Reflexiones sobre "El paradigma astrológico" de Lluis Gisbert

Por Alejandro Bica.
Mayo, 2011.


"... La vida sucede a la muerte. Se podría recordar aquí la vida en la naturaleza, y cómo los capullos caen y brotan otros. Pero en la vida espiritual sucede de modo distinto. El árbol es vivaz, echa brotes, hojas, flores, produce frutos una y otra vez. La planta anual no sobrevive a su fruto. El árbol puede durar decenios, pero muere al fin. La resurrección en la naturaleza es repetición de una y la misma cosa; es la aburrida historia siempre sujeta al mismo ciclo. Bajo el sol no hay nada nuevo. Pero con el sol del espíritu, la cosa varía. Su curso y movimiento no es una repetición de sí mismo. El cambiante aspecto en que el espíritu se ofrece, con sus creaciones siempre distintas, es esencialmente un progreso [aufhebung, sublación]."
(Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Hegel.)


...


— "La astrología estudia a los planetas como símbolos. Como símbolos quiere decir, como imágenes, en el sentido de que las imágenes recopilan, recogen, lo que a lo largo de la historia los planteas han evocado en el ser humano. Por ejemplo, lo que la luna ha evocado en el ser humano se ha expresado en la poesía, en la mitología, en el arte, en las diosas lunares. ... Y en este sentido los planetas son arquetipos, símbolos intemporales colectivos..." (Transcripción de la conferencia El paradigma astrológico, de Lluis Gisbert)

Al final de su Tipos Psicológicos, C. G. Jung escribió, "Mientras un símbolo se mantiene vivo es que constituye la mejor expresión de una cosa. El símbolo sólo se mantiene vivo mientras está cargado de significación. Mas en cuanto alumbra su sentido, es decir, en cuanto se encuentra la expresión que formula mejor que el símbolo la cosa buscada, esperada o presentida, puede decirse que el símbolo muere. Ya sólo tendrá significación histórica" (Tipos psicológicos, Capítulo XI, Definiciones: Símbolo).

El símbolo de "la luna", "la luna" cargada de significación anímica, ha muerto como símbolo cuando históricamente ha aparecido en "el alma" una expresión que formula mejor que el símbolo la cosa buscada, esperada o presentida, y por eso mismo ahora podemos hablar de la luna por un lado y de "lo que a lo largo del tiempo ha evocado en el ser humano" por el otro. Para "el alma" -para decirlo de alguna manera- la luna se ha salido de su ropaje mítico o imaginal y ha quedado como un estadio superado. Hoy "aquella luna" sólo es un recuerdo, un tesoro del pasado. La imagen en "el alma" de "la luna" tiene una historia, un período de gestación, un alumbramiento y una muerte, no es algo atemporal que permanece igual a sí mismo en el curso del tiempo.

Cuando un símbolo está vivo anímicamente no hay tres "símbolos" de lo mismo -1) lo que era cuando estaba vivo (el símbolo cargado de significación anímica, compartido comunalmente y que determinaba la vida de cada individuo), 2) lo que es hoy en su positividad (aquello que ha explicitado el símbolo y que hoy es lo que efectiva y comunalmente es compartido por todos), y 3) lo que era para otro tiempo en tanto vestidura mítica o imaginal como cáscara muerta que contenía la vida que ya no tiene (como una pieza de museo para visitar o para dedicarle un estudio arqueológico, o también como una experiencia subjetiva individual (el mundo del entretenimiento y del espectáculo)).


"Para que los planetas evoquen algo en el ser humano, el ser humano tenía que tener una relación íntima con un mundo, un universo animado, vivo... en una época no había una escisión ente observador y observado, entre sujeto y objeto..." (Ibíd.)

Si en una época no había una escisión entre observador y observado entonces tampoco había noción de sujeto y de objeto. Esto es lo que nos trae esta escisión que tuvo lugar en la historia de la consciencia: la idea de un sujeto y de un objeto, como también la posibilidad de pensar la idea de un "ser humano en relación íntima con el mundo". Esta idea implica que "el ser humano" no "tenía que tener una relación íntima con el mundo", no tenía que hacer un esfuerzo por ello, no tenía que dejar de lado el "mundo muerto" (que es una idea posterior) para conectar con el "mundo vivo" (que es la otra cara de la misma idea posterior), porque desde el arranque no había (concepto de) mundo o ser humano.

"...conocían a los planetas como cuando alguien conoce algo ante lo cual se siente íntimamente vinculado." (Ibíd.)

La idea de "experiencia de vinculación" en un tiempo en que no había escisión entre sujeto y objeto manifiesta estar concebida desde la desvinculación. En la época mítica, cuando "la naturaleza" estaba viva anímicamente, el hombre no "se sentía íntimamente vinculado" porque no había experiencia de vinculación. El hombre mítico estaba plenamente vinculado porque estaba tan indiferenciado con aquello a lo que se vinculaba que él mismo no era sino la Naturaleza. No había un sujeto que pudiera tener "experiencia" por un lado y una "naturaleza" por el otro, no había algo así como un "hombre-experimentando-la-vinculación-con-la-naturaleza". De forma análoga, el feto (animal) no experimenta el vínculo con la madre. Serán las concepciones de "madre" y de "yo" que más tarde tenga el niño (humano), las que permitirán desarrollar las ideas de "vínculo" y de "experimentación". Pero aún pudiendo desarrollarlas, éstas nociones llegan demasiado tarde como para ser vividas efectivamente, verdaderamente. No hay manera de rescatar como lo que fue, un momento de verdad (o un "paradigma") que ya tuvo su lugar en la historia del "alma", como tampoco hay manera de volver a meter un niño otra vez en el vientre materno.

"La astrología formaba parte de una visión del mundo intrínseca a la trama cultural de occidente: una manera de conocer el mundo, una actitud ante la vida, ante la cual aparece un mundo animado, vivo: el ánima mundi." (Ibíd.)

Poder concebir y querer rescatar la idea de un "anima mundi" implica estar sentado sobre la escisión que se pretende remediar. Hablando psicológicamente -y no biológicamente-, si el mundo está vivo no hay mundi. "Si hay consciencia hay ruptura con la naturaleza" (1). El alma y la consciencia no son naturales, se hacen contra naturam (2). "Mundi" es al "anima" lo que Hades es a Perséfone.


"Si a alguien le gusta una determinada música, hay una fusión entre eso que conoce y lo observado. Ante el contacto con la música devienen reflexiones, intuiciones, inspiraciones, uno percibe una serie de sonidos vinculados armónicamente: percibe el espíritu del artista. De hecho, si queremos observar o analizar la música desde algo escindido, separados ...lo que percibiremos son masas de aire que vibran, que chocan con nuestro tímpano, el sistema nervioso transforma esas vibraciones en ondas que llegan al cerebro y el cerebro produce una serie de segregaciones químicas y reacciones que luego nos producen una emoción. Eso es reduccionismo: la emoción queda reducida a lo cuantificable, el cerebro, lo que se puede tocar, lo físico." (Ibíd.)

Para el hombre moderno, apreciar la música como algo que yo siento dentro o que me inspira y me da reflexiones e intuiciones, es tan reduccionista y tan externo como apreciarla como algo físico, (hay un "dentro" que es tan positivo y literal como el "afuera" (3)); ambas perspectivas ignoran que hay un horizonte que va más allá de esta simple oposición. Y además, apreciar la música como el "percibir el espíritu del artista" también es perder de vista este horizonte, no el horizonte del artista, sino el horizonte en el cual se muestra la obra misma que se está apreciando, su interior, su espíritu, el de la obra, el cual sólo es posible, no fundiéndose el observador con lo observado, sino respetando estrictamente las diferencias; dicho de otra manera, el horizonte en que se muestra la obra, no aparece sintiendo la obra, sino participando intelectualmente en ella: pensándola.


"Nuestra cultura, de una manera u otra cree que está en la verdad y que las visiones anteriores de otras culturas están como superadas, trascendidas ... además todas las culturas anteriores creían lo mismo. Esto no es así, por ejemplo en la historia de la filosofía y del arte ... En la historia del arte a nadie se le ocurre pensar que una corriente artística supera o trasciende a la anterior, como pensar que Miró a superado a Dalí o que Dalí ha superado a Van Gogh o que... Es absurdo." (Ibíd.)

Absurdo (o exterior) es pensar que las grandes obras del espíritu salen de la nada, y que no son una respuesta a los grandes temas que se agitan en el interior del momento y del lugar histórico en que fueron concebidas, absurdo es pensar que si no hubiera existido la obra de Freud (o la de Nietzsche para Freud...), Jung hubiese desarrollado lo que desarrolló. Por supuesto, Jung trasciende, supera, "destila alquímicamente", el pensamiento contenido en la obra de Freud y lo desarrolla aún más, lo profundiza o lo eleva, a un nivel no alcanzado hasta entonces. Sólo en el supermercado existe Freud al lado de Jung, pero en la vida espiritual, uno es la respuesta al otro. De ahí que W. Giegerich estuviese escribiendo durante más de 40 años en el espíritu de lo que se podría llamar con Jung, en contra de Jung y más allá de Jung, reflejando el pensamiento de Jung sobre sí mismo, haciéndolo avanzar mediante una crítica inmanente.

"Cada corriente artística es una visión del mundo" con su momento de verdad.

Decir que una corriente artística tuvo su momento de verdad (4) no significa que hoy no esté presente, pero ya no está presente como lo que fue, está presente en la forma en que hoy puede estar presente (subladamente presente). Esto es respetar la historia. "La historia no es algo que ya está pasada, la historia está en la interioridad del presente -igual que nuestra historia personal, en la medida que está elaborada, digerida, destilada, se transforma en profundidad de carácter, en peso, en gravedad, y cuando no está digerida, cuando está negada, rechazada, el individuo aparece como un individuo neurótico..." (Ibíd.) La neurosis es la propia verdad en la forma de su rechazo.

Que "nuestra cultura, de una manera u otra crea que está en la verdad y que las visiones anteriores de otras culturas están como superadas, trascendidas" no es tan cierto, sobre todo teniendo en cuenta el gran supermercado espiritual que nos abastece de verdades de diferentes épocas y culturas, todas ellas disponibles para la elección del consumidor, una al lado de la otra. El mismo Jung, otra vez, consciente de que los símbolos mueren de tanto en tanto, escribió:

"Los dioses de Grecia y Roma sucumbieron, víctimas de la misma enfermedad que nuestros símbolos cristianos: tanto entonces como ahora descubrieron los hombres que para ellos carecían de contenido. En cambio, los dioses extraños aún tenían un mana no agotado. Sus nombres eran raros e ininteligibles, y lo que hacían, de una sugerente oscuridad, muy distinto de la tan manida "crónica escandalosa" del Olimpo. Aquellos símbolos asiáticos, en cualquier caso, no se comprendían y por eso no eran banales como los dioses tradicionales. Pero el hecho de adoptar lo nuevo de un modo tan irreflexivo como se había desechado lo viejo no constituyó por entonces un problema. ¿Es un problema hoy? Símbolos acabados, surgidos en tierra exótica, empapados de sangre ajena, hablados en lenguas ajenas, alimentados de cultura ajena, transmitidos a lo largo de una historia ajena, ¿podemos vestirnos de ellos como nos ponemos un vestido nuevo? ¿Un mendigo que se envuelve en una túnica real? ¿Un rey que se disfraza de mendigo? Posible es, sin duda. ¿O hay en nosotros, en algún sitio, una orden de no hacer mascaradas sino tal vez incluso confeccionar nuestra propia túnica?
Estoy convencido de que la creciente pobreza de símbolos tiene su razón de ser. Ese desarrollo posee una lógica interna. Todo aquello sobre lo que no se reflexionaba y que por ello carecía de una relación lógica con la conciencia que sí se iba desarrollando ha desaparecido. Si se intentara entonces recubrir la propia desnudez con suntuosas galas orientales, como hacen los teósofos, no se sería fiel a la propia historia. No se pierden los bienes hasta convertirse uno en mendigo para posar después como teatral rey de la India. Me parecería mucho mejor admitir francamente esa pobreza espiritual que es la ausencia de símbolos, en lugar de fingirse dueños de unos bienes cuyos legítimos herederos no somos nosotros." (OC, V 9/I, p. 14, Editorial Trotta.)

Por supuesto, Jung advertía el Nihilismo.


"Un biólogo fantástico hablaba de que sigue habiendo una doble actitud frente a la naturaleza... de lunes a viernes el ser humano occidental se relaciona con la naturaleza como una cosa, como un objeto, y evidentemente un objeto a explotar, a su servicio, y en cambio, los fines de semana, de vacaciones, nos relacionamos con la naturaleza como algo vivo y de gran valor. Es evidente que cada viernes vemos largas colas de coches que salen de las ciudades para acercarse a la naturaleza y en la naturaleza mantiene una relación íntima, en el sentido que reflexiona sobre su vida, que va en busca de renovación e inspiración de su creatividad en contacto con el mar, el río, las montañas, el cielo estrellado lejos de la contaminación lumínica. Y en cambio de lunes a viernes se relaciona con la naturaleza como algo muerto... quiero decir, decía, no son dos tipos de personas, son la misma persona, incluso esos que explotan la naturaleza... en el fondo también la aman tanto que ambicionan tener el dinero suficiente para comprar una segunda y tercer residencia para que en su jubilación, en sus fines de semana, puedan estar cerca de ella. ... Podríamos decir que de lunes a viernes en cada uno de nosotros hay un occidental positivista que cuando llega el lunes al trabajo dice: volvemos a la realidad y en cambio los fines de semana y en vacaciones vuelves al mundo platónico, donde percibes el ánima mundi, un mundo animado que palpita y participa en la misma vida de uno." (Ibíd.)

Aquí opera el mismo estilo de consciencia, ambos viven una naturaleza -psicológicamente- muerta (algo que para todos nosotros, de hecho, es inevitable): o la naturaleza es un conjunto de recursos para nuestra supervivencia o es un paisaje al cual yo elijo ir los fines de semana a experimentar imágenes subjetivas. En ningún caso la naturaleza está viva anímicamente. (5)

Que la naturaleza esté viva para mi -como personalidad egoica-, subjetivamente, fantasiosamente viva "los fines de semana", no es lo mismo que esté viva para "el alma", viva por derecho propio, como lo numinoso tremendum et fascinosum. La naturaleza llena de vida anímica no es aquella a la que uno elige acercarse y mantener una relación íntima y reflexionar sobre su vida y buscar renovación e inspiración para su creatividad lejos de la contaminación lumínica: una naturaleza hermosa para mi.

"J. Hillman hablaba de que el mundo actual está lleno de síntomas, en el sentido de contaminación, extinción de especies, deshielo ártico, etc." (Ibíd.)

Concederle vida anímica a esa "naturaleza" -psicológicamente muerta- por los desastres naturales que causa es confundir dos planos completamente distintos. No somos nosotros los que decidimos que tiene y que no tiene "alma", no podemos meterle vida anímica así como así a aquello que en su lógica física nos arruina la cosecha o un paseo bajo el sol -y en cambio no dársela a otros fenómenos que psicológicamente nos tienen inescapablamente situados. La "naturaleza" del psicólogo (o la del "astrólogo") no es la "naturaleza" del físico o del biólogo, no es la naturaleza de los desastres naturales.

"... ¿Quiénes somos nosotros para decir que sabemos lo que es bueno o malo para el alma? ¿Tiene el alma que seguir nuestros ideales, nuestras ideas normativas de salud, de integridad, de unidad de lo masculino y lo femenino, y la conexión sentimental con el cuerpo y los sentidos...? ¿Somos nosotros los que decretamos el programa que el alma debería seguir en su historia, o acaso no estamos más bien en el extremo receptor, y simplemente debiéramos tomar nota de cómo se ha desarrollado y se desarrolla históricamente de hecho el alma, a fin de seguirla a partir de ahí? Creo que debemos dejar que cada nuevo acontecimiento y cada manifestación del alma nos enseñe de nuevo qué significa "alma" y "lleno de alma". Cadidad [eachness] en lugar de definiciones estándares preconcebidas.
... No hay ninguna buena razón, excepto nuestra propia ingenuidad aniñada (que no es una buena razón), por la que el alma en ciertos puntos de su historia no tendría que volverse intencionadamente unilateral e insistir, por ejemplo, en abandonar la tierra, separarse de la naturaleza, vencer la carne y los sentidos, desterrar lo femenino. ¿Por qué no tendría, en algunos momentos, que marginar ciertos aspectos? Es absurdo esperar que el alma siga nuestros principios modernos de corrección política. Toda esta insistencia en el curso equivocado de la historia sólo demuestra, citando a Jung otra vez, "la intensidad de nuestro prejuicio en contra del desarrollo actual, el cual queremos obstinadamente que sea como esperamos. Nosotros decidimos, como si supiéramos". (Letters 2, p. 591, a Read, 2 Sept. 1960, adaptada). ¿No nos enseñó ya Pseudo-Demócrito que "La naturaleza se regocija en la naturaleza. La naturaleza se somete a la naturaleza. La naturaleza gobierna sobre la naturaleza", en otras palabras, que es inherente a la dinámica del alma negarse y superarse, de modo que este volverse contra sí es parte de su hacer-alma? "... cuando se habla acerca del alma, ¿queremos decir el alma como algo realmente real en éste nuestro mundo real, en tanto que dinámica posiblemente implacable y terrorífica que sigue su camino sin preocuparse por nuestros deseos humanos y que a veces nos pone en apuros inesperados e indeseados, el alma como el espíritu mercurial dinámico en el desarrollo histórico efectivo –o tan sólo queremos decir un alma imaginada e ideal aparte, por encima y en contra del desarrollo real, como un segundo mundo, un ideal del ego –el alma como agradable y dulce, moralmente buena, con los opuestos luz y oscuridad, masculino y femenino, mente y materia siempre perfectamente equilibrados en el maravilloso sentido pop de "totalidad", de modo que cualquier desviación de esta totalidad sólo podría ser un error humano y, por ello, psicológicamente equivocado (sin alma)?
... ¿Qué ha de hacer un psicólogo –en tanto que es realmente el representante del punto de vista del alma– si el mundo empeora o mejora? El psicólogo sabe que no es el curador, el hacedor. Tan solo acompaña y "sirve" al proceso real. Sabe que si ha de haber una curación que merezca tal nombre tiene que venir del alma, ser el trabajo del alma misma.
... Aunque el mismo Jung no siempre está libre del impulso a salvar el mundo, sin embargo, expresó la actitud psicológica muy claramente cuando dijo, "deseamos ver el mundo tal como es y dejar las cosas en paz. No queremos cambiar nada. El mundo está bien tal como es." (CW 18 § 278). El mundo está bien tal como es, incluso ante el derretimiento del hielo y otros posibles desastres. Esta afirmación sobre la bondad del mundo no es ni un signo de ceguera total hacia la enfermedad, la miseria, los peligros, todo lo que está mal en el mundo, ni un dogma religioso o una afirmación metafísica, sino simplemente una articulación del principio psicológico, psicoterapéutico, metodológico, así como ético, de dejar las cosas en paz, abstenerse de inmiscuirse en el proceso entrometiéndonos con nuestras normas morales, recetas, deseos o activismo. Así como el zapatero debe dedicarse a sus zapatos, el psicólogo debe dejar que el alma haga su propio trabajo, ya sea patologizando o curando una patología. Esa máxima de Jung aplicada también al trabajo en la consulta se destaca en su repetida narración de que cuando los pacientes angustiados le preguntaban qué tenían que hacer, él solía contestar que tampoco lo sabía y que lo único que podían hacer era mirar y atender los sueños. El psicólogo no es un arreglador de entuertos, ni un político, un técnico, un ingeniero social, ni un sanador ni salvador, un educador o un reformador, no es un bienhechor. Es sólo un "cuidadoso observador" y servidor a los productos y procesos del alma, sin un programa propio de salvación.

... Sólo el ego quiere soluciones. Sólo el ego puede pensar que nosotros tenemos o debemos desarrollar rituales. Un psicólogo sabe que los verdaderos rituales tienen que venir del alma, de la psique objetiva, a fin de que sean rituales en primer lugar. Al igual que los dioses, los rituales no están hechos por nosotros, no son invenciones nuestras."
(El Psicólogo como Predicador del Arrepentimiento y Evangelizador. Robert Romanyshyn acerca del Derretimiento del Hielo Polar. Wolfgang Giegerich)


"La tierra no es una cosa, sino que es un organismo superior, superior al ser humano." (Ibíd.)

Una consciencia que no se reconoce como consciencia, una consciencia fascinada con su alteridad, una consciencia perdida a sí misma en los ropajes de su propia definición como un organismo superior inalcanzable.


Notas

1 Ver La idea de ánima mundi, (monoteísmo y politeísmo) por E. Eskenazi.

2 En Matanzas. El platonismo de la psicología y el eslabón perdido con la realidad, W. Giegerich escribe, "En una carta Jung advirtió con sorpresa que la consciencia apenas si recibe alguna información directa acerca de los procesos internos del cuerpo, y que el inconsciente (los sueños, etc.) tampoco casi nunca se refiere al cuerpo. Habló del "extraño bache entre alma y cuerpo" y dijo: "Uno tendría que esperar que el alma recibiera información inmediata y comprensiva acerca de cada cambio en el interior del cuerpo animado por ella. Que esto no sea el caso necesita una explicación". Pero esta expectativa sólo es la expectativa de una "consciencia natural", que se imagina la consciencia y el alma como un tipo de extensión natural o desarrollo ulterior del organismo. El alma y la consciencia, empero, no son naturales. Son contra naturam. Deben su exigencia a una revolución, a la negación lógica de la vida, a la intrusión de la muerte desbaratando violentamente la continuidad y la ingenuidad de la esfera de la vida biológica. Para que la muerte verdaderamente se impusiera y sacudiera la vida de "la inocencia del devenir" (Nietzsche) y originara la consciencia, no podía ser la muerte inocente que es un acontecimiento natural de la vida. Tenía que ser el acto innatural, ultrajante de la matanza. Hillman acentúa la relación especial del alma con la muerte y el submundo. Añadimos que esta relación se debe al origen del alma en el acto intencional de la matanza que viola la inocencia de la vida, y en la afirmación consciente, incluso celebración, de esta grave ofensa como el nuevo fundamento de la existencia: existencia humana."

3 Ver ¿Es "profunda" el alma? Introduciéndose y siguiendo el movimiento lógico del "Fragmento 45" de Heráclito de W. Giegerich.

4 Hablando imaginalmente, pictóricamente (desde fuera), un momento de verdad estuvo presente, hablando lógicamente, psicológicamente (desde dentro), un momento de verdad está presente. En el primer caso la verdad cambia de ropas (de ahí que la mente representativa, la mente de sentido común, tenga la ilusión de estar escogiendo entre diferentes verdades, diferentes filosofías, diferentes psicologías), en el segundo caso la verdad cambia de esencia, se subla, "progresa". Dicho de otra forma, lo que se representa en muchos momentos lógicamente sucede a la vez.

5 Ver "Irrelevantificación" o: acerca de la muerte de la naturaleza, la construcción del "arquetipo" y el nacimiento del hombre de W. Giegerich.