materializados. Los instrumentos surgen siempre de una teoría, no surgen como hongos de la nada. El tema es que el átomo pretende existir ahí afuera, sólo ahí afuera, mientras que el espíritu es la consciencia de que no hay nada ahí afuera que no sea consciencia. El espíritu es auto-consciencia. Para Hegel el átomo es espíritu que todavía no es consciente de sí mismo; es una idea que todavía se expresa como una cosa, sin consciencia de ser una idea. Por eso, para Hegel la filosofía se vuelve auto-consciente y se vuelve obra del espíritu en la razón dialéctica, mientras que la ciencia se mueve aún en el entendimiento, en la separación sujeto-objeto. La ciencia cree que hay un objeto independiente del un sujeto conocedor, mientras que la filosofía sabe que esa partición es ilusoria, lo sabe porque dialécticamente no hay objeto sino para un sujeto. El sujeto siempre está ahí, pero en la ciencia el sujeto está olvidado. La ciencia ontologiza, por eso se puede hablar, como dice Giegerich, de una metafísica presente -aunque no reconocida- en la ciencia y en la tecnología. Y su metafísica es que hay un mundo ahí, independiente de quién lo perciba, y eso es una tesis metafísica de largo alcance, que ya Hegel puso en cuestión.

"El espíritu, en la historia, es un individuo de naturaleza universal, pero a la vez de naturaleza determinada, esto es: un pueblo en general."

Otra manera de decirlo, la obra de arte, en tanto que el arte expresaba la verdad de su momento, era la obra de un pueblo. El arte nace en medio de un estado, de una organización, y tiene que ver con ese estado y con esa organización. Por lo tanto, el arte no es un capricho individual. Sin duda, un individuo lo crea, pero un individuo que participa íntegro y está embebido en el espíritu de su pueblo. Por eso una pirámide egipcia nunca hubiera podido ser una creación griega, porque corresponde al espíritu objetivo, al pueblo egipcio en su momento cultural, y es monumental, cosa que no hacían los griegos, en la Grecia clásica lo monumental había desaparecido. ¿Por qué? Porque el espíritu, el estadio del pueblo griego se basa en otro nivel de consciencia. La obra de arte le pertenece a un estadio histórico -y a un estado, a un pueblo, a una organización política, etc., etc.- en la cual el creador vive, y a través del cual se expresa. El pueblo es lo que cuenta históricamente, el individuo sólo cuenta como expresión del espíritu del pueblo.

"El espíritu, en la historia, es un individuo de naturaleza universal, pero a la vez de naturaleza determinada, esto es: un pueblo en general. Y el espíritu de que hemos de ocuparnos es el espíritu del pueblo. Ahora bien, los espíritus de los pueblos se diferencian según la representación que tienen de sí mismos, según la superficialidad o profundidad con que han sondeado, concebido, lo que es el espíritu. El derecho de la moralidad en los pueblos es la consciencia que el espíritu tiene de sí mismo. Los pueblos son el concepto que el espíritu tiene de sí mismo."

El concepto sólo se vuelve consciente a través del esfuerzo del pensar dialéctico. Si se piensa dialécticamente se aprehende la verdad. Pero pensar dialécticamente es ir más allá de la clasificación en cajitas, o del creerle al sentido común, o creerle a la mera percepción sensorial, que son formas sumamente engañosas. "Los pueblos son el concepto" encarnado "que el espíritu tiene de sí mismo".

"Por lo tanto, lo que se realiza en la historia es la representación del espíritu. La consciencia del pueblo depende de lo que el espíritu sepa de sí mismo..."

Y cuando el espíritu aún no se ha vuelto consciente de si mismo, su expresión en los pueblos es la inconsciencia del espíritu mismo. Pero una vez que el espíritu se concibe, a través de la consciencia humana, o una vez que llega a la consciencia humana esta verdad, de por ejemplo la libertad, de ahí en adelante la libertad ya forma parte de la historia, de toda la historia, de todos los pueblos que se eleven a lo racional. No se puede tirar por la borda el proceso histórico. Es como un proceso alquímico, un estadio contiene el anterior recordado (erinnerung), contenido.

"Por lo tanto, lo que se realiza en la historia es la representación del espíritu. La consciencia del pueblo depende de lo que el espíritu sepa de sí mismo; y la última consciencia [o lo último que se ha hecho consciente en este momento], a que se reduce todo, es que el hombre es libre."

El espíritu (en la época de Hegel) se ha vuelto consciente de la libertad, y aunque los individuos no lo sepan, en ellos mismos puja, y ya no hay paso atrás. Por eso, por ejemplo en nuestra época, que también hay una realización cada vez mayor de la individualidad, toleramos cada vez más las diferencias individuales, es más, nos damos cuenta que al permitir la experiencia de la diversidad, y más toleremos que el individuo se libere de la imposición colectiva, más estamos aceptando la diversidad, y mientras más aceptemos la diversidad más llegamos a lo común a todos, que es la idea de libertad. Yo más me parezco al otro en tanto que dejo que el otro sea el único que es, y así tolero y apoyo mi unicidad, mi singularidad. Si quiero que todos sean como yo, no tolero la diversidad y por tanto impongo una obligación común que tapa al individuo. Esto mismo es lo que dijo Giegerich en Una lucecita que llevar a través de la noche y de la tormenta (1): el concepto de universalidad o de alma universal y de individuo único irrebatible van de la mano. Mientras más libre sea el individuo, más libre es el espíritu de todos, incluido el mío. Y esto se está realizando día a día. Los que tenemos más de cincuenta recordamos como era cuando éramos chicos, todas las imposiciones a que cualquier diferencia era un crimen, el tener que aceptar vivir con otras culturas o con otras formas de sexualidad era pecaminoso, etc., etc. Se ha hecho algo en cincuenta años. ¿Pero lo ha hecho sólo la gente? No. Lo ha hecho la gente que se sentía aprisionada por lo que era verdad en ese tiempo. La realización del universal viviente tiene que ver con la máxima tolerancia de la diversidad, mientras que el universal abstracto quiere aplanar todas las diferencias en algo igual para todos, y por eso es dictatorial. Piensen en España y todo lo que pasa con las diferencias de los pueblos y de las lenguas. Va ser universal en cuanto se acepte la singularidad de cada nación. Curiosamente cuanto más individual y singular se sea, más universal es la verdad. Esto lo puede pensar el pensamiento dialéctico, para el sentido común en cambio, cuanto más universal más común. Pero no. La universalidad implica la diferencia, y no sólo la diferencia, la diferencia y la unidad. Una diferencia sin unidad sería una atomización, una unidad sin diferencias sería un totalitarismo, sería una unidad abstracta que niega las diferencias o una diferencia abstracta porque se ha divorciado de la unidad. Pero pensar la unidad en lo diferente y lo diferente en la unidad es lo propio de un pensamiento dialéctico, que es el espíritu.

"La consciencia del espíritu debe tomar forma en el mundo."

La conciencia a la que el espíritu llega a través de la historia, la consciencia colectiva a la que ha llegado el espíritu en un momento dado, el punto más alto o más sublimado de consciencia, la última adquisición, debe tomar forma en el mundo -y no necesariamente la consciencia individual, porque hay gente que vive separada del espíritu de su tiempo, la mayoría, la mayoría vive en su globo personal que no tiene que ver con la verdad de nuestro tiempo. El individuo puede vivir neuróticamente toda su vida. Como dijo Jung, algunos prefieren enfrentarse al gran problema de la humanidad (para Jung un gran psicólogo debiera hacerlo) pero otros prefieren construirse una casita en las afueras, que es como decir, lejos de los grandes temas (2). Bueno, tu te puedes alejar, pero los grandes temas siguen estando. Pero eres tú el que se ha aislado. De hecho es característico en nuestra época la invitación a vivir la burbuja personal como lo único que existe, que es el olvido de los grandes temas, aún cuando sigan existiendo y actuando en el mundo a pesar de que el individuo no se entere o no los comprenda y además posiblemente no le importen, y cuando le afecta lo vive como un destino, como obra de un dios, o lo que él se imagine; no lo puede vivir racionalmente porque no entra en sus categorías, eso sería tener que ponerse a pensar lo que pasa en el tiempo.

"La consciencia del espíritu debe tomar forma en el mundo."

Una vez que una idea es verdad, esa idea se realiza en el mundo, lo sepan o no lo sepan los individuos. Porque una idea que no se realiza sigue siendo una idea abstracta. En realidad es a través del realzarse que llega a su culminación. Y esto habla de la polémica entre el estado y el espíritu. Cuando el espíritu se vive separado del estado, el estado todavía permanece como algo opuesto al espíritu, donde ese espíritu aún no ha sido realizado. Cuando se realiza se vuelve hecho histórico, actúa, es efectivo, transforma el mundo. Mientras sea un ideal, y nada más que un ideal, aún no se ha concretado.

"La consciencia del espíritu debe tomar forma en el mundo. El material de esta realización, su terreno, [el terreno donde se realiza la consciencia en el mundo] no es otro que la consciencia universal [no la singular], la consciencia de un pueblo. Esta consciencia contiene -y por ella se rigen- todos los fines e intereses del pueblo; esta consciencia constituye el derecho, la moral y la religión del pueblo. Es lo sustancial del espíritu de un pueblo, aun cuando los individuos no lo saben, sino que constituye para éstos como un supuesto."

Recuerden que estamos hablando en el siglo XIX, el derecho, la moral y la religión serían la expresión más alta a la que ha llegado ese pueblo como expresión del espíritu. Y por supuesto, cambia, porque la verdad cada vez se sublima más y por tanto se realiza en formas más variadas. El derecho al que se ha llegado, la justicia que se practica es lo sustancial de un pueblo. La constitución de un pueblo es símbolo de un estadio de desarrollo de consciencia. La constitución no es sólo para el individuo, es la expresión del respeto y del ideal de libertad vigente. ¿Saben lo que es crear leyes? No es nada fácil. Nosotros que hemos nacido 200 años después de Hegel lo damos por supuesto, pero en la época de Hegel el estado en que él vivía no tenía una constitución, había una monarquía autoritaria. Por lo tanto, lo que él decía seguía siendo subversivo en su propio tiempo. Pero claro, como nosotros ya lo tenemos pensamos que es pan comido, pero ninguno de nosotros podría regresar a un estado moral anterior. No podríamos soportar esas imposiciones colectivas por ser varón o por ser mujer, ahora son cosas arcaicas, las vemos como expresiones de inconsciencia, porque era la última consciencia adquirida en aquel momento. No podríamos tolerar la esclavitud legal, pero en un momento la esclavitud legal era la expresión del espíritu de su tiempo. Cuando el espíritu de su tiempo cambió porque entraron nuevas ideas se vio que la esclavitud era una injusticia, y de hecho empezó a ser una injusticia cuando llegó a la consciencia. Si no hubiera habido consciencia hubiera seguido existiendo la esclavitud.

"Esta consciencia contiene -y por ella se rigen- todos los fines e intereses del pueblo; esta consciencia constituye el derecho, la moral y la religión del pueblo. Es lo sustancial del espíritu de un pueblo, aun cuando los individuos no lo saben, sino que constituye para éstos como un supuesto. Es como una necesidad. El individuo se educa en esta atmósfera y no sabe de otra cosa."

El individuo ya es, aunque no lo sepa, expresión del espíritu y del pueblo y del estado en que nació, porque se ha educado en esa atmósfera. Lo que para él es natural es lo adquirido en siglos de evolución, y le parece natural, pero no es natural, es producto de la alquimia, pero el individuo no lo sabe. Por eso, todo lo que llamamos naturaleza es espíritu. El espíritu es lo primordial, no hay naturaleza. Naturaleza es una idea, que además varía con las distintas épocas.

"El individuo se educa en esta atmósfera y no sabe de otra cosa."

Así que cuando el individuo ha sido educado en la atmósfera de "la mujer en casa y con la pata quebrada", lo práctica porque no sabe otra cosa, es natural, lo ve como lo más natural, no sabe que es una adquisición de algo anterior, y además que también es provisional. Volvemos a la ingenuidad del sentido común que dice que las cosas son así. ¿Son así para quién?

"El individuo se educa en esta atmósfera y no sabe de otra cosa. Pero no es mera educación, ni consecuencia de la educación, sino que esta consciencia es desarrollada por el individuo mismo; no le es enseñada. El individuo existe en esta sustancia [espiritual]."

El individuo desarrolla en su interior la misma consciencia que hay alcanzada en su exterior. El modo de existencia del individuo, no la información adquirida, es el espíritu de su tiempo. El modo-de-estar-en-el-mundo del individuo no es una elección individual, el individuo se encuentra ya allí, se encuentra ya en un estadio, existe en ese estadio, sin ese estadio ni siquiera existiría el individuo.

"El individuo existe en esta sustancia. Esta sustancia universal no es lo terrenal; lo terrenal pugna impotente contra ella. Ningún individuo puede trascender de esta sustancia; puede, sí, distinguirse de otros individuos, pero no del espíritu de su pueblo."

Ningún individuo puede estar más allá del espíritu de su tiempo. Ninguno. Por lo tanto, todos los sueños de futuro son característicos de la época del individuo, no son el futuro, el individuo no puede vivir en el futuro, sólo puede imaginar un futuro según el espíritu de su tiempo. El futuro imaginado en el siglo XXI no es el siglo XXV, es el siglo XXV imaginado, es pleno siglo XXI. Como cuando uno ve películas antiguas en las que imaginan el futuro, y que nos reímos porque sus imaginaciones del futuro son de su época. Por ejemplo 2001, que fue muy importante, donde las azafatas van vestidas de los 60, porque es una película típica de finales de los 60, por lo tanto es un futuro como se lo imaginaban en los 60. El 1984 de Orwell no fue 1984, fue un 1984 imaginado desde una situación histórica y política concreta. La obra, por mucho que quiera hablar de otro tiempo, pertenece a su tiempo, habla siempre de su tiempo y no puede salirse de él, ni puede ni tiene por qué.

"Ningún individuo puede trascender de esta sustancia; puede, sí, distinguirse de otros individuos, pero no del espíritu de su pueblo. Puede tener un ingenio más rico que muchos otros hombres, pero no puede superar el espíritu del pueblo. Los hombres de más talento son aquellos que conocen el espíritu del pueblo y saben dirigirse por él. Éstos son los grandes hombres de un pueblo, que guían al pueblo, conforme al espíritu universal. Las individualidades, por tanto, desaparecen para nosotros y son para nosotros las que vierten en la realidad lo que el espíritu del pueblo quiere."

La historia universal no es la historia de los grandes individuos, esa es la que nos enseñaron en la escuela, que no capta el espíritu de la historia, que te habla de tal fecha, de tal héroe, y la historia parece hecha por héroes, singularidades abstractas que brotaron como hongos de la nada. Pero no, para el que quiera ver la filosofía de la historia, el espíritu viviente en la historia, las individualidades no cuentan.

"Las individualidades, por tanto, desaparecen para nosotros y son para nosotros las que vierten en la realidad lo que el espíritu del pueblo quiere."

Quién hace la historia es el espíritu del pueblo, no los grandes individuos, porque los grandes individuos son aquellos que vierten en sus actos, no su peculiaridad, sino el espíritu de su tiempo. Esto implicaría que alguien que hace lo que quiere pero que no expresa la verdad de su tiempo, no se transforma en una individualidad histórica, aunque puede en su momento tener mucho éxito, pero será olvidado por la historia porque no representó el espíritu que actúa en la historia.

"En la consideración filosófica de la historia hay que prescindir de expresiones como: ‘Este Estado no habría sucumbido, si no hubiese existido un hombre que... etcétera’. Los individuos desaparecen ante la sustancia universal, la cual forma los individuos que necesita para su fin. Pero los individuos no impiden que suceda lo que tiene que suceder."

Por lo tanto, si nos mantenemos al nivel del individuo no podemos comprender la historia. Como tampoco podemos entender la física atómica si nos mantenemos al nivel de la sensorialidad común. La física atómica presupone que no aceptes simplemente lo que ves como la última verdad, requiere un instrumento más fino, si uno se mantiene en la sensorialidad no accede a la física atómica, no es que no haya física atómica, pero uno no accede. Si uno se mantiene al nivel del yo, el tu y los individuos, no puede acceder a la historia universal, que es la historia universal, no particular, singular de un individuo. Por eso los individuos no pueden comprender la historia como individuos, no la pueden comprender si no salen del plano del mi, del yo, del me pasa y no me pasa, que no tiene nada que ver con la historia universal. Los individuos no impiden que suceda lo que tiene que suceder. Por eso cuando decimos que un pensador o un político cambió la historia no entendemos la historia. Para lo que la consciencia está lista va a ocurrir, y si no fue a través de este individuo creará al individuo que la exprese -aunque el individuo mismo pueda no enterarse de ello.

De la época de Hegel a la nuestra también ha habido una alquimia, la noción de pueblo o de estado nacional, que eran tan importante en la época de Hegel, ha sido superada históricamente. Estamos en la época de la globalización, ya no existen los pueblos, ya no existe el pueblo alemán, el pueblo inglés, ya no hay un espíritu peculiar de un pueblo, porque los pueblos como pueblos han desaparecido como factor en la historia. Ya no puedes explicar la historia por pueblos y estados que luchan entre sí. Estamos en otro nivel. Lo que mueve el mundo ya no es una nación o de una bandera, las banderas ya han perdido toda su cualidad operativa. Los estados ya no deciden, los estados han pasado a ser, ya no la expresión del espíritu de un pueblo, sino la administración de una empresa, es como administrar una empresa por cinco años. Ahora se revela una nueva verdad, que es la economía, y la economía no tiene fronteras, el dinero no tiene nación. Esto Hegel no lo podría ver, porque se he llegado a lo que se ha llegado pasando primero por la creación de estados nacionales, y que fue inevitable.

No puedes comprender el arte de su época sino como expresión de eso. No puedes comprender las operas de Verdi fuera del contexto de la pujanza de la creación de un estado nacional. "¡Viva Victor Emanuel, rey de Italia!", el anagrama de Verdi. ¿Por qué la gente escribía "Viva Verdi" en las calles? La censura prohibida, y la música de Verdi excitaba a la consciencia de un espíritu nacional contra los invasores austríacos. Eso era en su momento. Pero hoy en día es curioso ver como se quiere usar la excusa del pueblo, y de la identidad nacional, para tapar ideológicamente la verdad de nuestro tiempo, que no pasa por ahí. Pasó, pero ya no pasa por ahí. Los medios de información que rigen al mundo no tienen banderas, responden al capital. Los medios de información modelan, no la verdad del mundo, sino una imagen del mundo. La imagen no es la verdad. Todo esto no lo podría decir Hegel. Por eso también hay que leer históricamente.

"El espíritu de un pueblo es un espíritu particular; pero a la vez también es el espíritu universal absoluto; pues éste es uno solo. El espíritu universal es el espíritu del mundo, tal como se despliega en la consciencia humana."

Ya en la época de Hegel se podía concebir el mundo, antes era inconcebible, pues la noción de mundo como unidad no había surgido. "Mundo" también es una idea, que surge cuando la consciencia está preparada para concebir esa idea.

"El espíritu universal es el espíritu del mundo, tal como se despliega en la consciencia humana. Los hombres están con él en la misma relación que el individuo con el todo, que es su sustancia. Y este espíritu universal es conforme al espíritu divino, que es el espíritu absoluto."

Hegel dice que el "espíritu universal es conforme al espíritu divino", que es un Dios en la tierra, no fuera de la tierra. Este sería también el Dios presente en la historia. Por eso se lo puede acusar de ateísmo a Hegel, de hecho se lo persiguió por impío religiosamente. La religión habla de un Dios ahí afuera, que observa el mundo, pero lo que dice Hegel es que Dios está en lo finito, es lo infinito presente en lo finito; no hay ningún Dios fuera, sino que Dios está dentro, Dios es la finitud misma, lo infinito moviendo desde dentro a la finitud.

"Por cuanto Dios es omnipotente, está en todos los hombres y aparece en la conciencia de cada uno; y éste es el espíritu universal."

También podríamos decir que Dios es la consciencia, Dios hoy, ya no puede aparecer como algo externo, como una sustancia, sino que es el sujeto, es la consciencia misma. En la época de Hegel ya se ha llegado al nivel del poder concebir a Dios no como algo en frente a la consciencia, sino como la consciencia misma, que es un proceso continuo.

"El espíritu particular de un pueblo particular puede perecer, pero es un miembro en la cadena que constituye el curso del espíritu universal o espíritu del mundo, el cual no puede perecer."

Por ejemplo, como el pueblo griego. El pueblo griego que hizo historia, el de la filosofía, el de la democracia, ya no existe más, pero está incorporado en la consciencia actual como un momento contenido. Por eso todos somos griegos sin saberlo. La consciencia occidental contiene el estadio griego, que fue el que saltó del mito al logos, y esto ya es inevitable. Y ahora ya continuamos conteniendo esa consciencia, aunque el pueblo griego como tal haya desaparecido históricamente. La Grecia de hoy ya no es aquella Grecia, (la Grecia de Pericles, de los trágicos, etc.) que ya no existe más, pero está en la consciencia, que es su mejor existencia. Lo que queda ahora de Grecia -que no está en la consciencia- es un lugar turístico al que vas y sacas fotos. Pero esa ya no es la Grecia viviente. La Grecia viviente sigue viviente en la consciencia. No se olviden que el origen de la democracia y las primeras constituciones tuvieron lugar en el pueblo griego, como así la ciencia y la filosofía, donde la razón se vuelve consciente de sí misma. Y aunque los individuos quieran volver atrás y ser el protozoo original, el grito primal, volver al vientre de la madre, etc., la historia ya no puede volver atrás. Por eso el regreso es falso, es una impostación.

"El espíritu del pueblo es, por tanto, el espíritu universal vertido en una forma particular, a la cual es superior en sí; pero la tiene, por cuanto existe. Con la existencia [o con la manifestación en el espacio y en el tiempo] surge la particularidad."

Siempre que el espíritu se expresa y existe, existe particularmente, universal, sí, pero existe particularmente. Si se encarna en los griegos, se encarna en formas griegas, si se encarna en los alemanes se encarna en formas alemanas. Pero eso particular es la manifestación concreta de un espíritu universal.

"La particularidad del espíritu de un pueblo consiste en el modo y manera de la consciencia que tiene el pueblo del espíritu."

Es decir, la particularidad del espíritu de un pueblo consiste en el modo y manera de la consciencia que el pueblo tiene de su constitución, de sus leyes, de su estado, de su arte, de su ciencia; mientras más consciente sea de esto, más vinculado al espíritu universal está ese pueblo.

"En la vida ordinaria decimos: este pueblo ha tenido esta idea de Dios, esta religión, este derecho, se ha forjado tales representaciones sobre la moralidad. Consideramos todo esto a modo de objetos exteriores que un pueblo ha tenido. Pero ya una consideración superficial nos permite advertir que estas cosas son de índole espiritual y no pueden tener una realidad ontológica ..."

Estas cosas no se pueden tener como se tiene un bosque de pinos, estas cosas no las ha tenido un pueblo, las ha sido, ha sido un modo de existir, no cosas que se tienen.

"... estas cosas son de índole espiritual y no pueden tener una realidad ontológica, es decir, de otra especie que del espíritu mismo, la consciencia que del espíritu tiene el espíritu mismo. Pero esta es a la vez ... consciencia de sí mismo o autoconsciencia. Aquí puedo caer en el error de tomar la representación de mi mismo en la consciencia de mi mismo como representación del individuo temporal. Constituye una dificultad para la filosofía el hecho de que la mayoría piense que la autoconciencia no contiene más que la existencia particular y empírica del individuo."

Esto es lo que hoy cunde, que autoconsciencia es consciencia que cada cual tiene de "ser así o ser asá" y "de ser yo diferente de...", etc., que no es más que una borrachera de particularidad. Este es un error dice Hegel. Esa no es la verdad de uno mismo. La verdad de uno mismo no es que "a mi me gusta esto y a ti te gusta aquello", todo esto es ilusión. Se puede vivir en la ilusión y alejado de la verdad, que de hecho es lo que hoy más hay.

"Constituye una dificultad para la filosofía el hecho de que la mayoría piense que la autoconciencia no contiene más que la existencia particular y empírica del individuo. Pero el espíritu, en la consciencia del espíritu es libre; ha abolido la existencia temporal y limitada, y entra en relación con la pura esencia, que es a su vez, su esencia."

Y el individuo particular es un esclavo que no sabe que es esclavo, esclavo del consumo, de la publicidad, de sus inseguridades, etc., etc., mientras que el espíritu es lo libre. Así que cuando el individuo llega a la sustancia de sí mismo, no llega como individuo particular empírico, sino como representante de la libertad.

"La consciencia de sí mismo es un concepto filosófico, que sólo en una exposición filosófica puede alcanzar completa determinación. Lo segundo que debemos tener en cuenta es que la consciencia de un pueblo determinado es la consciencia de su esencia. El espíritu es ante todo su propio objeto."

El espíritu es por lo tanto, el sujeto y el objeto, no tiene ningún objeto que no sea él mismo encarnado en los hechos, el las obras, o en lo que sea, y lo demás para el espíritu no existe, tu ser así o asá el espíritu no lo ve, el espíritu sólo ve la verdad. Por lo tanto, si anhelas ser visto tienes que elevarte a la verdad, si no no existes, no cuenta, es ilusorio, es irreal. El espíritu sólo accede a la verdad, porque es la verdad.

"El espíritu es ante todo su propio objeto. Mientras lo es para nosotros, pero sin todavía conocerse a sí mismo, no es aún su propio objeto según su verdadero modo. Pero el fin es saber que sólo tiende a conocerse a sí mismo [tal como es en sí y para sí mismo, que se manifiesta para sí mismo] en su verdad -el fin es que produzca un mundo espiritual conforme al concepto de sí mismo, que cumpla y realice su verdad, que produzca la religión y el Estado de tal modo, que sean conformes a su concepto, que sean suyos en la verdad o en la idea de sí mismo-, la idea es la realidad como espejo y expresión del concepto."

La idea es el concepto hecho realidad, es el concepto concreto, viviente, a diferencia del concepto abstracto. Es donde se refleja el espíritu que es activo en la realidad.

"Tal es el fin universal del espíritu y de la historia. Y así como el germen [la semilla] encierra la naturaleza entera del árbol y el sabor y la forma de sus frutos, así también los primeros rastros del espíritu contienen virtualmente la historia entera."

"... Hay que considerar, por tanto, el espíritu de un pueblo como el desarrollo del principio, que está encubierto en la forma de un oscuro impulso, que se expansiona y tiende a hacerse objeto. Este espíritu del pueblo es un espíritu determinado, un todo concreto, que debe ser conocido en su determinación. Siendo espíritu, sólo puede ser aprehendido espiritualmente, mediante el pensamiento; y nosotros somos quienes concebimos el pensamiento. Hemos de considerar, por tanto, el concepto determinado, el principio de este espíritu. Este principio es en sí muy rico y se despliega diversamente; pues el espíritu es vivo y activo y su actividad se refiere al producto de sí mismo. Él sólo es quien se manifiesta en todos los hechos y direcciones del pueblo, sólo él es quien se realiza y se goza y se comprende a sí mismo. La religión, la ciencia, las artes, los destinos y acontecimientos [históricos] constituyen su desenvolvimiento. Todo esto, y no la naturaleza física del pueblo (como la derivación de la palabra natio de nasci podría sugerir), da al pueblo su carácter."

Natio, viene de nacer, pero no es la nación como el lugar físico donde se nace, para Hegel esa no es la nación real, la nación real es la nación espiritual, la nación es el espíritu del pueblo, no el lugar físico donde se nace. Por eso, querer determinar un pueblo por genes es un error, no es ese el pueblo del que habla Hegel. El pueblo es la consciencia espiritual (de la libertad) adquirida en un momento histórico, nada más. Todos somos griegos aunque no lo sepamos, aunque seamos blancos o negros, aunque no tengamos ningún gen griego, porque nuestra consciencia contiene todo lo que adquirió el espíritu griego. Así que la nación para Hegel nunca será una cuestión de fronteras, ni de colores evidentemente, estas son peculiaridades, la nación es una cuestión de la consciencia del espíritu a la que se llega.

"Todo esto, y no la naturaleza física del pueblo (como la derivación de la palabra natio de nasci podría sugerir), da al pueblo su carácter. En su actuación, el espíritu del pueblo sólo conoce, al principio, los fines de su determinada realidad; pero todavía no se conoce a sí mismo. Pero tiene la tendencia a aprehender sus pensamientos. Su actividad suprema [la del espíritu de un pueblo] es el pensamiento; y así en su actuación suprema trata de comprenderse a sí mismo. Lo supremo para el espíritu es saberse, llegar no sólo a la intuición, sino al pensamiento de sí mismo."

Ya saben que el pensamiento en Hegel es la expresión plena de la verdad en su propio elemento. En el arte hay verdad pero todavía no está en su propio elemento, está bajo la forma de la imaginación. Sin sentidos no hay arte evidentemente, pero el pensamiento pasa de los sentidos. Para Hegel el verdadero pensamiento es la forma más pura del espíritu.

"Lo supremo para el espíritu es saberse, llegar no sólo a la intuición, sino al pensamiento de sí mismo. El espíritu tiene por fuerza que realizar esto y lo realizará. Pero esta realización es a la vez su decadencia, y ésta la aparición de un nuevo estadio, de un nuevo espíritu."

Cuando ese pueblo realiza la consciencia de sí mismo en el pensamiento, ese pueblo como tal ha cumplido y desaparece en la historia, y es absorbido por la consciencia de otro pueblo que expresará la consciencia de su momento. Por eso dice que esta realización es a la vez su decadencia, y ésta la aparición de un nuevo estadio, de un nuevo espíritu; también podríamos decir, de una nueva sintaxis, ya no es un nuevo contenido, sino de un estadio distinto de consciencia, y que no hay vuelta atrás.

"El espíritu de un pueblo se realiza sirviendo de tránsito al principio de otro pueblo."

Y lo que estuvo en los griegos pasó a los romanos, y lo que estuvo en los griegos y que continuaron los romanos pasó al cristianismo, y esto pasó a los estados nacionales, y pasó a la edad media, y pasó a las naciones, y esto ha pasado a la globalización, nos guste o no nos guste. Todo lo anterior está contenido, y no se puede volver atrás.

"El espíritu de un pueblo se realiza sirviendo de tránsito al principio de otro pueblo. Y de este modo los principios de los pueblos se suceden, surgen y desaparecen. Mostrar en qué consiste la conexión de este movimiento es la tarea propia de la historia universal filosófica."

Qué diferencia esta historia con la historia de hechos, fechas, batallas, héroes, datos, que es la historia de la representación, no de la razón.

"El modo abstracto en la progresión del espíritu es el curso sensible del tiempo, primera actividad. El movimiento más concreto es la actividad espiritual. Un pueblo hace progresos en sí mismo, experimenta adelanto y decadencia. Aquí viene la categoría de la educación, que puede ser educación ascendente o deformación. Esta última es para el pueblo producto o fuente de su ruina. Con la palabra educación no se ha precisado todavía nada sobre el contenido sustancial del espíritu del pueblo. Es un término formal y se construye en general mediante la forma de la universalidad. El hombre educado es aquel que sabe imprimir a toda su conducta el sello de la universalidad, el que ha abolido su particularismo, el que obra según principios universales. La educación [bildung: educación, formación] es una forma del pensamiento. Más concretamente: la educación consiste en que el hombre sepa reprimirse y no obre meramente según sus inclinaciones y apetitos, sino que se recoja [o se recuerde, se interiorice]. Gracias a esto da al objeto una posición libre y se habitúa a conducirse teóricamente."

Gracias a esto da al objeto una posición libre y se habitúa a conducirse teóricamente, es decir, según la verdad. La teoría para Hegel no es una cosa que está al frente, sino que impregna tu ser.

"Con esto va unido el hábito de aprehender [o abarcar] los distintos aspectos en su singularidad y de analizar las circunstancias, de aislar las partes, de abstraer, dando inmediatamente a cada uno de estos aspectos la forma de la universalidad. El hombre educado conoce en los objetos los distintos aspectos; éstos existen para él; su reflexión educada les ha dado la forma de la universalidad. Sabe también dejar que en su conducta se manifieste cada aspecto particular. El hombre ineducado, por el contrario, al aprehender lo principal, puede echar a perder, con la mejor intención, media docena de otras cosas. Por cuanto el hombre educado fija los distintos aspectos, obra concretamente; está habituado a obrar según puntos de vista y fines universales."

El hombre educado toma en cuenta el todo en cada parte, es refinado, advierte la diversidad, es delicado por lo tanto, el hombre torpe sólo ve lo que ve y no ve nada más, arrambla con todo como si eso que ve fuera lo único que hay, porque tiene una visión limitada que no diferencia, que no diversifica, que no es sutil. Como dice Jung, hace falta un pensamiento que incluye al sentimiento y no se opone a él.

"La educación expresa, pues, esta sencilla determinación: imprimir a un contenido el carácter de lo universal. Sin embargo, el desarrollo del espíritu, como movimiento del que ha surgido la educación, debe ser considerado de un modo todavía más concreto. El carácter general del espíritu consiste en la posición de las determinaciones que tiene en sí. Esto puede entenderse también en sentido subjetivo; y entonces se llaman disposiciones a lo que el espíritu es en sí y, por cuanto el espíritu existe en la realidad, se las llama propiedades y aptitudes. El producto mismo sólo se considera entonces en forma subjetiva. En la historia, por el contrario, el producto existe en la forma en que ha sido producido por el espíritu, como objeto, hecho, obra del espíritu. El espíritu del pueblo es el saber; y la actividad del pensamiento sobre la realidad del espíritu del pueblo consiste en que éste conozca a su obra como algo objetivo y no ya meramente subjetivo."

Por lo tanto, cuando un pueblo conoce su arte, su religión, su constitución, sus grandes obras, no como un capricho de ciertos sujetos, sino como una expresión objetiva, el espíritu se vuelve consciente de sí mismo gracias al pueblo.

"Es de advertir, con respecto a estas determinaciones, que se hace con frecuencia una distinción entre lo que el hombre es interiormente y sus actos. En la historia esto es falso; la serie de sus actos es el hombre mismo."

El hombre es sus actos y no tiene ningún interior separado de sus actos, eso es ilusorio. La verdad está en lo que se hace, lo que se hace es la expresión más alta del grado de consciencia real, no la ilusión del ego, en el que se refugian los individuos particulares. Esto también está expresado en Giegerich. ¿Qué consciencia hay en tus actos? La verdadera consciencia no pasa por que el individuo se diga que es consciente, ni siquiera hace falta que se diga algo, la verdadera consciencia está en los actos mismos. (3) El espejo de los actos (que no es el espejo de la imagen subjetiva), es el espejo en el que nadie quiere mirarse. Por eso la gente le tiene miedo al examen, porque en el examen se juzga lo que has hecho, no lo que pretendías hacer. En ese sentido el examen es objetivo; es, no lo que tu dices que sabes, sino lo que se expresa, y ahí está la verdad.

"Nos figuramos muchas veces que la intención, el propósito puede ser excelente, aunque los actos no valgan anda. En el individuo puede ocurrir, desde luego, que el hombre se disfrace; pero esto es algo muy parcial. La verdad es que lo externo no es distinto de lo interno. Semejante refinamiento de distinciones momentáneas no se dan en la historia."

En la historia no hay disfraz. El individuo se puede disfrazar diciendo que tiene buenos propósitos aunque no se manifiesten. La historia pone de manifiesto lo que un pueblo es, su cultura, su estado, su religión y la consciencia colectiva a la que se he llegado. No hay cuento. Ningún pueblo puede decir "estos son mis actos, pero yo quería otra cosa".

"Semejante refinamiento de distinciones momentáneas no se dan en la historia. Los pueblos son lo que son sus actos. Los actos son su fin [o su telos, su cumplimiento]."

"El espíritu obra esencialmente: se hace lo que es en sí, su acto, su obra; de este modo se convierte en su propio objeto y se ofrece a sí mismo como existencia [y no sólo como potencia, sino como lo que existe, lo que opera en la historia]. Y lo mismo el espíritu de un pueblo. Su actividad consiste en hacerse un mundo real, que existe también en el espacio."

Un pueblo es el mundo que ha construido. Y lo ha construido a través de sus leyes, de su religión, de su filosofía, etc. El mundo no es más que la actualización de una compresión del mundo (por eso el mundo es una idea). Su actividad consiste en hacerse un mundo real, que existe también en el espacio, y no sólo en un concepto abstracto.

"Su religión, su culto, sus costumbres, sus usos, su arte, su constitución, sus leyes políticas, el orbe entero de sus instituciones, sus acontecimientos y actos, todo esto es su obra, todo esto es ese pueblo. Todo pueblo tiene esta sensación. El individuo halla entonces ante sí el ser del pueblo, como un mundo acabado y fijo, al que se incorpora."

Por lo tanto, uno no nace al mundo natural, uno nace al mundo espiritual, al que ve como algo fijo, acabado, estable y que siempre fue así.

"Ha de apropiarse de este ser sustancial, de modo que este ser se convierta en su modo de sentir y en sus aptitudes, para ser él mismo algo. La obra [o leído alquímicamente, el opus] preexiste y los individuos han de educarse en ella [en el opus], han de hacerse conforme a ella [al opus]."

Qué consciencia hay en Hegel de que la historia no está afuera, sino que el individuo mismo es la historia concretada -aunque no lo sepa-, y que su mirar es la historia.

"Si consideramos el período de esta producción [la producción de la obra], encontramos que el pueblo trabaja aquí para el fin de su espíritu, y lo llamamos moral, virtuoso, fuerte, porque produce lo que constituye la íntima voluntad de su espíritu y defiende su obra, en la labor de su objetivación [de su encarnación concreta], contra todo poder externo. La separación de los individuos con respecto al todo todavía no tiene lugar; ésta sólo aparece posteriormente, en el período de la reflexión."

El individuo inconsciente está absolutamente pegado al todo, pero todavía no ha tomado consciencia de su individualidad, como miembro del todo, sino que es el todo inconscientemente.

"Cuando el pueblo ha hecho de sí mismo su propia obra, desaparece la dualidad entre lo que es en sí, en su esencia, y lo que es en la realidad. El pueblo se ha satisfecho [se he cumplido]; ha desenvuelto como su mundo propio lo que en sí mismo es. Y el espíritu se goza en esta su obra, en este su mundo. Ahora bien, ¿qué sucede cuando el espíritu tiene lo que quiere? Su actividad ya no es excitada; su alma sustancial ya no entra en actividad. Su actividad sólo está ya en una lejana relación con los intereses supremos. Sólo tengo interés por algo, mientras este algo permanece oculto para mí, o es necesario para un fin mío, que no se halla cumplido todavía. Cuando el pueblo se ha formado por completo y ha alcanzado su fin, desaparece su más profundo interés. El espíritu del pueblo es un individuo natural; como tal florece, madura, decae y muere. La naturaleza de lo finito exige que el espíritu limitado sea perecedero. Es vivo y, por tanto es esencialmente actividad, se ocupa en la producción y realización de sí mismo."

Cuando el pueblo ha hecho de sí mismo su propia obra, ésta es continuada por otro pueblo, que es el que aún está vivo. Por eso una vez que Roma se había agotado vinieron los bárbaros, y no por la casualidad de una invasión. Roma cayó y quedó decadente cuando ya había cumplido su objetivo, y los bárbaros continuaron la obra. Los griegos también tuvieron la decadencia, por eso fueron conquistados por los romanos, que tenían la fuerza del espíritu, que tenían algo que cumplir, y Grecia ya había cumplido todo lo que podía cumplir, de hecho había entrado en una decadencia, habían importado religiones de oriente, se había perdido el espíritu Griego, hubo dos o tres siglos de decadencia hasta que cayó el imperio griego, porque hubo otro que tenía la idea de una fuerza nueva, que contenía la anterior pero que ahora pegaba un salto a un nuevo nivel. Entendida así la historia, hic Rhodus, hic salta. (4) Recuerdo haber escrito a Giegerich diciéndole, "pero bueno, podría haber sido distinto si los cristianos no vencen a los neoplatónicos". Y me contestó, "Hic Rhodus, hic salta; la historia es la prueba de quién era el que estaba". Es una idea subjetiva esta de que "si no hubieran ganado aquellos y hubieran ganado estos...". Los cristianos no ganaron por casualidad, sino que el espíritu que portaba el cristianismo tenía una fuerza que el otro, ya maduro, ahora no tenía. Por lo tanto, la prueba de la verdad es la historia misma, no lo que los individuos, desde sus particularidades decretan que estaría bien [ver: El psicólogo como predicador, Wolfgang Giegerich]. La obra alquímica tampoco es libre, no salta a cualquier lugar, salta según su íntima necesidad. Pero el crecimiento tampoco es libre, el niño no se transforma de golpe en viejo. Hay faces. Pero hay una diferencia entre las faces naturales y las culturales, las faces naturales son repetitivas y las faces culturales -que son las del espíritu mismo- son creativas. El espíritu nunca se repite, el roble siempre se repite, vuelve a producir una semilla que pasará por las mismas faces. La naturaleza es cíclica, pero el espíritu es alquímico.

"Tan pronto como el espíritu se ha dado a su objetividad en su vida, tan pronto como ha elaborado enteramente el concepto de sí y lo ha llevado a pleno desarrollo, ha llegado ... al goce de sí mismo. La edad florida, la auténtica juventud de un pueblo es el período en que el espíritu es todavía activo. Los individuos tienen todavía el afán de conservar su patria, de realizar el fin del pueblo. Conseguido esto, comienza el hábito de vivir. Y así como el hombre perece por el hábito de vivir, así también el espíritu del pueblo perece en el goce de sí mismo. Cuando el espíritu del pueblo ha llevado a cavo toda su actividad, cesan la agitación y el interés; el pueblo vive el tránsito de la virilidad a la vejez, en el goce de lo adquirido. La necesidad que había surgido ya ha sido satisfecha mediante una institución; y ya no existe más. Luego, también la institución debe suprimirse [o superarse]. Y se inicia un presente sin necesidades."

El presente ya no tiene necesidades porque ha muerto, pero en la historia la necesidad vendrá bajo la forma de otro pueblo donde el espíritu está vivo. Por eso al final los pueblos son como los individuos, existen y también desaparecen. ¿Y qué queda? El espíritu universal, que no tiene banderas, ni lengua. Hoy podríamos decir que el espíritu universal -entre otras- toma la forma del capital universal. Podríamos decir que hoy estamos en un estadio de verdad más manifiesta aún que la del siglo XIX. La verdad del siglo XIX es que los estados eran el fin último del espíritu, pero hoy podemos ver que el espíritu tiene un fin más universal y un medio más universal que los estados. Esto puede ser terrorífico para el individuo, porque es barrido por el espíritu; el espíritu tiene sus propios fines, que no son los tuyos.

"Ahora el pueblo vive en la satisfacción del fin ya alcanzado, cae en la costumbre, donde ya no hay vida alguna, y camina así hacia su muerte natural. Todavía puede hacer mucho en la guerra y en la paz, en el interior y en el exterior. Todavía puede seguir vegetando largo tiempo. Se agita, sí. Pero esta agitación es meramente la de los intereses particulares de los individuos, no el interés del pueblo mismo. La vida ha perdido su máximo y supremo interés; pues el interés sólo existe donde hay oposición, antítesis."

Al final sólo quedan los intereses particulares. Desde esta mirada casi podríamos decir que estamos viviendo una época de decadencia. Lo que hay sólo son intereses particulares, ya no hay un fin universal que mueva -más allá de que se sepa-, que despierte las voluntades, y que cree historia. Hegel por lo tanto, anuncia el nihilismo. El nihilismo es el estadio al que se llega cuando un pueblo ha cumplido su propósito y está en decadencia. La vida ha perdido su máximo y supremo interés, todo es costumbre, todo es repetición, todo son agitaciones particulares, se ha perdido un sentido.

"La muerte natural del espíritu del pueblo puede presentarse como anulación política. Es lo que llamamos la costumbre. El reloj tiene cuerda y sigue marchando por sí mismo. La costumbre es una actividad sin oposición [sin negación interior, y por lo tanto, sin el motor de la vida], a la que sólo le queda la duración formal [sin contenido] y en la que la plenitud y la profundidad del fin ya no necesitan expresarse; es, por decirlo así, una existencia posible y externa [no necesaria e interna], que ya no profundiza en la cosa misma. Y entonces sirve de material a un principio superior. Se torna provincia de otro pueblo, en el que rige un principio superior. Pero el principio al que ha llegado un pueblo, es algo real. Aunque éste halle en la costumbre su muerte, lo cierto es que como ente espiritual no puede morir, sino que se abre paso hacia algo superior. La caducidad puede conmovernos; pero se nos muestra, si miramos más profundamente, como algo necesario en la idea superior del espíritu."

La caducidad es el nacimiento de una forma superior, es inevitable, pero no sólo es la muerte, es la vida nueva que se abre paso.

"El espíritu está puesto de manera que realiza de esta suerte su absoluto fin último. Y así debemos reconciliarnos con su caducidad. El espíritu de un pueblo particular está sujeto, pues, a la caducidad; declina, pierde su significación para la historia universal, cesa de ser el portador del concepto supremo, que el espíritu ha concebido de sí mismo. Pues siempre vive en su tiempo, siempre rige aquel pueblo que ha concebido el concepto supremo del espíritu. Puede suceder que subsistan pueblos de no tan altos conceptos, pero quedan a un lado en la historia universal."

"... Pero como el pueblo es un universal, un género, ofrécesenos una determinación más. El espíritu del pueblo, por cuanto es género, existe por sí. En esto consiste la posibilidad de que lo universal, que hay en él, aparezca como lo contrario de él. Su negación se hace manifiesta en él mismo. El pensamiento se eleva sobre la actuación inmediata; y de este modo su muerte natural aparece como un suicidio. Observamos así, de una parte, la decadencia que el espíritu del pueblo se prepara. La manifestación de la muerte tiene distintas formas; la ruina arranca de dentro, los apetitos se desatan, lo particular busca su satisfacción y el espíritu sustancial no medra y por tanto perece. Los intereses particulares se apropian las fuerzas y facultades que antes estaban consagradas al conjunto. Así lo negativo, como descomposición interior, parece particularizarse. Suele unirse a esto un poder externo, que quita al pueblo la posesión de la soberanía y es causa de que cese de ser pueblo. Mas este poder externo pertenece sólo al fenómeno; ninguna fuerza puede prevalecer contra el espíritu del pueblo ni destruirlo, si no está ya exánime y muerto por sí mismo."

"Pero otro momento sigue al de la caducidad. La vida sucede a la muerte. Se podría recordar aquí la vida en la naturaleza, y cómo los capullos caen y brotan otros. Pero en la vida espiritual sucede de distinto modo. El árbol es vivaz, echa brotes, hojas, flores, produce frutos una y otra vez. La planta anual no sobrevive a su fruto. El árbol puede durar decenios, pero muere al fin. La resurrección en la naturaleza es repetición de una y la misma cosa; es la aburrida historia siempre sujeta al mismo ciclo. Bajo el sol no hay nada nuevo. Pero con el sol del espíritu, la cosa varía. Su curso y movimiento no es una repetición de sí mismo. El cambiante aspecto en que el espíritu se ofrece, con sus creaciones siempre distintas, es esencialmente un progreso."

La confianza en el progreso es algo que se le achaca a Hegel, pero claro, progreso en Hegel no significa lo que significa en el materialismo. Progreso en Hegel significa sublación, no acercamiento a un fin prefijado, como que hay una meta que ya está fijada y que todos avanzamos, en la idea de sublación hasta la misma meta se recrea en cada estadio. En cierto sentido cada estadio define un nuevo fin, no hay un fin fuera de cada estadio. En cambio cuando la gente cree en un progreso indefinido, cree que hay un fin al que se avanza, y el fin no cambia. En cambio en Hegel, hasta el fin en cada estadio es distinto. A Hegel se le critica como una filosofía optimista del progreso, pero no es tan así, porque Hegel reconoce la dureza, el sufrimiento y la atrocidad que pueden ocurrir en la historia como gestación de una forma nueva.

"Bajo el sol no hay nada nuevo. Pero con el sol del espíritu, la cosa varía. Su curso y movimiento no es una repetición de sí mismo. El cambiante aspecto en que el espíritu se ofrece, con sus creaciones siempre distintas, es esencialmente un progreso. Esto es lo que sucede en esa disolución del espíritu del pueblo por la negatividad de su pensamiento; de tal modo, que el conocimiento, la concepción pensante del ser, es fuente y cuna de una nueva forma, de una forma superior, en un principio, en parte conservador [porque contiene todas las realizaciones anteriores] y en parte transfigurador."

"Pues el pensamiento es lo universal, el género, que no muere, que permanece igual a sí mismo. La forma determinada del espíritu no pasa naturalmente en el tiempo, sino que se anula en la actividad espontánea de la autoconciencia."

Por lo tanto, no es sólo un proceso temporal, como la del nogal, sino que la caducidad de una forma espiritual ocurre en la consciencia, no pasa naturalmente en el tiempo, sino que se anula en la actividad espontánea -no mecánica- de la autoconsciencia.

"Como esta anulación es una actividad del pensamiento, es a la vez conservación y transfiguración."

La actividad del pensamiento es la fuerza de la negación. En el prólogo a la Fenomenología del espíritu, Hegel decía, "El espíritu no es esta potencia como lo positivo que se aparta de lo negativo, como cuando decimos de algo que no es nada o que es falso y, hecho esto, pasamos sin más a otra cosa, sino que sólo es esta potencia cuando mira cara a cara a lo negativo y permanece cerca de ello. Esta permanencia es la fuerza mágica que hace que lo negativo vuelva al ser. Es lo mismo que ... el sujeto, el cual, al dar un ser allí a la determinabilidad en su elemento, supera la inmediatez abstracta, es decir, la que sólo es en general; y ese sujeto es, por tanto, la sustancia verdadera, el ser o la inmediatez que no tiene la mediación fuera de sí, sino que es esta mediación misma." Esta es la negación, que es una acto lógico, no físico, y como es un acto lógico está contenido en todo producto ulterior.

"Y así, el espíritu, aboliendo por un lado la realidad, la consistencia de lo que el espíritu es, gana a la vez la esencia, el pensamiento, lo universal de lo que fue."

Lo que fue no se tira atrás para repetirse, sino que en cada nuevo estadio lo que fue ya está contenido, y no va a volver a ser. Mientras que en la nuez se regresa al nogal que fue, en un nuevo estadio del espíritu no se regresa al estadio anterior, porque es nuevo, conteniendo ya, de forma negada, todo el pasado. No hay retorno repetitivo.

"Su principio ya no es este inmediato contenido y fin, tal como fue, sino la esencia de ello."

Y por lo tanto su existencia es distinta. En la nuez aparece la esencia de lo que fue, que es el nogal, y da origen a la existencia de lo que fue, en el espíritu la esencia de lo que fue está conservada, pero la existencia será distinta, porque es un principio mas alto.

"... Lo más importante, el alma, lo principal en la concepción y comprensión filosófica de la historia, es tener y conocer el pensamiento de este tránsito [el de la negación, el de la sublación]. Un individuo recorre distintas fases en la educación y permanece el mismo individuo; e igualmente un pueblo, hasta la fase que sea la fase universal de su espíritu. En este punto se halla la necesidad interna, la necesidad conceptual de la variación. Pero la impotencia de la vida se revela ... en que el comienzo y el resultado son distintos. Así también, en la vida de los individuos y pueblos."

El nuevo individuo ya no es el individuo que murió.

"El espíritu de un pueblo determinado es sólo un individuo en el curso de la historia universal. La vida de un pueblo hace madurar su fruto; pues su actividad se endereza a realizar su principio. Mas este fruto no cae en el regazo en que se ha formado. El pueblo que lo produjo no llega a gozarlo; antes al contrario, resulta para él un trago amargo. Rechazarlo no puede, porque tiene infinita sed de él. Mas apurar el trago significa su aniquilamiento -y a la vez, empero- el oriente de un nuevo principio. El fruto se torna de nuevo en simiente; pero simiente de otro pueblo, que ha de hacerla madurar. El espíritu es esencialmente resultado de su actividad: su actividad rebasa lo inmediato, es la negación de lo inmediato y la vuelta en sí. El espíritu es libre. Hacer real esta su esencia, alcanzar esta excelencia, es la aspiración del espíritu universal en la historia universal. Saberse y conocerse es su hazaña, pero una hazaña que no se lleva a cabo de una vez sino por fases. Cada nuevo espíritu de un pueblo es una fase en la conquista del espíritu universal, en el logro de su consciencia, de su libertad. La muerte del espíritu de un pueblo es tránsito a la vida; pero no como en la naturaleza, donde la muerte de una cosa da existencia a otra igual, sino que el espíritu universal asciende desde las determinaciones inferiores hasta los principios y conceptos superiores de sí mismo, hasta las más amplias manifestaciones de su idea."

"... El fin último. - Hay que tratar aquí, por tanto, del fin último que tiene la humanidad y que el espíritu se propone alcanzar en el mundo, y a realizar el cual viene impulsado con infinito y absoluto empuje. Las consideraciones referentes a este fin último se enlazan con lo que se ha dicho antes respecto al espíritu del pueblo. Se ha dicho que lo importante para el espíritu no puede ser otra cosa que él mismo. No hay nada superior al espíritu, nada más digno de ser su objeto. El espíritu no puede descansar ni ocuparse en otra cosa, hasta saber lo que es. Éste es, sin embargo, un pensamiento general y abstracto, y hay un hondo abismo entre este pensamiento del cual decimos que es el supremo y único interés del espíritu -y lo que vemos que constituye los intereses de los pueblos y de los individuos en la historia. En la visión empírica contemplamos fines e intereses particulares, que han ocupado durante siglos a los pueblos; piénsese, por ejemplo, en la lucha entre Cartago y Roma. Hay que franquear un hondo abismo para llegar a descubrir en los fenómenos de la historia el pensamiento del cual hemos dicho que constituye el interés esencial."

Y esto es lo que no hacen los historiadores. Por eso Hegel no es un historiador, es un filósofo de la historia, porque si uno se queda en los meros hechos superficiales de la historia, uno no aprehende el espíritu. Para ver el espíritu en la historia, éste ya tiene que estar presente. En un historiador que no tiene aún la idea del espíritu, no encontrará el espíritu en la historia. Sólo lo puede encontrar si ya lo tiene. La historia puede ser filosófica si ya el punto de partida es filosófico. - También la psicología puede ser psico-lógica si ya el punto de partida es psico-lógico (5). Por mucho que estudies cerebros nunca saldrás de una perspectiva física, nunca llegará a ser psico-logía, tiene que serlo al principio para encontrarlo en lo estudiado. Esto es algo que hoy cuesta entender. Se cree que por la observación se llega a la psique. Pero no. El alma tiene que estar antes para ser encontrada luego, si no se parte de un concepto de alma no se llega nunca al alma.

"Hay que franquear un hondo abismo para llegar a descubrir en los fenómenos de la historia el pensamiento del cual hemos dicho que constituye el interés esencial."

Si no se franquea este abismo y uno se queda en los hechos, sólo va a llegar a hechos. Sólo empezando ya desde el pensamiento se encuentra en la historia el pensamiento, que es el interés esencial de la historia misma.

"... Si definimos, pues, el fin diciendo que consiste en que el espíritu llegue a la consciencia de sí mismo o haga al mundo conforme a sí mismo -ambas cosas son idénticas-, puede decirse que el espíritu se apropia la objetividad [porque se encuentra objetivamente afuera], o a la inversa, que el espíritu saca de sí su concepto, lo objetiva y se convierte de este modo en su propio ser. En la objetividad se hace consciente de sí, para ser bienaventurado; pues donde la objetividad corresponde a la exigencia interior, allí hay libertad."

Cuando el espíeiru se reconoce en los hechos, es bienaventurado, pero cuando se manifiesta como pura intencionalidad, pero que no está en los hechos, todavía no se ha realizado, no está cumplido, no se puede regocijar en sí mismo, porque no ha llegado a su telos. Hay libertad por lo tanto, cuando lo que el mundo es en un momento dado corresponde a lo que el espíritu es, sino sigue habiendo una tensión por la cual el mundo tiene que expresar el espíritu que aún no ha expresado. Esto quiere decir que tiene que realizarse en los hechos mismos.

"Si, pues, determina así el fin, queda definida la progresión exactamente, en el sentido de que no es considerada como un mero aumento. Podemos añadir en seguida que, hablando de nuestra consciencia habitual, concedemos también que la consciencia ha de recorrer fases de educación, para conocer su esencia."

"El fin de la historia universal es, por tanto, que el espíritu llegue a saber lo que es verdaderamente y haga objetivo este saber, lo realice en un mundo presente, se produzca a sí mismo objetivamente. Lo esencial es que este fin es un producto. El espíritu no es una cosa natural, como el animal. Éste es como es, inmediatamente. Pero el espíritu se produce, se hace lo que es."

Volvemos a Giegerich, el alma se hace, no está hecha de antemano. El animal no puede ser sino lo que es inmediatamente. ¿Qué se hace el animal? El animal es lo que es ya en principio. No es más que el despliegue de lo que ya es. Pero el espíritu se va haciendo y se va descubriendo, no es llegar a ser lo que era apriori, sino que es re-creación a cada momento, siempre es improvisación.

"Pero el espíritu se produce, se hace lo que es. Por eso, su primera formación, para ser real, es autoactividad. Su ser consiste en actuosidad; no es una existencia inmóvil, sino producirse, ser advenido para sí, hacerse por sí."

Su ser es actuocidad, actividad. No es que haya una actividad de un ser separado de su actividad, sino que su ser es lo que actúa, su ser es su actuar. Es parecida a la idea del alma de Giegerich, el alma es su hacer mismo, no es un ente que además hace cosas, sino que es su propio hacer, y no hay otra cosa que sostenga el hacer, es el hacer mismo, es el puro movimiento.

"Para que el espíritu sea verdaderamente, es menester que se haya producido a sí mismo. Su ser es el proceso absoluto."

Y no es que hay un ser que además hace un proceso, sino que su ser es el proceso y no otra cosa, no hay un sustrato del proceso, es el proceso mismo.

"Este proceso, que es una conciliación del espíritu consigo mismo, mediante sí mismo, no mediante otro, implica que el espíritu tiene distintos momentos, encierra movimientos y variaciones, está determinado tan pronto de ésta, tan pronto de esta otra manera. Este proceso, por tanto, comprende esencialmente fases, y la historia universal es la manifestación del divino proceso, de la serie de fases en que el espíritu se sabe [o se conoce] y se realiza a sí mismo y realiza su verdad. Todas son fases del conocimiento de sí mismo. El mandamiento supremo, la esencia del espíritu, es conocerse a sí mismo, saberse y producirse como lo que es. Esto lo lleva a cabo en la historia universal, produciéndose en formas determinadas, que son los pueblos de la historia universal. Los pueblos son productos que expresan cada uno una fase especial, y así caracterizan una época de la historia universal. Concebido más profundamente diríamos que son los principios que el espíritu ha encontrado en sí mismo y que está obligado a realizar. Hay por tanto, en ellos una conexión esencial, que expresa la naturaleza del espíritu."

"... A esta concepción de un proceso mediante el cual el espíritu realiza su fin en la historia se opone una representación muy difundida sobre lo que es ideal, y sobre la relación que lo ideal tiene sobre la realidad, lo que debería ser. Nada más frecuente ni corriente, que el lamento de que los ideales no pueden realizarse en la efectividad -ya se trate de ideales de la fantasía o de la razón [referencia a Kant]-; y, en particular, de que los ideales de la juventud quedan reducidos a ensueños por la fría realidad. Estos ideales que así se despeñan por la derrota de la vida en los escollos de la dura realidad, no pueden ser, en primer término, sino ideales subjetivos y pertenecen a la individualidad [a la subjetividad] que se considera a sí misma como lo más alto y el colmo de la sagacidad. Pero estos ideales no son los ideales de que aquí [en la historia universal] tratamos. Pues lo que el individuo se forja por sí, en su aislamiento, puede no ser ley para la realidad universal; así como la ley universal no es sólo para los individuos, los cuales pueden resultar menoscabados por ella. Puede suceder, sin duda, que tales ideales [individuales, subjetivos] no se realicen. El individuo se forja con frecuencia representaciones de sí mismo, de los altos propósitos y magníficos hechos que quiere ejecutar, de la importancia que tiene y con qué justicia puede reclamar y que serviría a la salud del mundo. Por lo que toca a tales representaciones digo que deben quedar en su puesto. Cabe soñar de sí mismo muchas cosas que no son sino representaciones exageradas del propio valor. Cabe también que un individuo sea tratado injustamente. Pero esto no afecta para nada a la historia universal, a la que los individuos sirven como medio de su progresión. Pero por ideales se entiende también los ideales de la razón, [Kant decía que la razón tiene ideales que nunca serán cumplidos sino que sirven como normas para actuar] las ideas del bien, de verdad, lo mejor en el mundo; ideas que exigen verdaderamente su satisfacción. Considérase como injusticia objetiva el que esta satisfacción no tenga lugar. Poetas como Schiller han expresado con sensibilidad conmovedora su dolor por ello. Si pues afirmamos, frente a esto, que la razón universal se realiza..."

La razón universal se realiza y sin embargo no realiza los ideales de "bien", de "justicia universal", de "nos amamos todos", de "la tierra es el paraíso", etc., que son los ideales que se inventa la razón. Hegel está diciendo que los ideales que se realizan son los reales.

"Si pues afirmamos, frente a esto, que la razón universal se realiza, quiere decir que no nos referimos al individuo empírico, el cual puede ser mejor y peor, porque aquí acaso, la particularidad, obtiene del concepto el poder de ejercitar su enorme derecho. Cabe, sin duda, representarse, respecto de las cosas particulares, que muchas cosas son injustas en el mundo. Habría, pues, mucho que censurar en los detalles de los fenómenos. Pero no se trata aquí de lo particular empírico, que está entregado al acaso [al azar] y ahora no nos importa. Nada tampoco es más fácil que censurar, sentando plaza de sabio. Esta censura subjetiva, que sólo se refiere al individuo y a sus defectos, sin conocer en él la razón universal, es fácil y puede fanfarronear y pavonearse grandemente, ya que acredita de buena intención hacia el bien de la comunidad y da apariencia de buen corazón. Más fácil es descubrir en los individuos, en los Estados y en la marcha del mundo los defectos, que el verdadero contenido; pues la censura negativa nos coloca en posición elegante y permite un gesto de superioridad sobre las cosas, sin haber penetrado en ellas, esto es, sin haberlas comprendido, sin haber comprendido lo que tienen de positivo. La censura puede estar fundada, ciertamente; pero es mucho más fácil descubrir lo defectuoso que lo sustancial (por ejemplo, en las obras de arte). Los hombres creen con frecuencia que ya lo han hecho todo, cuando han descubierto lo con razón censurable. Tienen, sin duda, razón en censurarlo; pero, por otra parte, no tienen razón en desconocer el aspecto afirmativo de las cosas. Es señal de máxima superficialidad el hallar por doquiera lo malo, sin ver nada de lo afirmativo y auténtico. La edad nos hace más moderados, en general. La juventud está siempre descontenta. La causa de esta moderación en la vejez es la madurez del juicio, que no sólo tolera lo malo, por desinterés, sino que, adoctrinada más profundamente por la seriedad de la vida, penetra en lo sustancial y meritorio de las cosas; lo cual no es benevolencia, sino justicia."

"Pero en lo tocante al verdadero ideal, a la idea de la razón misma, la filosofía debe llevarnos al conocimiento de que el mundo real es tal como debe ser y de que la voluntad racional, el bien concreto, es de hecho lo más poderoso, el poder absoluto, realizándose. El verdadero bien, la divina razón universal, es también el poder de realizarse a sí mismo. Este bien, esta razón, en su representación [es decir, figurativamente hablando] más concreta, es Dios. Lo que llamamos Dios es el bien, no meramente como una idea en general, sino como una eficiencia [o eficacia, o como lo que actúa]. La evidencia filosófica es que sobre el poder del bien de Dios no hay ningún poder que le impida imponerse; es que Dios tiene razón siempre; es que la historia universal representa el plan de la Providencia. Dios gobierna el mundo; el contenido de su gobierno, la realización de su plan, es la historia universal. Comprender esta es la tarea de la filosofía de la historia universal, que se basa en el supuesto [el punto de partida] de que el ideal se realiza y de que solo aquello que es conforme a la idea tiene realidad. Ante la pura luz de esta idea divina, que no es un mero ideal [sino lo que está actuando], desaparece la ilusión de que el mundo sea una loca e insensata cadena de sucesos. La filosofía quiere conocer el contenido, la realidad de la idea divina y justificar la despreciada realidad, pues la razón es la percepción de la obra divina."

"Lo que generalmente se llama realidad es considerado por la filosofía como cosa corrupta, que puede aparecer como real, pero que no es real en sí y por sí. Este modo de ver puede decirse que nos consuela frente a la representación de que la cadena de los sucesos es absoluta infelicidad y locura. Pero este consuelo solo es, sin embargo, el sustitutivo de un mal, que no hubiera debido suceder..."

Nos podemos consolar pensando que la realidad es cruel, injusta, etc., y aceptarlo, pero aún sigue habiendo ahí el sentimiento de que esto no hubiera debido de suceder, aunque lo aceptemos.

"Pero este consuelo solo es, sin embargo, el sustitutivo de un mal, que no hubiera debido suceder; su centro es lo finito [o lo particular]. La filosofía no es, por tanto, un consuelo; es algo más, es algo que purifica lo real, algo que remedia la injusticia aparente y la reconcilia con lo racional, presentándolo como fundado en la idea misma y apto para satisfacer la razón."

"... El contenido, que forma el fondo de la razón, es la idea divina y esencialmente el plan de Dios. Considerada como historia universal, la razón no es en la voluntad del sujeto, igual a la idea; sólo la eficiencia de Dios es igual a la idea. Pero, en la representación, la razón es la percepción de la idea; etimológicamente es la percepción de lo que ha sido expresado (Logos), de lo verdadero. La verdad de lo verdadero -es el mundo creado-. Dios habla; se expresa a sí mismo [en los hechos], es la potencia de expresarse, de hacerse oír. Y la verdad de Dios, la copia de Dios, es la que se percibe en la razón. La filosofía demuestra que lo vacío no es ningún ideal; que sólo lo real es un ideal; que la idea se hace perceptible."

El papel de la filosofía no es sustituir el mundo real por un supuesto mundo ideal desde el cual se ataca al mundo real, sino aprehender en el mundo real la realización de la idea efectiva, y renunciar por lo tanto, a todas las pretensiones de un ideal desde el cual juzgar el mundo real. La filosofía, diría Hegel, no quiere juzgar lo real, sino que su interés y su intensión es comprenderlo. La pregunta que habría que hacer a quién juzga es, ¿sobre qué comprensión de lo real basa su juicio? Y entonces veremos que esa comprensión siempre es particular, nunca es universal. Es fácil por lo tanto, proponer ideales, descartar, ver lo negativo, pero lo difícil es ver lo positivo en lo negativo. El pensamiento dialéctico no sólo ve lo negativo, sino que ve lo positivo de lo negativo, y también al revés, no sólo ve lo positivo, sino que también ve lo negativo de lo positivo. Por lo tanto, la realidad se le aparece como mucho más compleja que para ese entendimiento que separa lo real por un lado y lo ideal por el otro, y mira a ese ideal y juzga a esto real. En Hegel lo real es lo ideal realizándose, y lo ideal es lo real en su realización.

Y de ahí la afirmación de que todo lo real es racional y de que todo lo racional es real. Y real no es lo que se te aparece, que puede ser ilusorio, sino sólo lo que se te aparece en la medida en que tú representes un sujeto universal. Pero en tanto sujeto particular tu puedes ver como injusto algo que particularmente es injusto y que sin embargo cumple una función universal. Por ejemplo la revolución francesa en sus detalles pudo haber sido abominable, pero el telos que la movía era absolutamente necesario e imparable. Si uno se queda en los detalles puede condenar el proceso, pero no se trata ni de condenar, ni de aplaudir, sino de comprender, y comprender que en esa manifestación particular subyace un telos -un propósito, un sentido- universal. No puedes tirar el propósito por la forma burda en que se realiza -que es lo que haría una crítica puramente negativa- ni puedes aplaudir la forma burda en que se realiza por la comprensión del telos. De ahí que Hegel no es ni sí, ni no, es un sí que contiene un no, es un no que contiene un sí.

Enrique Eskenazi


Notas

(1) Como escribió Jung, "citando a un alquimista, 'maior autem animae [pars] extra corpus est' ... La mayor parte del alma está fuera del cuerpo. Con esta tesis Jung rompe con el prejuicio antropológico, biologista, personalista, que predomina en la psicología de hoy como un hecho dado por supuesto y sin la menor reflexión crítica. El hombre "está en el alma", y no al revés. "El alma" es un Universal real, y un Universal concreto además. Ahora se abre la puerta para la visión de que es la vida lógica, el spiritus rector de la relación del hombre con el mundo.
Esto implica dos importantes aspectos adicionales, a saber la captación del carácter esencialmente histórico del "alma" y del hecho de que no sólo se preocupa por la funcionalidad y los mecanismos (reacciones, procesamiento de experiencias, el aparato psíquico), sino también por contenidos sustanciales o significados -un hecho que por supuesto está en la mayor oposición al presupuesto nihilista de probablemente todas las otras psicologías. Por encima de todo, este concepto de alma significa que se ha comprendido que el tema de la psicología no puede positivizarse, sino que es lógicamente negativo.
Podría parecer paradójico, aunque en verdad es consistente, que precisamente por tener un concepto de "alma" como un Universal real y como algo que no puede positivizarse, Jung puede tener un conocimiento real de la verdadera individualidad en su singularidad y unicidad. Ambos lados (el Universal y el individual) son interdependientes, puesto que ambos están al margen de la abstracción predominante, para la cual incluso lo individual está subsumido en un Universal abstracto (en un diagnóstico, una teoría, una definición, una "historia de casos", una estadística, una técnica a serle aplicada, o meramente bajo el concepto universal abstracto "individuo"), para la cual sin embargo no ha de ser un individuum ineffabile y no debe ser apercibido como tal. Porque si fuera visto como tal, se escaparía del campo de concentración (actualmente sublimado) de un pensamiento en términos de control, que rige sobre toda la lógica de nuestra era. Pero ésto es precisamente lo que nos exige el enfoque junguiano en la terapia: encontrar a cada persona, y de hecho a cada momento, en su singularidad; en otras palabras, fuera de ese campo de concentración: soltarnos -sin redes lógicas de seguridad- en la frescura y novedad de cada momento presente y en la subjetividad atómica de nosotros mismos- a fin de descubrir en ello, sólo en ello, nuestra verdadera humanidad universal." Fragmento de Una lucecita que llevar a través de la noche y de la tormenta. Comentarios sobre la situación actual de la psicología junguiana, (2004) Wolfgang Giegerich.

(2) "A pesar de que somos hombres de nuestra propia vida personal somos también, por otra parte, en gran medida, representantes, víctimas y promotores de un espíritu colectivo... Podemos ciertamente imaginar una vida a la medida de nuestros propios deseos y no descubrir nunca que fuimos en suma comparsas del teatro del mundo. Pero existen hechos que ciertamente ignoramos, pero que influyen en nuestra vida y ello tanto más cuanto más ignorados son."
"Me lo pareció siempre, como si hubiera de dar respuesta a cuestiones que se les plantearon a mis antepasados, sin que ellos pudieran responderlas, o como si debiera terminar o proseguir cosas que el pasado dejó inconclusas. A este respecto es muy difícil saber si estas cuestiones tienen un carácter más personal o más general (más colectivo). A mi me parece que se trata de lo segundo. Un problema colectivo aparece siempre -mientras no se le reconoce como tal- como un problema personal y despierta en un caso dado la ilusión de que en el terreno de la psique personal algo no está en regla."
"Hay muchos hombres que en el instante de su muerte no sólo se quedan por debajo de sus propias posibilidades, sino principalmente detrás de lo que ha sido comprendido por otros hombres de su época."
"Es la razón de ser de mi existencia el que la vida me plantee una cuestión. O a la inversa: yo mismo soy una cuestión que va dirigida al mundo, y debo aportar mi respuesta o de lo contrario me encuentro meramente referido a la respuesta del mundo." Recuerdos, sueños, pensamientos, (1957) C. G. Jung.

(3) Ver Robert Avens: Reflexiones sobre "El entierro del alma en la civilización tecnológica" de Wolfgang Giegerich: "Lo que en realidad cuenta (y todos lo sabemos secretamente) no es nuestro pensamiento ("nuestra opinión") sino lo que "nuestra conducta real piensa".

(4) Comparar, "Es inherente al concepto mismo de esta ruptura histórica el que a la vez sea inevitable y esté fuera de nuestro alcance, porque es una ruptura provocada por el alma objetiva y equivale así ... a un cambio radical en la constitución lógica de nuestro moderno ser-en-el-mundo. No hay posibilidad de retroceder más allá de la pérdida radical de la mater natura ni más allá de la conexión rota entre los opuestos psíquicos provocada por esta ruptura histórica ni tampoco hay posibilidad de deshacerlas o corregirlas. Las cartas del juego de la vida han sido barajadas nuevamente para nosotros por el alma, y son las únicas cartas que tenemos. Como siempre fue, lo es hoy para nosotros: tenemos que ponernos a prueba en esta nueva situación. Hic Rhodus, hic salta. Es todo lo que hay. Lo demás es deseo ilusorio y especulación ilícita." El Psicólogo como Predicador del Arrepentimiento y Evangelizador, (2009) Wolfgang Giegerich.
Ver también, "Cada situación real, cada sueño, cada imagen viene con la invitación a que le digamos "¡Esto es!", "hic Rodhus, hic salta!". "¡Esto es!" implica una doble presencia: 1. "Estoy aquí", presentándome a filas, por así decirlo, y poniéndome incondicionalmente a juego. 2. Esta situación en la que estoy, a pesar de cómo sea, tiene todo lo que necesita (y por tanto también el potencial para su cumplimiento) dentro de sí misma. Aquí y ahora, en esta vida mía, en este mundo, ha de estar el lugar del cumplimiento final. Este presente real mío es mi única entrada real a mi paraíso y a mi infierno. No hay alternativas, no hay salida. Es esta actitud la que abre lo agreste para mí y la que me abre hacia "el hombre total" y para el encuentro con la Verdad en tanto que esencia interior de lo agreste." La Vida Lógica del Alma, (1998) Wolfgang Giegerich.

(5) En La Vida Lógica del Alma (El "quién" del discurso psicológico), Wolfgang Giegerich escribe, "En alemán hay un dicho que dice, "von nichts kommt nichts" (si comienzas con nada, el resultado será nada). Una verdadera psicología del Self tiene que comenzar desde el Self consumado, de otra manera no puede haber Self-desarrollo. El Self tiene que estar allí desde el comienzo, es decir, antes del intento de realizar el Self, si es que el Self ha de ser realizado en absoluto. Esto es una obvia contradicción. Pero es justamente de esta contradicción de lo que trata el problema de la entrada. La transgresión contra el límite no es otra cosa sino este hysteron proteron, esta inversión "enloquecida" del orden del tiempo: lo que es más ‘tarde’ (hysteron) en el tiempo (en este caso la realización o el encuentro del Self) tiene que ser proteron, ‘anterior’, ‘previo’; ésta tiene que ser la pre-condición de una búsqueda del Self. Tienes que estar allí si quieres llegar allí. Tienes que haber llegado antes de ponerte en marcha en el camino que ha de llevarte a dónde quieres llegar. En esta cuestión de "hysteron proteron" arde todo el tema de la realidad (actualidad) o la irrealidad de la obra psicológica. Sin ello, uno se condena a una posición donde uno sólo puede espiar a través de la puerta, mirando las imágenes, enseñando el mensaje de lo que hay más allá, pero nunca llegar al otro lado del umbral."